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Publicado el 6 Febrero, 2018 por Rafael Pérez en Deportes
 
 

HISTORIAS DEPORTIVAS

Años terminados en ocho

Sobre Juegos Centroamericanos y del Caribe,
Las nadadoras Olga Luque (al centro), la también cubana Melba García (a la izquierda) y la panameña Mercedes Alvarado, en la premiación de los 200 metros estilo pecho. Foto: Archivo de BOHEMIA).

Las nadadoras Olga Luque (al centro), la también cubana Melba García (a la izquierda) y la panameña Mercedes Alvarado, en la premiación de los 200 metros estilo pecho. Foto: Archivo de BOHEMIA).

Por RAFAEL PÉREZ VALDÉS

La invitación de hoy es comenzar a recorrer un laberinto lleno de curiosidades deportivas: algunos grandes eventos celebrados también en años terminados en ocho, como los almanaques que ahora están colgados en nuestras paredes.

Vamos a empezar con los Juegos Centroamericanos y del Caribe (los próximos serán en Barranquilla, 19 de julio al 3 de agosto). 1938: ¡Triple empate!

Los primeros de los tres Juegos Centroamericanos y del Caribe realizados hasta ese momento en años terminados en ocho fueron los de Ciudad de Panamá 1938. Esa fue la cuarta edición, luego de los de Ciudad de México en 1926, La Habana en 1930 y San Salvador en 1935, justa esta última, de acuerdo a una programación cuatrienal, que debió ser en 1934, pero lo impidió el azote de un terremoto.

Aquellos duelos en el istmo en 1938 se disputaron del 5 al 24 de febrero, y la misma apertura tuvo ya una curiosidad: pues por primera vez en un acto inaugural de los Juegos se soltaron palomas, símbolo de la paz, con los colores de todos los países. En esta oportunidad los panameños estuvieron a punto de ser los primeros en construir una Villa Centroamericana, idea que al final no resultó, y albergaron a los deportistas visitantes en colegios. Hay más… Hubo porfía en 18 deportes, entre ellos el estreno del polo acuático, levantamiento de pesas, ciclismo y frontenis.

Y, como era de esperar, creció el número de naciones participantes: récord de 10 (resultó significante la presencia por primera vez de Venezuela y Colombia). Y lógicamente, también aumentó el de participantes. De los 741 registrados oficialmente en San Salvador 1935, la cifra se elevó por primera vez por encima del millar: hasta 1 216, de ellos 187 mujeres, entre las cuales brillaron algunas cubanas.

En las semifinales de los 100 metros el panameño Jennings Blackett y el cubano Jacinto Ortiz marcaron 10.03 segundos, igualando el récord mundial, y alcanzaron la misma marca con la que el colosal estadounidense Jesse Owens había ganado una de sus cuatro medallas de oro en los Juegos Olímpicos de Berlín 1936, con lo que aguó la fiesta a Adolfo Hitler. En Panamá el oro fue para Blackett, con 10.04, y la plata para Ortiz (no aparece su tiempo en la mejor fuente que conocemos: el libro del colega Enrique Montesinos, fallecido en mayo pasado).

Nuestros peloteros lograron por cuarta vez el título, apoyados en el lanzador Agapito Mayor, quien logró cuatro de las cinco victorias (la otra fue una lechada de Pedro Natilla Jiménez contra Nicaragua), al ritmo anestesiante de no permitir carreras limpias.

Los boxeadores cubanos se retiraron, al no estar de acuerdo con que uno de ellos repitiera una pelea que ya había ganado.

La natación propició un dominio cubano casi absoluto, al ganar cinco de los seis eventos para varones, y los cinco del femenino, incluidos los tres de Olga Luque, en 100 libre, 200 pecho, y el relevo 4×100, uniendo esfuerzos con Ruth Gil, María C. Llanio y Margaret Chapman. Un apunte sobre esta última: en el clavado ganó la de oro en el trampolín de tres metros, y una más que se le concedió en la plataforma, pese a que fue la única competidora y se presentó más bien a modo de exhibición.

Hubo un muy curioso triple empate en la cima en cuanto a coronas, y en definitiva los tres primeros países quedaron ubicados así: 1.-México (24 de oro-32 de plata-16 de bronce=72), Panamá (24-22-20=66) y Cuba (24-17-19=60).

1978: Gran dominio

Silvio Leonard brilló en Medellín 1978.(foto: JUAN MORENO).

Silvio Leonard brilló en Medellín 1978.(foto: JUAN MORENO).

El dominio cubano en Juegos Centroamericanos y del Caribe, que de forma casual también nació en Ciudad de Panamá, pero en 1970, se volvió más demoledor que nunca en los de Medellín 1978, con 120 de las 188 medallas de oro (lejos de las 25 de México). Hubo también 44 de plata y 18 de bronce (para un total de 182). Un dato: por primera vez, tras una propuesta de nuestro país, se compitió con el límite máximo de dos atletas por prueba, en lugar de tres, para darle así más opciones a otros.

