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Publicado el 11 Abril, 2018 por Dayán García La O en Deportes
 
 

BÉISBOL Y SOCIEDAD

Alma, corazón y vida

Los dos triunfos de los alazanes de Granma en las series 56 y 57 tienen un valor incalculable en la concepción de felicidad que poseen hoy los nacidos en esta oriental provincia
La afición también gozó en grado superlativo los 40 años de espera. (ANARAY LORENZO COLLAZO)

La afición también gozó en grado superlativo los 40 años de espera. (ANARAY LORENZO COLLAZO)

Por DAYÁN GARCÍA LA O

No se puede calcular, pero se percibe con facilidad: los granmenses son más felices desde que su equipo de pelota les regaló dos campeonatos consecutivos, algo así como el premio gordo de cuánta actividad deportiva tiene lugar aquende las fronteras de la mayor Isla caribeña.

Y es que la sensación de gozo, la materialización del orgullo y la multiplicación de sentimientos de identidad con el terruño se acrecentaron sobremanera en los 13 municipios del territorio cuando el equipo repitió la hazaña de tocar lo más alto en el pasatiempo nacional.

Caminando por las calles de Bayamo, un equipo de BOHEMIA se contagió con la alegría que se transpira por doquier y buscó algunas respuestas.

Una voz autorizada

El psicólogo Heriberto Suárez resalta la labor de las figuras jóvenes que llevaron a los alazanes a la segunda fase. (ANARAY LORENZO COLLAZO)

El psicólogo Heriberto Suárez resalta la labor de las figuras jóvenes que llevaron a los alazanes a la segunda fase. (ANARAY LORENZO COLLAZO)

Heriberto Suárez encara cada juego de pelota de Granma seguramente con el ritmo cardiaco a mil latidos por minuto, pero no puede exteriorizar demasiado sus emociones, tiene que disfrutar cada momento con la cabeza fría, analizando cada detalle que necesite de su intervención inmediata o futura como psicólogo del conjunto.

Cuando llegó el out 27 para los alazanes en el séptimo y decisivo choque ante Las Tunas en la Serie 57, la alegría de Suárez no cabía en el estadio Julio Antonio Mella. Entre los abrazos y la celebración accedió gustoso a dialogar sobre el impacto social que han tenido los triunfos beisboleros de la oriental provincia.

“La influencia ha sido muy positiva, creo que el reflejo se nota claramente en las calles, cuando los atletas o cualquier directivo caminan y los niños los abordan, y envían felicitaciones, uno se da cuenta del estado de felicidad que tienen. No hay nada más conmovedor que un pequeño feliz, ellos dicen lo que realmente sienten”, confesó Suárez.

–¿Algún caso en particular que recuerdes con un niño?

–Hacemos también recorridos por centros asistenciales. En una ocasión fuimos a visitar a un niño de nueve años que padece una enfermedad cerebral y era muy fanático de los alazanes. Sucedió antes de coronarnos por primera vez. Lo que vivimos todos en su casa fue tremendo, sus palabras calaron bien profundo. Dijo que su sueño era crecer para ser miembro del conjunto, le respondimos que ya era un integrante más. Ese momento se convirtió en un motor impulsor.

–¿Han influido las coronas beisboleras en otros deportes de la provincia?

–Claro, la esfera deportiva está muy motivada. Todos vieron que se pueden lograr grandes cosas con empeño. He trabajado también con el fútbol, el atletismo y el taekwondo, y casi todas las conversaciones giran en torno a lo conseguido en el pasatiempo nacional, al sacrificio, al modo inspirador con el que se pueden lograr las hazañas.

–Cuándo se alcanza una meta, ¿cómo mantener el enfoque para repetir la actuación?

–¿La fórmula? Como la canción de Dyango: Alma corazón y vida. Hay que aprender a vivir como campeón nacional. No fue difícil porque al coronarnos había un alto nivel de autoestima. En eso me basé para que volver a ganar fuera la única meta posible. En esto influyó la disposición de los más jóvenes, los que por segundo año consecutivo nos llevaron a clasificar y después tenían que quedarse en el banco cuando llegaban los refuerzos. Pero es tanto el sentimiento de colectividad que cada cual sabe lo que le toca.

