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Publicado el 29 Abril, 2021 por Pastor Batista en Deportes
 
 

Olímpico de verdad

Texto y fotos PASTOR BATISTA VALDÉS Pulgarón, mirando satisfecho ese terreno que forma parte de su vida.

Pulgarón, mirando satisfecho ese terreno que forma parte de su vida.Dicen que, por voluntad enteramente propia, materiales destinados a mejorar la modesta casita de madera donde aún sigue viviendo fueron a parar, hace muchos años, a instalaciones deportivas de la zona.

Dicen también que el hijo y la hija han hecho todo lo oralmente posible para llevárselo a vivir con ellos a la ciudad, pero cada intento por convencerlo ha sido en vano.

Joaquín Pulgarón Rodríguez, Pulga como suelen llamarle sus más cercanos amigos, cree morir si abandona a ese poblado rural conocido como Vicente, cortado en dos tapas como un limón por los rieles del ferrocarril central y sembrado hasta el mismísimo pecho en una tierra que tiñe de rojo polvo las casas y árboles en tiempos de sequía y deja idéntica coloración en zapatos, neumáticos y todo lo que encuentra por delante cuando la lluvia y el fango entran en conspiración natural.

Ese dependiente apego al terruño, sin embargo, no es solo consecuencia de haber permanecido allí durante “toda una vida”. Se puede nacer, vivir únicamente en una localidad y no terminar siendo un adicto mortal a ella.

Para entender la envidiable dependencia en Pulgarón, tal vez no sea necesaria una conversación como la que recientemente volvimos a tener, tañendo él las cuerdas del tiempo hecho recuerdos y escuchando yo la melodía de un verdadero virtuoso de la pasión.

Basta verlo llegar cada mañana, en silencio, hasta ese terreno de pelota que niños, jóvenes, adultos y ancianos adoran como propio, echarle entonces mano al azadón o a la guadaña y, junto a dos o tres “locos incondicionales”, seguir pelándole bien bajito la cabeza al jardín central, rasurando los bordes de la media luna o dejando idénticas las patillas que unen la barbilla del home con la primera y tercera bases…

O quizás, sin cogerle la seña ni robarle tampoco una sola palabra, sea suficiente verlo volver hasta allí, entre las luces del crepúsculo, bañado ya, pararse a contemplar la instalación, largar un suspiro y regresar, como un niño, a la apacible casita de madera.

Alberto Juantonera vino desde la capital cuando Pulgarón se acogió a jubilación en el 2009 (aunque sigue trabajando).

Alberto Juantonera vino desde la capital cuando Pulgarón se acogió a jubilación en el 2009 (aunque sigue trabajando).

No obstante… hablemos Pulgarón; hablemos de ese despegue suyo que parece estar ahí mismo, a la vuelta de la esquina, aun cuando ha llovido tanto desde entonces.

“Imposible olvidar aquel 19 de noviembre de 1961 –me dice, tomándose todo el tiempo del mundo, como el más ecuánime de los lanzadores- cuando participé en la plenaria nacional que dio lugar a los  Consejos Deportivos Voluntarios. Imagínate, la había convocado nada más y nada menos que Fidel; el hombre que más ha hecho y sigue haciendo por el deporte en nuestro país. Recuerdo que nos planteó la necesidad de hacer instalaciones rústicas hasta en los lugares más apartados para que todo el mundo pudiera practicar deporte y masificarlo como un derecho del pueblo, sin fines de negocio ni de profesionalismo…

cuadrilatero boxeo PULGARON

Aunque algunos han cruzado brazos para techar esta pequeña instalación, el boxeo no ha dejado de cruzar guantes a cielo abierto.

“De más está decirte la euforia con que todos le metimos el pecho, de inmediato, a aquel llamado del Comandante en las seis provincias que por entonces tenía el país. La gente no solo se motivaba para hacer, con los instrumentos y recursos que aparecieran, terrenos de pelota, cuadriláteros de boxeo, canchas de baloncesto, pistas de atletismo… sino también para practicar esos y otros deportes.

