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Publicado el 5 Enero, 2016 por Toni Pradas en En Cuba
 
 

WI-FI: Privadamente público

(Foto: MARTHA VECINO ULLOA)

(Foto: MARTHA VECINO ULLOA)

Por ARIEL TRUJILLO, ERNESTO LARA y TONI PRADAS

Las islas del archipiélago cubano han tenido mala pata con Internet. Justo cuando se abría el negocio de la red para el mundo, los cubanos despertaban con la caída del socialismo. La crisis, arreciada a garrotazos por el bloqueo norteamericano, ahuyentaba el sueño de la conectividad con el globo. Incluso después de 1996, cuando los Estados Unidos, dueños de esa red de redes, autorizaron al país la conexión con el hoy risible ancho de banda de 64 kilobits por segundo.

El Gobierno reservó la macilenta oportunidad para utilizarla en lo que considera más importante, cuando de información se trata: el desarrollo científico, médico y educacional.

Más adelante se ampliaron los anchos de banda internacionales así como la infraestructura de la Empresa de Telecomunicaciones de Cuba S.A. (Etecsa), que permitió diversificar el servicio.

En agosto de 2012 comenzó a operar el sistema de telecomunicaciones Alba-1, un cable submarino de fibra óptica que enlaza a Cuba con Venezuela y Jamaica. Así, el país conseguía estar en condiciones para ampliar la conexión a Internet y acelerar la informatización de su sociedad, bastante a la zaga en el mapamundi binario.

De tal suerte, en 2013 se inició el servicio comercial Nauta, de conectividad desde salas de navegación de acceso colectivo, 118 en la actualidad. Para entonces ya existían otras instalaciones (hoy son más de 600) con conexión a Internet mediante la tecnología Wi-Fi, como hoteles y aeropuertos.

A finales de los 90, se creó una asociación que en 2003 pasó a llamarse Wi-Fi Alliance (nombre puramente comercial), cuyo objetivo era fomentar un sistema de envío de datos sobre redes computacionales que, en lugar de cables, utiliza ondas de radio.

A mediados de 2015 comenzaron a proliferar en varias ciudades cubanas áreas abiertas con conexión a la red de redes mediante tecnología Wi-Fi. Allí las personas llegan para engancharse de tal manera que en la actualidad ocurren, como promedio, alrededor de 4 000 conexiones simultáneas en las horas de mayor demanda.

Para los usuarios de la plataforma Nauta, Etecsa brinda dos tipos de cuenta que sirven tanto para las salas de navegación como para las áreas Wi-Fi. Su costo es de dos pesos convertibles la hora.

Las cuentas temporales son de media hora y una hora, tiempo que debe ser consumido en 30 días. Y aunque están pensadas para quienes están de paso por la nación, la mayoría de los clientes cubanos prefiere la cuenta temporal.

Así se pierden algunas ventajas que ofrece la cuenta permanente.  Una de estas es que el cliente puede poner y cambiar un nombre y contraseña a su cuenta, mientras en la temporal el acceso ocurre tipiando un número muy largo que no es posible recordar.

La permanente expira luego de 330 días y se puede reactivar desde 50 centavos de recarga directa, o por bonos que se adquieren en los más de 400 puntos de Etecsa y en otras instalaciones. Si existen ofertas comerciales, se puede recargar desde el exterior.

También se pueden comprar bonos a uno de los 25 mil agentes de telecomunicaciones que hay en Cuba (más de 4 mil ya comercializan la recarga). Empero, valdría la pena estudiar por qué este trabajador por cuenta propia no puede vender fuera del lugar que declaró como su punto de venta, aunque viva frente a una zona Wi-Fi.

Líder mundial en redes inalámbricas junto a la norteamericana Cisco Systems. La firma china Huawei es la suministradora de las antenas que se están instalando para conectar al cliente. Estas realizan roaming entre ellas, es decir, se puede caminar de un área a otra contigua sin perder la conexión, pues la señal “salta” de una antena a la otra. También realizan balance de carga: si dos antenas reciben la señal de un mismo usuario con igual intensidad, el sistema inteligente la despacha hacia la menos ocupada de estas.