El momento único de tocar la gloria con las manos. (ANARAY LORENZO COLLAZO)

El momento único de tocar la gloria con las manos. (ANARAY LORENZO COLLAZO)

Heriberto dispara sus ideas, nos interrumpen sus compañeros, los aficionados granmenses, y él no deja de sonreír, como si el mundo solo dependiera de levantar el trofeo de campeón nacional en el béisbol. “El equipo ha ganado en madurez social, en unidad, en agresividad deportiva, y sobre todo ha aprendido a no derrotarse hasta el último momento. Para toda la provincia esto es único. Lo volvimos a hacer. No existe mayor felicidad”, logró decir antes de que lo absorbieran en un trencito que se movió por todo el terreno al ritmo de la conga de la victoria.

Cuando regresó propuse hablar de individualidades. “Esto es de todos, pero entre los jugadores hay dos pilares que facilitan mucho mi trabajo: Roel Santos y Alfredo Despaigne. En el caso del primer bate es una persona con facilidades de comunicación, es mi interlocutor con los demás, el que mejor puede convencer a un atleta es su compañero que lo entrega todo en el terreno, es un líder con su voz y con sus acciones.

“Despaigne representa mucho desde su ejemplo, en el último play off estaba incómodo porque él quería conectar sus batazos y no le estaban saliendo, me le acerqué y le dije que no le estábamos pidiendo un jonrón, que solo queríamos que estuviera con nosotros, que jugara como lo estaba haciendo, con mucha entrega. Es una inspiración, habla mucho con los muchachos, les regala su experiencia, los incentiva, él sabe el papel que tiene. Por eso juega fuerte y se tira en las bases, para que los demás lo sigan”, culminó el psicólogo y se despidió con un abrazo, como si también este periodista fuera parte de su gloria.

“Sí, claro que ahora somos más felices”, alcancé a entender que me decía mientras saltaba en un círculo que armó con varios jugadores.

Buscando la felicidad

Para Deysi ganar el campeonato beisbolero no tiene comparación. (ANARAY LORENZO COLLAZO)

Para Deysi ganar el campeonato beisbolero no tiene comparación. (ANARAY LORENZO COLLAZO)

No fue difícil encontrarla. Caminar solo dos metros del paseo de la ciudad de Bayamo es darse cuenta de que algo bueno pasa con la gente. En todos lados se habla de pelota, se multiplican las sonrisas, los ojos brillan mientras te cuentan cómo vivieron el último out. Da lo mismo si la entrevistada se sabe la alineación o el nombre de

Según Roberto Quesada, los alazanes dieron la mejor medicina a los que no creían en ellos. (ANARAY LORENZO COLLAZO)

Según Roberto Quesada, los alazanes dieron la mejor medicina a los que no creían en ellos. (ANARAY LORENZO COLLAZO)

los peloteros. La alegría es igual para todos.

“Ganamos, esto es una verdadera fiesta –dijo Daysi Cedeño, dependiente de la tienda El Bazar–, el director Carlos Martí ha demostrado lo que vale, recibió muchas críticas por los refuerzos que pidió y fueron los que mejor lo hicieron. Esto no tiene comparación, de pronto los peloteros han puesto a la provincia en el centro

“Los play off son una verdadera fiesta de pueblo”, dijo Denis. (ANARAY LORENZO COLLAZO)

“Los play off son una verdadera fiesta de pueblo”, dijo Denis. (ANARAY LORENZO COLLAZO)

de atención de todo el país”.

El mismo sentir recibimos cuando entramos en la sala de lustrar zapatos del concurrido paseo, donde clientes y trabajadores protagonizaban la mejor de las peñas deportivas. “Seguimos siendo campeones, han hecho una hazaña, pero igual Las Tunas está en nuestros corazones, al final nos llenó de júbilo que discutieran dos conjuntos de la zona oriental”, refirió Manuel Ricardo, jubilado de las Fuerzas Armadas Revolucionarias.

Por su parte, Roberto Quesada, lustrador de calzado en el local, agregó que la pelota todavía paraliza a una región cuando llegan las finales. “Esta fue la mejor respuesta para los que no confiaban en nosotros, muchos pensaron que no podíamos con Matanzas en las semifinales y aquí tienen. Los alazanes nos han dado otro regalo”, añadió.

