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Publicado el 15 Agosto, 2019 por Abelardo Oviedo Duquesne en Deportes
 
 

Balonmano (M) cubano en Lima 2019

Ahora, dejar huellas en el camino

Están en franca bancarrota los apresuradas valoraciones sobre el principal combinado de balonmano del país. Ese parecer lo confirma la conducta de los jugadores en la misma lid continental, porque las destruyeron mediante un torrente de solidas realizaciones técnicas que disiparon una colosal nueve de humo
Balonmano (m) / Foto: Roberto Morejón

Por ABELARDO OVIEDO DUQUESNE
Foto ROBERTO MOREJÓN

Aunque estructuraron una atractiva despedida del torneo de los XVIII Juegos Deportivos Panamericanos, el quehacer de la formación de balonmano, clasificación masculina, levantó muchas expectativas en todo el archipiélago cubano debido a su conducta ante combinados que, según opiniones, pertenecen a su nivel competitivo.

Alguien con mucha justeza nominó, en su día, al seleccionado como un equipo de ensueño por la incontrovertible actuación en los Juegos Deportivos Centroamericanos y del Caribe de Barranquilla. Pero ninguno de los entendidos sentenció que la demostración rubricada en la Ciudad de los Brazos Abiertos se repetiría en la Ciudad de los Reyes, Lima, pues el entorno competitivo se nutriría de competidores de clase mundial, como son los colectivos de Brasil, Argentina y Chile.

Tampoco los analistas vaticinaron el quehacer de nuestros paisanos para ese nuevo encuentro; y deslizaron que la altura de las respuestas tendrían como base el alcance del juego de conjunto que enseñaran sobre la duela de la instalación peruana. Así sucedió. Todos los adversarios parecieron haber consumido espinaca, como Popeye el Marino, y entregaron multiplicados esfuerzos en cada jornada. Y, de alguna manera, esa realidad minimizó el team work de los cubanos.

La demora de la réplica de nuestros balonmanistas ante propuestas ofensivas intimidatorias, así como empeños tácticos para quebrar ilusiones, tuvo una lógica explicación. Desde hace mucho tiempo ellos se desempeñan bajo un estilo de juego europeo, más basado en la fuerza que en la velocidad. Y ese criterio de hacer, como es lógico, lo trajeron a las dos lizas de América: los CAC y los JDP. Esa conducta les sirvió para dominar en Barranquilla pero no en la Ciudad de los Reyes, pues los estrategas de la parte norte del continente indican a sus alumnos el desplazamiento vertiginoso, proceder que siempre obliga a regresar pronto a la defensa para estructurar un balance.

Un par de acciones utilizadas en la pasada centuria fueron soslayadas por nuestros representantes. Y esa postura costó varias amarguras durante los juegos y la liza. Una fue desechar el marcaje personal presión. Cuando ellos integraron los elencos de la nación (pasada centuria) aprendieron cómo prevalecer mediante ese sistema de protección. En tierra de los incas retomaron el cara a cara en los cotejos próximos al adiós, y sobrepasaron los obstáculos con claridad, y despertaron nuevas opiniones entre los analistas presentes en la sede de competición.

Otro quehacer empleado en el siglo XX fue el notable uso de los jugadores extremos. Muchas veces en la polideportiva sudamericana fueron utilizados en menos cantidad de la habitual. Cuando ellos tuvieron su normal vigencia alteraron la pizarra con agradecida frecuencia.

Enrique Delisle, estratega de los balonmanistas fijó la actuación de sus alumnos en la falta de un contundente juego colectivo. “Para las venideras ocasiones efectuaremos más choques de adiestramiento para resolver todos las fallas de ahora y las que puedan surgir en base a los nuevos adversarios. Este es un equipo muy apreciado en el mundo y corroboraremos que no están equivocados aquellos que juzgan de esa manera”.

Están en franca bancarrota los apresuradas valoraciones sobre el principal combinado de balonmano del país. Ese parecer lo confirma la conducta de los jugadores en la misma lid continental, porque las destruyeron mediante un torrente de solidas realizaciones técnicas que disiparon una colosal nueve de humo.


Abelardo Oviedo Duquesne

 
Abelardo Oviedo Duquesne