Las áreas Wi-Fi de las islas cubanas suelen estar atestadas. Es que en el mundo los wifinautas acuden a estas para consultar un asunto: a qué hora sale el avión, dónde recibir un servicio… Pero en Cuba, como no tienen posibilidad aún de conectarse en casa, van al área pública. Y tras ellos, con su olfato pesquisidor, BOHEMIA.

Las áreas Wi-Fi se eligieron teniendo en cuenta que los jóvenes están más cercanos a este tipo de tecnologías. Sin embargo, el servicio ha tenido la aceptación de todas las edades. (Foto: JORGE LUIS SÁNCHEZ RIVERA)

Las áreas Wi-Fi se eligieron teniendo en cuenta que los jóvenes están más cercanos a este tipo de tecnologías. Sin embargo, el servicio ha tenido la aceptación de todas las edades. (Foto: JORGE LUIS SÁNCHEZ RIVERA)

Pantallas con voces, euforia inminente

El nuevo servicio devuelve alegrías y malhumores

Es jueves por la noche y no es raro que el parque Calixto García esté colmado de holguineros. Muchos deciden ir a conectarse a pesar de la lluvia de hace unos instantes. Parejas, familiares de distintas edades, grupos de amigos; todos tienen un objetivo similar: socializar a través de la red de redes.

“Nos hemos conectado otras veces para hablar con mi hermana y mi sobrino”, dice a BOHEMIA Ángel Ochoa, quien está en compañía de su hija. “Es una ventaja porque, aunque la imagen se congela, podemos ver a los familiares por un costo más barato que el de una llamada por teléfono. Aun así, el servicio sigue siendo caro y venimos toda la familia de una vez. A veces somos cinco o seis y hablamos un poquito cada uno, pero tampoco se puede decir todo lo que uno quisiera porque estamos en el parque”.

En la esquina contigua, unos cinco jóvenes que no pasan de los 23 años conversan de pie, al tiempo que miran sus celulares. “Hace un rato hablé con mi hermana por el IMO”, comenta Alejandro, mientras ayuda a uno de sus colegas a crearse una cuenta en Facebook. “También bajamos aplicaciones; yo ayudo a que otros actualicen su versión de Android”.

Luego de realizar un sondeo por varias provincias, se puede afirmar que los clientes usan principalmente IMO y Facebook, además de otros sitios y aplicaciones como Messenger, WhatsApp, Twitter, Youtube y Google. La mayor motivación de los usuarios es la necesidad de comunicarse con sus familiares, unida a la curiosidad que despiertan estas nuevas tecnologías.

Por otro lado, se halla que el consumo de información está esporádicamente asociado a la ampliación del acervo cultural de los clientes. Son los estudiantes universitarios quienes más buscan contenidos didácticos. Asimismo, se constató que algunos jóvenes consultan contenidos informativos por interés personal. Es el caso del santiaguero Yunior Ramírez, cuya pasión es la telefonía móvil, o del camagüeyano Darío, quien confiesa su afición por el fútbol.

Desconectar conectados

Tanto la Plaza de Marte como el parque Céspedes han cambiado las rutinas de Santiago de Cuba. Ya es una distracción salir en las noches para “desconectar” on-line. Si sales con los amigos no importa si no tienes tarjeta, con una sola basta.

La Wi-Fi puede llegar a ser solo una excusa. Mientras un colega navega por los entresijos de la red telemática, el resto puede hacer disímiles cosas: contar anécdotas, coquetear con la muchacha de enfrente. Pedirle su número telefónico ya no es la única alternativa: con preguntarle su nombre se puede buscar en Facebook, enviarle una solicitud de amistad, lanzarle piropos y hasta arriesgarse con una “propuesta indecente”: total, en caso de rechazo no tendría mucho que perder, lo peor sería una estocada cuerpo a cuerpo.