“Fue un tiempo muy lindo, inolvidable, del que por suerte para los pobladores de este lugar no podemos hablar en pasado. Ahí tenemos 16 instalaciones deportivas rústicas”.

  • ¿Listas para la pelea?

“Listas, todo el tiempo, para cualquier pelea; ya sea a escala de Consejo Popular, municipio, provincia e incluso país… sobre todo esos terrenos de pelota y de softbol donde ahora mismo se podría jugar sin ningún tipo de problemas”.

En la frase no hay el más leve vestigio de exageración. Cual obra directa de una maquinilla eléctrica -y no de las criollas manos del propio Pulgarón, Luis González y Antonio García (“estrellas del mantenimiento”) o del activista Leonides Olivera- la grama del estadio es una verdadera “incitación a echarle guante al guante”.

Nadie imaginaría que desde un año y más allí no se tira una pelota. Extintos, algunos restos de la yerba que quiso sacar cabeza aguardan por el rastrillo que en breve los expulsará del área, mientras los contornos de la media luna, jardines, box, cajón de bateo y círculo de espera parecen haber sido trazados a compás y cartabón, para cederle espacio a una arena tan suelta y removida que usted podría deslizarse sin el menor peligro de dañarse la piel.

  • ¿Cómo es posible esto que estoy viendo?

Con la serenidad de siempre, el anciano debe haberme obsequiado una sencilla  sonrisa, protegida por ese nasobuco que desde hace 13 meses mantiene, a la usanza de todo un receptor, bien enmascarado contra los tramposos envíos de un coronavirus que juega en el mismo terreno pero a favor del bando contrario.

“Nosotros solo hacemos lo que nos corresponde. Que otros hagan lo suyo”, dice entonces con esa modesta sabiduría que ojalá los años nunca dejen de entregarles en herencia a quienes formen y conformen las venideras generaciones… sin excluir a las actuales.

“Aquí se ha disputado la final del club de campeones, entre Holguín y Ciego de Ávila, hemos sido subsede de Juegos Nacionales Universitarios, de la Primera Olimpiada del Deporte Cubano, de eventos nacionales de softbol masculino y femenino, del Torneo de la Prensa Cubana en ese mismo deporte…”

Solo que no es el terreno de las bolas, los strikes, los batazos y los fildeos, ese hijo predilecto al que algunos padres sobreprotegen, cuidan y miman más que a otros.

Idéntica pasión destila Pulgarón al hablar del colchón de judo, hecho con más voluntad que recursos, mejorado luego y en excelentes condiciones hoy, donde Nadia Marín ha enseñado de tal modo esa disciplina deportiva que en ciertos momento el equipo femenino de la Escuela de Iniciación Deportiva Escolar (EIDE) ha estado conformado, casi en su totalidad, por niñas oriunda de Vicente.

Similar motivación desborda también mientras habla del cuadrilátero de boxeo, donde se ha combatido igualmente en grande, a pesar de que ha habido que hacerlo todo el tiempo a cielo abierto, porque no acaban de aparecer los tubos o angulares superiores para fijar las planchas de la cubierta: conseguidas y en bostezo allí desde hace tiempo.

Totalmente apto para superar obstáculos así y asegurar, por encima de todo, la vitalidad del deporte, el Consejo Deportivo Voluntario de Vicente acumula más de un cuarto de siglo con una condición que todo el mundo quisiera tener y mantener: vanguardia nacional. Evidencia de esa inquieta capacidad es que precisamente el entrenador y activista de boxeo, Víctor Marín, ha figurado entre los más destacados de la provincia y del país.

AL PULGA LO QUE ES DEL PULGA

Si de algo no tienen la menor duda quienes le conocen, es que Pulgarón jamás ha movido un dedo en busca de glorias y reconocimientos. Pero la vida es adulta, sabe lo que hace, toma sus decisiones y premia.

“Sí, fue Vilma Espín quien me entregó la medalla que me acredita como fundador del Instituto Nacional de Deportes, Educación Física y Recreación (INDER). Puedes suponer lo que eso significa para mí, a esta altura de mi vida. Pero es que también Vilma me entregó la Distinción 23 de Agosto, en ese caso por el apoyo en general a las mujeres, en particular para su participación en las actividades recreativas.

