0
Publicado el 17 Febrero, 2015 por Toni Pradas en En Cuba
 
 

JOVEN CLUB DE COMPUTACIÓN

Píxeles rentados en búsqueda de sustentabilidad

Por EMILIO L. HERRERA y TONI PRADAS

Como la institución autóctona del médico de la familia, los Joven Club de Computación nacieron para el roce de los dedos del vecindario cubano. Y como aquellos galenos -para nada privativos y prestos solo al llamado del interesado, como fuera el concepto anterior del médico de cabecera-, esta suerte de cibercafé -sin café- brotó con el afán de darle salud al conocimiento de una tecnología que en la década de 1980 alcanzaba niveles insospechados de popularización, tanto como ninguna otra ciencia surgida de las hendiduras cerebrales de la humanidad.

Fidel Castro fue un decisivo impulsor de la creación de los Joven Club

El líder histórico de la Revolución Cubana, Fidel Castro Ruz, fue un decisivo impulsor de la creación y multiplicación de los Joven Club, con vistas a informatizar la sociedad. (Crédito: CUBADEBATE)

Por ese arrollador despliegue, tal vez hasta el propio Comandante en Jefe Fidel Castro quedó deslumbrado con la aceptación que recibieron las nuevas tecnologías informáticas durante una exposición en el verano de 1987, organizada por las Brigadas Técnicas Juveniles (BTJ) en el capitalino Pabellón Cuba.

Por primera vez, muchísimos pequeños se enfrentaban a una computadora y durante cada día de exposición eran más los interesados de todas las edades que acudían a tocar con sus propias manos un teclado inteligente. En apenas dos meses, más de 35 mil visitantes, la mayoría niños y jóvenes, henchían sus pulmones de satisfacción al verse capaces de domeñar el futuro con sus yemas.

Sabedor de las potencialidades de los ordenadores, de la inevitable evolución del ciudadano hacia lo que hoy suele llamarse homo tecnologicus y ante la evidencia de lo que pasaba ante las pantallas en el Pabellón Cuba, Fidel puso todo su empeño a favor de ampliar el proyecto y extenderlo al resto del país.

Así fue cómo surgieron los Joven Club de Computación y Electrónica, el 8 de septiembre de 1987. El Buró Nacional de la Unión de Jóvenes Comunistas (UJC), en reunión con el líder histórico de la Revolución, definió la estrategia para aquellas primeras 32 instalaciones que se decidió crear.

Los Joven Club se aferraron al principio de proporcionar y elevar una cultura informática a toda la comunidad, con la apuesta mayor por los niños y jóvenes, desempeñando un papel activo, creativo y de formación de valores en el proceso de informatización de la sociedad cubana.

Y a pesar de que se abocaba un período de crisis, con la caída del socialismo esteuropeo (al punto de que un estupendo supermercado habanero entraba en franco estado anémico y solo encontró mejor uso al convertirse, en 1991, en el Palacio Central de la nueva red de clubes de cómputo), el proyecto consiguió hacer posible la visión de Fidel.

“[…] Joven Club de fábrica, de instituciones y Joven Club popular” -reveló Fidel su aspiración aquel 8 de septiembre-, porque estos son los que están allí al lado de los vecinos, este es el médico de la familia, la computadora de la familia cubana […]”.

De manera que hoy son más de 600 instalaciones en todo el archipiélago -de ellas, 138 en comunidades fuera de las cabeceras municipales y 39 en regiones montañosas-, número que ateniéndose a frías proporciones destina un Club para 19 mil habitantes, o algo menos, si de ser precisos se trata. Es más, desde el año 2001 todos los municipios del país cuentan con inmuebles para dichos fines, y desde 2005, con al menos dos.

Si bien en la mente de muchos los Joven Club se asocian con el ocio y la taquicardia de videojuegos que hacen rehenes de sí a niños y jóvenes, estos centros han tenido una destacada vocación pedagógica, estructurada en cursos de formación informática que promedian entre 10 y 120 horas lectivas y expiden certificados cuya prosapia reconocen también otras instituciones del país.

Las necesidades docentes más socorridas son los abecés del trabajo y la operación de computadoras, herramientas de diseño, programación, manejo de bases de datos, entre otras, tanto en plataformas de software propietario como de código abierto; temáticas relacionadas con las redes, el correo electrónico, la electrónica básica digital, arquitectura de programación y muchos más intereses.

