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Publicado el 14 Marzo, 2017 por Dayán García La O en Deportes
 
 

CICLISMO

Del lobo, un buen pelo

Con el anhelo de que regresen las Vueltas a Cuba y la participación internacional en este circuito, los amantes del deporte de las bielas y los pedales asumieron el Clásico Ciclístico Guantánamo-Pinar-La Habana
El santiaguero Pedro Portuondo dominó de principio a fin el Clásico. (CALIXTO N. LLANES/JUVENTUD REBELDE)

El santiaguero Pedro Portuondo dominó de principio a fin el Clásico. (CALIXTO N. LLANES/JUVENTUD REBELDE)

Por DAYÁN GARCÍA LA O

Entre el 14 y el 26 de febrero se vivieron las emociones de la principal competencia ciclística del país, una Vueltas a Cuba que por cuestiones técnicas estamos obligados a llamar Clásica.

Para esta ocasión del trayecto, que unió entre pedalazos Guantánamo, Pinar del Río y la capital del país, se organizaron 12 etapas, con un día de descanso a mitad del recorrido. Al timón estuvieron alrededor de 90 pedalistas en representación de las 15 provincias del país, con 1459 kilómetros por delante, y 27 metas, una contrarreloj por equipos y una individual, y cuatro premios de montaña: Gran Piedra (categoría A), Puerto Moya (C), El Mirador y Topes de Collantes (B).

Hubo una parada simbólica para un momento especial: el homenaje a Fidel en el cementerio de Santa Ifigenia, el líder que fue uno de los grandes impulsores del deporte cubano, en especial de las Vueltas a Cuba.

Yoanka, quien se despidió de su afición entre lágrimas en su natal Villa Clara, atesora un suculento botín de medallas centroamericanas, continentales y de Copas del Mundo. (vanguardia.cu)

Yoanka, quien se despidió de su afición entre lágrimas en su natal Villa Clara, atesora un suculento botín de medallas centroamericanas, continentales y de Copas del Mundo. (vanguardia.cu)

Otra de las actividades que dejaron huella entre los participantes de esta Vuelta a Cuba fue el retiro oficial de la mejor pedalista cubana de todos los tiempos, la campeona mundial Yoanka González. Ella, además de un título mundial, atesora la única medalla olímpica alcanzada por Cuba en esta especialidad, la de plata en la carrera por puntos de Beijing 2008.

Profeta en su tierra y un poco más allá

Desde la dificilísima segunda etapa (106 kilómetros), con salida en la capital provincial de Guantánamo y meta en la escalofriante Gran Piedra santiaguera, el indómito Pedro Portuondo plantó sus credenciales al título.

Nadie contaba con él ante el empuje de mejores escaladores dentro del grupo de casi dos decenas de escapados, pero con la dura pendiente en sus ojos cruzó primero luego de tres horas, nueve minutos y 11 segundos de pedaleo.

Desde ese momento, el considerado uno de los mejores ruteros velocistas del país, se enfundó la camiseta de líder y le cogió tanto cariño, que no se la quitó hasta 10 jornadas después, cuando levantó el título de campeón frente al capitolio habanero.

Por supuesto que se vivieron algunos sustos para el santiaguero, como el pinchazo de una de sus ruedas en la base del macizo montañoso de Topes de Collantes, donde necesitó de fuerzas extras en la escalada para mantener la punta por pocos segundos con respecto a sus principales perseguidores.

En la segunda elevación de miedo del circuito (Topes de Collantes) se impuso el artemiseño Yasmani Balmaseda contra todo pronóstico, al pasar por la raya antes que el favorito campeón defensor y excelente en la montaña José Mujica, y el veterano espirituano Joel Solenzal.

Portuondo sentenció el giro al ganar la penúltima etapa: la contrarreloj individual de 32 km desde el entronque de La Herradura hasta la capital de Pinar del Río.

Al final, el santiaguero, uno de los tres especialistas con triunfo en dos etapas se llevó la general, en tanto el capitalino Leandro Marcos se impuso por puntos, el guantanameros Onel Santaclara fue el mejor en las metas volantes, su coterráneo Hidalgo Vera lució entre los menores de 23 años y el artemiseño Yasmani Balmaceda pedaleó mejor en la montaña.

Lo cierto es que mientras se esperan las condiciones para que regresen los giros internacionales a la geografía del país, el clásico cumplió su cometido y mantuvo viva la pasión a lo largo de muchos kilómetros de la Carretera Central. Aunque no es suficiente, al menos alcanza para reavivar las ilusiones.


Dayán García La O

 
Dayán García La O