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Publicado el 5 Abril, 2021 por Giovanni Martinez en Deportes
 
 

PALCO 211

¡Granma campeón!

¡Granma es Campeón de la pelota cubana! Felicidades a los alazanes y su mánager Carlos Martí. Reconocimiento también para los cocodrilos de Matanzas. En medio de los desafíos de la #Covid19, volvimos a vivir las emociones de nuestro deporte nacional. A todos, gracias. #SomosCuba — Miguel Díaz-Canel Bermúdez
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Granma Alazanes campeón 2021

Un triunfo muy merecido para los de Granma.

Por GIOVANNI MARTÍNEZ

Fotos: ISMAEL FRANCISCO

  • Guillermo García conectó el batazo decisivo en el último partido.UNA TEMPORADA DIFÍCIL, que pasará a los libros como la más larga en la historia de las series nacionales, pues inició el 12 de septiembre de 2020 y terminó el 4 de abril de 2021, catapultó a Granma a lo más alto del podio. Después de más de seis meses de duración, a causa de las diversas pausas que provocó la covid-19, y tras una final inédita en nuestros clásicos beisboleros entre Alazanes y Cocodrilos (Matanzas), los nuevos campeones consiguieron en seis compromisos los cuatro éxitos necesarios. Salvo en el quinto juego, los marcadores fueron por diferencias muy cortas en la pizarra: (3-2; 6-5; 15-5; 6-5) a favor de Granma y las réplicas de Matanzas resultaron igualmente estrechas (3-1 y 4-3). La tropa de Carlos Martí sacó una ventaja importante en las dos primeras salidas, pero el pareo se niveló lo suficiente, tanto que cuando finalizó el quinto encuentro las acciones marchaban 3-2. Precisamente, a ese día final nos referiremos a continuación en detalles, pues podemos archivarlo en la categoría de no apto para cardiacos. La tarde dominical se estremeció con la ofensiva matancera, en el afán de continuar en la defensa del cetro de la contienda, la cual había respondido ante los envíos del zurdo Leandro Martínez desde el inicio del choque (nueve imparables en cinco capítulos). Pero la clave llegó en el sexto episodio, pues consiguieron un importante racimo de cinco carreras y abrieron el juego, con notable complicidad del césped del jardín izquierdo, donde una piedrecita yumurina que se coló en la sede neutral del José Antonio Huelga convirtió en tubey una conexión de Eduardo Blanco, válida para apuntarse remolque de tres y una diferencia en la pizarra que parecía letal. Cuando muchos imaginaban que llegaría el séptimo juego, los Alazanes consiguieron igualar el marcador en la parte baja de la octava entrada, y en la novena subió a la lomita el relevista Yoel Mogena, quien retiró de uno, dos y tres a los Cocodrilos de turno, con ponche incluido a Jefferson Delgado, para dejar la escena lista de cara al desenlace que le adjudicaría la victoria al derecho. En la misma parte baja del inning final, el socorrista yumurino Joel Suárez (perdedor del encuentro) concedió un boleto clave a Raico Santos, seguido de un hit de Carlos Benítez que le sacó del montículo. Su lugar lo ocupó el veterano Jonder Martínez, pero toda su experiencia no fue suficiente, pues repartió cuatro bolas a Guillermo Avilés y finalmente, otro Guillermo, de apellido García, le conectó con las almohadillas congestionadas hacia el jardín derecho para empujar la carrera de la diferencia mínima, pero suficiente para dejar al campo a los yumurinos (6-5). Lo cierto es que el batazo del designado y sexto en la tanda de los surorientales pasará a los libros como la conexión decisiva que hizo posible el tercer título en la historia de Granma en series nacionales, después de sus otras recientes conquistas de 2017 y 2018. Y es justo decir que en la Serie Nacional 60 el esfuerzo valió doble, pues se trató de un torneo donde especialmente ellos fueron perjudicados por la inactividad durante más de dos semanas, debido al contagio por covid-19 en sus filas, apenas días antes de enfrentar al elenco de Matanzas, al cual la mayoría de los especialistas catalogamos como favorito, incluso antes de arrancar la temporada. Así que sobran las palabras. ¡Felicidades Granma!
  • Varios corridos de base deficientes empañaron la final.

