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Publicado el 28 Septiembre, 2021 por Pastor Batista en Deportes
 
 

GLORIAS DEPORTIVAS

La casa que Stevenson siempre llevó en su puño

Sigue ahí, en el legendario poblado azucarero de Delicias, a donde solía regresar el Tricam-peón Olímpico y Mundial para seguir siendo el de siempre, junto a esos familiares y amigos a quienes el tiempo nunca pudo “tirar a la lona”
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Aquí vivió el Tricampeón Olímpico y Mundial. : (Foto: Pastor Batista)

Aquí vivió el Tricampeón Olímpico y Mundial. : (Foto: Pastor Batista)

PASTOR BATISTA VALDÉS

Muchas personas no lo saben y continúan de paso por ese punto del circuito norte cubano. Otros, conscientes de la trascendencia del lugar, aminoran la velocidad de su auto y hasta detienen la marcha para observar durante unos segundos esa vivienda de dos plantas, a la que habitantes del territorio suelen identificar como La casa de Stevenson.

Y, en efecto, situado en el legendario poblado de Delicias, a la derecha de la vía que une a Puerto Padre con Jesús Menéndez, en la provincia de Las Tunas, se asienta el inmueble donde vivió el tricampeón olímpico y mundial Teófilo Stevenson Lawrence, considerado por muchos como el mejor boxeador amateur de la historia.

Muy lejos estaba su padre (Teófilo Stevenson Pearson, inmigrante de San Vicente) de imaginar allá por la década de 1920, cuando llegó a Cuba obligado por la necesidad económica y atraído por la posibilidad de empleo en la industria azucarera, que un día el Estado cubano levantaría un techo así, en reconocimiento a la gloria deportiva de un hijo suyo.

Idelisa y Ramonín, hermano de Teófilo, conservan esta foto en la sala del hogar. (Foto Pastor Batista

Idelisa y Ramonín, hermano de Teófilo, conservan esta foto en la sala del hogar. (Foto Pastor Batista

No fue, por tanto, esa casa que muchos miran con una mezcla de curiosidad, asombro y nostalgia, el lugar donde nació nuestro multi campeón (29 de marzo de 1952), ni donde transcurrieron los años de una niñez con olor a caña de azúcar, a pitazo de ingenio, a brisa de campo abierto, a manada de chiquillos haciendo travesuras…

Como explica Idelisa, cuñada del púgil y actual moradora de la vivienda, la construcción fue un hermoso gesto ante los resultados competitivos de Pirolo: así acostumbraban a llamar a Teófilo sus más entrañables amigos y familiares.

Cuentan la propia Idelisa, su esposo Ramonín y otros moradores de la zona que, si bien Stevenson pasaba más tiempo en la capital cubana –por razones obvias de su trayectoria deportiva- cada viaje a su terruño y el contacto con la apacible vivienda le provocaban enorme placer.

Imagen captada por Ismael Francisco durante el sepelio de Stevenson, en La Habana. (Foto Pastor Batista)

Imagen captada por Ismael Francisco durante el sepelio de Stevenson, en La Habana. (Foto Pastor Batista)

Solía hacerlo al retornar de eventos internacionales. Trabajos de prensa consignan que en cierta oportunidad recorrió todo el vecindario tocando puertas amigas, hasta terminar en un comedor obrero donde trabajaba Lina, la esposa de John Herrera (su primer entrenador de boxeo) a quien estrechó entre sus brazos y besó con pasión de hijo.

Los años no han podido borrar una de las imágenes que con más orgullo conserva el periodista tunero Róger Aguilera Morales, quien tuvo el privilegio de sostener con Teófilo un par de rounds, no sobre el cuadrilátero, sino a la distancia de un ameno diálogo con fines informativos.

Pirolo estaba en la segunda planta de su casa, allí en Delicias; en el brazo derecho cargaba a su pequeña hija mientras con la mano izquierda le mostraba a Róger el par de guantes con que enfrentó y derrotó al norteamericano Alex García, en el Campeonato Mundial de Reno. Entonces el sintético material conservaba todavía manchas, reveladoras de la intensidad de aquel combate.

Teófilo, sin embargo, siempre fue un caballero sobre el cuadrilátero. Especialistas, entrenadores, periodistas especializados, aficionados  y amigos coinciden al afirmar que, muchas veces pudiendo demoler al rival, lo sobrellevaba.

Recuerda el propio Róger que tras preguntarle cierta vez cuál era su mejor arma le contestó: “El jab de izquierda, porque cuando lo utilizo el contrario se va acostumbrando a esa mano y entonces lo sorprendo con la derecha. Doy un solo golpe y ya”.

Quizás por eso, hasta sus más difíciles contrincantes lo recuerdan con admiración y respeto.

Es el caso de Duane Bobby (conocido como La Esperanza Blanca) a quien Teófilo venció en Munich-72. “Si tú supieras, es una de las personas más humanas que he conocido. A cada rato me comunico con él. Es mi amigo” –le confesó en una oportunidad al mencionado periodista tunero.

