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Publicado el 30 Septiembre, 2019 por Rafael Pérez en Deportes
 
 

La dedicatoria que nunca tendré

Me faltó la del legendario boxeador Teófilo Stevenson (no solo por incapturable…), la cual hubiera estado junto a la de Ana Fidelia Quirot, Alberto Juantorena y Javier Sotomayor

Por RAFAEL PÉREZ VALDÉS

Teófilo Stevenson

Teófilo Stevenson fue tres veces campeón olímpico, y tres mundial. (Foto: ACN)

Quizás Tom Cruise pensaría que su Misión Imposible era menos difícil. La mía: sacudir el librero grande de mi pasillo (cinco pisos cada uno con tres metros y 25 centímetros de largo). No había desempolvado nada todavía. Entonces la vista se me desvió para aquella familiar portada verde con las fotos de leyendas como Ana Fidelia Quirot, Teófilo Stevenson, Alberto Juantorena y Javier Sotomayor. Se me disparó la nostalgia. Y sin pensarlo bajé aquel volumen…

Es Fama sin dólares, el libro de entrevistas largas que realicé junto al colega Oscar Sánchez Serra (Editorial Científico-Técnica, La Habana, 2002), con el cual nos divertimos y sufrimos muchísimo. Hay entretelones antes de la publicación, durante y después, con todos los componentes de una novela. Pero ellos no serán el tema al menos de hoy.

 

Las tres dedicatorias

Cuando lo abrí me volví a encontrar con las dedicatorias de tres de ellos. Y me vino el recuerdo de que siempre me faltó una. Qué nunca la tendré…

Con cariño, Rafael.

Ana Fidelia Quirot.

800 M.

CUBA.

 

A Rafael:

Gracias por tu aporte al deporte revolucionario cubano.

Cuba.

Alberto Juantorena.

 

Para un amigo del Soto, mis agradecimientos.

Javier Sotomayor.

 

La dedicatoria que faltó, casi no hace falta recordarlo, fue la del legendario boxeador Teófilo Stevenson. ¿Por qué? Lo explicaré un poco más adelante. Y hasta con una confesión muy íntima que escribiré por primera vez…

Lennon, García Márquez, Stevenson

Los primeros renglones de Fama sin dólares, los de la Presentación, parten de la inspiración que nos produjo el gran súper completo Stevenson…

A raíz de que el genial músico John Lennon muriera asesinado por el balazo de un demente que, de paso, acabó con la anhelada esperanza de que los Beatles volvieran a tocar juntos, Gabriel García Márquez escribió una crónica memorable. La inició así, con su carga tan sugerente y bella:

PARÍS. Ha sido una victoria mundial de la poesía. En un siglo en que los vencedores son siempre lo que pegan más fuerte, lo que sacan más votos, los que meten más goles, los hombres más ricos y las mujeres más bellas, es alentadora la conmoción que ha causado en el mundo entero la muerte de un hombre que no había hecho nada más que cantarle al amor. Es la apoteosis de los que nunca ganan.

Pelea Stevenson vs Bobick

En su famosa pelea contra el estadounidense Duane Bobick, a quien derrotó camino al oro en los Juegos Olímpicos de Múnich 1972. (Foto: bohemia.cu)

Uno de los entrevistados en este libro –vencedor con limpieza- es precisamente un boxeador que llegó a ser, durante casi 15 años, el que más duro pegó entre los “mastodontes” del pugilismo no profesional: Teófilo Stevenson, el mismo que renunció a ganar millones de dólares en el profesionalismo, y que ahora, al cabo del tiempo, nos vuelve a asegurar que no está arrepentido de aquella decisión.