    Varios corridos de base deficientes empañaron la final.

    AUNQUE NADIE le quita lo “bailao” a los Alazanes, debemos hacer referencia a una notable cantidad de errores mentales de los occidentales, que empañaron el desarrollo de la gran final y pusieron nuevamente en tela de juicio la calidad de la pelota cubana. Recordemos algunos en las siguientes líneas. El toquebolismo de los yumurinos en el quinto partido dejó en evidencia a la dirección del elenco, por tratarse en primer lugar de una jugada casi extinta en el béisbol moderno. Fueron tres los intentos fallidos: Aníbal Medina vino a sacrificarse en par de ocasiones con corredores en circulación, y en las postrimerías de aquel determinante desafío Javier Camero tampoco pudo hacer bien el trabajo, pues conectó para doble play en una situación similar. La fecha precedente también nos dejó algunas notas negativas. De hecho, una de esas pifias que no se registran por el anotador oficial, determinó el curso de las acciones en el cuarto duelo. Se jugaba apenas el segundo capítulo cuando el receptor matancero, Andrys Pérez, no pudo concretar el tercer out de la entrada, pues demoró una eternidad para tirar a la antesala, esquina por la cual Alexquemer Sánchez había pasado imprudentemente de largo. Ese momento crucial derivó en inmediatas conexiones que condujeron a un racimo significativo de carreras que, a la postre, balancearon desde bien temprano el desafío que terminó con la pizarra más abultada del cruce (nocaut en siete entradas a favor de Granma 15-5). Por cierto, en ese compromiso fuimos testigos de otro inexplicable toque de bola, en este caso de uno de los mejores bateadores de los Cocodrilos, Ariel Sánchez, quien lo hizo totalmente de frente con hombres en primera y segunda, por lo que regaló un out forzado en la tercera almohadilla, cuando lo que pedía la situación del choque, por la diferencia en contra, era acumular corredores en circulación y apostar por el batazo largo. Estas y otras carencias que vivimos en la definición del torneo doméstico cubano, como tiros innecesarios, malos posicionamientos en el campo y corridos de base deficientes, son las mismas lagunas que nos han pasado factura en torneos internacionales, donde resulta imprescindible reducir al mínimo el margen de error, pues los rivales en esos eventos suelen llegar fortalecidos, primero en el plano mental, y luego desde lo físico. Una temporada donde las deudas con el entrenamiento han estado a la orden del día debió valer para que nos enfocáramos aún más en el trabajo psicológico.

  • LOS PONCHES de Erisbel Arruebarruena, el torpedero matancero, no son el resultado de una campaña atípica. En la zafra precedente sus números fueron similares, aunque hace un curso la diferencia la implantó en el momento decisivo. Pero esa no fue la historia esta vez del versátil jugador de cuadro, pues se retiró del cajón de bateo por la vía del ponche nueve veces durante la final y promedió de 20-1. Estadísticas demoledoras si pensamos en Arruebarruena como la mejor opción para defender el campo corto del equipo Cuba. Imaginemos que saldrá del mal momento y retomará su forma deportiva de cara al futuro inmediato de nuestra selección nacional, sobre todo porque asoma a toda velocidad una figura joven, el cienfueguero Luis Vicente Mateo, quien se gastó una gran campaña clasificatoria, además de ser el mejor durante el breve paso de su escuadra por los cuartos de final, motivos suficientes para su inclusión en el Todos Estrellas de la campaña, un listado dado a conocer por la Comisión Nacional de Béisbol, que por cuestión de espacio no podemos reflejar en estas líneas.

 

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