Los contenidos, tal como obliga el palpitar vertiginoso del mundo de los bits, se actualizan y perfeccionan constantemente y pueden recibirse en la modalidad presencial, semipresencial y a distancia, esta última haciendo uso de entornos virtuales de aprendizaje soportados en la red. Algunos cursos se ofrecen en calidad de postgrado y diplomados.

En el país existen mas de 600 Joven Club de Computación

Más de 600 Joven Club de Computación existen en el país (al menos dos por municipio), con una proporción de poco menos de 19 mil habitantes por instalación. (Crédito: Archivo de BOHEMIA)

De tal suerte, más de dos millones de personas se han graduado de algún tipo de enseñanza, y aunque el nombre institucional alude a un ceñido segmento de la sociedad, el abanico de beneficiados abarca desde niños, en la modalidad de Círculos de Interés, hasta entusiastas alumnos de la tercera edad, incluidos discapacitados.

Pero el servicio tal vez más solicitado es el de tiempo de máquina, que le permite al usuario desplegar proyectos personales, ejercitar conocimientos con alguna herramienta informática, desarrollar habilidades en el aprendizaje de idioma, mecanografía, entre otras materias, con el uso de plataformas interactivas. Asimismo, es el lapso para acceder a la red, jugar, ver videos o escuchar audio, entre otras opciones.

Todo ello también de algún modo vinculado con que, como lo reafirmó un reciente editorial publicado por el diario Granma, el país tiene la voluntad de “conectarse con el mundo, a pesar de la propaganda en su contra, el cerco económico, la vigilancia redoblada y las guerras de cuarta generación”. El objetivo, expresó la publicación, es no solo “beber de esa inmensa fuente de conocimientos que es la autopista de la información, sino poner en ella lo mejor de nuestra cultura, educación, conocimiento y humanismo, que son el núcleo fundacional de la Revolución cubana y del pensamiento de sus líderes”.

Hasta hace poco, ningún servicio de los Joven Club había sido honrado pecuniariamente, a pesar de que la infraestructura -ocho mil computadoras y otros medios electrónicos- es hoy bastante obsoleta en muchos casos, y en algunos particulares tristemente desechable o inexistente. Así que, como mismo múltiples sectores del país, aplican los Lineamientos de la Política Económica y Social del Partido y la Revolución, aprobados tras discusión popular, específicamente a aquel relacionado con la eliminación progresiva de gratuidades y subsidios.

Al cumplirse 27 años de ejecución de este proyecto de informatización de la sociedad, su director general, Raúl Vantroi Navarro, en acto conmemorativo celebrado en el Memorial José Martí de La Habana, explicó que la organización llegaba a su cumpleaños con el inicio de la experiencia del cobro del tiempo de máquina, aplicado experimentalmente en el municipio de Artemisa, cabecera de la provincia de igual nombre, a las personas naturales (los ciudadanos) y con precios en pesos cubanos corrientes.

Joven Club Central, ubicado en el Vedado, fue el precursor

El Joven Club Central, en el corazón del capitalino Vedado, fue el precursor del proyecto social, hace 27 años. (Crédito: Unaicc)

El experimento de recaudación había comenzado el pasado 25 de agosto, si bien en el mes de abril había empezado con la venta del producto Segurmática Antivirus a las personas jurídicas (las instituciones). Según los directivos de la entidad, en lo adelante se incorporarían otros servicios a la modalidad tarifada y al resto de los municipios artemiseños, con el fin de evaluar sus resultados y extender la medida a toda la República.

Sin embargo, en cualquier caso, los cursos continuarían impartiéndose de forma gratuita. Porque, como filosofó el juglar en una canción, saber no puede ser lujo.

¿Ser o no ser?

El famoso dilema shakesperiano, “ser o no ser”, escrito en algún momento de la borrosa costura de los siglos XVI y XVII, renace cuando “la computadora de la familia cubana” ha comenzado a coquetear con la caja contadora.

Hoy, bajo la égida del Ministerio de Comunicaciones, la organización creada por la UJC afirma que “avanzan hacia una fase superior”, donde en un futuro se podrá garantizar la sostenibilidad económica de dicha institución social.