Lo íbamos a sacar…

Una confesión (no programada):

Hubo un momento en que pensamos dejar a Stevenson fuera del libro, pese a sus tres medallas de oro en Juegos Olímpicos (Múnich 1972, Montreal 1976, Moscú 1980); sus tres en Campeonatos Mundiales (La Habana 1974, Belgrado 1978, Reno 1986); su personalidad tan carismática; haber rechazado millones de dólares; sus 301 victorias en 321 combates; su pegada demoledora; haber sido manejado su nombre para pelear, con reglas especiales, y posibilidades de ganar, contra el rey del profesionalismo Cassius Clay: su amistad y apoyo de Fidel Castro, el Líder de la Revolución…

La razón era de tipo práctico: cuando empezamos era para nosotros el gran campeón. Y casi enseguida pasó a ser nuestro amigo. Cuando llegábamos no quería que nos fuéramos de su casa. O que dejáramos de acompañarlo a determinado lugar. Era un buen anfitrión, un conversador entusiasta; pero alérgico a saber que le estaban haciendo una entrevista… ¡Nos llevó siete meses para que contestara la primera parte de las preguntas que le habíamos preparado! De verdad que pensamos dejarlo fuera del libro.

En Pleno Período Especial lo visitamos, muchas veces, en su casa anterior. Se encontraba ubicada en Nuevo Vedado, al fondo del parque situado frente al cine Acapulco. Vivía sin el confort que se le supondría a una gloria como él. Era una casa de dos plantas, pero a pesar de eso desentonaba con el tamaño y la belleza de otras cercanas. Ni siquiera tenía garaje para su muy viejo Lada 2107.

Luego, no mucho tiempo después, le fue mejorada su casa. Y empezó a manejar un automóvil moderno…

Vivía con gran modestia

No eran nada especiales allí tampoco, cuando realizamos la larga entrevista, su televisor ni su equipo de música ni nada…

Fidel, Stevenson y Cassius Clay

Fidel, Stevenson y Cassius Clay (Mohamed Alí). (Foto: bbc.com)

Y son tan solo unos ejemplos de la modestia con que vivía.

Es que no le interesaba el dinero, lo material.

Una vez, invitado a España, tuvo uno de sus habituales gestos de desprendimiento. Sucedió con el periodista cubano Elio Menéndez. Los anfitriones le fueron a entregar al campeón un dinero de bolsillo para sus gastos. Lo primero que hizo fue preguntar por el de su compatriota. “Se lo daremos mañana”, le contestaron. Entonces, preocupado porque de verdad fuera a ser así, se lo metió en el bolsillo al cronista. Y dijo: “El que está pendiente ahora es el mío”.

No fueron pocas las ocasiones en que se quitó un par de zapatos o una camisa para regalárselas a alguien que consideró la necesitaba más.

Así era Teófilo Stevenson, el campeón del que me quedé sin su dedicatoria.

Confesiones

Una confesión (que no es todavía la prometida):

En esos cinco pisos del librero que mencioné aparecen, entre otras cosas, los libros de mi difunto padre (siempre digo que ese sí buen periodista). Los míos. Y allá en el último piso hasta una vieja máquina de escribir Robotrón (¿alguno de los lectores se encuentra interesado en comprarla?). Y periódicos viejos, piezas de computadoras que debí haber botado hace muchos años…

Bueno… ¿Por qué me faltó la dedicatoria de Teófilo Stevenson?

La pregunta que acabó de hacer, por decisión propia, me obliga a hacer una explicación y a confesarme…

Hora de la explicación:

Teófilo Stevenson fue el único de los cuatro entrevistados que no estuvo aquel día en la presentación oficial del libro en el Complejo Morro-Cabaña.

Hora de confesar algo por primera vez:

¿Por qué nunca fui después en busca de él para que estampara su dedicatoria y firma? No lo hice por una sospecha. Era muy posible que él no tuviera el libro. O que se lo hubiera prometido a alguien. ¿Y si él, que le daba tan poca importancia a tantas cosas, no quería devolverme el único ejemplar que yo tenía? Cuando falleció, 10 años después de la presentación, por un ataque al corazón, las dudas o el arrepentimiento me rondaron. ¿No debí salir a buscar aquella dedicatoria? Lo peor que me podía pasar era que no me lo devolviera.

Bueno… ¿y en qué punto terminó lo de sacudir el librero? Quedó pendiente otra vez. La nostalgia me disparó a escribir sin demora esta crónica. Lo de quitar todo el polvo que hay en el librero parece una Misión Imposible. Y para que no me siga metiendo miedo voy a tener que pedirles prestadas las pistolas a Tom Cruise.


Rafael Pérez

 
Rafael Pérez