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Publicado el 10 Septiembre, 2018 por Dayán García La O en Deportes
 
 

BEISBOL: Los colores de la felicidad o la discordia

Los peloteritos de Boyeros, campeones provinciales en la categoría 7-8 años, no pudieron cumplir el sueño de desfilar junto a Industriales en el día inaugural de la serie 58 de la pelota cubana

 

Por DAYÁN GARCÍA LA O

Fotos ANARAY LORENZO COLLAZO

 Integrantes del equipo 7-8 años de Boyeros, campeones provinciales, título que quieren repetir este curso en el 9-10.

Integrantes del equipo 7-8 años de Boyeros, campeones provinciales, título que quieren repetir este curso en el 9-10.

Para Josefina Serrano fue un año larguísimo. La espera comenzó desde el inicio de la Serie 57, cuando su hijo Lazarito acompañó al equipo de la Isla de la Juventud porque el 7-8 años de Boyeros obtuvo el subcampeonato provincial. Aquel día de agosto del 2017 en la línea de tercera, junto a los leones, se encontraban los titulares de Playa, quienes habían vencido en un play off rompecorazones a los del sur capitalino.

Ese día marcó el camino, como reconocen muchos padres, porque los niños enfrentaron cada entrenamiento, cada partido amistoso y la competencia con el único objetivo de titularse para tomar la mano de sus ídolos en el estadio Latinoamericano. Los resultados llegaron con un balance de 25 ganados y solo dos perdidos, además del desquite frente a Playa dos juegos por uno en la discusión del cetro.

Desde ese momento en el que se titularon, Lazarito no pensaba en otra cosa que verse en el Latino de la mano de Malleta, Rudy, Urgellés, Stayler o cualquiera de los azules, un color que seguramente vestiría algún día si seguía entrenando duro. Ni a él, ni a los otros niños del equipo les bastó la conga que pagaron los padres para que el equipo desfilara por las calles de Calabazar, ni la piscina que alquilaron para pasar el día, ni el viaje a la playa, en la mente de todos estaba el Coloso del Cerro, las gradas repletas de fanáticos y la experiencia inigualable para un niño de esa edad que es rodearse de sus héroes deportivos.

Sin embargo, el 10 de agosto es un día que los niñitos del equipo 7-8 años de Boyeros querrán borrar de su memoria. Lo que pudo ser la mejor jornada de su vida se convirtió en lágrimas, decepción y demasiadas incomprensiones.

Incluso uno de los peloteritos, que al igual que este periodista cumple años ese día de agosto, postergó otras celebraciones para disfrutar del mejor de los regalos y se llevó la más grande desilusión.

¿Qué pasó?

Cuenta el entrenador Rosendo Ruenes que desde hace varias temporadas la comisión provincial acordó la genial idea de que los campeones en los provinciales acompañen a los equipos en la inauguración de la serie y de esta forma estimular el sacrificio de infantes y padres durante todo un año.

Rosendo Ruenes lleva 20 años en el terreno de Calabazar formando el talento del sureño municipio de Boyeros.

Rosendo Ruenes lleva 20 años en el terreno de Calabazar formando el talento del sureño municipio de Boyeros.

“Para nosotros es un elemento motivador, nos ayuda en el trabajo diario, a los niños les brillan los ojos cuando se les habla del tema. Industriales y el Latino despiertan demasiadas emociones. Para ellos es muy difícil ir a los juegos con sus padres porque viven bien lejos, pero no es lo mismo estar en el terreno y con los jugadores del equipo de tus amores”, dijo Ruenes.

Sobre ese día inaugural, Daimí Zubizarreta, madre de dos niños integrantes del equipo, señaló que rentaron una guagua para salir de Boyeros a las 2 de la tarde rumbo al Latino. Llegaron a la instalación del Cerro y esperaron en el parque hasta que el entrenador Rosendo comunicó que los compañeros de actos masivos del Inder provincial le habían dicho que no iban a desfilar con Industriales porque el uniforme era negro y amarillo, y desentonaba con el azul de los leones.

“No lo entendimos, porque ese traje sale del esfuerzo de los padres con un costo de 40 cuc, toda vez que nosotros queremos que jueguen con uniformidad. Incluso si algún padre no puede asumirlo, entre todos ayudamos para resolver la situación. ¿Usted cree, periodista, que es motivo suficiente?  Era el único estímulo que los niños iban a recibir del Inder y se lo habían ganado en el terreno”, agregó Daimí.

Según Reinier Hidalgo, padre de un peloterito y uno de los activistas que trabaja directamente con el equipo, la primera solución que dieron los organizadores fue que desfilaran con la Isla de la Juventud, equipo que tiene tonalidades de color que difieren también del negro y amarillo. “Cuando fuimos segundo lugar lo hicimos con orgullo, estuvimos con los piratas, nos conformamos porque sabíamos que otros lo merecían más, por eso nos dolió tanto”, manifestó.

