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Publicado el 21 Julio, 2018 por Dayán García La O en Deportes
 
 

UN BOHEMIO EN BARRANQUILLA

Cuestión de perspectiva

Un bronce del cubano Luis Vega en los 200 metros mariposas provocó la alegría de la delegación cubana y el asombro de muchos representantes de otras naciones
Cuestión de perspectiva.

Luis Vega sorprendió a todos con su bronce en los 200 metros mariposa. (Foto: JOSÉ TITO MERIÑO/PL).

Por DAYÁN GARCÍA LA O, enviado especial de BOHEMIA

Barranquilla, Colombia.- Todo fue muy rápido. La noche del viernes 20 de julio estaba sentado en la sala de prensa del Complejo Acuático Eduardo Movilla junto a un grupo de periodistas de varias nacionalidades, mientras seguía las acciones de la final de los 200 metros mariposa donde competía el cubano Luis Vega.

Después de los primeros 100 metros un puertorriqueño me dijo: “el cubano va bien” y me apreté en la silla. “Sapo”, pensé. Menos de dos minutos y el habanero Vega se lanzó para tocar en la llegada. Levantó la cabeza y dio unas palmadas en el agua. Era el medallista de bronce de la edición 23 de los Juegos Centroamericanos y del Caribe. Además había roto el récord nacional de la Isla con 1:59.23 minutos. Me levanté con sobresalto, grité y me abracé al colombiano de mi derecha, alegre porque su representante había ganado la medalla de oro, pero solo alegre. Lo mío era euforia.

Salí corriendo a la zona mixta y allí estaba el grupo de la delegación cubana, con ese brillo irresistible que provocan las grandes hazañas. Igual los abracé a todos. Felicité a los del relevo mixto que concluyeron en una meritoria cuarta posición, “por poco”, les dije.

Abracé a Vega y dejó rastros de humedad en mi pulóver. Aún tenía el gorro puesto, llevaba las gafas en sus manos. Alguien le dijo que se había puesto dos gorros y no se los había acomodado bien, sonreía. No sé si por la emoción o por el esfuerzo pero casi no podía articular palabra. Me habló de su familia, de que las cosas le habían salido bien. “Es una sorpresa muy grande, no lo esperaba, sabía a lo que me enfrentaba por el tiempo que traían los rivales. Me concentré en asegurar un rendimiento regular en la primera parte, porque después sé que puedo nadar duro” refirió con voz entrecortada.

Cuestión de perspectiva.

El colombiano Jhonathan Gómez y el mexicano Héctor Rubalcaba acompañaron al cubano en el podio de premiaciones. (Foto: JOSÉ TITO MERIÑO/PL).

Tenía que ir a vestirse para la premiación, me mantuve entre los atletas cubanos, me hablaron de la calidad de la instalación, de la rapidez de la piscina. Estaban premiando el relevo mixto y alguien dijo que el equipo Cuba podía estar en el podio. “Pa la otra”, quise sonar tranquilizador, y es que Cuba nunca había competido en relevo mixto en Juegos Centroamericanos y del Caribe.

Al regresar a la sala de prensa con la grabadora cargada por las palabras del ganador y de la comisionada nacional, me senté en mi silla satisfecho, y pensé en las tantas veces que he entrevistado para la radio y la prensa escrita a entrenadores de natación en la base, en las carencias propias de un deporte tan costoso en la mayor isla antillana.

El colombiano de mi derecha me estaba esperando. Al sentarme me puso una mano en el hombro y me dijo que admiraba a los cubanos por la pasión con que defendían lo suyo. “¿Tanto alboroto por una medalla de bronce?”, preguntó y solo pude sonreír.

Para mis adentros, porque seguramente mi interlocutor no me iba a entender, me dije que aunque cada cubano quería ganar 115 oros y dominar los Juegos, había otras actuaciones que bien valían un banquete, mi euforia en la sala de prensa e incluso la emoción que me desborda el pecho mientras escribo esta crónica. El bronce de Luis Vega en los 200 metros mariposas es una de ellas. Es solo cuestión de perspectivas.


Dayán García La O

 
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