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Publicado el 1 Julio, 2016 por Giovanni Martinez en Deportes
 
 

FÚTBOL: Cien años sin soledad

La selección chilena se proclamó campeona de la Copa América Centenario 2016
La roja de América está de fiesta. (Foto: americatv.com.pe)

La roja de América está de fiesta. (Foto: americatv.com.pe)

Por GIOVANNI MARTÍNEZ

La historia del más universal de los deportes le debe mucho a América, pues en este continente se celebra el torneo a nivel de selecciones nacionales más antiguo del orbe, fundado el 2 de julio de 1916.

Para esta oportunidad el añejo evento reunió a 12 selecciones de Conmebol y Concacaf, en la porfía por la Copa, bajo el cielo de 10 ciudades estadounidenses, del 3 al 26 de junio.

La fase de grupos del torneo hizo declinar a dos de los grandes antes de lo previsto. Uruguay, país más ganador en estas lides con 15, y Brasil, el pentacampeón del mundo.

Los celestes se despidieron en apenas dos salidas –México 3-1 y Venezuela 1-0– sin que pudiéramos disfrutar de Luis Suárez, quien se molestó bastante con la directiva por no tenerle en cuenta después de su lesión y tras una larga espera para insertarse en la selección debido a la sanción que le alejó del cuadro desde el mundial de Brasil 2014.

El gigante suramericano fue otro grande que se despidió temprano de la fiesta por los cien años. Para esta ocasión los brasileños no contaron con su gran estrella Neymar Jr. y el debut de la canarinha constituyó un deslucido 0-0 frente a Ecuador, luego golearon al débil Haití 7-1, y finalmente se despidieron del torneo al perder 0-1 con Perú. Como resultado volvieron a desmantelar a su directiva, una segunda oportunidad desperdiciada por Dunga, técnico que salió en esta ocasión por una puerta aún más estrecha que en su primera despedida en 2010, cuando la verdeamarela bajo su mando cedió ante Holanda en cuartos de final de aquel mundial celebrado en Sudáfrica.

Otras sorpresas

Una competición del más alto nivel en materia deportiva, como lo es sin lugar a dudas la Copa América, a cien años de haberse celebrado por primera vez, se vio perjudicada por la mala gestión de sus organizadores, con errores que molestaron, no solo a los hinchas, sino también a los futbolistas.

Rectificar es de sabios, pero no se cumplió en suelo estadounidense. Como si fuera poco que a Uruguay en su debut frente a México le recibieran con el himno de Chile, noticia que estremeció las redes sociales y generó enfado y consternación en todo el país. Después hubo una nueva víctima, Bolivia, pues su bandera fue cambiada en las pantallas durante el encuentro frente a Panamá, por la enseña nacional de Etiopía.

Pero, un tercer offside salió a la luz. En esta ocasión el nombre de Colombia fue cambiado en las inmediaciones de los estadios y en las tiendas donde se exhiben los anuncios de la marca Adidas, patrocinadora del seleccionado. Uno de los primeros en reaccionar fue el exjugador colombiano Faustino Asprilla en Instagram, quien se preguntó ¿Qué parte no entienden? ¿Es Colombia no Columbia?.

El fútbol enmienda todo

Para suerte de sus seguidores, nada detiene el deporte de las gambetas y los goles, y la fase siguiente sobresalió por la calidad de los elencos.

Los cuartos de final fueron atractivos, aunque sin los grandes ausentes. El duelo entre dos fuertes sobresalía en esta instancia, México, el líder absoluto de la Concacaf, y Chile, campeón defensor de la competición un año atrás.

Pero para tormento de los presagios, siete goles de la roja por ninguno de los aztecas dejaron sin palabras a más de uno, la paliza en tanto habló de las aspiraciones de Chile en el torneo, equipo que venía levantando poco a poco su juego.

Argentina por su lado dejaba en el camino a una Venezuela de buena presencia, y conseguía así incluirse entre los cuatro grandes del continente, junto a Estados Unidos que disponía de Ecuador 2-1, y Colombia que hacía lo propio ante su similar de Perú en penales 2-4, tras empatar a cero en el tiempo regular.

De esta manera las semifinales estaban pactadas, y la selección albiceleste se enfrentaba al cuadro local, mientras Chile, un día después, se vería frente a la Colombia de James Rodríguez.

En el primero de los dos partidos, más de 70 000 espectadores bajo el cielo de Houston se dejaron llevar por el sensual compás del tango, en una noche donde Argentina fue la única que puso música en la cancha, con dominio absoluto de los tiempos, control total del balón, y cuatro goles que respaldaron lo acontecido en el terreno.