Lianna de la Caridad, santiaguera y estudiante de Derecho, comenta mientras desactiva su conexión, la gran ventaja que ha supuesto para ella poder buscar bibliografía adicional para su aprendizaje. Por su parte, Yunior Ramírez se lamenta por no tener un lugar más cercano a su casa para conectarse. “Mi familia vive en un país con muchas horas de diferencia, conectarme a las 12 de la noche sería perfecto, ojalá este parque me quedara más cerca”.

Friedrich Deussen, un turista alemán que recorre junto a su esposa el centro histórico de Santiago, señala: “Es fantástica la Wi-Fi en Cuba. Estuve hace dos años atrás y conectarme me fue muy difícil, porque tenía que ser en los hoteles y era bastante costoso y lento. Creo que si los jóvenes de mi país supieran de esta nueva oferta, seguro vendrían más, ya que necesitan de esta tecnología”.

En Camagüey, específicamente en la Plaza del Gallo, otro extranjero también expresa su satisfacción: “Soy palestino y estudio Medicina en Cuba desde hace cinco años. Ahora me conecto más seguido, hablo con mis familiares y me entero de la situación difícil de mi país. Me avisaron hace poco que un vecino nuestro chocó con el enemigo y fue llevado a Urgencias. Entonces pude comunicarme por aquí con el muchacho y enterarme de que estaba bien”.

Sábado, 2:00 p.m., Parque de los Framboyanes, Santa Clara. Mientras César David se conecta por cuarta vez en la semana, en el banco de al lado, Adalis García y su madre, Hilda Díaz, acuden con grandes expectativas para comunicarse con la otra mitad de su familia en el exterior, luego de años sin conversar. En la esquina venden flores dos muchachas que ni siquiera saben qué es el programa de comunicaciones IMO.

Adalis comenta que recarga su cuenta cuando tiene posibilidades. Utiliza mayormente el WhatsApp, pues por esa vía chatea y recibe rápidamente fotos, audios, y videos. Por su parte, César David confiesa ponerse muy contento cuando se comunica con amigos que no ve desde hace mucho tiempo.

Melisa Sánchez es una joven holguinera de 16 años. Su padre trabaja como médico en el exterior y no se ven desde hace tres meses. Hoy es la primera vez que Melisa se conecta y asegura que el tiempo no le alcanza para decirle todo lo que quisiera. Sentada a su lado, la madre advierte que no está allí para supervisarla, sino para disfrutar del ambiente de su ciudad, de cuyos parques dice sentirse enamorada. “Solo me molesta que las personas estén el día entero al sol o tiradas en las aceras”.

Donde todo se complica

En La Habana, un sábado al anochecer puede ser sinónimo de Vedado. La calle 23 es el bulevar preferido por la juventud, con el permiso de San Rafael y Obispo. Coppelia y el Yara son las esquinas calientes. Los wiferos no tienen reparo en ubicarse en cualquier sitio. Da lo mismo en muros, que en escaleras de edificios, lo más importante es tener sombra y buena conexión.

En el parque Fe del Valle, en Centro Habana, el panorama es parecido. Los contenes sirven de asientos, ocupar un banco es solo para afortunados. Los revendedores de siempre ahora comparten sitio con los nuevos “asesores tecnológicos”, que aprovechan las largas colas de Etecsa. El ruido y la algarabía son los ingredientes principales para el ajiaco que allí se cocina. Algunos aprietan bien los manos-libres al oído, luego gritan fuerte para asegurarse de ser escuchados al otro lado de los móviles.

En el otro extremo de la Isla, en Holguín, con la mirada fija en la pantalla y cara de decepción, Yamilé Sanjuán lleva rato tratando de conectarse. Es la tercera vez que lo intenta sin tener éxito. Por eso busca a un amigo para que la ayude.

