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Publicado el 16 Marzo, 2015 por Liset García Rodríguez en En Cuba
 
 

PODER POPULAR

La voz cantante de los delegados

Por LISET GARCÍA

En cada barrio se debe propiciar la participación de los vecinos.

En cada barrio se debe propiciar la participación de los vecinos.
(Foto: MARTHA VECINO)

“Es un privilegio ser delegado cuando se entiende que somos servidores públicos. Algunos tienen gran capacidad de trabajo, conocimientos, preparación, y entregan su tiempo libre a la población. Sienten que verdaderamente son líderes de la comunidad, porque los ciudadanos los siguen. Pero hay muchos que no quieren ser delegados teniendo condiciones para ello. Entonces, a quién se propone: ¿al revolucionario que tiene condiciones para cualquier tarea menos para delegado?”. Así comenzó un debate recientemente realizado entre delegados de circunscripción del occidente cubano.

Fue promovido por la Asamblea Nacional, nuestro Parlamento, a propósito de un estudio que llevaron a cabo en todo el país, en cumplimiento de lo acordado en el VI Congreso del Partido, el cual recomendó “evaluar las dificultades funcionales y organizativas, tanto de los órganos representativos como los de carácter administrativo en los niveles provinciales y municipales”.

Miriam Brito Sarroca, secretaria de la Asamblea Nacional del Poder Popular.

Miriam Brito Sarroca, secretaria de la Asamblea Nacional del Poder Popular, apuntó que el pueblo espera un cambio, una respuesta, y que corresponde estar a la altura de ese llamado.
(Foto: TONY HERNÁNDEZ)

En aras de “jerarquizar la autoridad de las Asambleas Locales del Poder Popular”, el reclamo incluye “variar procedimientos, términos legales y realizar otras adecuaciones en nuestro sistema electoral, sobre la base de los principios esenciales que lo sustentan y demuestran su carácter democrático y participativo”.

El debate realizado en el occidente estuvo precedido por otros, en el centro y el oriente, en los que igualmente se analizaron las opiniones aportadas por más del 80 por ciento de los delegados de toda la nación, quienes previamente habían respondido un amplio cuestionario acerca de su quehacer. Una representación de todos ellos participó en dichos encuentros territoriales.

La mayoría considera que el problema fundamental es la preparación de los delegados y su desconocimiento de la ley. Hay quienes opinan que muchos inician su labor muy motivados, pero chocan con que hay que ir dos o tres veces a ver a un directivo que no los recibe por disímiles motivos, y el trabajo se vuelve muy desgastador. Lo aseguró Mayelín González, delegada en el municipio de Colón, en Matanzas.

Otros criterios relacionados con la preparación de los delegados expusieron Gloria Álvarez, del municipio de Madruga; Gipsia Morales, de San Antonio de los Baños, ambas en Mayabeque; y Miguel Enrique Martell, de Caimito, en Artemisa.

“Hay que lograr que los delegados tengan condiciones de hacer un análisis económico del municipio. No puede ser un servidor público si no conoce de qué se está hablando, y si no está preparado para tomar decisiones, aunque sean muy revolucionarios”, apunta Gloria.

“Cualquier análisis tiene que partir del delegado”, opina Gipsia. “Esa persona tiene que ser idónea. Es difícil su labor, pero es lo más democrático que existe. Tiene que aprender a movilizar a la población para que le informe si el pan no tiene calidad, si el consultorio no abrió en tiempo, si alguien fue maltratado por un directivo. También hay que enseñar y educar a los ciudadanos a combatir. Oír al pueblo para que pueda ejercer el poder”.

toledo-santander-asuntos-juridicos-2Al profundizar en este aspecto, Martell, también diputado, puntualiza que “si el directivo se da cuenta de que el delegado no está preparado, ‘lo duerme’. Hay directores que manejan datos y tienen que sentir que su interlocutor tiene hierros para intercambiar. Información actualizada, veraz, objetiva, completa, hace falta para eso. Cuando no la tiene se lesiona la credibilidad del delegado…”.

Esa autoridad otorgada por la Constitución, añadió, se lastima también cuando un bache u otro problema se resuelve porque se publica en un periódico. “El ciento por ciento de las veces está implicado el mismo funcionario que dijo a los delegados que no se podía resolver. A ese administrativo le tiene que pasar algo. Porque si no había recursos, de pronto no pueden aparecer”.

