El Código de las Familias tiene mucho de cubano (II y Final)
Ilustración. / Tomada del periódico Granma.
El Código de las Familias tiene mucho de cubano (II y Final)
Ilustración. / Tomada del periódico Granma.

El Código de las Familias tiene mucho de cubano (II y Final)

—Sin duda fue una decisión osada someter a escrutinio popular asuntos familiares de tanta envergadura. ¿Qué pasos se siguieron para la construcción de esta Ley? ¿Cómo participaron los diputados?

—Hay un procedimiento legislativo establecido en la Ley de Organización y Funcionamiento de la Asamblea Nacional y del Consejo de Estado, y en este caso también estaba el mandato constitucional y la práctica del proceso constituyente, que yo creo que fue paradigmático como modelo participativo, para el nacimiento de la Constitución. De un modo u otro, salvando las diferencias, esa experiencia se ha tenido en cuenta en este ejercicio legislativo, que tiene sus particularidades.

 “Fuimos cumpliendo un cronograma, pero llegó una pandemia que paralizó muchas cuestiones del trabajo ordinario de muchas instituciones, en particular en el ámbito legislativo.

“Enseguida comenzaron los ataques, a decir que Cuba no quería aprobar un Código de las Familias. Se apresuraron al afirmar ‘no van a cumplir’. Eso en buen cubano es ‘compraron pescado y le cogieron miedo a los ojos’; el rotundo mentís ha sido este proceso. Apenas tuvimos la posibilidad, el tiempo, y aun en pandemia se trabajó en el proyecto.

“Lo que sucedió después demostró que esa voluntad que estaba en la Constitución, y en la voluntad política ratificada por la dirección de nuestro país en múltiples ocasiones, se hizo realidad. Cómo organizar un proceso como este, que llevaba consulta popular, cumpliendo las normas de distanciamiento y que no se podían hacer reuniones, nos puso a pensar.

“¿Quiénes redactarían el proyecto?, ¿quién se va a encargar?, ¿cómo proceder?, igual que se hizo con la Constitución, se incluyó en una propuesta del presidente de la República, llevado a un acto legislativo, en primera instancia al Consejo de Estado, que la Asamblea luego ratificó.

“La comisión redactora aprobada, al igual que la encargada de la Constitución, yo creo que hay que verla en su diversidad, en su análisis plural, porque ella en sí también tiene la visión y los saberes de muchas personas de distintas edades, de distintos conocimientos y responsabilidades. Me parece que fue una fortaleza de la que se nutrió el equipo para crear el texto.

“Ahí estaba también nuestra academia, nuestros profesores, que durante años son de los que más han investigado y que tienen un prestigio en el ámbito jurídico, en el ámbito jurídico familiar, al que han dedicado mucho tiempo de sus vidas. Junto a la representación de nuestras organizaciones, y los parlamentarios, diversos también.

“Estuvieron los estudiantes de la enseñanza media y los universitarios. Y la representación de la mujer, en especial, nuestra Federación de Mujeres Cubanas que en la persona de su secretaria general aportó mucho, porque esa organización también tenía una labor desde Vilma para la transformación del derecho familiar y el Código de la Familia.

“Se logró aunar distintas miradas, distintas visiones, que facilitaron concebir y construir un código que no fuera solo un ejercicio académico, sino que tuviera la visión popular”.

Como activo integrante de la comisión redactora, Homero Acosta atestigua que el trabajo no fue “nada pacífico, no todo fue aceptado unánimemente”. Narra que hubo muchas discusiones sobre muchos temas.

“En algunos no se tenía toda la comprensión, o porque no se tiene todo el conocimiento, o porque hay que hacer determinados ajustes. Creo que debo decir que casi todos tuvimos posiciones encontradas en varios temas. Lo reafirmo para que no se tenga la idea de que teniendo un texto, llegamos allí y en una reunión se aprobó; no fue así.

El Código de las Familias tiene mucho de cubano (II y Final)
“El Código de las Familias es la obra de los representantes genuinos del pueblo en Asamblea, y del pueblo mismo, que al final decide”, sostiene Homero Acosta. / Nosdiel Bello/ Cubaperiodistas.

—Por eso se elaboraron tantas versiones hasta la 25.

—Antes de llegar a esa versión hicimos una útil consulta especializada, porque en la comisión redactora se dijo que hacía falta conocer otros saberes, otras personas que también pudieran aportar. Por ejemplo, la Asociación Cubana de Limitados Físicos-Motores, Asociación Nacional de Ciegos y Débiles Visuales y otras organizaciones sociales, nos permitieron escuchar la visión de ellos porque son sujetos del Código de las Familias. Fuimos a los centros de estudio, a los psicólogos y a otros especialistas, quienes tienen su visión.

