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Publicado el 7 Febrero, 2021 por ACN en Deportes
 
 

Andrés Soler, entrenador deportivo devenido mensajero ante la COVID-19

Todas las mañanas –dice- me dirijo al mercado agropecuario en busca de provisiones para personas que se encuentren aisladas como sospechosas del virus SARS CoV-2, ancianos o asistenciados en dependencia de las necesidades del barrio, y llevo además almuerzos y comidas a la casa de adultos mayores que se benefician de los sistemas de atención a la familia
Andrés soler, el entrenador deportivo, devenido mensajero.

Para Andrés resulta gratificante apoyar el trabajo en la comunidad de Cidra, que realizan los trabajadores del INDER , sobre todo, las labores sociales en beneficio de ancianos y sectores vulnerables. (Foto: acn.cu).

Por ANGEL DARIÁN SANTA CRUZ

La llegada de la COVID-19 en Cuba imposibilita el quehacer cotidiano de las personas, sin embargo demuestra en hombres como Andrés Soler Gazmuris, entrenador del combinado deportivo de la comunidad de Cidra en Unión de Reyes, que lo importante en la vida radica en la voluntad de ayudar.

Desde la etapa inicial de enfrentamiento al coronavirus que llevó a la suspensión de actividades deportivas como parte de los protocolos de bioseguridad ante la enfermedad, me propuse la tarea de ser útil para la comunidad y por ello ejerzo labores de mensajería, expresó a la ACN.

Resulta gratificante apoyar el trabajo que existe en la comunidad de Cidra, encabezado por el accionar de los trabajadores del Instituto Nacional de Deportes, Educación Física y Recreación (INDER) en lo referente a labores sociales en beneficio de ancianos y sectores vulnerables, dijo.

Soler Gazmuris confiesa que la COVID-19 lo mantiene alejado de su faena de entrenador de béisbol, una de sus pasiones más grandes en la vida, pero asume una nueva responsabilidad que lo gratifica.

Todas las mañanas me dirijo al mercado agropecuario en busca de provisiones para personas que se encuentren aisladas como sospechosas del virus SARS CoV-2, ancianos o asistenciados en dependencia de las necesidades del barrio, y llevo además almuerzos y comidas a la casa de adultos mayores que se benefician de los sistemas de atención a la familia, acota.

El licenciado en Cultura Física comenta que la mayor alegría de su trabajo radica en el agradecimiento de las personas a las que ayuda, que cambian su nombre por un afectuoso mi negro cada vez al llegar a un hogar.

Con 54 años de edad, Andrés Soler Gazmuris afirma sentirse fuerte y aunque no avizora lo que pasará en el futuro, sabe que en la actualidad las labores de entrenador deportivo quedan postergadas, pero su misión de mensajero le proporciona una victoria segura ante la COVID-19. (ACN).


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