Puntualizó que el sistema del Poder Popular tiene que ser capaz de garantizar la democracia, pero se necesita que los problemas estructurales, funcionales y organizativos se resuelvan. “Sucede que hay muchos delegados que transmiten en diferentes frecuencias, no halan parejo y al final repercute en su credibilidad y en la confianza que debe tenerles el pueblo”.

Derechos y deberes

El delegado está para que el ciudadano gobierne a través de él, sostiene el experto Jesús García.  (Foto: GILBERTO RABASSA)

El delegado está para que el ciudadano gobierne a través de él, sostiene el experto Jesús García.
(Foto: GILBERTO RABASSA)

Otro delegado, de Marianao, José Luis Muñoz Quian, opinó que cuando, en 1992, desapareció la figura del Comité Ejecutivo, fue un golpe. Quienes integraban ese órgano eran elegidos y sentían más. Ahora en el Consejo de la Administración son nueve, solo dos elegidos, y logran menos.

“Al gobierno hay que dejarlo gobernar. Me parece que debe terminarse de separar el poder legislativo del poder administrativo para que se refuerce la autoridad del delegado. A menudo hay que ir siete veces a una empresa, y los ciudadanos tienen que ir 30 y no resuelven nada. Es muy duro que cuando se cita a un director a una rendición de cuenta no asiste, y, si acaso, manda a uno con guayabera y cuatro plumas en el bolsillo, que no tiene poder de decisión. No sé para qué piden con dos meses de anticipación la programación de las asambleas, y después dicen que no pueden asistir”.

Una pregunta que siempre se hace este hombre de casi tres décadas en esa función es por qué hay delegados provinciales y diputados que no asisten a las sesiones de las asambleas por donde fueron elegidos. Durante las elecciones van a los recorridos, pero “con los problemas de la gente los delegados estamos solos”.

También dijo que les dan tareas que “no nos competen, que si el niño no va a la escuela, que si el CDR no entregó la cotización… La transformación hay que hacerla para que sea popular el poder”.

Adela Chacón, de la Isla de la Juventud, opina que no deben profesionalizarse. “No me gustaría dejar de hacer mi trabajo. Habría que legislar que tenga aunque sea dos días al mes para hacer su labor como delegados, y despojarse del absurdo de que si falta a su trabajo pierde la estimulación en divisas, como si trabajar para el pueblo no fuera trabajo”.

Un tema esbozado por Gloria, de Madruga, versa en torno a que quienes trabajan necesitan tener el respaldo de su administración para que les facilite salir a hacer gestiones. “Otro problema es la falta de reconocimiento. ¿Cuándo recibimos una carta reconociendo nuestro trabajo en el barrio?”.

Al insistir en los obstáculos que tienen para cumplir con sus tareas, Eduardo González, de Plaza de la Revolución, refirió que en el artículo 87 de la Constitución se plantea que todos los órganos y empresas estatales están obligados a facilitar su labor a los diputados. Y en el caso de los delegados la formulación es diferente, al decir que deberán coordinar sus funciones con sus tareas habituales. En fin, que no hay respaldo.

El delegado no puede trabajar como ente aislado. Para cumplir con la misión de control y fiscalización que le atribuye la Constitución, hay que facilitarle que la haga y necesita ser respaldado por el presidente de su Asamblea. Cuando sucede así, se apoya su labor y se le exige al directivo, se eleva su autoridad.

Paulina Hernández, de La Habana Vieja.

-Acerca del tiempo que debe extenderse el mandato de los delegados, Paulina Hernández, de La Habana Vieja, opinó que esos términos los da el mérito y la capacidad, y si el pueblo los elige. (Foto: TONY HERNÁNDEZ)

Paulina Hernández, de La Habana Vieja, reflexiona en torno a lo que está fallando. Cuando en las asambleas se pelea y se toman acuerdos, eso va al acta. ¿Las leen en la provincia? ¿Qué se hace en esas situaciones? ¿Qué pasa cuando las entidades violan los términos? ¿El consejo popular está apoyando al delegado o lo tiene de mandadero?
También se pregunta por qué los diputados no van a las sesiones de su Asamblea Municipal. “Vienen de otro territorio y no tienen compromiso con ese lugar”, enfatiza.