Los números siguieron creciendo en aquella justa disputada del 7 al 22 de julio: 21 países, 2 605 deportistas, de ellos 648 mujeres, y 188 pruebas (en 19 deportes).

En el atletismo brillaron los cubanos: Silvio Leonard y Silvia Chivás, que ganaron las dos carreras cortas (100 y 200 metros), Alberto Juantorena, y Aurelia Yeya Pentón lo hicieron en 400 y 800. Leonard también ganó plata en el relevo 4×100 y Chivás el oro en esa misma prueba, junto a Grisel Machado, Carmen L. Valdés y Asunción Acosta. Llamó la atención el 44.27 segundos del ya doble campeón olímpico de Montreal 1976, mejor marca mundial del año en el primero de esos eventos.

Se vio abanderados de lujo, el ya dos veces campeón olímpico de boxeo, el cubano Teófilo Stevenson (en Munich 1972 y Montreal 1976), quien no compitió allí en Medellín, y el trinitario Hasely Crawford, oro en los 100 metros planos en Montreal.

Los boxeadores, incluso en algunos casos con representantes que ni siquiera eran las segundas figuras, conquistaron, al igual que cuatro años antes, nueve medallas de 11 posibles.

No creemos que pueda olvidarse lo que sucedió en el béisbol. Los cubanos perdían 2-0 contra Puerto Rico, y… se puede jugar con la cadena, pero no con el león. La reacción llevó a ¡24 carreras en un solo inning! Al bate fueron 27 cubanos, quienes conectaron 17 hits, incluidos nueve jonrones, un triple y par de dobles. Se dice que los récords son para romperlos. Pero ese no es así…

Los judocas ganaron los ocho títulos, los pesistas 29 de los 30, los luchadores 9 de 10, por solo mencionar en síntesis algunas de las grandes faenas reportadas por 1 200 periodistas. Me hubiera gustado ser uno, pero no tenía la edad para ello.

1998: ¡Qué calor!

Maikro Romero no quería ser “el patito feo”. (JIT.CU).

Maikro Romero no quería ser “el patito feo”. (JIT.CU).

Cuando llegué a Maracaibo 1998 enseguida comprendí que no había exageración en cómo habían sido bautizados de forma oficial: “Los Juegos del Sol”. O lo que también se afirmaba ahí sobre las temperaturas: “Calor para machos y no para muchos”. Los termómetros, vuelvo a recordar, eran amigos de los 40 grados Celsius. Es verdad que los aires acondicionados, en los casos posibles, tenían un papel protagónico. A pesar de ello era “calor para machos”. La prensa recomendaba huirle al sol, hidratarse tomando agua, no bebidas gaseadas, y mucho menos las de cola…

En medio de esas temperaturas los cubanos, en sentido general, volvieron a mostrar, del 8 al 22 de agosto, su hegemonía regional: 191 de oro y 335 en total (seguidos de México: 60 y 214), aunque esas cosechas resultaron inferiores a las de Ponce 1993: entonces fueron 227 y 364. Esa disminución no puede achacársele a una mengua en el número de pruebas, pues fueron solo nueve menos: 385 en Ponce y 376 en Maracaibo.

Se enrolaron 4 115 competidores, de 32 países (récord). En México 1990 se reunieron un poquito más (4 206). Ese dominio, como era acostumbrado alcanzó deportes colectivos como el béisbol, voleibol (masculino y femenino) y baloncesto (femenino). El tirador Hermes Rodríguez, campeón desde Santiago de los Caballeros 1986, llegó a… ¡19 de oro! (líder).

Allá entrevisté, entre otros, al boxeador Maikro Romero, quien ya era campeón olímpico de Atlanta 1996. Pero en los juegos anteriores, los de Ponce 1993, había sido el único que no ganó el oro, de lo cual logró salirse con demostraciones más que convincentes. Me pareció delicado entonces consultarle el título: “Maikro no quiere ser el patito feo”. Se echó a reír y estuvo de acuerdo. Y unos días después regresó a La Habana con otra medalla de oro.

Se disparan muchos recuerdos, pero se acaba ya el espacio…

En la inauguración estuve en el campo de fútbol todo lo cerca que se me antojó de un escenario donde Oscar de León, admirador ferviente de Benny Moré, nos ponía a bailar. Me parece recordar que uno de los más alegres era el pelotero Carlos Tabares. Acabo de cerrar los ojos, lo veo todo de nuevo, y hasta escucho… “En mi Cuba nace una mata que sin mi permiso no se puede tumbar. No se puede tumbar porque son orichas, esa mata nace en el monte, esa mata tiene un poder y esa mata es, Siguaraya (…)”.


Rafael Pérez

 
Rafael Pérez