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Publicado el 12 Septiembre, 2016 por Rafael Pérez en Deportes
 
 

Una racha casi mágica en las luchas

Otra faena espectacular las mantuvo como el único deporte en el que los cubanos han podido ganar medallas de oro en todos los Juegos Olímpicos desde Barcelona 1992

 

Mijaín López dejó sin opción alguna al turco Kayaalp. (RICARDO LÓPEZ HEVIA)

Mijaín López dejó sin opción alguna al turco Kayaalp.
(RICARDO LÓPEZ HEVIA)

Por RAFAEL PÉREZ VALDÉS

Cuando llegan los Juegos Olímpicos, un montón de interrogantes se disparan casi a la velocidad de la luz. En realidad ocurre de alguna forma durante los cuatro años que separan a unos de otros. En el caso de los cubanos hubo varias. Una de ellas, relacionada con los luchadores, era capaz de poner a muchos a comerse las uñas.

Era una interrogante que no podía ser omitida: ¿Se podría mantener la racha de seguir ganando al menos una medalla de oro, como sucedía desde Barcelona?

Y en realidad se conquistaron no una sino dos coronas. Ambas en el estilo grecorromano, ese en el que solo se permite apresar por encima de la cintura: Ismael Borrero y por tercera vez Mijaín López (no queremos demorar mencionar la de plata de Yasmany Lugo). Antes de la porfía, como es lógico, hubo suspense (incluso con Mijaín). La racha, teniendo en cuenta la calidad de los rivales, pudo haber sido rota. ¡Pero no lo fue! El próximo reto será lejos en la geografía y escuchando hablar en japonés: Tokio 2020.

Gustavo Rolle, el padre de la lucha cubana, nos ofreció un comentario para los lectores de BOHEMIA: “La lucha greco estuvo muy bien. En la libre hubo dificultades tácticas. A Reineris Salas le quitaron la pelea; ratifico, se la quitaron. La libre estaba para una o dos medallas. Yowlys Bonne, candidato a una de ellas, no luchó bien; le entraron mucho a las piernas. Hubo dificultades en cuatro puntos. Hay cosas técnicas y tácticas en las que se debe trabajar. Un dato: solo en el masculino, en la greco y en la libre, es decir, sin contar la femenina, Cuba terminó segunda, detrás de Rusia”.

Otros detalles

Uno de los condimentos que le dan sabor al deporte son los datos, las comparaciones. Y aquí van algunos insoslayables. Los cubanos de la lucha, sumados los dos estilos, archivan en Juegos Olímpicos nueve medallas de oro, seis de plata, siete de bronce, para un total de 22. Los de la grecorromana, estilo que se estrenó entre nosotros apenas en la década de los 70, archivan 7-5-2=14, mientras que los de la libre, que se comenzó a practicar en nuestro país en 1926, se mantuvieron en 2-1-5=8.

Quedan en el tintero otros números capaces de llevar a comentarios entre especialistas y aficionados: Es el tercer deporte más productivo para nosotros en cuanto a títulos, tras el boxeo (ahora con 37), y el atletismo (sin ninguno en esta ocasión y siguió con 10). Pero… se encuentran 10 por 9 con los del campo y pista.

Otro dato imprescindible. Si Cuba hubiera asistido a Río 2016 solo con el equipo de lucha grecorromana hubiese terminado en el lugar 39 entre 206 comités olímpicos nacionales.

En la máquina del tiempo

Ismael Borrero: no desaprovechó la oportunidad. (RICARDO LÓPEZ HEVIA)

Ismael Borrero: no desaprovechó la oportunidad.
(RICARDO LÓPEZ HEVIA)

Hablamos ya de uno de los ingredientes que le dan sabor al deporte. Y llegó la hora de utilizar una de sus herramientas más importantes: la máquina del tiempo:

Las primeras preseas de oro se ganaron, como ya escribimos con anterioridad, en los inolvidables Juegos Olímpicos de Barcelona 1992, los del increíble quinto lugar para Cuba con 14 medallas de oro; los de Freddie Mercury, ya fallecido, y Montserrat Caballé cantando Barcelona; los del arquero discapacitado Antonio Rebollo lanzando una flecha que encendió el pebetero; los de… ¡tantas cosas! Y para que no hubiera celos entre los dos estilos de la lucha se logró una en cada uno.

La primera, en orden cronológico, perteneció a Héctor Milián (división de los 100 kilogramos de la grecorromana), quien llegó a la sede con un expediente a tener en cuenta, en el que figuraba haber sido campeón mundial un año antes en Budapest 1991.

“Fui considerado el mejor luchador de ese mundial, donde se consideró realicé el movimiento más espectacular”, nos dijo poco antes de los Juegos Olímpicos de Río 2016, a donde fue para recibir de forma oficial su entrada en el Salón de la Fama de la Lucha. Esa distinción antes solo había sido recibida por otro cubano, Filiberto Azcuy, de quien, por supuesto, será obligado hablar casi enseguida. Y luego vendrá la de Mijaín López, uno de los más grandes de todos los tiempos.

