El día que un Comandante limpió los zapatos de un obrero
Foto. / Tomada del periódico Escambray
El día que un Comandante limpió los zapatos de un obrero
Foto. / Tomada del periódico Escambray

El día que un Comandante limpió los zapatos de un obrero

Efectivamente, un 11 de septiembre, pero de 2009, se despidió de todos nosotros el Comandante de la Revolución Juan Almeida Bosque.

De él, los cubanos conservamos miles de recuerdos. Unos contados por la historia, otros a punta de pupila directa.

Entre todos hay uno que me acompaña y conmueve. Corresponde al 4 de julio de aquel mismo año. Almeida recorría el bulevar de la ciudad, junto a Jorge Cuevas Ramos, entonces Secretario del Partido en Las Tunas. Al pasar frente a ese local acondicionado para los limpiabotas, gira, entra, saluda, se sienta en un sillón  y comienza a hablar con los trabajadores hasta que le dice a Rubén Rodríguez, propietario del sillón:  “Súbete, que hoy soy yo quien te va a limpiar los zapatos. Voy a recordar mi época de limpiabotas en el Parque Central”.

El día que un Comandante limpió los zapatos de un obrero
Momento en que el legendario Comandante lustraba los zapatos del también humilde limpiabotas tunero. / Archivo del autor.

Y cuentan que, a pura yema de dedo en betún y cuero de zapato, cepillo, trapo y anécdotas, ofreció, para todos, una improvisada clase magistral acerca del oficio.

Coincidentemente pasaba por allí un fotógrafo portopadrense, trabajador por cuenta propia, quien no vaciló en tirar completo el rollo fotográfico que acababa de comprar. Gracias a ese noble gesto, quedaron para la posteridad imágenes como la que aquí aparece.

No fui testigo, pero sobre la base de lo que me contó el colega y hermano Julio César Pérez Viera, corresponsal de Radio Progreso, escribí una breve crónica, titulada El brillo de tu modestia, que Granma publicó rápidamente. Este fue su último párrafo: Expectación. Bendita la melodía de esas manos en vaivén. Espontánea lección de oficio y de modestia. Gozo, dicha, elegancia. Como «caído del pueblo», un lente capta ese instante,  tal vez único, acaso irrepetible, pero revelador del brillo con que los Héroes lustran los pasos de la historia.

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