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Publicado el 19 Noviembre, 2018 por Rafael Pérez en Deportes
 
 

GUILLERMO ALFREDO TORRES

Cincuenta y nueve años sin soledad

Entretelones de un campeón medio increíble
En Barranquilla 2018 parecía casi increíble que este atleta pudiera subir a lo más alto del podio. (foto: CORTESÍA DEL ENTREVISTADO)

En Barranquilla 2018 parecía casi increíble que este atleta pudiera subir a lo más alto del podio. (foto: CORTESÍA DEL ENTREVISTADO)

Por RAFAEL PÉREZ VALDÉS

Muchos años después, en lo más alto del podio de los Juegos Centroamericanos y del Caribe Barranquilla 2018, el muy veterano tirador Guillermo Alfredo Torres pudo haber recordado aquella mañana remota en que su padre lo llevó a la que fue su primera gran aventura con una escopeta.

Sí, lo que leyeron ha sido parafraseando el título y el primer párrafo de la novela Cien años de soledad, de Gabriel García Márquez. ¡Existen motivos para hacerlo! Es que no solo en la literatura, sino también en el periodismo, a veces se puede exagerar un poco. Y hay pasajes en la vida de este campeón que nos recuerdan esas ficciones inolvidables del colombiano.

¿No parece como sacado de una historia garciamarquiana lo que ocurrió aquella mañana remota?

Guillermo Alfredo tenía ocho o nueve años de edad. Y su padre, Servilio Torres, hoy octogenario, entonces miembro del equipo nacional de skeet (platos de once centímetros de diámetro soltados a dos alturas diferentes desde dos casetas para dispararles), lo llevó a cazar palomas (claro, en una etapa permitida, según las leyes). Hubo un momento en el cual el progenitor se alejó un poco. “Voy a aquella maleza. No vayas a tocar la escopeta” –le dijo.

El niño pensó diferente: “Si aparece una paloma le voy a tirar”. Y la trajo con el pensamiento. “Vino de derecha a izquierda, como a 15 o 20 metros. Levanté la escopeta: Yo nunca en mi vida había disparado, le apunté y le di en la cabeza. Solté asustado el arma. Mi padre, desde la maleza, sin saber lo que había ocurrido, me gritó disgustado muchísimas cosas”.

¿No parece también como sacado de una historia garciamarquiana que años después ambos integraran el equipo que ganó la medalla de oro en los Juegos Centroamericanos y del Caribe de Medellín 1978? (Guillermo se fue de la competencia también con plata individual). ¿O que para Barranquilla 2018 la mayor parte de los entrenamientos tuvo que hacerlos “disparando” sin tener cartuchos?

¿O que no se le podía dar como un posible campeón, no ya con seis meses de anticipación, ni siquiera un rato antes de lograrlo con todo ese ímpetu de sus 59 años de edad?

Medalla casi imposible

Una puntería y una longevidad excepcionales. (foto: ACN)

Una puntería y una longevidad excepcionales. (foto: ACN)

“En el podio de Barranquilla no pensé en aquella mañana, sino en mi familia, en que esa medalla era casi imposible. Nosotros estuvimos seis meses sin cartuchos, un problema que tenemos con frecuencia, principalmente por el bloqueo estadounidense. Y en todos los que me apoyaron, incluso en las federaciones de Guatemala, República Dominicana y Panamá, países en los que entrenamos ya antes de la competencia. Me salieron las lágrimas, y les dije a sus representantes: ‘Esta medalla también es de ustedes’. Y algo más: Yo era el que estaba tirando más flojo: entré empatado en los lugares cuatro y cinco entre los seis finalistas”.

El día de la final las condiciones atmosféricas en el campo de tiro eran también garciamarquianas; pero eso se va a aclarar un poco más adelante…

La de oro ahora en Barranquilla, junto a la de plata en el por equipos (la dorada se les escapó casi ya en las manos), elevaron a 16 su acumulado en Juegos Centroamericanos y del Caribe: divididas en once de oro, cuatro de plata y una de bronce. En las competencias individuales archiva 3-3-1=7. Y en las de por equipos 8-1-0=9.

En su expediente constan también otros grandes resultados. Bronce en el Campeonato Mundial de 1987, celebrado en Valencia, Venezuela. “Fue la primera medalla cubana en ese tipo de competencias”. Vivió dos veces la inmensa alegría de verse involucrado en récords mundiales: estableció uno durante los Juegos Panamericanos de La Habana 1991 (224 platos rotos de 225), e igualó otro en los de Santo Domingo 2003 (125 de 125).