La Alameda, en Santiago de Cuba.

La Alameda, en Santiago de Cuba, es ejemplo de un buen lugar habilitado como zona Wi-Fi. (Foto: JORGE LUIS SÁNCHEZ RIVERA)

En el vecino Parque de las Flores, una multitud se sienta a lo largo de los escalones, de frente hacia la luz de la calle. “Hay poca iluminación y las personas con las que hablas no te pueden ver la cara. Prefiero no ir al parque Calixto García porque la conexión es más mala allá y hay mucha gente ahora”, expresa Niura Suárez.

José Ramón Chávez y Claudia María Aguilera emiten una opinión que comparte la mayoría de los entrevistados en todas las provincias: “Entrar al portal Nauta se demora a veces cinco minutos, a veces ni lo logras o es más rápido; la conexión se nos ha caído varias veces. Con el IMO se entrecortan la imagen y la voz, así que preferimos escribir por Facebook”.

En Santa Clara, señaló una estudiante de Medicina: “en el parque de Los Framboyanes es menos complicado que en el parque Vidal. No sé si será por el número de personas, pero en el Vidal tengo que caminar y moverme, acá me sale rápido la página y no se me cae la conexión”. Sin embargo, el chico de al lado sí dice haber experimentado complicaciones en ese sentido: “Parece que este teléfono tiene dificultades”, refunfuña.

Qué necesarias son las tarjetas

“¿Revendedores? Sí, hay algunos”, dice uno de los wiferos de Holguín. “Yo no he visto ninguno”, indica el villaclareño César. A través del sondeo y la observación participante, este equipo periodístico pudo comprobar que, a diferencia de La Habana, en otras provincias los revendedores no son una estampa tan habitual.

Etecsa no se queda de brazos cruzados y traza estrategias con el fin de mejorar la compra-venta de cupones. Tales son los casos de Holguín y Camagüey: “Cuando a las personas se les acaba la tarjeta, tienen dónde comprarla con los agentes de telecomunicaciones que hay alrededor del Calixto García. Recientemente hicimos un contrato con Cimex para que se vendan en tres cafeterías que trabajan en horarios nocturnos”, sostiene Ileana Fernández, relacionista pública de la telefónica en la Ciudad de los Parques. Sin embargo, los usuarios desconocían tales ventajas en el momento de la encuesta, por lo que se apresuraron a condenar las extensas colas de los telepuntos.

De acuerdo con Marta Alonso, de un taller de reparación de celulares en Camagüey, “en los parques revenden a tres pesos. Compran muchos extranjeros y cubanos que por la urgencia se les acaba el tiempo y necesitan más”.


Primeros impactos

Mientras los usuarios en el ciberespacio amplían su nivel y universo cultural o simplemente participan en las redes sociales, cuando besan virtualmente a sus familiares o se reencuentran con viejos amigos, el profesor de Sociología de la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de Oriente, Yasser Brin Pérez, con el índice en la sien, cavila sobre el nuevo fenómeno.

“Uno de los aspectos que me gustaría separar es la interacción que se produce entre diferentes personas que no se conocen y que comparten un mismo objetivo y necesidad, y le preguntan al de al lado cómo hacer determinadas cosas en el dispositivo móvil una vez conectado”, medita. “Se han ido conformando grupos informales que muchas veces coinciden en los puntos de conexión, es decir, se han ido conformando grupos sociales informales”.

En tanto, su colega de la misma Facultad, Viviana Fernández Diéguez, advierte sobre la privacidad: “Muchas personas en un pequeño espacio traen como consecuencia que no se pueda establecer una comunicación íntima con quien te estás comunicando”.

No lejos de los sociólogos, el presidente de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (Uneac) en el territorio santiaguero, Rodulfo Vaillant García, piensa que el cubano, “quizás traumatizado por la implementación tardía de estas tecnologías, no se da cuenta de que ese servicio puede contribuir al enriquecimiento profesional y cultural; el uso que se le está dando es coyuntural y se ha limitado a conversar con el hermano, el amigo. Es decir, ha limitado las posibilidades que ofrece la conexión”.

