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Publicado el 15 Febrero, 2021 por Redacción Digital en Deportes
 
 

Los sueños de Fidel en el deporte

Teodoro Pérez Martineaud, Teo, vivió momentos fundacionales y se siente orgulloso por eso

Por: Tony Díaz Susavila / En Jit

Teodoro Pérez, fundador del Inder

Foto: Roberto Morejón/ Jit

UNA “BRONCA” deportiva conllevó, de manera fortuita, a que Teodoro Pérez Martineaud se convirtiera en fundador del Instituto Nacional de Deportes, Educación Física y Recreación (Inder) en febrero de 1961.

Teo, como todos le llaman, era entonces jugador y director del quinteto de baloncesto del municipio Bejucal…

«Jugábamos contra el equipo dirigido por Mario “Risita” Quintero, de la escuela Pitman. Nos cantaron una falta que consideramos injusta y aquello creció tanto que terminamos en la estación de policía y yo suspendido por dos años», rememora para JIT este octogenario habanero.

«Ocurrió en una instalación ubicada en el Reparto La Ceiba, en Marianao, la única en Cuba con tableros de cristal, que por cierto terminaron regados en pedacitos por el piso», detalla.

«La sanción me ponía en una situación difícil, pues el baloncesto era el deporte preferido de Bejucal. Fue entonces que intervino el Capitán del Ejército Rebelde Felipe Guerra Matos…», afirma con brillo en la mirada.

«Guerrita, así le seguimos llamando, me llamó a la Dirección General de Deportes, ubicada en el Coliseo de la Ciudad Deportiva, y me quitó la sanción. Poco tiempo después me convertí en colaborador de José Llanusa Gobel, olímpico con el baloncesto en Londres 1948 y presidente fundador del Inder», explica a grandes rasgos.

Fidel con deportistas

Foto: Roberto Morejón/ Jit

«Llanusa es “el flaco” para nosotros. Era alto y había ganado la medalla de bronce en los Juegos Panamericanos de Guatemala 1950. En 1954 dirigió el equipo cubano asistente a los Juegos Centroamericanos y del Caribe de México, o sea, sabía bastante sobre deportes», apunta este conversador jubilado.

«Con Llanusa al frente del Inder y Jorge “Yoyi” García Bango como director de lo que sería hoy el alto rendimiento, comenzó mi vida dentro del Inder», expresa con satisfacción.

«En 1965, al ser nombrado Llanusa como ministro de educación y asumir Yoyi como director de actividades deportivas, me fui a trabajar con él. Cuando pasó a presidente del Inder, yo quedé en la responsabilidad de jefe de actividades deportivas, sin desvincularme nunca del baloncesto», abunda.

CAÑEROS, EQUIPO DE BALONCESTO DE FIDEL

«Fueron varios los partidos que jugué con Fidel, capitán del equipo Cañeros adversario de Yaguasines, Constructores y otros conjuntos en el tabloncillo de La Mariposa. Allí comenzó todo, con Raúl al frente, aunque al tiempo debió ver los juegos desde las gradas por una lesión.

»Después pasamos al Coliseo de la Ciudad Deportiva, donde a veces celebrábamos tres partidos hasta la madrugada. Además de Fidel, que jugaba como pívot, estaban Llanusa, Vecino Alegret, Manuel Piñeiro, Jorge “Papito” Serguera, José Millar Barruecos, Andrés Keiser, Mario “Risita” Quintero, Julio Bidopia, Mario García, Fabio Ruiz y otros. Difícil recordarlos a todos.

»Fidel era buen basquetbolista, siempre con el número 15. Tenía rápidas entradas al aro y efectividad en los tiros. Jugaba y le jugaban fuerte. Los árbitros tenían que ser imparciales con cualquier equipo», expresa mientras enseña instantáneas de la época.

«De ese período se han contado muchas anécdotas, como su encuentro con el escritor inglés Graham Greene en un duelo entre Cañeros y Yaguasines; cuando jugó con basquetbolistas españoles o alumnos en la Escuela Secundaria Básica en el Campo Ernesto Che Guevara, ubicada en Ceiba del Agua, hoy Artemisa», resalta.