EL MUSEO QUE NUNCA LLEGÓ A SER
El periódico 26 reserva espacio para instantes como este. Imagen captada por Ismael Francisco durante el sepelio de Stevenson, en La Habana. (Foto Periódico 26))

El periódico 26 reserva espacio para instantes como este. Imagen captada por Ismael Francisco durante el sepelio de Stevenson, en La Habana. (Foto Periódico 26))

Propiamente museo no, pero recuerdo que sí se manejó la idea de habilitar un pequeño espacio de la biplanta ubicada en Delicias, para que vecinos del lugar, portopadrenses, tuneros, cubanos en general y hasta visitantes extranjeros pudieran apreciar algunas pertenencias, medallas u otras piezas de interés, relacionadas con la vida y con la trayectoria pugilística de Stevenson.

Tal vez su repentina muerte, con apenas 60 años de edad (11 de junio de 2012) o ese tiempo maravilloso que muchas veces se pierde a la espera de decisiones… lo cierto es que la feliz idea no llegó a concretarse o a prender lo suficiente como para perdurar.

Es una verdadera lástima. Stevenson nunca dejó de sentirse hijo de ese entrañable central azucarero (el hoy coloso Antonio Guiteras). Sus pasos, sus bromas, su silueta tocando un par de maracas, sus días de piquete con Candela, Cucho, Carlín… permanecen intactos en quienes nunca lo han olvidado, ni antes ni después de aquella impertinente cardiopatía isquémica.

Pero sucede, además, que Teófilo no es únicamente de Delicias, ni de Puerto Padre, ni de Las Tunas, ni de Oriente, ni de Cuba… su estatura lo convierte en una figura de dimensión mundial.

No por casualidad uno de los más grandes del deporte de los puños, Mohamed Alí, escribió:

“Me entristeció profundamente esta mañana la noticia de la muerte de uno de los grandes campeones del boxeo, Teófilo Stevenson. Aunque nunca peleó profesionalmente, haber ganado tres medallas de oro en tres Juegos Olímpicos diferentes, garantiza que él habría sido un enemigo formidable para cualquier otro campeón de peso pesado reinante o cualquier retador en su mejor momento. Siempre recordaré el encuentro con el gran Teófilo en su Cuba natal. Él fue uno de los grandes de este mundo, y a la vez fue un hombre cálido y abrazable. Mis condolencias para su familia y amigos. Que descanse en paz”.

321 ELEGANTES “PLEITOS”
Captura de pantalla a lo escrito por Fidel y publicado por Cubadebate el 12 de junio de 2012

Captura de pantalla a lo escrito por Fidel y publicado por Cubadebate el 12 de junio de 2012

Por lo general la afición evoca las coronas olímpicas ganadas en Múnich 1972, Montreal 1976 y Moscú 1980. Fueron tres momentos cumbres, una hazaña que muy pocos pugilistas en el planeta han podido saborear.

Pero Stevenson fue siempre grande, desde que con 14 años (1966) se puso un par de guantes y protagonizó su primer combate (71 kilos) junto a las gradas del estadio Julio Antonio Mella, de Las Tunas. Desde entonces, los jueces, sus entrenadores, el pueblo cubano y hasta sus rivales, lo vieron ganar nada más y nada menos que 301 de las 321 veces en que subió al ring.

Conforme al cariño que siempre sintió por la tierra natal y por su familia, desde julio de 2014 sus restos descansan junto a Papá Teófilo y a Mamá Dolores en el cementerio portopadrense.

“Aquí estará siempre, cerca del cayo Juan Claro, de La Grúa, de Corrales, de Leyva, de los rincones que tanto quiso en su adolescencia…”  -expresó Ernesto Carralero Bosch, historiador de Puerto Padre durante la calurosa bienvenida que los habitantes de la ciudad le tributaron al Tricampeón Olímpico en la mencionada necrópolis.

“Yo sé que mi padre está en cada uno de ustedes y en todos nosotros, por eso quiero pedirles que cuando vengan a este sitio le pongan flores y lo cuiden mucho; háganlo así, en nombre de nuestra familia y de toda Cuba”  -dijo en aquel momento Helmys Stevenson Mederos, hija de Teófilo.

Ese será el mejor tributo de los habitantes de La Villa Azul al hombre que, tras rechazar ser sobornado con dinero a cambio de traicionar a su país, respondió como todo un titán que ocho millones de cubanos constituían un tesoro mucho más grande que todos los dólares del mundo.

Su inesperado deceso consternó a quien fue todo el tiempo como su propio padre: el Comandante en Jefe, de cuyo puño y letra brotarían estas dos afirmaciones que extraigo y llevo a los lectores de nuestra Bohemia: “Ningún otro boxeador amateur brilló tanto en la historia de ese deporte…  Ningún dinero del mundo habría sobornado a Stevenson”.

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