“Y tengo otros reconocimientos, como la Distinción Mártires de Barbados, la más alta condición que otorga el INDER; la de fundador de los Comités de Defensa de la Revolución, la que se otorgó por el aniversario 40 de las Fuerzas Armadas Revolucionarias, la Orden al Mérito Deportivo, concedida por el Consejo de Estado de la República de Cuba, la Réplica del Machete del Coronel Simón Reyes, la Condición de Hijo Distinguido de Ciego de Ávila…”

  • Hay un reconocimiento suyo, sin embargo, que salta las fronteras nacionales, ¿verdad?
Vilma y Fidel parecen observar la estatuilla que, en deferente gesto, le otorgó el Comité Olímpico Internacional a Pulgarón.

Vilma y Fidel parecen observar la estatuilla que, en deferente gesto, le otorgó el Comité Olímpico Internacional a Pulgarón.

“Sí. Fue uno de los últimos que recibí, en el año 2013. Es la Estatuilla del Barón Pierre de Coubertain, fundador del Comité Olímpico Internacional. Yo nunca imagine que el COI me concedería tan inmenso honor.”

Hace algún tiempo, durante un intercambio con Julita Osendi, por lo visto Pulgarón estaba tirando curvitas ante los lanzamientos de la periodista para que le concediera declaraciones o una entrevista y entonces decidió cruzarlo con una recta de humo por el mismísimo centro del home, al decirle que de ningún modo él podía negarse siendo el único cubano que ha recibido la mencionada estatuilla.

MILLONARIO DE LOS DE VERDAD

Mirando a los ojos de Pulgarón, aquel amigo suyo le dijo: “si en vez de dedicarte durante todos estos años  a promover la actividad deportiva, hubieras pedido un pedacito de tierra hoy fueras millonario produciendo alimentos”.

Pulga solo esbozó una casi imperceptible sonrisa y siguió caminando, paralelo a la línea de la tercera base.

Con no más ingresos que los imprescindibles para vivir bajo el techo de su casita de madera, a la espera incluso de un teléfono que no ha sido posible situarle en décadas, para atender o dirigirse a cientos de personas con quienes necesariamente interactúa, Pulgarón ha sido durante casi 60 años el millonario que pocos imaginan y que no siempre, ni muchos, han alcanzado a ver.

Su fortuna no está en bolsillo, no la guarda bajo el colchón de la cama o enterrada en lugar seguro, al estilo de aquellos fantásticos cuentos que escuchaba cuando niño. Tampoco la tiene asegurada en Banco alguno. La lleva, simplemente, dentro, en torrente sanguíneo, en genes y en sentimientos, para repartirla, sin necesidad de firmas, cuños ni cheques, cada día, entre su gente: esa que lo quiere, respeta y admira.

Personas, en fin, como Felicia González Ávila, quien suele pasar, junto a una nieta, por la casa del anciano para echarle una limpiadita al piso, ayudarle a cocinar algo y hasta quedarse a dormir con él si por casualidad notan que no se siente bien.

CON TALADRID AL BATE

En verdad no sé si Pulgarón y Reinaldo Taladrid habrán conversado alguna vez. De cualquier modo, mirando el impecable estado del terreno de pelota y otras instalaciones de Vicente, tengo, necesariamente, que invitar a que los lectores saquen, al final de estos párrafos, sus propias conclusiones en torno a la siguiente interrogante:

¿Por qué, mientras Pulgarón y su pequeño equipo han logrado eso, en muchísimos lugares de Cuba hay terrenos, áreas deportivas y espacios concebidos para la actividad física, la recreación y el esparcimiento, enyerbados, sucios, desatendidos, por el simple hecho de que en más de un año no han tenido uso?

Y añado: ¿ocurre solo en esos ámbitos?

Eche usted una ojeada en su entorno comunitario, social, productivo… y quizás termine coincidiendo conmigo en cuánta falta hace un Pulgarón en todas partes.


Pastor Batista

 
Pastor Batista