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Publicado el 30 Julio, 2018 por Rafael Pérez en Deportes
 
 

CRÓNICA INELUDIBLE

Las muertes de dos Pedros

Y lo que nos recordó Buda

Por RAFAEL PÉREZ VALDÉS

“El problema es que piensas que tienes tiempo”, nos enseñó hace muchos siglos el sabio Buda.

Pedro Val. (Foto: ARMANDO HERNÁNDEZ).

Pedro Val. (Foto: ARMANDO HERNÁNDEZ).

Quiero empezar con una confesión. Tuve que acopiar fuerzas adicionales para sentarme a escribir esta crónica. La motivan los recientes fallecimientos de dos amigos: el brillante entrenador de lucha grecorromana Pedro Val Balgueiras (el viernes), y el del tenaz periodista Pedro Hernández Soto (el sábado).

Me hago ya sin demora la autocrítica, o el harakiri, que no puedo rehuir. Yo sabía que los dos estaban enfermos. Pero me hice la idea, muy equivocada, de que durarían más. Entonces… me quedé debiéndoles una última conversación, encuentro; vamos, una despedida aunque no pareciera que lo era.

Lo único que puedo hacer ahora es intentar esta crónica, no solo para rendirles un justo homenaje, sino para tratar de poner así un granito de arena que evite le ocurra lo mismo a otros.

No voy a transcribir sus currículos; escribiré lo imprescindible…

Pedro Val, como muchos saben, fue el creador de la muy laureada escuela cubana de lucha grecorromana, ganadora de múltiples medallas en Juegos Olímpicos y Campeonatos Mundiales. Llevó al equipo cubano a un inusual triunfo en el de Patras, Grecia, 2001, pues la cima era para Rusia o la Unión Soviética. La entonces Federación Internacional de Luchas Asociadas (FILA) lo seleccionó el mejor entrenador del mundo en el año 2010. Era muy querido y respetado: así lo vi al relacionarse con grandes campeones como Héctor Milián, Filiberto Azcuy, Mijaín López, entre otros.

Mi cargo de conciencia con Pedro Val es mayor porque muchas noches lo llamé a la casa, interrumpiendo su descanso en familia. Y con su amabilidad proverbial siempre me atendió, incluso en los contados momentos en que los resultados no fueron buenos.

Pedro Hernández. (Foto: BOHEMIA.CU).

Pedro Hernández. (Foto: BOHEMIA.CU).

Pedro Hernández Soto fue un periodista con larga trayectoria, incluso con importantes cargos en las direcciones de medios. Estando ya jubilado laboró 15 años aquí en BOHEMIA. Se consideraba, si no estoy equivocado, un cronista deportivo, un apasionado optimista del béisbol. No pudo ser un gran pelotero. No pudo ser un gran director (en realidad ni siquiera discreto si me guio por un juego de softbol que tuvimos contra la revista Verde Olivo); pero… un nieto suyo ha jugado los últimos años con el equipo de la Isla de la Juventud. Me consta que su abuelo, muy orgulloso, se la pasaba dándole consejos. Era un eterno consejero.

Se mantuvo en la batalla periodística hasta el final, pese a la enfermedad, con todo optimismo en su blog Café Mezclado: “Para el asombro de muchos, aún trabajo, asunto para mí muy importante, ante todo por sentirme útil”, escribió hace poco.

Mi cargo de conciencia con Pedro Hernández Soto es mayor porque muchas veces me invitó a que volviera a visitarlo en su apartamento, muy cercano a BOHEMIA, en la que siempre me esperaba buen trato, un excelente té, y… una conversación de béisbol a la que en algún momento yo debía ponerle fin.

La muerte se presentó tan caprichosa, para los dos, que ni siquiera tuvo en cuenta sus tan marcadas inclinaciones deportivas. A Pedro Val se lo llevó tres días antes de que pudiera ver como luchadores cubanos ganaran, el lunes, cuatro de las cinco medallas de oro posibles ese día, en los Juegos Centroamericanos y del Caribe Barranquilla 2018. A Pedro Hernández un día antes de que el equipo de béisbol terminara, al menos, con las medallas de plata.

Quiero insistir: Si tiene alguna visita o conversación pendiente de este tipo no la demore. Y no se lo digo yo. Lo dice Buda: “El problema es que piensas que tienes tiempo”.


Rafael Pérez

 
Rafael Pérez