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Publicado el 18 Noviembre, 2020 por Prensa Latina en Deportes
 
 

Leyendas

La tenacidad de Daimí Pernía entre vallas

Pernía alcanzó su único título universal de manera inesperada en una prueba de una verdadera constelación de estrellas

Por Adrián Mengana Martínez

La cubana Daimí Pernía cruzó las puertas doradas del atletismo con su excelente técnica y conquistó los 400 metros con vallas en el Campeonato Mundial de Sevilla 1999.

Pernía alcanzó su único título universal de manera inesperada en una prueba de una verdadera constelación de estrellas, liderada por la marroquí Nezha Bidouane y la rusa Yuliya Nosova.

La carrera resultó muy reñida y solo se decidió en los instantes finales. La antillana trazó un buen plan táctico, y a pesar de tropezar con la última valla, sobrepasó por una centésima a Bidouane, con el mejor tiempo de su vida (52.89 segundos), el sexto mejor registro de la historia hasta ese momento.

Con ese triunfo coronó el mejor año de su carrera deportiva, que lo inició con el cetro de los Juegos Mundiales Universitarios de Palma de Mallorca, en España, y le siguieron las dos coronas de los Juegos Panamericanos de Winnipeg. En la lid canadiense ganó su especialidad y en el relevo 4×400.

La caribeña conquistó su primera medalla de oro continental, con marca de 53.44 segundos, escoltada por la barbadense Andrea Blackett (53.98) y la estadounidense Michelle Johnson (54.22).

Luego venció en la posta, integrada además por Julia Duporty, Zulia Calatayud, titular del orbe de los 800 metros en Helsinki 2005, e Idalmis Bonne, con tiempo de 3,26.70 minutos. En ese curso mejoró en seis ocasiones el récord nacional de los 400 metros con vallas.

Esa brillante temporada, la mejor de su carrera, la llevó a conquistar el premio a la mejor deportista femenina de 2009 en Latinoamérica y el Caribe, en la tradicional encuesta organizada por la agencia de noticias Prensa Latina.

Una campaña más tarde intervino en los Juegos Olímpicos de Sídney 2000 y aunque aparecía entre las candidatas a ganar preseas finalizó cuarta, con crono de 53.68. Sin embargo, se convirtió en la primera atleta latinoamericana de todos los tiempos en llegar a la final de su modalidad.

En la gira europea venció en Zagreb, terminó segunda en Rieti (400 lisos) y fue tercera en la Liga de Oro de Roma, además de ganar en Medellín, Colombia.

La otra participación mundialista de Pernía aconteció en Edmonton, Canadá, en 2001, pero la cubana no pudo revalidar el título, al entrar tercera, con 54.51. La presea dorada la ganó Bidouane (53.34) y la plata Nosova (54.27).

En 2002 alcanzó el metal dorado en la Copa del Mundo de Madrid, al integrar el relevo 4×400 del equipo América. En las competencias de Europa triunfó en Gdansk (Polonia), Viareggio (Italia), Salamanca (España), concluyó segunda en Thessaloniki (Grecia) y tercera en Rovereto (Italia) y Linz (Austria).

Luego ganaría la presea plateada en los Juegos Panamericanos de Santo Domingo-2003, con tiempo de 55.10, solo aventajada por la estadounidense Joanna Hayes (54.77) y en la campaña siguiente el cetro del Campeonato Iberoamericano de Huelva y triunfaría en el mitin de Salamanca, ambos celebrados en España.

Sin embargo, en los Juegos Olímpicos de Atenas 2004 su actuación estuvo por debajo de lo pronosticado, al quedar eliminada en el primer heat clasificatorio.

Tras la magna cita de la capital griega, algunas lesiones y molestias hicieron que decidiera ausentarse de las competencias y fuertes entrenamientos en el 2005.

Su entrenador Faustino Hernández apostó por las condiciones innatas de su pupila y Pernía regresó a las pistas en el 2006 y se presentó en los Juegos Centroamericanos y del Caribe de Cartagena de Indias, en Colombia.

Frente a rivales que esa temporada habían obtenido mejores marcas, la cubana se impuso con un aceptable registro de 55.32 y cerró el 2006 con un éxito en la fortísima reunión de Padua, Italia.

En el 2007, su último año competitivo, ganó los segundos Juegos de la Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América, efectuados en Venezuela, y asistió a los Panamericanos de Río de Janeiro, en los cuales ocupó la octava posición.

Pernía nació el 27 de diciembre de 1976 en la localidad de La Palma, en la occidental provincia cubana de Pinar del Río y comenzó en la práctica del baloncesto desde bien pequeña, pero muy pronto cambió para el atletismo debido a la rapidez que mostraba al correr.

Participó en varios Juegos Escolares y en ellos demostró excelentes condiciones para triunfar en Cuba y el resto del mundo.

Con apenas 16 años destacó en competencias nacionales celebradas en Santiago de Cuba en las pruebas de 200 y 100 metros con vallas. En 1993 ganó su primera medalla internacional, bronce en el relevo 4×100 durante el Panamericano juvenil de Winnipeg.

En 1994 ganó los 400 metros con obstáculos en el Campeonato cubano, disputado en la localidad de Artemisa; ese propio año asistió al Mundial de la categoría en Lisboa, donde avanzó a las semifinales de la especialidad e integró la posta 4×400, que finalizó en el séptimo puesto. También logró triunfos en las reuniones de Maia, Portugal, y Sevilla.

Un año después conquistó el título del relevo 4×400 en el Campeonato Centroamericano y del Caribe de Guatemala y una campaña después conquistó el oro en una competencia preparatoria realizada en Medellín, Colombia.

En 1997 inició su camino hacia la elite universal, al lograr el bronce en los Juegos Mundiales Universitarios de Catania, Italia, y plata en el Centroamericano y del Caribe de San Juan, ambas en 400 con vallas, así como el bronce de la posta 4×400.

En 1998 solo compitió y ganó en el Campeonato Nacional Rafael Fortún, celebrado en Camagüey, y no pudo participar en el torneo cubano para damas de La Habana debido a una lesión.

Sin dudas, Pernía marcó por más de una década al atletismo cubano y latinoamericano, con su indiscutible calidad y dedicación en los entrenamientos y las carreras.

(Este texto forma parte de la sección de PL Leyendas, que revive historias de relevantes deportistas latinoamericanos)


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