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Publicado el 17 Junio, 2021 por Giovanni Martinez en Deportes
 
 

PALCO 211

Ecos del Preolímpico

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Por GIOVANNI MARTÍNEZ

  • Un momento del Preolímpico. (Foto: wbsc.org)

    Un momento del Preolímpico. (Foto: wbsc.org)

    LA LID CLASIFICATORIA que nos dejó fuera de opciones rumbo a los Juegos Olímpicos Tokio 2020, tras las dos primeras salidas al terreno en suelo estadounidense, no termina de ser motivo para el debate. A causa del espacio y la carga de contenido nos quedaron algunos puntos en el tintero desde el comentario anterior, que por su importancia no debemos pasar por alto en estas líneas. Y es que, a pesar de la muy reconocida capacidad de reacción a la ofensiva que ostentó el equipo de las cuatro letras en dos jornadas consecutivas, una característica ausente en las últimas competiciones internacionales donde hemos participado, otros aspectos recurrentes nos pasaron factura. El estudio del rival, por ejemplo, sigue siendo una asignatura pendiente. Semanas previas a la competición, con todos los nombres de los rivales en la mano, no fuimos capaces de examinar a fondo las características de cada hombre y enfocar el picheo según el caso. Por aquellos días previos a la competición, cuando en un marco especializado varios colegas que atendemos el sector nos interesamos por esta importante cuestión, la respuesta que recibimos fue bastante ambigua. No había que profundizar demasiado en las estadísticas recientes para descubrir que uno de los principales verdugos de Cuba en los últimos escenarios ha sido Canadá (Juegos Panamericanos de Lima 2019 y Premier 12). Entonces, en el calendario de Florida se anunciaba clave el segundo partido ante ellos. Especialmente un hombre hizo estragos en las citas previas por los norteños: Erick Wood. El tercer madero en la tanda durante el Preolímpico llegaba a esta liza con un brutal promedio de 625 ante los serpentineros nuestros: cinco imparables en siete turnos. Sin lugar a dudas se anunciaba como el interruptor que debíamos inhabilitar, pero en el reciente torneo el antesalista también nos doblegó (4-2, tubey, empujada y boleto intencional). Podríamos pensar que se trata de un atleta fuera de serie, mas lo más significativo es que no fue ni de lejos el mejor de su novena en el resto del torneo. Conectó seis hits en 20 comparecencias, o sea, que un tercio de sus inatrapables fueron precisamente ante nuestros lanzadores, a quienes, por cierto, casi todos los bateadores les cazaron la recta para conseguir sus mejores contactos con la esférica. ¿Casualidad?, no lo creo, es el fruto de un estudio minucioso de nuestras virtudes y deficiencias. Cada día que pasa sin actualizar los procedimientos académicos en nuestra pelota, los rivales que tenemos en frente nos sacan más diferencia en ese tipo de contenidos.

  • EN EL BÉISBOL MODERNO se intenta que los bateadores vean lo menos posible al lanzador rival y Cuba, por el contrario, fue el equipo que menos serpentineros llevó a Estados Unidos (solo 10), mientras que los demás elencos convocaron entre 12 y 14. No solo hablamos de consistencia en el bullpen, sino de especialización. En estos tiempos resulta imprescindible trabajar en esa línea y se debe comenzar desde la Serie Nacional, pues nuestro torneo local es al final el reflejo del desempeño allende nuestras fronteras. No podemos pretender que todos los destinados a subirse en la lomita de los suspiros sean exclusivamente abridores o cerradores, se necesita trabajar el relevo de segunda línea, también conocido como largo, y no forzar estancias de más en el centro del diamante. Muchas veces las sustituciones llegan cuando el daño es irremediable y, por otro lado, se obliga a los apagafuegos a trabajar durante más de un inning. La encomienda del zurdo Liván Moinelo y el diestro Raidel Martínez, nuestros mejores cerradores, es sacar tres outs, la misma labor que realizan con frecuencia y buenos números en el béisbol profesional japonés.

 

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