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Publicado el 20 Agosto, 2016 por Dayán García La O en Deportes
 
 

¡Sí, es humana!

Crónica salida de una lágrima
Yarisley se despide del Estadio Olímpico de Río 2016.

Yarisley mira al cielo, saluda al público con un gesto sentido y se despide del Estadio Olímpico…

Por DAYÁN GARCÍA LA O, enviado especial de BOHEMIA

Foto: ROBERTO MOREJON, enviado especial de JIT

Río de Janeiro.- Cae la varilla sujetada sobre 4 metros y 70 centímetros, Yarisley mira al cielo, saluda al público con un gesto sentido y se despide del Estadio Olímpico, en el medio de un silencio que parece el mejor homenaje a quien luchó contra avatares más complejos que una carrera de impulso, una vara, un impulso, un salto…

Al mismo tiempo, en la sala de prensa unos periodistas tragan en seco, callan por complicidad, toman sus grabadoras y se dirigen a la zona mixta. Aparece la hermosa morena ante los flashes y las preguntas, a todos responde con calma, y mientras se acerca uno se cuestiona cuán legítimo es hurgar en las heridas bien visibles de la saltadora y no tenderle una mano, una alfombra mágica que la saque del pasillo de cámaras que duelen, lejos del campo donde otras acarician su sueño.

“Hoy no fue un buen día, la técnica me falló bastante, no me puse paralela a la garrocha”, fueron sus primeras razones, sin pizca de justificación. Pero es gigante el compromiso con la historia que esta negra, sí, negra cubana, ha conseguido entre rubias de primeros mundos. “Por lo menos lo intenté, luche por alcanzar lo que quería pero no pudo ser”.

Un golpe de la vida removió la esencia misma de la pinareña, un accidente que sufrió su novio la obligó a frenar el paso, y a pensar, sentir, sufrir…. Y aun así, se lanzó a las alturas de Río, clasificó sin solidez, tal vez el preludio perfecto de lo que estaba por llegar la noche del 19 de agosto en el Enghenao carioca. “Todos saben que ha sido un año difícil para mí en todos los sentidos, la vida me puso una prueba muy dura, pensé que no iba a poder seguir mi camino. Pueden estar seguros de que lo que más quería era regalarle esta medalla a mi pueblo y a mi novio que hubiera deseado estar aquí”.

Y llora ante nuestras grabadoras,  libera su dolor, la frustración de no vencer el listón, y verlo caer, ante el silencio cómplice de millones. “En la vida no se triunfa ni se pierde solo, por eso aprovecho para agradecer el apoyo de mi gente, mi familia, mi colectivo técnico, y de los médicos que han atendido a mi novio.

“He pasado momentos muy duros. Tengo que dar gracias a Dios por estar aquí”, balbuceó y se enjugó una lágrima, levantó la cabeza, y miró a un punto fijo, posiblemente rezando para hacerse invisible en lo que quedaba de alfombra verde y periodistas de todos lados.

La varilla cayó desde 4,70 metros, Yarisley siguió su camino, otros periodistas –por supuesto- buscaron sus lágrimas, y este redactor vio multiplicada su admiración por la atleta, quien no saltó sola, sino con muchos fanáticos de su simpatía, de su coraje.

Silva no tenía nada que demostrar, ya lo ha hecho en muchas oportunidades “No todos los días se puede ganar. Hay muchachas dando un buen espectáculo, y también merecen vivir la gloria””, dijo y pareció con su humildad más campeona, más grande, más humana…


Dayán García La O

 
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