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Publicado el 25 Septiembre, 2019 por Dayán García La O en Deportes
 
 

 BÉISBOL

Cuando el pitcheo huele a tabaco

Desde el inicio de las Series Nacionales la provincia más occidental de Cuba ha tenido especialistas del pitcheo que sobresalen entre los mejores del país y esto se debe a su magnífica escuela de entrenadores
Bésibol, entrenador fr pitcheo, Pinar del Río, Raciel Sánchez Echevarría/ AL

Raciel se confiesa enamorado de su profesión

Por DAYÁN GARCÍA LA O

Fotos ANARAY LORENZO COLLAZO

A Raciel Sánchez Echeverría le cayó el mundo encima antes de cumplir los 20 años: una lesión del hombro lo alejó de los montículos como lanzador. Al muchacho, nacido a mediados de la década de los 70 en el poblado de Puerta de Golpe, Consolación del Sur, Pinar del Río, no le bastaron sus competencias en categorías escolares y juveniles, sus preselecciones de equipos nacionales o sus incursiones en la Liga de Desarrollo bajo la égida de Alfonso Urquiola; las ganas se le hicieron agua cuando le dijeron que no volvería a lanzar.

Dijo adiós sin imaginar que en muy poco tiempo estaría de regreso en otras funciones desde ese círculo de tierra que se ubica a 45 pies del home.

No debió ser otro lugar que el estadio Capitán San Luis el sitio del encuentro y no podían ser otros los acompañantes que varios pitchers del sub 23, y algunos de los más consagrados del equipo grande.

Béisbol, Pinar del Río, entrenamiento en el gimnasio/ ALC

El trabajo individualizado con cada atleta es fundamental

Entre sus interrupciones para corregir movimientos, posición de la mano, recorrido del codo y otras cuestiones técnicas, Raciel dialogó con BOHEMIA sobre el difícil arte de lanzar pelotas desde el box.

“Cuando salí del deporte activo comencé a trabajar con los niños de 9-10 y 11-12 años, incluso participé en varios campeonatos nacionales como entrenador, pero no fue hasta varios años después que me dediqué por completo a los lanzadores, que es el área más difícil”, refirió.

Después de sus primeros pininos en la materia, graduado de licenciado en Cultura Física en 2001, comenzó a acercarse al tema con mayor seriedad. “Le debo mucho al doctor Andrés Cañarte, quien trabajó muchos años con el equipo Pinar del Río y con la selección nacional. Cuando llegué en 2007 por primera vez a una preselección de los pativerdes, el médico quiso que aprendiera qué pasaba fisiológicamente y biomecánicamente con los serpentineros. De ahí surgieron mis estudios de posgrado.

“En la Serie 48 ya comencé como coach de bullpen de los vegueros con Luis Giraldo Casanova como director y no fue hasta la edición 50 que me desempeñé como entrenador principal, nuevamente bajo la égida de Alfonso Urquiola.

“En la Serie de Oro pensábamos comenzar un trabajo que rindiera sus frutos dos años después; sin embargo, cerró esa temporada con un promedio de pitcheo entre lo mejor del país y el despegue de un grupo de lanzadores como Yosvani Torres, Erlys Casanova y Vladimir Baños”.

Raciel forjó también entrañables y necesarias relaciones de trabajo con colegas de otros territorios. “Dentro del campeonato cubano afianzamos el intercambio con entrenadores de otras provincias para recopilar información de un estudio biomecánico que nos diera elementos sobre el material con el cual trabajábamos. De ahí surgió la labor conjunta con maestros como Pedrito Pérez (Villa Clara), José Elósegui (La Habana), Javier Gálvez (Mayabeque, entonces Habana) y Juan de Dios Peña (Sancti Spíritus)”, señaló.

Todos saben que lo conseguido por el cuerpo de lanzadores fue fundamental para que Pinar del Río repitiera el campeonato en la Serie 53, con el mismo grupo de cuatro o cinco pitchers con presencia en los principales equipos nacionales, y esto condicionó que el nacido en Puerta de Golpe cumpliera el sueño de vestir el uniforme del equipo Cuba, postergado por aquella fatídica lesión en el hombro.

“Fue ese año 2012 cuando entré como entrenador de la selección nacional y me mantuve hasta 2016. La experiencia resultó más que valiosa, pues participé en tres topes Cuba-Estados Unidos, dos en La Habana y uno en ese país norteño. Además, llevo en mi hoja de servicio un torneo en Holanda, dos topes Cuba-México, el centroamericano de 2014, el continental de Toronto, el Premier 12, un tope en Colombia en 2015 y dos Series del Caribe”.

–¿Cuál momento recuerda con mayor satisfacción?

–En el tiempo que estuvimos tratamos de hacer lo mejor posible con las carencias que todos conocemos. Me marcó mucho estar en el enfrentamiento de Cuba y el Tampa Bay, de las Grandes Ligas, como entrenador principal, entre 12 preparadores de calidad y glorias de la talla de Braudilio Vinent, Pedro Luis Lazo, Lázaro Valle y otros. Fue mi última oportunidad con el team de las cuatro letras y pienso que saqué provecho a la experiencia. Lo mejor de todo es que después la pude trasladar a mis pupilos en Pinar del Río.

