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Publicado el 7 Septiembre, 2021 por Giovanni Martinez en Deportes
 
 

FÚTBOL

¿El mejor?

El debate inagotable de aficionados y especialistas al más universal de los deportes
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Por GIOVANNI MARTÍNEZ

Una de las discusiones más populares en el mundo del deporte siempre ha girado en torno a ¿quién es ha sido el mejor futbolista del planeta?

Pelé, considerado el mejor futbolista

El astro brasileño Pelé. (Foto: eluniverso.com)

Debido a la pasión que desatan esos goles y las atajadas, no han sido pocas las encuestas e investigaciones que han realizado varias entidades. Una de las más importantes fue la hecha por la Federación Internacional de Historia y Estadística de Fútbol (IFFHS, por sus siglas en inglés). En un proceso para el cual contó con la participación de especialistas de todo el planeta, el brasileño Edson Arantes do Nascimento Pelé se alzó con el cetro. Completaron el listado de los primeros cinco el holandés Johan Cruyff, el alemán Franz Beckenbauer, el argentino-español Alfredo Di Stéfano y en el quinto lugar el argentino Diego Armando Maradona.

La IFFHS, organización privada instituida el 27 de marzo de 1984 en Leipzig, Alemania, y que cuenta con el apoyo de la Federación Internacional de Fútbol Asociación (FIFA), es sin lugar a dudas una entidad confiable. De sus oficinas salió también el resultado más reciente sobre el mejor de la última década (2011-2020), lauro que recayó en el argentino Lionel Messi.

Pero, ¿cuántos no están conformes con estos resultados? Sucede que este es un reconocimiento que, más allá de los infalibles números, requiere de una mayor atención a otros aspectos de tipo subjetivos. Y si bien lo que tuvieron unos, les faltó a otros, seleccionar al hombre más completo que haya corrido sobre un terreno de fútbol es casi una misión imposible.

En estas páginas también dejaremos ese enigma abierto a la decisión de cada cual, pero haremos algunas reflexiones que pueden ser como el desengrasante que afloje un poco la rosca de la incertidumbre, aunque todos conocemos que la enorme duda mundial tiene un resultado certero e invariable dentro del sentir de cada uno de los apasionados al fútbol.

Lo primero que debe imponerse y por supuesto, respetarse, es el criterio de cada persona. De hecho, además de los cinco nombres que mencionamos al inicio de este trabajo, hay otros muchos que también han brillado, como el portugués Eusebio, el brasileño Garrincha o el francés Platini, por solo citar algunos. Aunque a decir verdad, la mayoría estamos de acuerdo con el top cinco antes mencionado, pero quizás no tanto con las posiciones.

Rivalidad eterna

Volvamos entonces a ellos, pero recordemos el inevitable duelo entre Brasil y Argentina, dos naciones vecinas que han consolidado la rivalidad más fuerte, no solo a nivel continental, sino planetario. Pocos se perderían un clásico sudamericano. Ni siquiera los desentendidos con el fútbol, pues saben que se juega más que un partido intrascendente.

Ese mismo pique entre naciones se trasladó a dos figuras, que para muchos, entre los que me incluyo, son los mejores futbolistas de todos los tiempos: Pelé y Maradona. Si bien Cristiano Ronaldo y Lionel Messi son los dueños absolutos del presente, y han coincidido en el mismo período de tiempo juntos, tampoco han dicho aún la última palabra balón en pie. Pero Pelé y Maradona ya lo hicieron. Estos dos genios, con los que muchos de nosotros no compartimos en vivo y directo, repletaron con sus historias los archivos del virtuosismo.

Lo que tuvo uno, le faltó al otro

Pelé fue continuador y perfeccionista del denominado jogo bonito, ese estilo que cuando se ausenta de la selección brasileña todos se alarman, aunque gane campeonatos. Por cierto, en sus vitrinas él ostenta nada más y nada menos que tres mundiales (1958, 1962 y 1970), los que iniciaron la cuenta de cinco copas que combinan el verde y el amarillo, consolidando a Brasil como la nación más exitosa al sumar los lauros posteriores de 1994 y 2002.

La Perla Negra, como también se le conocía, no jugó solo. Y es cierto que nadie lo hizo, siempre son 11 a un lado del círculo central, pero aquella Brasil de Pelé era inigualable.

No obstante, el legado del delantero comenzó a forjarse desde bien temprano. A pesar de su corta edad (17 años) regresó de Suecia 1958 como un héroe, después de marcar un golazo que colocó a la selección en las semifinales, y anotar tres de los cinco con los que Brasil aplastó a Francia. Algo que se volvió a repetir en la final contra la anfitriona, escuadra que recibió doblete de Pelé en el choque de la verdad, en otro resultado abultado (5-1).

Cuatro años después la leyenda Pelé siguió creciendo. En Chile 1962 la Verdeamarela volvió a coronarse, y aunque su compañero Garrincha fue por mucho el mejor de la lid, hablar de dos títulos consecutivos a la cuenta de aquel jovencito parecía una extravagancia.

En cambio, Inglaterra 1966 fue una decepción para el gigante sudamericano, pues se despidieron en los octavos de final, por vez primera en más de 30 años.

Pero llegó el año 1970 y junto a la buena música de la década prodigiosa volvió Pelé. Como en un solo de guitarra se llenó de protagonismo, ganado la tercera Copa en el torneo organizado por México, catalogado como uno de los mejores de toda la historia.

