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Publicado el 11 Septiembre, 2018 por Rafael Pérez en Deportes
 
 

RECORDANDO (23-FINAL): Gracias a Monte (“Charles Bronson”)

La crónica que le debía a un apreciado colega fallecido

 

Enrique Montesinos: más de 45 años como destacado periodista. (Foto: Aldo Mederos)

Enrique Montesinos: más de 45 años como destacado periodista. (Foto: Aldo Mederos)

Por RAFAEL PÉREZ VALDÉS

Un afanoso periodista ya fallecido, con quien trabajé durante casi 30 años, me volvió muy fácil escribir esta larga serie que hoy termina. Quiero darle las gracias sin demora a Enrique Montesinos Delvaty (a quién muchas veces le decían Charles Bronson)…

Es por eso que con toda justicia al final de las primeras 21 de estas 23 notas cité como fuente principal su muy valioso libro Los Juegos regionales más antiguos. Juegos Centroamericanos y del Caribe, editado por la Organización Deportiva Centroamericana y del Caribe (Odecabe).

(La publicación que he tenido durante muchos días al lado de la computadora es la sexta realizada por él sobre estos certámenes, y no incluye a los de Veracruz 2014).

Como trabajamos juntos en la redacción deportiva del periódico Granma durante casi 30 años (26 para ser exactos, y él por más de 45), vi muy de cerca como fue laborando en las actualizaciones después de cada uno de los juegos…

Bueno, me equivoqué en el párrafo anterior: en realidad no esperaba a que terminaran para irlos poniendo al día, como también hacia con sus libros sobre los Juegos Panamericanos.

Lo sé muy bien porque estuvimos en los Juegos Panamericanos de Mar del Plata 1995, los Juegos Centroamericanos y del Caribe de Maracaibo 1998, los de Cartagena 2006 y los Juegos Panamericanos de Río 2007. Hubiéramos podido trabajar juntos en otros…

Al ser eventos multideportivos, con muchas medallas para los cubanos, se vuelven agotadores. Horas de trabajo extenuante durante más de 15 días. Íbamos a comer ya de madrugada, luego de trasmitirse el último material hacia La Habana. Llegábamos al hotel y él le robaba tiempo al imprescindible descanso para después poder empezar otro día agotador. A esa hora… ¡se entregaba lleno de pasión a las actualizaciones de sus libros!

Cuando entraba en aquellos centros de prensa era conocido y querido por periodistas de diversos países. En ellos les escuché a muchos preguntar ávidos más de una vez: “¿Y el libro de Monte?”… “¿No ha llegado Monte?”… “¿No viene Monte?”…

No pocas dificultades

La verdad es que en esos eventos todo no es tan fácil como puede suponerse. En los Juegos Panamericanos de Mar del Plata 1995 cuatro compañeros estuvimos compartiendo dos literas en una habitación, en un hotelito de un sindicato. En una Montesinos y José R. Fernández Vega (nuestro actual director en Bohemia); en la otra el ya desaparecido foto reportero Ricardo López Sánchez (padre de Ricardo López Hevia, quien le siguió los pasos de forma brillante) y yo. En el piso de arriba recuerdo más colegas en una habitación, incluido el también fallecido gran narrador y periodista Eddy Martín.

¿Y cómo se desempeñaba Montesinos, en esa misma temática, en La Habana? Aunque ya la edición del periódico estuviese tirándose en la imprenta él seguía laborando también hasta la madrugada.

Ah… más difícil le fue, entonces sin Internet, con dificultades para llegar a las memorias de los juegos, o con datos incompletos en ellas de las primeras citas, armar aquella edición inicial, para la cual unió filas con el colega Sigfredo Barros. La intención era que viera la luz para los Juegos Centroamericanos y del Caribe de La Habana 1982. Y si no recuerdo mal ocurrió después.

Libros que en otra prueba de voluntad me parece preparaba (hasta un total de más de 20 publicaciones), sin la certeza de tener una editorial que se los publicaría; todo pasaba por una gran incertidumbre. La que acompaña a la literatura deportiva.