En el parque Carlos Manuel de Céspedes conversamos con el informático Jorge Tamayo, quien dijo que la selección granmense aprendió a jugar en momentos decisivos y supieron sobreponerse a las dificultades. “Lo mejor es que el equipo va a estar mucho tiempo dando guerra, hay muchas figuras jóvenes de calidad. Creo que hay que darles más reconocimiento por lo que han hecho. Se han convertido en uno

Para el periodista Osviel, después del triunfo los granmenses comenzaron a mirar la pelota, el deporte y la vida de otra manera. (Cortesía del entrevistado)

de nuestros mayores orgullos. Solo podemos dar las gracias”.

Asimismo, en el Hotel Royalton, ubicado en el mismo centro histórico de la Ciudad Monumento, el encargado de mantenimiento Denis Reyes dialogó con el equipo de nuestra revista.

Para este trabajador la afición de Granma estuvo a la altura de su equipo. “El estadio repleto, con disciplina y alegría. En las afueras era una verdadera fiesta de pueblo, las personas disfrutaron al máximo. Vi los partidos en la casa con la familia y cada vez que pasaba algo era como si pincharan a la ciudad, porque se estremecía toda. Eso no tiene comparación”.

En la misma cuerda, el destacado periodista granmense Osviel Castro, corresponsal de Juventud Rebelde en esa región, confesó que el primer triunfo, luego de 40 años de espera, estimuló a todo un pueblo. “Cambió a esta provincia, no solo porque nunca había ganado sino porque muchas personas, por las derrotas constantes contra Santiago de Cuba, Villa Clara y Ciego de Ávila, habían asumido una mentalidad perdedora, se subestimaban. Por eso es tan importante la victoria del 22 de enero de 2017”.

Castro apuntó que en los dos últimos años la pasión por la pelota creció y al mismo tiempo se multiplicó el amor por Granma. “Esta provincia tiene tanta historia y no ostentaba un título nacional. Creo que necesitaba ese golpe, por llamarlo de algún modo”, refirió en exclusiva a través de la red social Facebook.

“En la Sala de Cardiología del Hospital Provincial recibimos pacientes afectados por emociones fuertes por la pelota”, refirió la enfermera Yanelis. (ANARAY LORENZO COLLAZO)

“En la Sala de Cardiología del Hospital Provincial recibimos pacientes afectados por emociones fuertes por la pelota”, refirió la enfermera Yanelis. (ANARAY LORENZO COLLAZO)

“Una de las escenas más impactantes la vi en algún punto entre Río Cauto y Bayamo, una mujer en la orilla de la carretera montaba un caballo. Le había pintado el 54 en la frente. La cabalgadura no tenía montura y la chica llevaba una bandera cubana en la mano. Estuvo horas esperando que pasara el equipo cuando regresó victorioso de Matanzas en el 2017, cuando los vio venir galopó un rato al lado de la guagua. Fue un espectáculo conmovedor”, subrayó el periodista.

Para Osviel ganar en la pelota cambió a Granma, porque cambiaron las personas. “Aquí se festejaron los años de espera, la gente creyó de verdad en la grandeza, se trazaron metas, empezaron a mirar la pelota, el deporte y la vida de otra manera”.

De infarto

Aún con las batas blancas y rostros soñolientos por la guardia de la noche anterior, descubrí en el Coppelia a las enfermeras Yanelis González y Deysi Meriño, quienes laboran en la sala de Cardiología del Hospital Provincial Carlos Manuel de Céspedes.

Meriño señaló que los alazanes han puesto a su terruño en boca de todos. “Nos sentimos conocidos y respetados, no solo en el país. Ganar nos dio la posibilidad de ir a la Serie del Caribe, así que Granma sonó en el mundo”.

Yanelis confió que la gente vivió las finales con mucha intensidad y que en sus labores recibieron pacientes afectados por emociones fuertes por la pelota.

“Le pongo un ejemplo. En la sala de Cardiología está prohibido poner el béisbol y en la última discusión con Las Tunas estaba prendido el televisor en el juego sin darnos cuenta. Soy responsable del turno y les expliqué a los pacientes que había que quitar el partido y la respuesta general fue que se iban a infartar si no veían el choque decisivo. Es muy lindo lo que han conseguido los peloteros”, comentó González.

No se puede calcular la felicidad, no existe la fórmula exacta para medir el nivel de satisfacción o el orgullo. Si existiera un aparato llamado “alegrímetro” se reventaría en cualquier lugar de Granma cuando se habla de pelota. Ahora sus habitantes creen que puede hacer más en cualquier orden de la vida. Y de eso se trata, de cultivar el alma, con mucho corazón, para una mejor vida.


Dayán García La O

 
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