Y acota: “Es muy pronto aún, pero podríamos decir que quizás este nuevo servicio ha puesto en evidencia algunas diferencias entre las personas que pueden pagarlo y las que no, teniendo en cuenta sus costos”.


 

 

Internet “a pululu”

Para llevar a efectos el servicio fue preciso cumplir algunos requisitos. Otros se requieren para continuar la prestación

Mario González Castillo, coordinador del grupo Wi-Fi en la provincia de Camagüey

El objetivo del proyecto es implementar en el país el acceso a Internet de forma masiva, afirma Mario González Castillo, coordinador del grupo Wi-Fi en la provincia de Camagüey. (Foto: JORGE LUIS SÁNCHEZ RIVERA)

Cuenta Mario González Castillo, coordinador del grupo Wi-Fi en la provincia de Camagüey, que el objetivo del proyecto es implementar en el país el acceso a Internet de forma masiva. Internet “a pululu”, podría parafrasearse una expresión de moda en estos días, nacida de un personaje humorístico que como mismo ese servicio, despertó tras un largo coma.

Lápiz en mano, estrategas, comercializadores y técnicos coincidieron en que los lugares a elegir para instaurar la oferta deberían de tener, sea cual fuera el rincón de la Isla, un flujo masivo de personas, a la vez dónde sentarse, iluminación por la noche y un poco de sombra para las horas de insoportable sol.

Y si estas no las tenían, había que crear esas facilidades con el concurso de varios organismos territoriales, del Estado y las organizaciones sociales, así como garantizar la llegada de la fibra óptica y la seguridad física de los dispositivos de conectividad.

Algunas nacieron por la fuerza del uso, aunque no tuvieran las condiciones idóneas. La calle 23 de La Habana hoy tiene cobertura desde L hasta Malecón, pero mucho antes la Unión de Jóvenes Comunistas y RTV Comercial diseñaron un servicio Wi-Fi en el cine Yara para la descarga e intercambio de ficheros. Cuando comenzó la reciente cruzada inalámbrica, Etecsa recibió la sugerencia de esas instituciones, de ampliar el servicio a toda La Rampa.

“En Holguín nos asignaron dos puntos en julio”, recuerda Baudilio González Cuenca, jefe del grupo de soporte en la operación, en esa provincia, la tercera más habitada de la Isla. Entonces se prepararon las condiciones en esas populosas áreas donde los jóvenes son los que más acceden, “ya que son ellos –afirma González– los que más usan las tabletas, móviles y este tipo de tecnología”.

Uno de los afortunados parques holguineros es el Calixto García, muy concurrido y con muchos establecimientos en derredor como la Casa de la Música, El Siboney y otros centros recreativos.

En este y otros lugares seleccionados, como el Parque de las Flores, comenzaron a colocar los puntos de acceso o AP (siglas en inglés), un dispositivo o “antena” que ejerce básicamente funciones de puente entre una red cableada y una red con Wi-Fi, sin hilos. Su colocación a altura y direccionamiento incide en el grado de intensidad o calidad de la conexión que recibirá el cliente, condicionada también, por supuesto, por la ubicación de este dentro del área. En determinadas condiciones climáticas la señal avanza más.

Con similar algoritmo desarrollaron por entonces el proyecto en la segunda ciudad de la nación, Santiago de Cuba, hace memoria Osmel Espinosa Fayad, jefe del grupo de comercialización de la división territorial y coordinador de la conectividad inalámbrica.

El frecuentado Parque Ferreiro, digamos, tiene a tiro de cerbatana el Joven Club de Computación, el preuniversitario, instalaciones gastronómicas de Cimex, las facultades de Medicina, la escuela de instructores de arte y los hoteles Santiago y Las Américas.