Ahora voy a explicar algo que dejé caer muy rapidito en el primer párrafo. Montesinos tenía un gran parecido físico con un famoso actor estadounidense, de origen lituano, y noté que sentía un visible orgullo cuando le decían “Charles Bronson”, en alusión al protagonista de brutales detectives policíacos, justicieros, pistoleros, vigilantes, boxeadores y “matones” de la mafia.

No se me hubiera ocurrido competir con él en resistencia para el trabajo. Pero al menos un día me parece que le gané. Era ya medianoche. Le dije: “Me voy”. Aunque estaba muy acostumbrado parece que no quería quedarse solo. Entonces me retó con una pregunta quizás provocativa: “¿Ya te cansaste?”. Le acepté el guante que me tiró: “Era por la confronta de la guagua. Me quedo. Pero me das un aventón hasta mi casa”, le respondí. El tiempo iba pasando. Nos miramos en varias ocasiones. Pero ninguno quería rendirse. No recuerdo qué hora era ya (¿dos y media o tres de la mañana o las cuatro?) cuando se impuso su madurez. Detuvo el pulseo y me dijo: “Vamos”. Me dejó en la puerta de la casa manejando su viejo Lada Rojo. Creo que debería ser el primer Lada que llegó a Cuba.

Fallos humanos

Hay colegas que utilizaban y utilizan sus libros sin darle crédito. Es una violación no solo ética, sino a una regla reflejada al inicio de este texto: “Los elementos que componen este volumen pueden ser reproducidos de forma parcial siempre que se haga mención de su fuente de origen”. Eso no parecía alterar su carácter flemático, no sé si porque ya estaba acostumbrado y porque lo que más le interesaba era que su trabajo fuera útil.

Ya dije que era muy trabajador: Quiero insistir en que muy cuidadoso en la investigación, el dato exacto, las estadísticas. Era de veras poco frecuente que se le escapara un error. Esos eran sus puntos más fuertes, unidos a una amplísima cultura deportiva, y el oficio acumulado durante tantos años.

La Asociación Internacional de Federaciones de Atletismo (IAAF) lo propuso como uno de los cinco mejores periodistas del mundo en ese tan complicado y amplio deporte.

Vivía orgulloso de ser santiaguero, territorio en el cual jugó en su juventud de forma organizada el baloncesto (me parece recordar llegó incluso a primera categoría), un deporte por el que sentía un cariño muy especial. Y que no siempre le fue agradecido. Bueno… ¿el deporte o los hombres?

A mediados de los años ochenta escribía, si la ocasión lo ameritaba, una serie titulada El baloncesto en la mirilla. Si hoy no estamos preparados para la crítica periodística, pues entonces… ¡muchísimo menos! Una vez lo invitaron a la televisión, y cuando terminó el programa, y corrían ya los créditos de la despedida, todavía se le escuchaba en una discusión muy fuerte con un alto federativo. No me consta que cuando murió, por mi cuenta unos 30 años después, habían vuelto a hablarse…

Primero cursó los estudios de Profesor de Educación Física (1965-1968). Y después los de Licenciado (1974-1978). Pero desde finales de 1966 abrazó el periodismo en el diario Granma, en el cual laboró –ya en plantilla desde enero de 1969- hasta su fallecimiento. Ocurrió en la tarde del 16 de mayo de 2017, víctima de un trombo embolismo pulmonar, en París, mientras regresaba de un congreso de la Asociación Internacional de la Prensa Deportiva (AIPS, por sus siglas en inglés) en el que participó en Sudcorea por ser vicepresidente de esa entidad para América. Tenía 69 años de edad. Y me seguía pareciendo un hombre muy fuerte. La noticia nos sorprendió a muchos. No le tocaba todavía.

El dato y el corazón

En el periódico Granma fue militante y dirigente de la Unión de Jóvenes Comunistas, del Partido Comunista de Cuba, redactor del departamento deportivo, muchos años segundo jefe, luego primero. Y hasta también subdirector, cargo que pienso aceptó por disciplina, pese a que no era una tarea que le agradara, y para la cual tuviera las mejores aptitudes. Como jefe, cosa que siempre no podemos decir, era de verdad muy fácil trabajar con él.