–¿Cómo es el proceso de imbricarse con un staff de lanzadores de todo el país, con diferentes maneras de hacer?

–Fue algo novedoso en las primeras temporadas trabajar con tantos atletas de calidad, quienes llegaron con otros sistemas y lanzamientos, eso nos obligó a esforzarnos más porque teníamos la oportunidad de aprender de ellos y de entrenadores de diferentes territorios.

–¿Qué significa ser heredero de la tradición pinareña desde los 45 pies?

–Siento una satisfacción muy grande de no dejar caer la bandera que levantaron otros como José Manuel Cortina, Jesús Guerra, Román Suárez, Julio Romero, Jesús Bosmenier, Juan Carlos Oliva, Carlos Pérez y otros tantos. No es fácil, ellos dejaron el listón muy alto y puedo asegurar que cada día aprendo algo nuevo de sus enseñanzas y su legado. Continuamos el trabajo y pienso que actualmente el área de Pinar del Río goza de tremenda salud.

Béisbol, agarre de la pelota por el lanzador/ ALC

Desde la base hay que inculcar a los atletas cómo aplicar la técnica adecuada.

–¿Cuál es la clave de la constancia de resultados?

–La labor sin descanso. Hacemos un seguimiento desde que los atletas están en las categorías inferiores. Los entrenadores en la base son muy dedicados, hay mucha unión en el área, mucha seriedad. Nunca ha sido tarea de uno, todos han puesto un granito de arena”.

–¿Cuáles son las principales problemáticas del pitcheo cubano?

–Independientemente de que se hayan perdido muchos buenos atletas, tenemos innumerables problemas. Cambiamos la pelota, entrenamos con una y jugamos con otra. La calidad de los montículos no es la adecuada en casi todos los escenarios y falta dedicación de nuestros lanzadores.

–¿Es el control la bestia negra entre estas dificultades?

–Sin duda. De manera general nos afecta mucho, pero no es solamente la cantidad de bases por bolas, sino que vamos más allá con el control fino, el de poner la pelota rozando los diferentes puntos de la zona de strike. Puedo decir con propiedad que trabajamos bastante el control, pero existen problemas de mecánica y quizás el trabajo nuestro aún es insuficiente. A esto hay que sumarle la poca labor de nuestros pitchers, que es donde se puede corregir todo esto. Por ejemplo, un lanzador cubano menor de 23 años puede lanzar en un año alrededor de 40 entradas; sin embargo, cuando revisamos la hoja de servicios de un integrante del equipo universitario de Estados Unidos nos sorprende que la gran mayoría tenga más de 150 innings de labor. Por eso es que decimos que falta volumen de acción y la serie sub 23 tampoco resuelve el problema porque solo son 36 partidos.

–¿Principales problemas de mecánica?

Béisbol, Pinar del Río, entrenamiento/ ALC

Fortalecer el tren inferior es prioridad para la mecánica de los lanzadores.

–Existen errores que son fundamentales, nosotros nos dedicamos por completo a la mecánica, pero ya son muchos los vicios con que llegan los deportistas a nuestras manos. Uno de los problemas es que los pitchers no trabajan fuerte con las piernas, a pesar de que dedicamos gran parte del entrenamiento a fortalecer el tren inferior. Hay detalles en el momento de soltar la bola pues los muchachos no se quedan atrás sino que se van siempre adelante. La dificultad mayor es que en las categorías inferiores se premia el resultado, y hay muchos entrenadores que solo les importa que el niño saque out o dé strike y no se detienen a analizar técnicamente la forma en la que está ejecutando cada lanzamiento.

Raciel Sánchez Echeverría tiene 43 años y lleva más de la mitad de su vida dedicada al difícil arte de lanzar. “Para mí el pitcheo lo es todo, en mi casa me dedico a estudiar mucho y trato de actualizarme constantemente. Aprovecho todo lo que puedo descargar de Internet y además lo que se investiga en nuestros institutos superiores de cultura física. Recibo ayuda de muchos amigos y es imprescindible el diálogo con colegas de otras provincias. También nos retroalimentamos de lo que hacen nuestros atletas contratados en el extranjero, sobre todo los que están en Japón, que es una de las mecas, de ahí hemos introducido varios métodos”.

Son muchos los motivos que tiene este espigado entrenador para mantener la tradición en la más occidental de las provincias. “No nos mantenemos en la capital pinareña, vamos a cada uno de los municipios a buscar al joven que tenga un mínimo de talento; las puertas de la academia están abiertas para todo el que quiera probar que tiene la capacidad de aprender. Esa es una de mis pasiones: pulir diamantes en bruto. Aquí voy a seguir hasta que no me alcancen las fuerzas porque las costuras de la pelota no pueden perder el aroma del humo del tabaco”.


Dayán García La O

 
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