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Publicado el 22 Junio, 2017 por María Victoria Valdés Rodda en Deportes
 
 

Con la espiritualidad del guerrero samurái

La práctica del Kendo, como arte marcial, requiere de una concentración profunda para un mejor desempeño en el movimiento del sable. La Asociación cubana acaba de ser beneficiada por un donativo del Estado de Japón

Por MARÍA VICTORIA VALDÉS RODDA. Fotos CORTESÍA DE LA EMBAJADA JAPONESA.

El espíritu, (Ki) la espada (Ken) y el cuerpo (Tai) tienen que actuar a la vez.

El espíritu, (Ki) la espada (Ken) y el cuerpo (Tai) tienen que actuar a la vez.

Tal vez algún ancestro de Miichiro Shimazu, el descendiente de japonés más longevo de Cuba (107 años en 2014) residente en la Isla de la Juventud, haya practicado el Kendo, una técnica defensiva con sable que entra en la categoría de las Artes Marciales, reformadas en la Isla del Sol Naciente cuando la conocida restauración Meiji, a finales del siglo XIX.

Pero eso entra en el campo de la especulación, lo cierto es que en nuestro país se le práctica desde 1992, a pesar de que por ese entonces no se cumplía con los requerimientos exigidos por la Federación Internacional de Kendo, entendido como un método de entrenamiento para el combate con sable de listones de bambú o “shinai”.

No obstante, un conglomerado de personas decidió emprender esa aventura por lo que promovieron, con mucho esfuerzo y tesón, seminarios y conferencias de diferentes Maestros de esa disciplina a medio camino entre el arte y el deporte. El Estado de Japón le ha seguido la pista a ese interés cubano, y por eso, con el propósito de contribuir al realce del Kendo, decidió ayudar con cierta cantidad de accesorios. Estos fueron entregados por su embajador plenipotenciario en La Habana, Masaru Watanabe, a Arnaldo Montes de Oca, Presidente de la Asociación de Kendo en Cuba. El donativo consistió en 20 equipos de protección (Bogu), que incluyen implementos para la cabeza (Men), el pecho (Do) y las manos (Kote), además de las tradicionales espadas de bamboo (Shinai).

El embajador japonés en La Habana, Masaru Watanabe, entregó un donativo de 20 equipos de protección, más las tradicionales espadas de bamboo. Lo recibió Arnaldo Montes de Oca, Presidente de la Asociación de Kendo en Cuba.

El embajador japonés en La Habana, Masaru Watanabe, entregó un donativo de 20 equipos de protección, más las tradicionales espadas de bamboo. Lo recibió Arnaldo Montes de Oca, Presidente de la Asociación de Kendo en Cuba.

Acompañado por el doctor Antonio Becali, titular del INDER, el embajador japonés manifestó que en Cuba alrededor de 80 personas practican el kendo. Dijo asimismo que esto es muy sorprendente por cómo lo hacen; sin los equipos requeridos, en terrenos de concreto y al aire libre, soportando el fuerte sol. “Admiro ese entusiasmo, y estoy seguro de que con estos nuevos implementos aumentará la actividad del kendo en La Habana y el resto del país”, dijo con optimismo Watanabe. Esta certeza fue confirmada por Montes de Oca quien declaró que este deporte “lo sentimos y lo practicamos aunque no tengamos las mejores condiciones. Yo diría que existe algún tipo de magnetismo o atracción espiritual, y cuando empiezas a entrenar y conocer la modalidad, entonces cuesta mucho trabajo dejarla”. Y eso se inserta adecuadamente con la misma percepción de los kendoka (practicantes de kendo) japoneses quienes lo definen como un modo de vida y una filosofía que puede aplicarse para enfrentar cualquier tipo de adversidad. Por su parte, Becali agradeció el gesto y reconoció el excelente momento que viven las relaciones bilaterales entre Cuba y Japón.

Pasión cubana

En plena crisis económica  -que los cubanos y cubanas llamamos Período Especial- esta modalidad de las artes marciales empezó a abrirse paso en la mayor de las Antillas. Y es que el espíritu guerrero caribeño no podía darse el lujo de adormecerse. Entonces, en ese impulso que da la propia Historia cubana, de manifiesto en las “pequeñas cosas”, hubo dos pioneros del Kendo en Cuba: los Maestros Ramiro Chirino y Eduardo Valdez.

Tal y como lo relata Montes de Oca en su texto, El Kendo en Cuba, publicado en el Observatorio de la Economía y la Sociedad del Japón (enero 2011), estos dos practicantes reciben un curso intensivo en Ciudad México, impartido por el Maestro 4to Dan Adalberto Chávez Martínez. De regreso a Cuba vierten esos conocimientos primarios de técnica básica en un grupo de antiguos Karatekas y otros practicantes de artes marciales en el Dojo de Karate Do Republica de México La primera escuela de Kendo en Cuba se inauguró un16 de Junio del 1992, hace ya 25 años, y con ella nace también la Asociación cubana de Kendo. Sin embrago, se atribuye el primer curso de Kendo, en fecha tan temprana como 1972, impartido por el 5to Dan Shoji Ando a un grupo de instructores de Judo de la Universidad Central de las Villas.