“En el Poder Popular hay que hacer ajustes, aunque los cambios de estructura no resuelven por sí solos; hace falta cambiar la mentalidad”. Ello explica, según su opinión, que los problemas se discutan de un modo en un lugar, y con la misma estructura y regulaciones, en otro se discute diferente. “Es que depende de quiénes están ahí y cómo quieran trabajar desde su interpretación de las normas. Y habría que ver en verdad qué delegado conviene: el que pelea o el que se queda callado y no le mueve el piso a nadie”.

Por su parte, Gerardo Hernández (Pupi), presidente del consejo popular de Las Guásimas-Managua, razona que si es la Asamblea la que aprueba a los directores, y están subordinados, por tanto, a los delegados, por qué no vamos al Consejo de la Administración a exigir por los términos de las respuestas. “Si no funcionan bien, ¿quiénes son responsables? Nosotros”, se respondió.

“Los presidentes de la Asamblea no siempre juegan su papel y tampoco exigen a los directivos como debe ser. El delegado que deja que lo pongan a repartir calderos, o el que manda a un vicepresidente al policlínico a dirigir la campaña del mosquito, no cumple bien su función. ¿Quién hace las tareas del vicepresidente? Y al del policlínico, ¿quién le exige? Si cada cual cumple su papel, hay cosas que no pasarían”.

Rendir cuenta

Hay que explicar a los electores que nosotros no administramos, dijo Gipsia. “Rendimos cuenta de la gestión, y tenemos que hacer notar lo que hicimos en función de las respuestas. Hacernos acompañar de los pobladores es útil, y si logramos que la presidencia se meta y el delegado insiste e insiste, el problema se encamina. En Mayabeque ya el presidente no es juez y parte, y exige como corresponde, y cuando eso pasa se siente el respaldo y se eleva la autoridad.

-. Roger Cabrera, delegado de Ciénaga de Zapata

Tiene que correrte la circunscripción por la sangre y fajarte por ella, aseveró el delegado de Ciénaga de Zapata Roger Cabrera.
(Foto: TONY HERNÁNDEZ)

“El despacho necesita tiempo, y también la atención a la población, que se da a veces en plena calle. Igual que el trabajo en las comisiones. Pero el delegado, a su vez, se tiene que sentir reconocido, no porque trabajemos para eso, ni queramos que nos den una casa en la playa”.

Pedro Esquivel, diputado por Cotorro, opina que los delegados que más persiguen las respuestas a los planteamientos son los que más resultados tienen, y a la hora de rendir cuenta tienen más éxito. “Pero, dejamos de ser sistemáticos, dejamos de controlar, porque no hacemos lo que nos toca. También sucede que hay delegados que no asisten a la preparación; eso los pone en desventaja y después la imagen que proyectan no es la adecuada”.

Roger Cabrera, de la Ciénaga de Zapata, aseveró que su compromiso es con el pueblo, por eso echa pelea. “Recibimos un curso de cómo hacer este trabajo. He logrado que mis reuniones sean masivas y que mi presidenta me oiga siempre. Hay que hacerse respetar pidiendo cuentas de lo que anda mal, sin contemplaciones. La circunscripción tiene que correr por la sangre y hay que fajarse por ella”.

La ley y sus herramientas

María Isabel Fernández, presidenta de un consejo popular en Pinar del Río, apuntó que no se podrá escribir la historia del país sin hablar del Poder Popular, pero “en las nuevas condiciones históricas podemos mejorar lo que hemos hecho hasta aquí. Hay confusiones con respecto a la Ley 91. Nos da herramientas, pero hacen falta especificaciones que nos aclaren exactamente qué hacer”.

Con respecto a la asistencia de los electores a las asambleas, sostuvo que más importante que los números que se reporten es la motivación a asistir. Si se habla de la embarazada que debe estar ingresada, del anciano solo que necesita ayuda, de la familia disfuncional que hay que atender, los electores que ven sus problemas reflejados se motivan y concurren.

Enrique Betancourt, de Perico, en Matanzas, habló de cómo deben funcionar las comisiones permanentes de trabajo. “Sus informes deben ser críticos y profundos, si queremos que el debate de la Asamblea tenga calidad. Para ello, los presidentes de comisiones deben ser profesionales. Si se les pasa la mano a los administrativos la Asamblea no cumple su función. Los problemas tienen fecha de vencimiento, y hay que darles seguimiento. No hay otro modo de echarle leña a la Asamblea”.