Hidalgo narró que luego dijeron que dividieran el equipo en dos para que una parte estuviera con los piratas y la otra con los leones. “¿Es justo esto? ¿Era un problema del color de la ropa? Fueron algunas de las interrogantes que no tuvieron respuestas”, sentenció.

Después de que no hubo entendimiento, la gran mayoría de padres se retiró del Coloso con los niños envueltos en llanto. Josefina Serrano, la mamá de Lazarito, junto a otras dos madres, se personó en la sede de nuestra revista para denunciar el maltrato, y nos quedó la deuda enorme con estos niños, que son el futuro inmediato de los equipos Cuba al más alto nivel.

Pensemos con objetividad, resulta significativo que en actos de este tipo nos preocupemos por la estética y la visualidad, pero en ningún momento esto puede ser más importante que la felicidad y la ilusión de un niño.

Viaje al sur

Llegar al terreno de pelota de Calabazar es tan difícil que hasta el Sistema de Posicionamiento Global (GPS, por sus siglas en inglés) nos jugó una mala pasada. Cerca de un puente recién reparado que une esta comunidad con la barriada de Las Cañas está el estadio donde se forman desde hace bastante tiempo los peloteros de Boyeros.

El grupo de padres que conversó con BOHEMIA (de izquierda a derecha): Josefina Serrano, Yaisiri Martínez, Maikel Laugart, Martina Gómez, Leidis Varona y en el extremo Daimí Zubizarreta.

El grupo de padres que conversó con BOHEMIA (de izquierda a derecha): Josefina Serrano, Yaisiri Martínez, Maikel Laugart, Martina Gómez, Leidis Varona y en el extremo Daimí Zubizarreta.

Cuando llegamos, sobre las 3:45 de la tarde, los niños comenzaban el entrenamiento, y muchos padres, madres, abuelas y hasta una bisabuela esperaban en las minigradas de la instalación.

“Hay que repararlas. Una vez me caí y por poco ocurre una fatalidad. Además, ya están muy desgastadas y son muchas las licras y la ropa que se han roto en estas gradas”, dijo Yaisiri Martínez, una de las madres.

“El sacrificio es muy grande. Los implementos cuestan mucho. El calzado oscila entre 35 y 40 cuc, los guantes entre 25 y 40, las medias en 5, los cintos en 10, las pelotas de kenko con que se juega esta categoría se encuentran en 10, las guantillas valen 10 o 15, en fin, esto junto al uniforme es un gasto considerable todos los años.

“A ello hay que sumarle las dificultades para comprarlos, porque en nuestra red de tiendas no hay ofertas de este tipo, y donde las hay los precios son de otro planeta”, argumentó Martínez, quien tiene en la actualidad el dilema de comprar en una cifra cercana a los 100 cuc los arreos para su niño que llegó a la categoría 9-10 años y lo están preparando como receptor.

Por su parte, Maikel Laugart, activista y padre de un peloterito, dijo que tiene la carta del Inder para recorrer las escuelas de Boyeros y hacer captaciones para el 7-8 años. “También nos encargamos los padres del dinero para chapear el terreno, pintar el estadio, comprar el polvo de piedra para rellenar la grama”.

Rosendo, al frente de esta área, explicó que  el papel de los padres es fundamental. “No es un secreto la carencia que tenemos de implementos y materiales para trabajar. Tampoco es desconocido que no existen condiciones de transportación para hacer topes o competir en otros terrenos. Los padres se ocupan de eso y de mucho más”.

En esto de sacrificarse por los sueños de un niño en este estadio compartimos varios ejemplos. Leidis Varona vive en la localidad del Wajay y lleva a su niño todos los días al distante terreno de Calabazar. “Adora la pelota y es lo que más le gusta. Todos los días llegamos a la casa cerca de las nueve de la noche y a esa hora tiene que comer, bañarse y ponerse a hacer las tareas de la escuela”, manifestó.

También conocimos de Martina Gómez, una bisabuela que tiene vitalidad para repartir. “Me jubilé y ahora ayudo a mi bisnieto para que pueda hacer lo que le gusta. Me siento feliz en esta familia. Todos son muy solidarios”, dijo entre risas la veterana y le brindó al equipo de BOHEMIA el café más rico de la zona.

Para esta temporada, Ruenes explicó que se trabaja desde agosto para repetir entre los cuatro grandes en casi todas las categorías. Y los niños mantienen la ilusión de que esta temporada puedan repetir y así cumplir el sueño de desfilar con sus héroes azules.


Dayán García La O

 
Dayán García La O