Espiritualidad de base

La meditación juega un papel esencial en el desempeño japonés y eso no implica contradicción ni con el modernismo, ni con el apresuramiento cotidiano de este Siglo XXI. Aun así el concepto de “mente vacía”, exponente del zen, que contrario a lo que se piensa no es una religión (se deriva de una; el budismo), como filosofía de vida y enfoque de la realidad, sigue sirviendo de auxilio para alcanzar altos niveles de concentración.

Antonio Becali, titular del INDER, agradeció el gesto y reconoció el excelente momento que viven las relaciones bilaterales entre Cuba y Japón.

Antonio Becali, titular del INDER, agradeció el gesto y reconoció el excelente momento que viven las relaciones bilaterales entre Cuba y Japón.

Y esto último es muy necesario, digamos que imprescindible, para el logro de los más altos niveles en las artes Marciales, en general, y en el kendo, en particular. Además, de este concepto, se imponen otros, inherentes a la práctica. El de “mente impasible” implica que las barreras no pueden ser arrastradas por la desilusión de la furia, duda, miedo o sorpresa presentadas por las acciones del oponente. Yamaoka Tesshu, fundador de la Escuela sin espada o (Muto-ryu) decía que “No hay sable fuera de la mente” porque la esencia de la esgrima trascendía el proceso de pensamiento reflexivo. El espíritu, (Ki) la espada (Ken) y el cuerpo (Tai) tienen que actuar a la vez.

Tras la Segunda Guerra Mundial, las artes marciales en la modalidad de esgrima clásica- conocida como kenjutsu (técnica del sable) o gekiken (sable golpeador) cambió su término por Kendo, el que va midiendo el nivel de un practicante, como en otras artes marciales por el sistema (Kyu- Dan) que se refleja en paulatinas graduaciones. En el caso del kendo, existen seis grados básicos o kyu ( el sexto kyu es el más bajo y el primer kyu es el más alto). También hay ocho grados intermedios y avanzados o dan. Se dice que el examen de octavo dan (el más alto) es el más exigente de todos en Japón. Es tan difícil de alcanzar que hay una estadística que constata que lo aprueba generalmente menos del uno por ciento de los aspirantes.

Una de las cosas más curiosas, al menos para esta reportera, es el vestuario o equipo, que se utiliza para practicar la disciplina, cuyo peso es cerca de 5 kilogramos. Se empieza por la cabeza y el cuello con un protector, forrado y con una rejilla en la parte delantera para proteger la cara. La rejilla nunca debe tocar el piso del dojo, ya que se le considera una falta de respeto. Esta asimismo el pañuelo que se coloca entre la cabeza y el protector y su función es amortiguar un poco los golpes y recoger el sudor de la cabeza y los cabellos, evitando así que entren en los ojos y perturben al ejecutante.

Una de las cosas más curiosas, al menos para esta reportera, es el vestuario o equipo, que se utiliza para practicar la disciplina.

Una de las cosas más curiosas, al menos para esta reportera, es el vestuario o equipo, que se utiliza para practicar la disciplina.

Le siguen el protector de la mano y antebrazo, los del tórax y abdomen, cuya parte superior puede estar forrada en cuero, mientras que la parte inferior, antiguamente estaba hecha de láminas de bambú recubiertas en distintos tipos de cuero. Hay fuentes consultadas que dice que se podían hacer desde venado hasta con piel de tiburón). En la actualidad casi siempre son de materiales sintéticos. No puede faltar el protector de la pelvis, consistente en un delantal grueso, compuesto por faldones. Se usa chaqueta de algodón gruesa y un par de pantalones de anchos pliegues similares a una falda, a eso se le añade un pañuelo amplio hecho de material suave, a menudo decorado con caligrafía Japonesa y símbolos de Poder. El Kendo utiliza además un casco y una armadura, las cuales varían según su calidad de amortiguación de impactos y precio, dependiendo de la cantidad de milímetros que separan las costuras.

Los expertos afirman que cuantos menos milímetros, mejor. Como era de esperar en la cultura japonesa, el mantenimiento, higiene, y aspecto general, de este vestuario es de primera prioridad. Lo dicho hasta aquí corrobora la idea de que practicar Kendo no es “coser y cantar”. Incluso el cuerpo humano, durante una sesión de entrenamiento, puede perder tanta agua como en un día de verano fuerte. Algunos kendokas han dicho que uno gasta tanta energía como durante una sesión de aeróbica de alto impacto. Los especialistas añaden que la práctica del kendo supone un gran ejercicio cardiovascular. Elementos todos que coadyuvan al incentivo de esta práctica en Cuba, un arte marcial que late con la misma espiritualidad del guerrero samurái.


María Victoria Valdés Rodda

 
María Victoria Valdés Rodda