El diputado Juan Carlos Rodríguez, de Pinar del Río, acotó que ese delegado enaltecido en la Constitución debe ganar jurídicamente hablando. Es el primer gladiador político, el que más pegado está a la tierra, como dijo Raúl. De ahí que las Asambleas tengan que ser públicas, acotó.

“Este país, que ha legislado en la manigua, en campaña, tiene que pensar en socializar lo que se discute, a través de emisoras de radio, o como sea, y lograr que la gente participe. Si las urnas las custodian los pioneros, ¿por qué no se puede hacer una Asamblea en un parque? Eso se debe hacer. Este es un pueblo de gran nivel. Tomar esa decisión refuerza la credibilidad, la institucionalidad y nuestro proyecto de nación”.

Debate nacional
De los 14 mil 537 delegados de todo el territorio nacional asistieron a las sesiones de discusión sobre el Poder Popular más de 12 mil 800, para el 88.2 por ciento. El estudio de las opiniones recogidas acerca del funcionamiento de los órganos de gobierno arrojó problemas, que entre otros son: baja asistencia a sesiones de las Asambleas, comisiones permanentes de trabajo y, aunque en menor medida, a los consejos populares. Inciden en las ausencias las dificultades para el traslado de las zonas rurales a la cabecera municipal.
Para facilitar la asistencia, las comisiones se reúnen el mismo día o el día antes de la Asamblea, pero hay delegados que priorizan la sesión y no van a la comisión. No siempre hay participación activa en el trabajo de control y fiscalización de las comisiones permanentes y los consejos populares, aunque en estos últimos se desarrolla en mayor magnitud. Se realizan escasas actividades y muchas no tienen la profundidad requerida. Al respecto se planteó que la limitación de tiempo fuera de la jornada laboral es un factor negativo para que colectivamente se cumplan los objetivos trazados; además, en determinadas situaciones falta preparación. Se suma que tampoco son suficientes las acciones de control y fiscalización realizadas por los presidentes de consejos populares. Todo ello, unido a la poca convocatoria, puede influir en la insuficiente participación de la población.
Predominó el criterio de que los electores no asisten a los despachos por no estar convencidos de su utilidad, además de que se considera que los delegados ofrecen atención en cualquier sitio y a cualquier hora. No obstante, hubo pronunciamientos relacionados con otras deficiencias como: escasa divulgación de dónde y cuándo son los despachos, no se registran los planteamientos formulados en ellos, y su bajo nivel de solución.
Asimismo se considera que la información mensual a la secretaría de las asambleas sobre los planteamientos hechos en los despachos es mero trámite burocrático, pues no hacen nada con ellas.
Sobre las reuniones del delegado con los factores de la circunscripción se opinó que en muchos lugares no se están realizando, sobre todo en las zonas urbanas, por ausencia de representantes de las organizaciones de masas, cuya plantilla está incompleta.
En cuanto al reporte de asistencia de los electores a las reuniones de rendición de cuenta se recogieron propuestas de que se estudien otras formas de medirla, pues se planteó que es bastante irreal: se calcula a partir de la cifra de electores al inicio del mandato, totales que hace falta actualizar para excluir a los fallecidos, los que cumplen misiones, los que ya no viven en la circunscripción, y otros que asisten el día de la votación y tienen residencia en otros lugares.
Al pronunciarse sobre las causas de la inasistencia de los vecinos a esas reuniones, se refirieron a la necesidad de prepararlas mejor, a que las organizaciones no desempeñan su papel movilizador, no se realizan las citaciones con suficiente antelación, la divulgación del proceso es muy pobre, además de la no solución de los planteamientos.
Se coincidió en que los administrativos tienen que visitar con sistematicidad las áreas de las circunscripciones para que se interesen por los problemas y proyecten cómo resolverlos, y no esperar que sea el delegado quien los mantenga informados.
También se convergió en la propuesta de reglamentar con precisión acerca del apoyo que deben recibir los delegados de la administración de sus centros laborales, para el cumplimiento de sus funciones.
Aunque fueron diversos los juicios, prevaleció la idea de extender a cinco años el mandato de los delegados a las Asambleas Municipales, para que alcancen mayor madurez, preparación y experiencia, evitar gastos al país y consolidar más el trabajo de las comisiones permanentes y de los consejos populares. En correspondencia con esa idea se sugirió ampliar el plazo entre un proceso de rendición de cuenta y otro, pues con ello se reducirían muchos planteamientos que se repiten.

 


Liset García Rodríguez

 
Liset García Rodríguez