«Fidel era un gran amante de los deportes. Le debemos mucho. Por su empuje nos convertimos en potencia deportiva», destacó.

LA EPOPEYA DEL 66

«Lo del Cerro Pelado fue apoteósico. No solo entramos a San Juan, en Puerto Rico, sino que competimos y le demostramos a la “gusanera” que tenían perdida la pelea de antemano. Ahí se hicieron más grandes la confianza de Fidel en el movimiento deportivo cubano y el liderazgo de Llanusa.

»Aquello marcó a una generación de deportistas, entrenadores, técnicos y dirigentes. El apoyo boricua, los enfrentamientos a los vendepatrias y regresar victoriosos todavía está en nuestras mentes. ¡Y para cerrar con broche de oro…! El recibimiento de Fidel en pleno mar, poco antes de entrar al puerto de Santiago de Cuba. Escaló al barco con los comandantes Juan Almeida Bosque y Armando Acosta Cordero», narra emocionado.

LOS TRIUNFOS DEL 70

«El año 1970 fue de mucha efervescencia. Mientras nos preparábamos para los Juegos Centroamericanos y del Caribe de Panamá, estaba en su punto la Zafra de los 10 Millones. Había muchas movilizaciones…

»A Panamá fuimos en barco, como habíamos hecho cuatro años antes a Puerto Rico. Y se demostró la fuerza del deporte cubano. En varias modalidades llegamos a obtener oro, plata y bronce. Lo que no sabíamos era que en Cuba los médicos ganarían una medalla del mejor oro del mundo», dice como en suspenso…

«Muchos llegamos con fiebre tifoidea y quedó comprobado que la habíamos adquirido en Panamá. Esos Juegos acontecieron entre febrero y marzo. Tan pronto pisamos La Habana los enfermos fueron aislados y los sanos salieron casi directo a los campos de caña. Incluso, los que se ponían bien se incorporaron a la zafra», cuenta como lección de prioridades.

«Era tan contagioso el entusiasmo del pueblo que el sacrificio de meterse en los campos de caña, después de participar en Panamá 1970, lo sentimos y disfrutamos como un triple triunfo. Habíamos ganado por primera vez los juegos centrocaribes, vencimos la fiebre tifoidea y cortamos caña como parte del pueblo», reflexiona.

«Yoyi Bango era presidente del Inder, pero debió quedarse en Cuba al frente de un contingente. Fabio Ruiz le sustituyó. A Panamá asistí como segundo jefe de delegación. Allí conocimos el sentir de los panameños en su lucha por nacionalizar el canal transoceánico; y su solidaridad con Cuba. Tanto fue así que el presidente panameño Omar Torrijos estuvo en partidos nuestros de baloncesto y béisbol. Le regalamos una pelota firmada por los peloteros cubanos», relata.

COMITÉ OLÍMPICO CUBANO

«Sin dudas, la fundación del Inder incrementó la labor y el prestigio del Comité Olímpico Cubano. En ello mucho tuvieron que ver los presidentes de esos organismos, Llanusa y Manuel González Guerra. Ellos nos inculcaron —y así es hasta hoy— que esas instituciones son una sola», afirma.

«Esa unidad se concretó en los triunfos del deporte. Cuando trabajé en el Comité Olímpico, que radicaba entonces en el hotel Habana Libre, González Guerra era el primero en defender los derechos de los atletas. Lo hizo junto a los presidentes del Inder durante casi cuatro décadas (1963-1997), el tiempo que estuvo en el cargo», sostiene.

«“Manolo” se dedicó a su pasión: el deporte. Había practicado boxeo, remo y pelota. Como muchos fundadores del Inder, sembró la buena cosecha de esos tiempos, en una sociedad que parió grandes atletas y fenomenales hombres y mujeres. Eso quería Fidel, y eso quieren Raúl y Díaz-Canel», se despide otra vez emocionado.


Redacción Digital

 
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