El cotejo entre Chile y Colombia se anunciaba como más parejo en el papel, pero la cancha dijo otra cosa, y nuevamente la roja fue muy superior. Dos goles abrieron bien temprano el marcador, uno de ellos de Eduardo Vargas, a la postre líder en la tabla general de este acápite con 6. Al finalizar los primeros 45 minutos la ciudad de Chicago sufrió una severa tormenta que extendió sobremanera el entretiempo y dejó en mala forma el césped del estadio para la segunda parte, situación extrema para los cafeteros que, para rematar, jugaron con un hombre menos desde el minuto 11 del segundo tiempo por la expulsión de Carlos Sánchez. El marcador no se movió.

La final esperada

Los albicelestes, de la mano del mejor Lionel Messi que se recuerda vistiendo la camiseta de su nación, arribaron a Nueva Jersey con el afán de terminar con una sequía de 23 años sin títulos en eventos de primer nivel para mayores.

Luego del retumbe abrasador de los himnos y el flamear de las banderas de ambos países, el escenario quedó listo para que las dos selecciones que mejor lo habían hecho en el certamen volvieran a encontrase cara a cara en una final.

El partido se tornó áspero desde el inicio, ambos combinados salieron a no correr riesgos ni exponerse demasiado y apostaron por controlar el centro del campo a toda costa, situación que dejó margen para entradas fuertes, tarjetas amarillas y expulsiones.

Héber Lopes, el internacional brasileño encargado de pitar, fue protagonista en los primeros 45 minutos, inicialmente por sacar la segunda amarilla a Marcelo Díaz, al parecer sin estar al tanto de que el chileno ya estaba amonestado, y más tarde, tal vez para tratar de enmendar su error, una roja directa, también exagerada, al lateral argentino Marcos Rojo.

Transcurrió un juego seco, trabado en la mitad de la cancha, una batalla campal de 10 contra 10. Los albicelestes dispararon mucho más al arco defendido por Claudio Bravo, pero no tuvieron más el balón, y las ocasiones creadas por los dos elencos fueron insuficientes, aunque la mayoría de las generadas por Argentina corrieron a cargo de Leo, quien a pesar de haber jugado un buen partido se convirtió en villano en la posterior inevitable tanda de penaltis.

Tras 120 minutos de más guerra que fútbol, Arturo Vidal inició la lotería de la suerte por Chile, en la instancia donde ese deporte deja de ser romántico y se convierte en drama total. El líder de la roja dejó mal parada a su escuadra, pues Sergio Romero paró el disparo, pero seguidamente el 10 del FC Barcelona inició por Argentina y la exclamación no fue de gol en el MetLife Stadium. El rosarino le pegó muy abajo y con mucha potencia, como no suele hacer a esa distancia, donde acostumbra a ponerle más técnica e inteligencia, y la esférica salió como bala por encima del travesaño hasta la grada. Toda Argentina consternada enmudeció, y a partir de ese momento los chilenos se crecieron y afilaron la puntería en los restantes cobros, sin fallar en ninguno de ellos.

La desventaja albiceleste se consumó con el fallo de Lucas Biglia, después de que Mascherano y Agüero anotaran los dos únicos tantos albicelestes desde los 11 metros.

De este modo Chile trasformó el empate a cero en un 4-2 que le valió para elevar la segunda Copa América de su historia.

Por su parte Argentina acumula una alarmante cifra de tres derrotas consecutivas en tres finales, racha que se inició en 2014 a partir del fracaso frente a Alemania en el mundial de Brasil.

La novela Messi

Messi tras perder la final. (Foto: AFP)

Messi tras perder la final. (Foto: AFP)

El triunfo de Chile no acaparó tantos titulares en los medios y redes sociales como la renuncia de Lionel Messi a su selección nacional.

El astro argentino, que celebró su cumpleaños 29 durante la Copa en suelo estadounidense el 24 de junio, fue rebelde, lució barba, estremeció a la AFA con declaraciones en contra de sus dirigentes, y sobretodo, generó fútbol de todos los colores, asistencias, goles de fantasía, como el auténtico poema que trazó su disparo de tiro libre frente a Estados Unidos en la semifinal, anotación 55 que le valió para sobrepasar al legendario Gabriel Omar Batistuta (54) como máximo artillero histórico con la albiceleste.

Especialmente en esta competición, Messi no solo fue aplaudido por sus fanáticos, sino que se ganó el respeto, o al menos el silencio de sus detractores, convencidos de la entrega del rosarino por su camiseta, quien terminó la competencia marcando cinco goles y asistiendo para otros cuatro.

Cometarios diversos ha generado la renuncia de la pulga. Un grande como Diego Armando Maradona salió en su apoyo: “Messi tiene que seguir en la Selección. ¡Tiene que seguir! Tiene que seguir porque tiene cuerda para rato, porque va a llegar a Rusia en condiciones de ser campeón del mundo”, afirmó. Buenos Aires preparó una manifestación para pedirle al rosarino su regreso a la albiceleste.

Nuevamente los aromas del más universal de los deportes sedujeron y hasta embriagaron a un continente que despierta y duerme, respira entre goles y atajadas, se ilusiona, sufre, goza, y sobre todo, ha vivido cien años sin soledad.

 


Giovanni Martinez

 
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