Hay más: En 1986 ganó, en México, la primera Copa del Mundo. Fue el primer tirador en clasificar para los Juegos Olímpicos de Seúl 1988. Logró medalla de oro en la Copa del Mundo de El Cairo 2000. “En esas competencias tengo seis medallas: dos de oro, una de plata y tres de bronce, así como la de bronce por equipos en el Mundial de Montecatini 1989”.

Bueno, también, como es tan lógico en el deporte, y en la vida, hubo un momento triste… “Me ocurrió en el Campeonato Mundial de Lima 1997. Yo cerraba el equipo, y teníamos la posibilidad de llevarnos el oro. No lo hice bien”.

¿Soledad?

En uno de los muchos recibimientos de Fidel. (foto: CORTESÍA DEL ENTREVISTADO)

En uno de los muchos recibimientos de Fidel. (foto: CORTESÍA DEL ENTREVISTADO)

El refrán sentencia: A falta de pan, cazabe. Vamos a parafrasearlo también: A falta de cartuchos, tenis de mesa. “Es un deporte de reflejos. Y nos ayuda. Nosotros necesitamos la velocidad de reacción. En seis o siete décimas de segundo debemos disparar”.

La incertidumbre con los cartuchos, de cara a una importante competencia cercana (en su caso para buscar la clasificación para los Juegos Olímpicos de Tokio 2020), se mantenía cuando lo visitamos para esta entrevista allá en San Antonio de los Baños; pero existía algo alentador: el campo de tiro Enrique Borbonet recibía una muy necesaria remodelación capital.

“No, nunca he sentido soledad. Ni en mi vida personal ni en la deportiva. A las competencias siempre he ido acompañado por mi equipo. Quizás la sentí un poco en los Juegos Olímpicos de Londres 2012, pues era el único cubano del skeet. Si logro clasificar para los de Tokio 2020, ojalá lo haga también mi compañero de batería Juan Miguel Rodríguez”.

Una vez Guillermo explicó a BOHEMIA el truco para darles a los platos:

“Se va logrando cierta maestría. Yo fui cazador, adquirí habilidades. La paloma es más difícil que el platillo. Por ejemplo, si le disparas a 100 palomas y le das a 70 es buenísimo el resultado. En cambio si lo haces con 100 platos y le das a 90 es malo”.

–¿Y cómo se controlan los nervios?

–Entran en juego muchos factores, la preparación, cómo te encuentras en ese momento, el factor psicológico. El descanso es fundamental. No importa si no dormiste bien la noche anterior, pero no hacerlo dos, ya sí es un problema.

–¿Y su padre?

–Vamos a empezar por mi abuelo: fue un gran cazador. Mi padre estuvo durante 12 años en el equipo nacional de skeet. Él ganó plata individual en los Juegos Centroamericanos y del Caribe de Panamá 1970, bronce en los de Santo Domingo 1974, y oro por equipos en 1970, 1974 y 1978. Es el que me enseñó todo sobre la cacería, a tirar. Me hicieron una prueba para la Escuela Superior de Perfeccionamiento Atlético (ESPA). De 25 tiros rompí 14, en disparos de posición, de la 1 a la 4, es difícil. En septiembre de 1974 entro a la ESPA. Y el 1o de septiembre de 1976, con 17 años de edad, al equipo nacional.

Guillermo Alfredo Torres, en el portal de su casa, con la esposa, la hija y una de sus dos nietas. (foto: ANARAY LORENZO)

Guillermo Alfredo Torres, en el portal de su casa, con la esposa, la hija y una de sus dos nietas. (foto: ANARAY LORENZO)

¡Qué sueño!

Es el deportista cubano que ha participado en más Juegos Olímpicos: seis que podrían haber sido ocho, pues, como se recuerda, por razones políticas o de solidaridad, nuestro país no asistió ni a los de Los Ángeles 1984 ni a los de Seúl 1988, en los cuales él hubiese podido incluirse. No pudo clasificar para los de Beijing 2008, y tampoco para los de Río 2016. “Quiero una medalla en los de Tokio 2020”, nos dijo sin darle importancia a que la clasificación será muy difícil, o que para entonces tendrá 61 años de edad.

“La preparación para los de Beijing 2008 no fue buena, por carencia de municiones. Ni Juan Miguel Rodríguez ni yo clasificamos”, dijo rememorando una de estas competiciones.

“Me siento con las mismas fuerzas para seguir de hace 10 o 15 años, tratar de lograr la clasificación para los de Tokio 2020, e ir a buscar la medalla”, nos dijo.