“En la final le gané 2-1 a un estadounidense que en realidad era polaco”, dijo Milián refiriéndose a Dennis Marvin Koslowski, bronce en Seúl 1988. “Fue así que pude cumplir mi compromiso con el Comandante en Jefe”, comentó el también abanderado.

Alejandro Puerto (57 de la libre) tenía el oro mundial en Tokio 1990. La pelea más difícil resultó la que venció en cuartos de final por 1-0 al canadiense Robert Dawson, sin demasiada historia, y en definitiva octavo. En semifinales lo hizo 3-0 contra el turco Remzi Musaoglu. Y en la final 5-0 a Serguei Smal, compitiendo por el Equipo Unificado (antiguas repúblicas soviéticas).

Lo que vino después

Filiberto Azcuy: doble campeón olímpico. (GETTY IMAGES)

Filiberto Azcuy: doble campeón olímpico. (GETTY IMAGES)

No se baje de la máquina del tiempo. Es la hora de escribir sobre Filiberto Azcuy. En Atlanta 1996 se presentó arrollador en la división de los 74 kilogramos del estilo grecorromano. Solo tuvo una pelea cerrada, la de semifinal, en que se impuso 5-4 al ruso Mnatsakan Iskandaryan, campeón en Barcelona 1992. Y por el oro 8-2 al finés Marko Asell, plata en el europeo en Kouvola 1997.

Para Azcuy llegar a Sydney 2000 se ajustó a una dura estrategia, la cual nos hizo recordar algo así como el “sacrificio” en el ajedrez: bajó de peso (cinco kilogramos hasta la división de los 69). Se escribe y lee muy fácil. Lo difícil es llevarlo a la realidad, tener la voluntad, no perder fuerzas… Y en la ciudad australiana todo empezó muy complicado. En la primera vuelta tuvo que sudar para vencer 4-3 al rumano Memet Ender, plata mundial en Estocolmo 1993. Luego todo transcurrió sin sobresaltos, tanto que en la final se impuso por superioridad técnica al japonés Nagata Katsuhiko.

Una verdad de Perogrullo: Si existe esta cadena mágica es también porque existió Yandro Quintana, un eslabón imprescindible entre Azcuy (Atenas 1996-Sydney 2000) y Mijaín López (Beijing 2008-Londres 2012-Río 2016). Es que se impuso en Atenas 2004. Entre los que venció se encontraba Vasyl Fedorishin, bronce mundial en Nantes 2000. Todavía se recuerda su lógica alegría y la del entrenador Filiberto Delgado, cuando se logró el éxito.

El inamovible

Llegó la hora del gran Mijaín López. Había sido campeón mundial en Budapest 2005, pero sin la presencia del ruso Khassan Baroev, oro en los Juegos Olímpicos de Atenas 2004. “El rival más difícil de mi carrera”, me dijo una vez. Baroev lo venció en el mundial de Guangzhou 2006. López lo hizo en el de Bakú 2007. Pero el verdadero desquite lo protagonizó en los Juegos Olímpicos de Beijing 2008. Lo atrapó como si fuera un ligero maniquí y lo puso a dar vueltas una y otra vez con un rostro muy desconcertado.

Mijaín López llegó también con una espinita atravesada a los Juegos Olímpicos de Londres 2012. Un año antes el turco Riza Kayaalp, en parte estimulado por el apoyo de su público, lo había derrotado en la final del mundial de Estambul 2011. “No me gana más”, me dijo entonces (lo cual no se cumplió). Pero en semifinales de la cita londinense, en realidad en la verdadera final, Mijaín lo venció de forma muy clara.

(Queremos recordar algo: Kayaalp se le interpuso en el camino en el mundial de Las Vegas 2015. Ahora en Río 2016, sus sueños ante un rival inamovible duraron ¡20 segundos!).

Al bajarnos de la máquina del tiempo, vemos que un viaje a través de la historia es bueno, porque todavía se mantienen frescas en el recuerdo las recientes faenas en Río 2016 del propio Mijaín López y de Ismael Borrero (grandes campeones), y del sorprendente medallista de plata Yasmany Lugo (gran subcampeón). Si cerramos los ojos los podremos ver otra vez llenos de admiración.

Cuando terminó Londres 2012 se retomó la idea de Fidel desde Beijing 2008, de no dormirnos sobre los laureles. En la lucha, no en todos los deportes, funcionó en Río 2016. ¿Y también en Tokio 2020? ¿Seguirá la racha y se unirá un eslabón más a esa cadena mágica? Habrá que esperar.

 

NUESTROS LUCHADORES CAMPEONES OLÍMPICOS

Barcelona 1992: Héctor Milián (100 kg.-Grecorromana). Alejandro Puerto (57-Libre). Atlanta 1996: Filiberto Azcuy (74-Grecorromana). Sydney 2000: Filiberto Azcuy (69-Grecorromana). Atenas 2004: Yandro Quintana (60-Libre). Beijing 2008: Mijaín López (120-Grecorromana). Londres 2012: Mijaín López (120-Grecorromana). Río 2016: Ismael Borrero (59-Libre). Mijaín López (130-Grecorromana).

 

 


Rafael Pérez

 
Rafael Pérez