El Juanca, ¿único en Cuba?

Realidad en torno a un ponchero cuya sensibilidad y virtudes humanas convierten sus acciones prácticas en “obras de ciencia ficción” para estos carísimos tiempos que desinflan al país


Por suerte, desde hace algún tiempo los neumáticos de mi auto “no adivinan” uno de esos clavos que cascos mal herrados de caballos van soltando por doquier.

Y digo por suerte porque el mismo simple ponche que una vez costó alrededor de un peso (MN), luego cinco, diez, veinte, cincuenta, ya anda por los 150 y más.

No es ese, sin embargo, el caso de la llamada ponchera de Juan Carlos (Labrada), aledaña al servicentro Texaco, en la ciudad de Las Tunas, donde por ese mismo servicio el cliente paga 50 pesos; o sea, tres o cuatro veces menos que en ardientes planchas como las de Ciego de Ávila.

Juan Carlos sabe que “el ojo del amo engorda la calidad del servicio».

Sentados, ambos, en el pequeño local que de manera muy modesta utiliza como oficina, le comento ese “curioso” detalle al Juanca (como suelen llamarle) quien, tras esbozar una leve sonrisa, me dice:

“Yo no sé por qué razón otros cobran esa cantidad. A mí el Gobierno me sugirió que realizara un estudio real de mis gastos en la compra de materia prima, electricidad, pago a los obreros, contribuciones al fisco… y que les hiciera una propuesta bien argumentada del precio por cada ponche.

“Estuvimos de acuerdo con los 50 pesos que desde entonces estamos cobrando aquí. Con ese precio no abusamos del cliente, no tengo pérdidas, la gente se va satisfecha, hacemos nuestros pagos (solo en corriente, unos 60 mil pesos al año) y logramos ingresos personales para defendernos en medio de lo cara que se ha puesto la vida.

“Y aunque por fuera el precio de muchas cosas siga subiendo como la espuma, yo no puedo antojarme un buen día de cobrar más caro el servicio. Para eso tendría que razonar el asunto con el Gobierno porque conmigo fueron claritos cuando fijamos esa cantidad y me dijeron que si la alteraba me aplicarían lo establecido y podían hasta cerrarme esto”.

Ponchero de noblísimo corazón

Sucede que la mirada atenta, ese hablar pausado, el trato siempre respetuoso y afable con todo el mundo, Juan Carlos no se los pidió prestados y mucho menos se los hurtó a nadie. Nació con esos y otros buenos atributos, fruto de una herencia familiar, enraizada bajo el techo de esos hogares donde se aprende y jamás se olvida la satisfacción de compartir con el vecino o con el necesitado la misma bolita de pan.

Recuerdo que allá por el 2013, tal vez un poco antes, alguien me dijo: ¿Por qué no le haces un trabajo a Juanca, el ponchero de La Texaco?

Pregunté por qué motivo y cuando me argumentaron salí para, allá sin perder tiempo.

¿Es cierto que cuando llega una ambulancia de Salud, le cedes prioridad inmediata y además, no le cobras al chofer ni un centavo?, lo interrogué entonces

Y me respondió: Sí. Yo le pido permiso a la cola, le cojo el ponche rápidamente y no le cobro nada. La salud de este país es muy grande y, en el orden personal, estoy muy agradecido de los médicos y enfermeras de Las Tunas. No voy a ser más rico ni más pobre porque preste ese servicio gratuito hasta que Salud vuelva a tenerlo en su taller”.

Por aquella fecha, con la increíble capacidad de mantenerse al tanto de todo cuanto sucede en Cuba, desde su indeseable e injusto encierro en la Prisión Federal de Victorville, California, Gerardo Hernández Nordelo lee el trabajo periodistico publicado por Granma y, por intermedio de Alicia Jrapko (presidenta del Comité Internacional por la Libertad de los Cinco Héroes Antiterroristas Cubanos, fallecida en enero de 2022) le envía una felicitación al humilde ponchero de Las Tunas.

Al cumplir la deferente encomienda, pude notar cómo, al modo en que inicialmente centellearon los ojos de Juan Carlos, le siguió cierta humedad, a todas luces emotiva.

Granma, desde luego, volvió a devenir soporte para otro material titulado La grandeza del Héroe, sustentado en la sensibilidad humana de El Gera.

El Juanca conserva con sano orgullo esta publicación del diario Granma.

¿Qué cantidad de dinero tiene hoy Juan Carlos en banco o en tarjetas?  No es lo más importante. Posiblemente quienes visitan su ponchera, ya sea para solucionar el malestar que causa un neumático desinflado o solo para darle un abrazo, jamás se hayan hecho tal pregunta.

El Juanca sigue siendo el “tipo” que cada día se acomoda bien temprano dentro de un overol, saluda a su tropa, atiende a quien se le acerca, no escatima sonrisas, explica que saldrá a resolver determinado asunto pero que si alguien viene a verlo puede esperar sin problemas a que regrese…

Aterrizaje forzoso

Ciego de Ávila. Noviembre. Año 2022 de nuestra Era.

-Amigo, usted podría hacerme el favor de revisar esta goma; es el repuesto, no la he rodado desde que le cogieron ponche, meses atrás, pero noto que perdió aire. Supongo se le esté yendo por el borde de la llanta o por la válvula -deduzco ante una altiva figura.

El hombre no dice una palabra; solo extiende la mano, agarra el neumático, le echa un poco de aire y lo sumerge en el estanque con agua. En efecto, por la pestaña de la llanta escapan burbujas. Entonces toma la mandarria, da dos certeros golpes, comprueba, resuelto el problema y, a mi pedido, le echa 30 libras.

-Bárbaroooo -digo satisfecho. ¿Cuánto le debo?

-Na… dame 50 pesos, responde.

Por un momento creo ver doble al sujeto. Debo haberme quedado momentáneamente bizco. Cincuenta pesos por dos martillazos y un poquito del mismo aire que allí debe costar cinco pesos.

Entonces viene a mi mente el rostro de Juanca, quien no por conocernos (igual lo haría con un desconocido), tal vez hubiera dicho: “Bah, deje eso compadre; cómo voy a cobrarle por dos martillazos; dele echando, que tenga buen viaje y mucha salud. Aquí estoy cuando me necesite”.

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