“Resultó que aportaron importantes cambios, que luego la comisión hizo suyos, porque contribuyeron a elevar la calidad que ya tenía el proyecto como resultado de los análisis iniciales y de las versiones que se habían trabajado con anterioridad.

“Durante varios días estuvimos en el Capitolio reunidos para analizar esos aportes, donde participaron también otras autoridades como ministros y especialistas de las ramas implicadas, para ampliar la visión de los muchos aspectos recogidos en el texto.

“Se construyó la versión que fue llevada a una primera lectura a la Asamblea Nacional, donde también hubo fuertes debates. Los diputados no fueron allí a aplaudir todo; allí durante la sesión parlamentaria se hicieron cambios y se dieron argumentos en los casos en que no se modificó algún artículo.

“Hubo otros compañeros que no estaban propiamente entre los redactores, y fueron llamados para escucharlos, porque se trataba de temas con cierta conflictividad, en los que hacía falta saber ver cómo se elaboraban. Una cosa es que usted tenga claro los conceptos, y otra es que el derecho necesita una redacción al alcance de las personas y de quienes deben aplicarlo.

“La Asamblea aprobó un proyecto, el 24, que fue el que tuvo la población en sus manos para la consulta masiva”.

—Se sabe que no todas las opiniones recibidas se acogieron. ¿Por qué? ¿Qué criterio de selección se siguió? ¿Cuánto impactaron en el texto inicial y las subsiguientes versiones del proyecto?

—La consulta popular es un ejercicio también democrático en que se escucha a la población, cada cual da la suya, y hay opiniones diversas sobre todos los temas. Hay quien dijo: ‘Yo di mi opinión y no la aceptaron’. Bueno, es que aparte de lo que tú dijiste, hay diez que dieron un criterio contrario. Y valoramos no por el número, porque tampoco es cuantitativo, es un análisis lógico de los principios que informa, los valores que informa la norma, su correspondencia con la Constitución.

“En ese ejercicio, aparte de la población, aportaron los trabajadores y los estudiantes en sus centros, en su medio, donde son capaces de decir cuestiones que a lo mejor en su barrio no dijeron. Ellos también contribuyeron al resultado final.

 “La consulta transcurrió entre febrero y abril de este año. En marzo decidimos hacer un corte para que la comisión redactora valorara cómo se iban perfilando las opiniones, cuáles eran las líneas de opiniones y los temas de mayor interés”.

— ¿Cuáles temas tuvieron el mayor impacto?

Observamos que la mayoría se había expresado favorablemente al Código. Temas como el matrimonio, la responsabilidad parental, la autonomía progresiva, la gestación solidaria, la adopción, entre otros, recogían razonamientos encontrados, incluso contradictorios con la Constitución.

“Al final de la consulta y luego de que la comisión filtrara todas esas opiniones para cada uno de los artículos, dijimos: a ver, de ese artículo, de ese inciso, ¿qué se dice?, y fuimos contrastando para llegar a la mejor variante de qué acoger y qué no.

El experto relata que estuvieron tres días, el 30 y 31 de mayo y el 1 de junio, trabajando nuevamente con el volumen de criterios aportados por el pueblo. Cuenta que “en esas extensas jornadas hubo 275 opiniones, ¡se podrán imaginar!, y no todas eran favorables”.

Algunas personas, no siempre bienintencionadas, han repetido después: No se hizo nada, no cambiaron nada, nos han tomado el pelo. Frente a tales afirmaciones, Homero Acosta casi sonríe, como seguramente han hecho otros testigos actuantes en la ardua labor, nada fácil por cierto, algo que sabían desde que se enfrascaron en esa empresa.

Para desmentirlos están los datos, que no son simples cifras. El secretario de la Asamblea y del Consejo de Estado enumera que “nada cayó en saco roto. Entre la versión 24 sometida a la consulta y la 25 que llevamos a la Asamblea Nacional, la última, que fue la aprobada, resultó modificado cerca del 48 por ciento de los artículos.

“La versión 24 tenía 471 artículos. Luego, totalizaron 474. Estamos hablando de números que representan ideas modificadas, argumentos que fortalecieron el texto. Al final son 532 disposiciones, contando los artículos, las disposiciones transitorias y finales. Fueron incorporados 11 nuevos artículos y se eliminó uno. O sea, casi el 50 por ciento del texto tuvo cambios entre una versión y otra. Se mantuvieron sin cambios 266 artículos.