El debate no se hizo esperar. Durante un recorrido por las calles de La Habana, BOHEMIA corroboró que la muchas de las personas entrevistadas pensaba que existía una incongruencia entre el deber-ser de los Joven Club y el fin de la gratuidad de los servicios.

“¿Cómo que van a cobrar el tiempo de máquina?”, se alarmó Alfredo García, licenciado en Cultura Física. “Desde su surgimiento, los Joven Club son de carácter popular, concebidos para todos. Si hay que pagar, no todos podremos disfrutarlos. No han pensado que las personas con bajo poder adquisitivo, que no tienen computadoras en casa, son los que más visitan estos centros. ¿Cómo se lo vamos a quitar?.. Estoy bien disgustado”.

Amanda Ramos, una joven de rostro alegre, se muestra más serena: “No me parece del todo descabellada esta medida”, explica. “Entiendo que haya que eliminar de a poco las gratuidades; lo que no me parece bien es que les cobren a los niños”.

Pero Víctor González, vecino del municipio de Centro Habana, teme que lleguen, incluso, a cobrarse los cursos. Y duda, mirando su exiguo salario. “Veremos cuánto dura eso. Si para sentarte en una máquina debes pagar, entonces estamos fomentando diferencias sociales”, argumenta.

“¡Por favor, es una idea muy buena! Con esa recaudación podrán arreglar los equipos rotos, poner aire acondicionado en todas las instalaciones y brindar mejores servicios en general. Uno gasta dos pesos en cualquier cosa: guagua, maní, etcétera. Hasta lo veo barato”, arguye el ingeniero Rolando Pérez.

Por su parte, un señor mayor que no quiso dar su nombre, se lamentó en las afueras del Palacio Central de Computación y Electrónica, en Centro Habana, por no tener ordenador en su casa. “Algunas veces mis hijos pasan tiempo en los Joven Club. No se si pueda permitirme 40 o 50 pesos al mes para que vayan. Entiendo que el Joven Club tiene que ser sostenible económicamente, pero hay lugares y lugares. Este era el centro de aquellos que carecen de computadora en sus casas. Pienso que dejará de ir mucha gente que lo necesita de verdad”.

De este modo, el célebre dilema existencial de Hamlet, ser o no ser, se pone en boca de muchos cubanos que juzgan según sus criterios lo que está bien y lo que está mal.

Por ello, el equipo de reporteros prefirió enfilar la proa de su auto hacia Artemisa, con el fin de esclarecer muchas de las interrogantes planteadas por la población.

Bajo el microscopio

Artemisa, laboratorio de Cuba, experimenta nuevas reglas del juego

Kenia Riquenes, directiva provincial de los Joven Club de Artemisa

“No vamos a cambiar el precepto social: no se van a cobrar los cursos a personas naturales”, asegura Kenia Riquenes, directiva provincial de los Joven Club de Artemisa. (Crédito: CLAUDIA RODRÍGUEZ HERRERA)

Dicen que la antigua provincia de La Habana no se dividió, sino se multiplicó. Al menos hay que reconocer que los dos jóvenes territorios, Artemisa y Mayabeque, surgidos con el filoso bisturí de planificadores físicos y cartógrafos, pueden ser considerados símbolos de los nuevos tiempos: principalmente en ellos se desarrollan los más importantes experimentos de novedosas formas de organización del gobierno, la economía, la sociedad… casi todo.

Camino a Artemisa, uno mira al cielo y no sabe si lo que brilla es el sol o el reflejo de la lente de un inmenso microscopio. La provincia se nos antoja un laboratorio donde son observadas y anotadas sus reacciones a nuevas fórmulas, con las cuales el país se juega el perfeccionamiento de su sistema para encontrar el socialismo próspero y sustentable que se ha propuesto y necesita.

Y pasan cosas, sí. Su equipo de pelota, digamos, permanece con gallardía en la liga alta contra toda lógica tras la bifurcación. Y ganan reconocimientos nacionales, como ese que les legó a su histórica ciudad capital, ubicada a unos 60 kilómetros de La Habana, el derecho de organizar los actos de celebración por el Día de la Rebeldía.

Los habitantes de La Villa Roja, como también se le conoce, parecen tener un gen destinado a los teclados, tal vez porque en ciertas temporadas de su historia ostentaron un notable desarrollo tipográfico, avalado por múltiples imprentas y numerosas revistas y periódicos.

