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Publicado el 14 Septiembre, 2021 por Pastor Batista en Deportes
 
 

BEISBOL POR DENTRO

Los verdaderos jonroneros del Huelga

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Texto y fotos PASTOR BATISTA VALDÉS

A la yerba, como al enemigo imperial, ¡Ni un tantito así!

A la yerba, como al enemigo imperial, ¡Ni un tantito así!

Si alguna vez empuñaron un bate allí, en el cajón de bateo o en el círculo de espera, debe haber sido por pura curiosidad o placer, para constatar su peso, hacer un swing de prueba, imaginar a Antonio Muñoz o a Cheíto Rodríguez, en sus buenos tiempos, listos para sacar la pelota por encima de los 400 pies…

Dicho en otros términos, ni Ariel Reinoso, ni Dionisio Reguera, Andrés Rodríguez, Arturo Plasencia, Luis Valdivia o Wilfredo Quintanilla visten trajes de peloteros, ni usan la gorra de los gallos o los spays con que los corredores del equipo de Sancti-Spíritus vuelan de una base a otra.

A cualquier hora del día podrás verlos con ropa de trabajo, tal vez una gorra cotidiana o un sombrero ceñido hasta donde nacen las orejas, botas de goma o de cuero, guantes, azadón y machete en mano o accionando la pequeña máquina de chapear que deja el cutis del terreno como para ir de fiesta y humaniza tremendamente esa imprescindible labor.

Sin ellos, junto a José Luis e Inocente Hernández, el césped y demás áreas del estadio José Antonio Huelga no se mantuvieran como en este minuto… y siempre.

Operarios. Así se denomina la plaza que ocupan en la otra nómina: la del colectivo laboral con que cuenta esa prestigiosa instalación deportiva cubana.

Y como tal (operarios) responden por el mantenimiento y la vitalidad de áreas que se tornan indispensables para que la afición pueda disfrutar el espectáculo, ya sea en contacto directo con él, desde las gradas, o por medio de las transmisiones radiotelevisivas que asegura el país.

Preocupación también por el estado de las áreas exteriores.

Preocupación también por el estado de las áreas exteriores.

Obreros así, consagrados, incondicionales, apasionados, hay en todos los estadios. Solo que no en todos los casos la prensa especializada hace un breve aparte para reconocer públicamente ese aporte anónimo, determinante.

En ello meditaba días atrás, mientras esperaba a que concluyera una especie de consejillo en el que participaba Eriel Sánchez, director del equipo que representará a Cuba en el campeonato mundial de béisbol sub-23.

Sobre el terreno, un hombre rasuraba alargadas franjas de la yerba que, quizás animada por las lloviznas de los últimos días, se empeñaba en crecer.

  • Parece sencillo, pero ¿qué distancia camina ese obrero en una mañana completa operando la chapeadora?

El chofer del ómnibus Yutong, encargado del movimiento de los integrantes de la preselección cubana, arqueó las cejas en gesto de asombro y dijo: “kilómetros; pero además, sudando todo el tiempo a la gota gorda”.

A diferencia de los días en que la serie nacional reserva constante apogeo, esa noche no habría desafío en el José Antonio Huelga. La actividad se concentraría en un entrenamiento muy bien concebido para los horarios matutino y vespertino.

Sin embargo los miembros de la otra “selección” o “team”: los operarios del equipo de mantenimiento, seguían encajonados allí, dispuestos a disparar el jonrón que más agradece todo estadio de pelota: mantenerlo listo para iniciar juego en ese mismo instante si fuera necesario.

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Pastor Batista

 
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