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Publicado el 2 Diciembre, 2020 por Giovanni Martinez en Deportes
 
 

FÚTBOL

La magia de Diego

Un genio imperfecto que fue mucho más que el mejor futbolista de la historia
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Fidel y Maradona, una amistad entrañable. (Foto: Tomada de Facebook)

Fidel y Maradona, una amistad entrañable. (Foto: Tomada de Facebook)

Por GIOVANNI MARTÍNEZ

Diego Armando Maradona murió, decían los titulares, pero la mayoría preferimos pensar que se trataba de una broma de mal gusto. Cuesta creer que su corazón dejó de latir. ¿No era inmortal Diego?

Resultó ser cierto. La camiseta albiceleste, esa que tantas veces perdió el color por el lodo y el sudor, ahora yacía húmeda entre las lágrimas de más de 40 millones de argentinos y gran parte del mundo.

Pero algunos nunca se van. Incluso la palabra legado les queda pequeña. Y la historia de la leyenda argentina, muchas veces comparado con Pelé, Beckenbauer, o con el presente de Messi y Cristiano, trasciende esa frontera hasta lo inimaginable.

Es imposible confrontar a Maradona. Pero por respeto a otras figuras, digamos que fue el mejor en su tiempo, porque las estadísticas transportadas de un año o entorno a otro se tornan más frías que la propia muerte.

Logros

Un ejemplo sencillo es el título de la albiceleste que todos recordamos en México 86. Pero no sería lo mismo sin aquellos cuartos de final, donde más que un juego de fútbol en instancias decisivas, se trató de la moral de todo un país que no se había repuesto aún de esa absurda guerra de Las Malvinas, que cobró la vida de más de 600 combatientes argentinos durante los 74 días que duraron las batallas.

El Pibe de Oro no tuvo un arma, pero la vida le regaló un campo lleno de ingleses y un balón de fútbol para rodarlo desenfrenadamente desde la mitad de la cancha, aquel inolvidable 22 de junio de 1986, cuando dejó en el camino a más de medio equipo contrario y anotó el mejor gol de la historia.

El Estadio Azteca fue testigo de ello y el planeta lo recordará siempre al escuchar la mitológica narración de Víctor Hugo Morales que automáticamente revive las imágenes en nuestro subconsciente: “Ahí la tiene Maradona, lo marcan dos, pisa la pelota Maradona, arranca por la derecha el genio del fútbol mundial, deja el tendal y va a tocar para Burruchaga… ¡Siempre Maradona! ¡Genio! ¡Genio! ¡Genio! Ta-ta-ta-ta-ta-ta-ta-ta… Gooooool… Gooooool… ¡Quiero llorar! ¡Dios Santo, viva el fútbol! ¡Golaaazooo! ¡Diegoooool! ¡Maradona! Es para llorar, perdónenme… Maradona, en recorrida memorable, en la jugada de todos los tiempos… Barrilete cósmico… ¿De qué planeta viniste para dejar en el camino a tanto inglés, para que el país sea un puño apretado gritando por Argentina? Argentina 2 – Inglaterra 0. Diegol, Diegol, Diego Armando Maradona… Gracias, Dios, por el fútbol, por Maradona, por estas lágrimas, por este Argentina 2-Inglaterra 0”.

Unos minutos antes había sido la “Mano de Dios”, porque a Inglaterra los argentinos tenían que ganarle como fuera. Así pensaba Diego cuando abrió el marcador con el puño cerrado como un superhéroe disfrazado de hombre invisible, o mejor, como un revolucionario indetenible.

El mejor gol de la historia. (Foto: bbc.com)

El mejor gol de la historia. (Foto: bbc.com)

Hablando de rebeldía, hay una ciudad que el astro argentino ubicó en el mapa del fútbol en los 90 y desde entonces nunca más descendió. Por aquellos días el pueblo partenopeo elevó a Maradona hasta el altar de San Genaro, patrono principal de la urbe de Nápoles.

Diego llegó allí el 5 de julio de 1984, con la melena alborotada y una mirada ambiciosa que presagiaba devolver el color celeste a la oveja negra del Calcio, a esa ciudad pobre del sur, culturalmente mucho más latina que europea. Tras 60 años de sequía guio al Napoli hasta conseguir su primer Scudetto en 1987 y también la Copa Italia. Y no se detuvo, volvió a despojar a los poderosos del norte –Inter, Milan, Juve– nuevamente en la liga de 1990 y alzó el cotizado trofeo como capitán por segunda ocasión. Su palmarés por esos lares, donde su imagen se multiplica en cada esquina, lo completan una Supercopa en la temporada 90-91 y una Copa de la UEFA en 1989.