Vamos, si hasta posee un céntrico parque llamado La edad de Oro, con elementos esculturales que recrean a varios personajes salidos de las páginas de la revista martiana.

Hoy, en cambio, muerto el linotipo, el apego al teclado se vuelca en tres Joven Club: dos en el casco citadino y otro en la cercana población de Las Cañas.

Y como la vocación de experimentaciones persiste -durante el siglo XIX, se sabe, Artemisa ensayó el cultivo del café, y fue recompensada con una época de prosperidad y con el cafetal Angerona, el segundo más grande de la Isla-, como el nuevo territorio bulle bajo un gran microscopio, sus centros de cómputo prueban por primera vez en Cuba un sistema de cobro por el tiempo de máquina consumido.

“Le tocó el momento, al Joven Club, de cumplir con los Lineamentos”, resume Kenia Riquenes Castillo, jefa de la sección de comunicación social de esta institución en la provincia.

Es muy usada la plataforma de blog Reflejos

Debido a la insuficiente conectividad, los Joven Club utilizan la navegación Punto cu para acceder a alternativas nacionales, como la plataforma de blog Reflejos y la red social La Tendedera

La primera acción comercial ocurrió el 24 de abril, con la venta de una licencia de Segurmática (empresa nacional productora de un programa antivirus) a una institución de la localidad. El precio: 50 pesos no convertibles anualmente por cada máquina. Según la especialista, esta modalidad ha tenido una buena aceptación y la entrega efectiva del programa por parte de dicha empresa (el Joven Club funge como intermediario) ha permitido dispensar ese servicio con calidad.

Cuatro meses después, los tres centros artemiseños comenzaron el cobro por el tiempo de uso de sus máquinas, a razón de dos pesos la hora. Para ello es preciso que el cliente compre una tarjeta semejante a la Propia (se ofertan de 10 y 20 pesos), pero la entidad, por ahora, está impedida de tarifar automáticamente el descuento desde la mismísima computadora.

Kenia confesó a sus entrevistadores que, previamente, la decisión de ejercer el cobro les dio un poco de miedo. “Pero increíblemente los niños son los que más tarjetas han comprado. Tenemos un usuario que hasta la fecha ha comprado 12. Ahora tenemos más tranquilidad”.

Antes de aplicar la experiencia de la recaudación, los locales siempre estaban atestados, sobre todo de muchachos que iban en busca del entretenimiento de los videojuegos. Otros, fuera, esperaban impacientes y solo los calmaba algo un televisor colocado para matar el tiempo de espera. Píxeles por píxeles, digamos. Hasta que la instructora tenía que despegar de la computadora al chico que llevaba largo tiempo, para así dar paso a otro que encontraba aún la silla caliente.

Cuenta la instructora Anisley Martínez que desde la instauración del servicio tasado ya nadie puede levantar a quienes llegaron antes, pues han pagado. “No alcanzan los equipos ahora”, observa.

Al unísono, Kenia comenta que quienes pagan “dicen que ya pueden exigir porque ahora son clientes”. Y sentencia: “Nos queda mucho por hacer, como es aprender a atender a clientes”.

Cada inmueble, que puede considerarse dentro del promedio del país, cuenta con dos laboratorios, o salas, cada uno con cinco computadoras. De manera que el municipio de Artemisa capitaliza 300 terminales de cómputo.

Será más adelante cuando se incrementen los equipos, nos dicen. Los de ahora sufren los achaques de la senectud tecnológica y es un dolor de cabeza resolver la climatización. Con el cobro de los servicios aspiran a poder sufragar algunos gastos necesarios y, según marche el proceso, podrán tarifar otros servicios.

Hablan hasta de ofrecer el préstamo de futuras máquinas a domicilio, de un día poder ofrecer servicios de impresión. Casi todo es posible, o al menos se puede soñar.

Según se anunció recientemente, se prevé que los Joven Club puedan brindar gradualmente servicios soportados sobre la banda ancha, una arteria de conectividad mucho más veloz, que ha comenzado a preparar su antesala con la apertura de 154 salas de navegación públicas.