De 1957 a 1971 O Rei jugó 105 encuentros con el combinado nacional y anotó 94 goles. Después, sumó dos partidos más, en los que agregó otro tanto a su cuenta particular. Al día de hoy, Pelé sigue siendo el único futbolista en la historia que ha ganado tres mundiales.

Aunque a nivel de selección sus logros no tienen comparación, en los clubes es donde su historia no brilla tanto. El Santos, de la primera división brasileña, fue su casa. Convirtió 643 goles en los 665 partidos que disputó con el elenco Alvinegro. Del club brasileño pasó al New York Cosmos estadounidense, donde disputó las tres últimas temporadas de su carrera. Allí jugó 64 encuentros oficiales y anotó 37 dianas. ¿La asignatura pendiente de Pelé?, competir en el Viejo Continente. Aunque en aquel entonces los conjuntos latinoamericanos tenían gran nivel y rivalizaban de tú a tú al otro lado del Atlántico, nunca ha sido lo mismo.

Como también ocurre ahora, en Europa radicaban las mejores ligas y a nivel continental existía la versión de la Liga de Campeones que conocemos en el presente, originalmente llamada Copa de Europa, considerado el torneo internacional oficial de fútbol más prestigioso a nivel de clubes. Es cierto que Pelé ganó la Libertadores de América con el Santos en los años 1962 y 1963, la lid continental de más calibre, en un club catalogado por la FIFA como el quinto mejor del mundo y el primero de la región en el siglo XX, pero nunca pudo mostrarse en el Viejo Continente. Según declaraciones del propio atleta, el factor que incidió en su permanencia de este lado del planeta, fue el amor por su país. Aunque recordemos que su retiro oficial aconteció en los Estados Unidos.

¿Maradona fue menos?
Maradona y el mejor gol de la historia. (Foto: marca.com)

Maradona y el mejor gol de la historia. (Foto: marca.com)

Esta es la que llamábamos en la escuela “la pregunta del cien”. El inciso más duro, como un disparo de zurda indescifrable de cierto argentino. Es preferible no responder. Ahora, si hablamos del hombre sincero, gladiador, líder, multioficios, alegre, bailador y polémico, no hay otro como el Pibe de Oro.

Conquistó el mundo una sola vez, en 1986, cuando regaló a su país la segunda copa del palmarés albiceleste. Aquella lid guarda los mejores recuerdos del Pelusa en una cancha. El mejor gol de todos los tiempos fue el que le marcó a esa Inglaterra, a la que por cuestiones ajenas al deporte –Guerra de las Malvinas– Argentina debía vencer.

En la instancia de cuartos de final se vistió de guerrillero y se atrincheró con el balón en los pies, su arma letal. Hizo uno con la mano, espectacular, invisible, inédito. Minutos después, se gastó una joyita rodando el balón desenfrenadamente desde la mitad de la cancha, cuando dejó en el camino a más de medio equipo inglés y anotó el que hasta hoy sigue siendo el mejor gol de la historia.

Y si hablamos de rebeldía, hay una ciudad que el astro argentino ubicó en el mapa del fútbol entre los años 80 y 90. Por aquellos días el pueblo partenopeo elevó a Maradona hasta el altar de San Genaro, patrono principal de la urbe de Nápoles, en Italia.

Diego llegó allí el 5 de julio de 1984, con la melena alborotada y una mirada ambiciosa que presagiaba devolver el color celeste a la oveja negra del Calcio, a esa ciudad pobre del sur, culturalmente mucho más latina que europea. Tras 60 años de sequía guió al Napoli hasta conseguir su primer Scudetto en 1987 y también la Copa Italia. Y no se detuvo, volvió a despojar a los poderosos del norte –Milan, Juventus, Inter– nuevamente en la liga de 1990 y alzó el cotizado trofeo como capitán por segunda ocasión. Su palmarés por esos lares, donde su imagen se multiplica en cada esquina, lo completan una Supercopa en la temporada 90-91 y una Copa de la UEFA en 1989.

¿Y la rivalidad qué?

Cuando el 25 de noviembre de 2020 Maradona falleció a los 60 años prevaleció el afecto del que fuera su más acérrimo contrincante, aunque nunca coincidieron en un terreno. “Que noticia triste. Perdí un gran amigo y el mundo perdió una leyenda”, escribía Pelé en sus redes sociales.

“Muchas personas adoraron compararnos durante toda la vida. Tú fuiste un genio que encantó al mundo. Un mago con la pelota en los pies. Una verdadera leyenda. Pero sobre todo, para mí, siempre serás un gran amigo, con un corazón aún más grande”, dijo el exjugador, a sus 80 años.

Lo cierto es que la relación entre estos dos íconos del fútbol estuvo marcada por diferencias y a la vez por declaraciones de admiración mutua, todo derivado del contexto que les acompañó allende sus carreras deportivas. Luego, las aficiones se encargaron del resto.

Pero, ¿y el mejor pa’cuando?
Cruyff, Beckenbauer y Di Stéfano (de izquierda a derecha).

Cruyff, Beckenbauer y Di Stéfano (de izquierda a derecha).

Aunque se reconoce la grandeza de Cruyff, Beckenbauer y Di Stéfano, teníamos que centrarnos en los más relevantes. Ellos fueron grandes estrellas, pero hubo dos sublimes, y como no coincidieron en un terreno, ya que jugaron en épocas diferentes, es imposible decidirse por uno.

Las circunstancias lo cambian todo. En el deporte, como en la vida, los colores van más allá del blanco y negro. Usted tiene su jugador favorito, pero seguramente también su camiseta, y sin que ella le condicione, elegir es muy difícil.

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Giovanni Martinez

 
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