El experto narra el fuerte ejercicio de análisis realizado para llegar a tal resultado, consensuado entre muchos. De su relato se desprende que prevaleció el respeto a cada opinión. Incluso “cuando tuvimos que retroceder o cuando tuvimos que decir no estoy de acuerdo, o que fui convencido. Lo puedo decir en mi caso personal, yo no estaba de acuerdo en todas las cuestiones que estaban allí, sin embargo estuve de acuerdo al final con las soluciones. ¿Por qué?, porque si la mayoría está de acuerdo con esas soluciones nosotros tenemos que respetar eso, y ese es el ejercicio democrático, donde la mayoría impera hay que respetar.

 “Eso fue lo que ocurrió tanto allí como en la Asamblea, como tendrá que ocurrir el día 25 de septiembre, porque no se construye desde la visión de uno, se construye desde la visión de muchos, y esos muchos son la mayoría.

“Por eso reiteramos que este código se construyó con la labor de expertos, de diputados, de mucha gente, pero en particular de nuestro pueblo, cuya participación en las dos fases resultó decisiva, la de construcción y la de aprobación (el 25), y por ello es un ejemplo para el mundo”.

El Código de las Familias tiene mucho de cubano (II y Final)
Varias veces, mediante video-conferencia desde el Capitolio, los diputados intercambiaron con los especialistas acerca del texto para esclarecer dudas y aportar nuevos conceptos. / Tomada del periódico Granma.

—La Constitución contiene un amplio capítulo dedicado a las familias, del que partió este Código, sustentado también en otros artículos constitucionales para dar mayores derechos y garantías. ¿Este es el código que la familia cubana necesita mirando al futuro?

—Quien compare el capítulo de la familia de la Constitución de 1976 con el de las familias de la actual Constitución se percatará de la gran transformación que tienen los conceptos, no solo en ese capítulo III, sino también en principios ahí incluidos acerca de la igualdad, la no discriminación, y otros en cuanto al debido proceso, las garantías, los derechos, que significan una transformación con respecto a la anterior Carta Magna, pero en el ámbito del derecho de familia los cambios son sustanciales.

“Ahora tenemos una apreciación superior del código que necesita Cuba, más amplia que si lo hubiéramos hecho antes, incluso en 2018, cuando se inició el proceso de consulta popular del proyecto de Constitución. La sociedad ha cambiado, y estos ejercicios democráticos, participativos, tanto para la Constitución como para esta norma, han permitido tomar mayor conciencia de que un código como este es necesario, y que un código como este refleja y representa a nuestro país, y representa esa diversidad familiar, y representa los deseos, los afectos, el espíritu de nuestro pueblo”.

El experto refiere que los parlamentarios al participar en la redacción de esta ley, no hicieron más que describir una realidad y llevarla al plano jurídico, que recoge el derecho de todas las personas a fundar una familia.

¿Cómo es la familia cubana hoy?, se pregunta Homero y él mismo la define: “es diversa, la hay en un matrimonio nuclear formalizado o no, la hay en una relación heterosexual, pero también la hay en una relación homosexual, y eso es respetable. En la Constitución están los principios de la dignidad, que es cardinal porque rige el ejercicio de todos los derechos.

“Toda esa riqueza familiar está en el Código, donde no se impone ningún modelo, sino que los reconoce y apela a que sean respetados.

“Cuando la mayoría aprobó la actual Constitución, también suscribió lo incluido en ese capítulo III de las Familias, que ahora con amplitud se refleja en el Código. Por eso al votar, frente a la boleta debemos pensar que estamos votando por todos esos derechos para todos, hoy y mañana. En Derecho es difícil construir desde el hoy para el mañana, y yo creo que aquí eso se ha logrado”.

—Luego de tantos meses de bregar, en breves palabras cómo resumiría el Código de las Familias por el que pueblo votará el domingo 25?

—Creo que el código ha resuelto con amplia solvencia y rigor técnico definiciones del ámbito del derecho familiar que no están, pudiéramos decir, con esa integralidad, en ninguna o en no muchas de las legislaciones del mundo hoy.

“En qué otros países se han llevado a cabo ejercicios legislativos con este carácter, dónde se han construido normas con este impacto y este calado social y familiar, de la manera en que Cuba lo construyó. No es la opinión de uno ni de un grupo, sino la construcción colectiva, la creación normativa entre pueblo y Parlamento.

“El Código de las Familias es la obra de los representantes genuinos del pueblo en Asamblea, y del pueblo mismo, que al final decide. Eso es lo que da fortaleza, eso es lo que legitima, eso es lo que da consenso y fuerza a esa norma que tiene tanta raigambre en lo espiritual, en lo social de la vida de la gente. Hemos estudiado y atendido otros códigos, pero este tiene mucho de cubano, porque en su texto cabe Cuba con todos sus matices”.

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