Estas, diseminadas por toda la geografía nacional, han permitido que el país hoy cuente ya con casi tres millones de usuarios con acceso a las redes, incluidas plataformas institucionales, correos electrónicos e Internet. Paralelamente, más de medio millón accede al correo electrónico mediante los móviles, tecnología que en la actualidad posee tres millones de clientes.

“Pero no vamos a cambiar el precepto social con que nacieron los Joven Club: no se van a cobrar los cursos a personas naturales”, afirmó Kenia sin parpadear, fiel a los principios esbozados en 1987, como mismo Marcos el Evangelista, el Santo Patrón de Artemisa, interpretó escrupulosamente a Pedro.

“Servirán para autoabastecernos”

Apenas comenzó el experimento, de 25 a 30 personas, como promedio diario, hicieron uso de los servicios artemiseños y, aunque predominaban los niños y los jóvenes, hasta los adultos mayores asistieron a sus cursos.

El servicio de tiempo de maquina permite a los clientes el acceso a otros: descontaminación de dispositivos, juegos, trabajo con aplicaciones (Word, Excel, Photoshop, convertidores de video…). También al banco de software, donde se agrupan carpetas con contenidos de interés, como la actualización de antivirus, trabajos prácticos y bibliografía digital.

“Otros servicios todavía no están implementados, como los cursos de formación a las personas jurídicas”, ilustra la comunicadora social. Cita además como servicios de posible pago la navegación Punto cu (intranet nacional), la red social La tendedera, la plataforma de blogs Reflejos… “Servirán para autoabastecernos, pero es un proceso que empieza a dar sus primeros pasos”.

Además de la necesidad de esparcimiento, las más disímiles necesidades van a solventarse en un Joven Club. Durante la visita a uno de los Joven Club, encontramos al licenciado en Derecho Yuliesky Amador, quien no hace miramientos de precios si se trata de actualizar su blog Neno, de temática general.

A su lado, Yusneivys Cruz -cortés al responder pero sin quitar la vista de la máquina, porque está corriendo el tiempo- explica que en ese lugar puede atender su correspondencia de correo electrónico.

Apuntes de bitácora

Un informe de la dirección provincial de Joven Club a la instancia nacional sobre la implementación del pago de los servicios revela su satisfacción con lo primeros resultados de los primeros días – desde el día de la apertura, 25 de agosto, hasta el 17 de septiembre-. “Ha tenido buena aceptación en los usuarios”, afirma, e ilustra con estadísticas que reflejan la venta de 256 tarjetas de 10 pesos y 31, con el saldo de 20. El importe total ascendió a tres mil 180 pesos. La cifra de personas que habían recibido el servicio hasta entonces era de 148. Estas, por supuesto, habían visitado el Joven Club más de una vez.

El informe reportaba también las consideraciones de los trabajadores, quienes aplauden la propuesta de cobro, “aunque tenemos que mejorar todavía en algunas cosas, tales como el equipamiento, el funcionamiento de las máquinas; hay mucha inconformidad con respecto al clima de la instalación, y es incómoda la forma en que se está manejando la venta de las tarjetas y, por ende, la rebaja en el saldo”.

Ellos, además, piensan que, si bien es un ingreso que por el momento no es muy alto, con el tiempo será una gran recaudación que permitirá mejorar los servicios y ofertas. Asimismo, es un importante aporte para “alcanzar un mayor desarrollo tecnológico” y “una oportunidad de lograr beneficios no solo para la instalación, sino también para los trabajadores”.

Por su parte, opiniones de los usuarios recogidas en el informe reclaman el mejoramiento de la climatización y los equipos, y elogian la atención recibida por las instructoras. En cuanto al cobro, mostraron ellos su beneplácito con el precio y la posibilidad de que con esa fórmula puedan estar más tiempo ante la máquina. Como ventaja sumaron también que ahora irán solo aquellos a quienes les guste o necesiten realmente el servicio, “pues hay quien viene a interferir en el trabajo de otros”.

Una madre dijo pagar sin chistar, porque sabe que sus hijos estarán en buen lugar y aprenderán mucho. Alguien opinó que es bueno que las personas “entiendan que todo vale, pues cuando se regalan las cosas no se valora lo que se brinda”.