Más de 15 años presidente del Círculo de Periodistas Deportivos.(Foto: Roberto Morejón)

Más de 15 años presidente del Círculo de Periodistas Deportivos.(Foto: Roberto Morejón)

Le agradezco también que desde esos puestos sé que en ocasiones me defendió. En una ocasión, y ello me sorprendió, me dio unas pataditas por debajo de la mesa, para que dejara una discusión con el director, quizás pensando me podría afectar en mí ya designación parar ir como enviado especial a Maracaibo 1998; sí, como ya dije, uno de los eventos en que compartimos azares.

En otras me quedó la duda de si pudo hacer más por mí ante algunas de las injusticias que trae la vida (bueno, la vida no, ¡los hombres!) Pero no importa: me consta que me tenía aprecio. Un ejemplo, en alguien a veces parco, es su dedicatoria a este libro que he tenido durante muchos días en la mesa de la computadora: “Para Rafael con mucho afecto”. En 26 años solo recuerdo dos o tres discusiones entre nosotros (una acotación ya que le gustaban tanto las cifras: esa cantidad resulta muy insignificante, pues hubo una temporada en la que yo discutía todos los días con el jefe del departamento). Quizás otro mérito suyo, más maduro, es que ninguna de ellas fueron cuando llegué a Granma con los ímpetus incontrolables de la juventud. Y después de ellas seguimos hablándonos y tan amigos como antes.

Ocupó también durante más de 15 años un puesto en la Unión de Periodistas de Cuba: el de presidente del Círculo de Periodistas Deportivos, tratando de aglutinar a un sector nada fácil, una tarea en la que sí resultó más efectivo de lo que algunos pensaron.

Si no me equivoco, y puedo hacerlo, quizás a veces debió apegarse menos al dato e ir más al corazón. Su periodismo hubiera sido todavía mejor. Es muy posible que el ejemplo que voy a poner no sea el mejor. O demasiado tocado por la nostalgia de una experiencia demasiado personal. Cuando en 2008 falleció mi papá, un viejo periodista de Granma, el colega Alfonso Nacianceno trató de darle un toque de vida a esas grises notas que se escriben tras un fallecimiento. Monte vino a decirle, tras su publicación, que había un error en los años de ejercicio periodístico. Había sacado la cuenta de forma mecánica hasta la fecha de la jubilación. Pero olvidó que en muchos casos se continúa siendo periodista hasta la muerte…

¿Perfecto?

Una vez, antes de un viaje suyo a Colombia, me enteré de que a un hijo pequeño mío le vendría muy bien una cocina eléctrica. Y que allá las vendían a buen precio. Yo cometí el atrevimiento de pedirle una, pese a que incluso él no viajaba con los beneficios que a veces conlleva hacerlo como parte de una delegación deportiva. O que aquel encargo le pesaría algunos kilogramos. No se podían tener muchas esperanzas de que pudiera complacerme. “Charles Bronson” (es decir: Monte) regresó con mi cocina eléctrica.

¿Qué no era perfecto? ¡Nadie lo es..!

Puedo escribir más, pero casi no lo haré…

Tan solo otra idea. Al principio no era mi objetivo al encender hoy la computadora. Fue creciendo poco a poco. Pero creo que de paso acabo de saldar la deuda de escribirle la crónica que por diversos motivos no le hice cuando su muerte nos sorprendió.

Y es que en aquel momento trágico Enrique Montesinos parecía tan fuerte como el mejor Charles Bronson de la saga del Vengador Anónimo.

*****

Hoy termina esta serie. Pero como la historia es tan importante quizás volvamos con otros RECORDANDO. ¿Nos seguimos montando en la apasionante máquina del tiempo..?


Nota de la Redacción: Todos los anteriores 22 trabajos de esta serie RECORDANDO aparecen en este mismo espacio Deportes de BOHEMIA digital, si le interesa ahora recuperarlos y para facilitarle su ubicación, le incluimos aquí la dirección del primero y el número 22. También el autor y nuestra Redacción agradeceremos cualquier comentario que desee compartir, aquí mismo.

RECORDANDO (22): Volvieron los reyes


Rafael Pérez

 
Rafael Pérez