Y también nos repitió una gran preocupación: “En el skeet somos nada más que cinco. Servando Puldón, Juan Miguel, otros dos, y yo. No hay relevo. Formar un tirador debe llevar de cuatro a cinco años. No hay una base para sustituirnos. Han venido cazadores a probarse y por un motivo u otro no han dado la talla. Algunos no han aguantado la presión. Cuando nos retiremos en nuestro país no habrá skeet”.

¿Qué pasaría…?

No se ha rendido por la falta de cartuchos. (foto: ANARAY LORENZO)

No se ha rendido por la falta de cartuchos. (foto: ANARAY LORENZO)

Su núcleo familiar lo componen su esposa (con la que contrajo matrimonio en 1984), tres hijos y tres nietos. Tiene un automóvil Gelly, donado por el organismo deportivo, con el cual, entre otros usos, a veces lleva al médico a su madre, de 77 años de edad, quien se encargó de cocinarle aquella primera paloma. Ella lo recuerda muy bien, no así el padre, de 80, a quienes también visitamos, en una casa cercana, donde relucía el orgullo que sienten por su hijo. No solo ellos, también lo apreciamos en los lugareños: “¡Campeón!”, le gritó uno que pasó en una bicicleta. Lleva 42 años en el equipo nacional. Es militante del Partido Comunista de Cuba.

Y casi no hacía falta preguntarle cuál es su hobby: ir a cazar palomas. Ve un poco de televisión (una noche en que lo llamamos para una precisión estaba concentrado en el canal Tele Rebelde, que trasmitía un juego de béisbol de las Grandes Ligas). Y escucha la música de años atrás: Década Prodigiosa, Roberto Carlos, Julio Iglesias, José José…

Es un hombre que despierta admiración. Uno de los muchos que la sienten es su excompañero de equipo y ahora entrenador Delfín Gómez (cuyo padre también tuvo esa responsabilidad): “Lo conozco desde que teníamos 15 años, allá en 1974, cuando estábamos en la ESPA. Llaman la atención sus resultados, aunque nos ha faltado la medalla olímpica, y su longevidad. Ahora en Barranquilla el tiempo estaba dificilísimo. Los platos volaban muy irregularmente, bajaban dos y tres metros. Él rompió el récord centroamericano para finales. Lo ayudó ser cazador de palomas. Puede mantenerse el ciclo completo. Y, sí, aspirar a una medalla en los Juegos Olímpicos de Tokio 2020. Ese es el objetivo. Se nos pone difícil por la falta de los cartuchos”.

¿Qué pasaría si Guillermo Alfredo Torres llega a clasificar para Tokio 2020? Eso parece hoy más propio de un sueño. ¿Y si llegara, repetimos: con 61 años de edad, a ganar allá una medalla que no cree imposible? Yo pienso, tratando de mantenerme en una posible mirada garciamarquiana, que el autor de Cien años de soledad resucitaría para ser él quien le escriba la mejor de las crónicas.

 

Radiografía del skeet

Es conocido también como tiro al plato, tiro al platillo o tiro al vuelo. La gran mayoría de los actuales tiradores comenzaron en la cacería. A lo largo de la historia la necesidad del hombre de alimentarse fue agudizando su puntería y buscando cada vez blancos más específicos. La cacería entonces podría señalarse como una de las principales ramas de donde nace este deporte. En el skeet existen ocho lugares de tiro (ubicados en forma de medialuna) con dos platilleras en cada costado (la “caseta alta” a la izquierda y la “caseta baja” a la derecha. En esta modalidad, un cronómetro libera los platos entre 0 y 3 segundos después de que el tirador de la orden. El competidor debe estar con el arma baja (sin encarar). (Fuente: Wikipedia)

 

 

Longevos olímpicos

¿Si Guillermo Alfredo Torres llegara a disparar en Tokio 2020 sería el deportista más longevo en hacerlo? ¡No! ¿O si incluso llegara a ganar una medalla, el más veterano de forma específica en este deporte? ¡No! El sueco Oscar Swahn es el campeón olímpico de más edad (64 años y 280 días), lo cual logró en los de Estocolmo 1912. Es también el medallista de más edad, pues obtuvo plata en Amberes 1920 (72 años). Y es, además, el participante de más edad que haya competido en unos Juegos Olímpicos (también 72). ¡Ah! el deportista con más Juegos Olímpicos es el canadiense Ian Millar, de equitación, con 10, que podían haber sido ya 11 si para Río 2016 no hubiese existido un problema con su yegua.

 


Rafael Pérez

 
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