Sondeo a la intranet cubana

Redes sociales, blogs, videojuegos y otras ofertas están en la cartera de los creadores
Servicios y tarifas publicadas

Servicios y tarifas publicadas

Motivados por observar en qué estado se encuentran los principales programas de los Joven Club, BOHEMIA visitó el Palacio Central de Computación y Electrónica de La Habana para conversar con Kirenia Fagundo García, jefa del Proyecto Cuba va, uno de los grupos de desarrollo de sistemas web.

Según la especialista, los softwares producidos son de carácter social y funcionan como alternativa a las redes internacionales existentes (Facebook, Twitter, etcétera). Debido a las limitantes tecnológicas de los Joven Club, no toda la población puede acceder a estas.

Para contrarrestar esta carencia, esta institución pone al servicio de las personas la navegación Punto cu, que posibilita interactuar mediante alternativas nacionales, como La tendedera y la plataforma de blog Reflejos.

“Hoy el mundo se mueve por redes sociales y nosotros estamos muy atrasados en ese aspecto. Tenemos que empezar a alfabetizar al pueblo cubano en estos temas, que empiecen a conocer sus herramientas para hacer vida social a partir de las tecnologías. De cierto modo la conexión Punto cu lo logra. Los que navegan por estos softwares pueden interactuar en tiempo real, chatear, compartir archivos de audio e imagen. No pretendemos sustituir nada, sino ampliar las posibilidades al público”.

Sin embargo, esta idea no fructifica al ciento por ciento, pues en reiteradas ocasiones las bajas prestaciones de los servidores, limitados por su obsolescencia y las dificultades de actualizarlos tecnológicamente en gran medida por el bloqueo norteamericano, facilitan que se “caiga” la red o que no funcione de manera estable.

En septiembre del año pasado los Joven Club lanzaron de forma experimental la plataforma de blog Reflejos, con alcance nacional, y la red social llamada La Tendedera, por ahora solo en sus instituciones. Según el personal del Proyecto Cuba va, la aceptación de los mismos “ha sido bastante buena”, aunque cuentan con la limitante de que solo se puede llegar a ellos a través de sus centros.

Poco después, La tendedera se preciaba de tener seis mil usuarios, y Reflejos operaba 395 bitácoras blogueras de forma permanente, con tendencia al crecimiento. Juan Manuel Menéndez, desarrollador principal de dicha plataforma, reveló que este software social permite a los usuarios crear su propio espacio sin necesidad de saber programar: “Con pocos clic uno puede configurar la web según sus preferencias y gustos personales. Contamos con blogs de deportes, cultura, música…”.

Por otro lado, el también programador de Cuba va, Yury García, adelanta que se está trabajando en un sitio llamado El estanquillo, en el cual el usuario podrá adquirir revistas y periódicos de factura nacional e internacional, en su versión digital.

Evima: La industria nacional de videojuegos

El Proyecto Cuba va produce softwares alternativos a las redes internacionales

El Proyecto Cuba va está encargado de producir softwares alternativos a redes internacionales existentes, como Facebook. (Crédito: Archivo de BOHEMIA)

Para satisfacer a miles de niños y jóvenes amantes de los juegos, desde 2005 los Joven Club potencian el grupo Evima (Estudio de Videojuegos y Materiales Audiovisuales), que cuenta entre sus filas con guionistas, analistas, diseñadores, animadores, modeladores, aseguradores de calidad y el equipo de audiovisuales, encargado de las cinemáticas y el sonido.

Este grupo de expertos ha logrado crear hasta la fecha cuatro videojuegos didácticos, que ya se encuentran en todos los Joven Club y, dicen sus creadores, a los niños le ha gustado mucho.

Gesta final, Comando pintura, Los bumbots y Beisbolito. Ahora nos centramos en otros como Fernanda y El capitán Plin. No los hemos terminado, pero sus demos ya los pusimos a disposición del público”, argumenta Wendy Wong Iglesias, especialista general del grupo. “Los juegos hechos en Cuba crean gran expectativa, porque la gente quiere ver qué somos capaces de hacer”.

Pero esta industria demanda máquinas bien potentes para obtener un resultado satisfactorio. “Las condiciones técnicas existentes no son las mejores”, valora Ramsés Fernández Martínez, modelador de 3D. Por eso, creo que debemos cobrar nuestros servicios para hacerlos sostenibles y modernizarnos a la par del mundo. Esa sería la única solución para no fallecer”.


Toni Pradas

 
Toni Pradas