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Publicado el 31 Julio, 2018 por Dayán García La O en Deportes
 
 

UN BOHEMIO EN BARRANQUILLA

Suárez y la voz perdida entre zancadas

Leonel Suárez ganó el decatlón, se agenció la admiración del Estadio Rafael Cotes y se llevó mi voz con la emoción del momento
Dos cubanos en el podio del decatlón Centroamericano y el Caribe. (RICARDO LÓPEZ HEVIA)

Dos cubanos en el podio del decatlón Centroamericano y el Caribe. (RICARDO LÓPEZ HEVIA)

Por Dayán García La O, enviado especial de BOHEMIA

Barranquilla, Colombia.- No sé si es porque soy demasiado apasionado, pero en la carrera de mil 500 metros del decatlón sentí que se me iba la vida en un grito. Leonel Suárez, tal vez el atleta más corajudo de la nómina del atletismo actual, remontó para arrebatarle el oro a un colombiano, convertido en ídolo del público barranquillero.

¡Vamos Leonel, sí se puede!, grité con todas mis fuerzas desde la valla protectora en la zona de los periodistas y sentí que el cubano le imprimía más velocidad a sus piernas para aumentar la ventaja con su más cercano perseguidor. Grité otra vez cuando el moreno holguinero pasó frente a mí y fue la última vez que mi voz se escuchó alta y clara en Barranquilla.

Leonel es uno de los atletas más corajudos de la última década en Cuba. (RICARDO LÓPEZ HEVIA)

Leonel es uno de los atletas más corajudos de la última década en Cuba. (RICARDO LÓPEZ HEVIA)

Se me fue la voz mientras veía que Leonel, ubicado segundo en la clasificación hasta esa prueba final, ponía pista de por medio en relación con el anfitrión José Gregorio Lemos, con una actitud que llevaba más de coraje que de físico, más de compromiso con su historia de medallista a los más altos niveles.

Leonel fue este martes 30 de julio la más grande encarnación del sentimiento de los mejores atletas cubanos de todos los tiempos, desde Figuerola hasta Juantorena o la Tormenta del Caribe, Ana Fidelia Quirot.

Mientras Suárez surcaba el azul de la pista Mondo, las gradas se iba apagando, y la ventaja aumentaba y Lemos solo podía pensar en terminar y asegurar la plata, porque “cómo ese cubano podía tener fuerzas para después de dos días extenuantes abrir turbinas de ese modo”, refirió después el cafetero.

Realmente fue impresionante como el antillano buscó siempre un paso más, porque sabía que en cada centímetro aumentaba el color dorado de su vestimenta. Los últimos 200 metros fueron de confirmación, en la curva dio un vistazo atrás y tuvo la certeza, lo había conseguido.

Pasó la meta y paró los relojes en 4:34.21 minutos. Levantó los brazos al cielo y agradeció mucho. Casi 24 segundos después llegó el colombiano Lemos, con la causa perdida. Había comenzado la carrera con más de 30 puntos por encima del cubano y este había rematado con una diferencia de casi 150 para un total de ¡8026 unidades!.

Una entrada triunfal en los 1 500 metros. (RICARDO LÓPEZ HEVIA)

Una entrada triunfal en los 1 500 metros. (RICARDO LÓPEZ HEVIA)

El público aplaudió. Muchos habían vivido una batalla de dos días sin saber que disfrutaban de uno de los mejores atletas cubanos de la última década, medallista olímpico y mundial, y con muchas competencias repletas de la mejor de las épicas, como esta de Barranquilla.

Leonel levantó la bandera en la pista, agradeció el gesto del público, se abrazó a su compañero Briander Rivero, el bronceado más feliz del mundo, bailó al ritmo de la música que amenizaba la instalación, sonrío, se emocionó, me emocionó y quise gritar nuevamente, pero no pude.

El baile de los cubanos Leonel Suárez y Briander Rivero en la pista del Estadio Rafael Contes. (RICARDO LÓPEZ HEVIA)

El baile de los cubanos Leonel Suárez y Briander Rivero en la pista del Estadio Rafael Contes. (RICARDO LÓPEZ HEVIA)

A mi lado un colombiano con una mezcla de frustración y admiración me dijo que ese negrito cubano era un diablo. Alcancé a decirle que “ese negro cubano era un Dios y que competía siempre con mucho pundonor, y que había entrenado en serio solamente cinco semanas, y que había sufrido muchas lesiones, y que había venido a cumplir con la Isla”.

Leonel siguió con su ritual en la pista con ese carisma propio de los nacidos en la mayor isla antillana y ya no tuve voz para preguntarle en la zona mixta, se la llevó con sus zancadas de oro. Qué bueno que me quedan las teclas para contarlo.


Dayán García La O

 
Dayán García La O