A muchos también se le puso la piel de gallina cuando miraron el almanaque y comprobaron que Maradona murió en la misma fecha que cuatro años atrás nos había dejado su gran amigo Fidel, a quien llevaba tatuado en su dotada pierna izquierda. Definitivamente para Cuba, la historia de Diego va más allá del deporte. Su paso por la Isla, cuando se sometió a un tratamiento médico para desintoxicarse, le enraizó para siempre a nuestra tierra. Sus visitas fueron constantes desde entonces y su amor por nuestro país, infinito. La clínica internacional La Pradera se convirtió en su segunda casa, ha confesado él mismo.

Tributos

Cuando el Barrilete Cósmico nos dejó físicamente el 25 de noviembre de 2020, una lluvia de homenajes en su honor abarrotó los estadios, las calles, las ciudades.

La presidencia del propio Napoli confirmó que el estadio San Paolo, al que ya le llamaban el Templo de Diego, pues le vio goles y gambetas como ningún otro terreno, pasará a llamarse Diego Armando Maradona. El club jugó ante la Roma pocos días después del deceso del ídolo mundial y estrenó una camiseta similar a la de la selección argentina, con franjas verticales blancas y celestes, como muestra de respeto y admiración absoluta.

Otra de muchas acciones que tocó las fibras más sensibles, incluso de sus detractores, fue la que realizó Lionel Messi en el Camp Nou. El rosarino después de marcar un gol se sacó la camiseta del FC Barcelona y mostró la de Newell’s mientras lanzaba con sus brazos un beso hacia el cielo de Cataluña. Hermoso gesto que recordó los colores de la escuadra donde él empezó aún siendo un niño, y más especial aún por tratarse del modelo que lució Maradona en su corto paso por el equipo rosarino.

Pero la historia entre ambos genios es aún más sorprendente. Messi, en medio de una notable tristeza, recordó con su dedicatoria aquel debut de Diego con el elenco leproso, algo que vivió de cerca, sentado junto a su padre en la grada del Coloso del Parque, que ardía de pasión por recibir a la leyenda tras su regreso al fútbol de su país después de más de una década. Allí observaba anónimo entre la multitud del club de sus amores la Pulga al Pelusa.

En México 86 con la copa en alto. (Foto: elintra.com.ar)

En México 86 con la copa en alto. (Foto: elintra.com.ar)

“Nos deja pero no se va, porque el Diego es eterno. Me quedo con todos los momentos lindos vividos con él”, escribió en las redes sociales el capitán del Barça para despedirse del que fuera su mentor y ejemplo.

Y no fueron pocas las personalidades y entidades que se pronunciaron:

Miguel Díaz-Canel Bermúdez, presidente de Cuba: “Maradona, el Pibe de Oro, jugador único, amigo de Fidel, ha muerto. Cuba le recordará siempre como el sincero amigo y el virtuoso futbolista que fue”.

Pelé: Perdí a un gran amigo y el mundo perdió una leyenda. Aún queda mucho por decir, pero, por ahora, que Dios dé fuerzas a su familia. Un día espero que podamos jugar juntos a la pelota en el cielo”.

Víctor Hugo Morales: “Y de pronto el gol era que Diego se convertía en una estrella. Elijamos una estrella esta noche. Que sea Diego para siempre. Y despidámoslo, no con la emoción que nos parte el corazón. Recordémoslo tan vivo como su arte, como su juego y su osadía. Estamos despidiendo a alguien que fue único”.

Gianni Infantino, presidente de la FIFA: “Los corazones de todos quienes le queríamos por lo que era y por lo que representaba dejaron de latir por un instante”.

Club SSC Napoli: “Todos esperan nuestras palabras. Pero, ¿qué palabras podemos usar para un dolor como el que estamos experimentando? Ahora es el momento de las lágrimas. Luego vendrá el momento de las palabras”.

Un día Maradona expresó: “Si muero, quiero volver a nacer y ser futbolista. Y quiero volver a ser Diego Armando Maradona. Soy un jugador que le ha dado alegría a la gente y con eso me basta y me sobra”.

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