También le echaron el ojo, por céntricos, al Parque Céspedes y la Plaza de Marte, y si bien la Alameda está un poco lejos del corazón de la ciudad, tiene su encanto, sobre todo después de su revitalización por los 500 años de la villa.

En Ferreiro, afirma Espinosa Fayad, se pusieron tres antenas, una menos que en la calle 23 de La Habana. Cada AP permite hasta 100 conexiones simultáneas con un ancho de banda de un megabit por segundo (al menos teóricamente).

Esta “garganta” de Internet es bastante estrecha comparada con los estándares de banda ancha más utilizados en buena parte del mundo. Pero sin duda representa un gran salto para Cuba, hasta hace poco confinada al cepo del uso exclusivo de la conectividad satelital, al impedírsele usar los cables submarinos norteamericanos que duermen como serpientes alrededor del archipiélago.

Tanto en el cíber como en la tierra

A la conexión con los AP los usuarios llegan por una de dos frecuencias posibles, según la modernidad del aparato que posea. “La frecuencia 2.4 (la comercial) es con la que se conecta la mayoría”, precisa el coordinador camagüeyano González Castillo, al interrogársele sobre la opinión de muchos que en su ciudad se quejan de no poder entrar al portal Nauta, plataforma cubana de Internet por Wi-Fi.

“Muchos de los dispositivos no poseen la calidad necesaria y tienen bajas prestaciones: depende del terminal”, abunda. “Hay personas con conocimientos que nos dicen que sí es rápido y se puede acceder, y otras que no. El conocimiento influye en eso”.

“Hay cosas que dependen de saber navegar por la red”, medita Mailén Durán, especialista en comunicación institucional de Camagüey. “Pienso que el Ministerio tiene que abogar por que los Joven Club u otras instituciones promuevan también ese tipo de cultura”.

De momento, Etecsa promueve ese entendimiento mediante plegables y otros documentos, pero con información muy básica. A la vez, directivos de la empresa se duelen por que las autoridades e instituciones de los lugares donde está implementándose el Wi-Fi no permiten fijar carteles o pegatinas que ayuden a los clientes.

Sin embargo, no es esa la única acción educativa que clama el nuevo servicio. En Camagüey, la cuarta ciudad más poblada, también apostaron por la habilitación de áreas muy ambuladas. Empezaron por el Parque Agramonte y la Plaza del Gallo, con cuatro AP. La tercera agraciada fue la Plaza de los Trabajadores, con tres.

La casi inexistencia de asientos hace que los usuarios invadan áreas comunes de los edificios y complique el paso de los transeúntes.

Uno de los proyectos principales, el de la calle 23 de La Habana, también es de los más criticados por los vecinos. La casi inexistencia de asientos hace que los usuarios invadan áreas comunes de los edificios y complique el paso de los transeúntes. (Foto: MARTHA VECINO ULLOA)

El Wi-Fi del Parque Agramonte lamentablemente se hizo famoso en octubre cuando un usuario, aparentemente para secuestrar una mejor conectividad, se encaramó en un monumento y lo desprendió de su base. Celosos como son de sus símbolos, los principeños rápidamente restituyeron la pieza al pedestal donde se encontraba desde el 24 de febrero de 1912, pero el mal ya estaba hecho.

Mientras, las autoridades de Santa Clara se han sulfurado porque los internautas del Parque Leoncio Vidal han deteriorado las áreas verdes. En respuesta, han aumentado la cantidad de inspectores y policías en la zona, así como los operarios de Comunales encargados de la limpieza.

“No hay necesidad de invadir la zona verde para conectarse a Internet”, aseguró a la prensa Rafael Diego, directivo de Etecsa en la ciudad. “Es falso que la mayor conectividad se encuentre bajo los árboles, frente al edificio donde están las antenas. Es posible conectar un máximo de 90 usuarios en toda la cuadra, sin embargo muchos eligen la sombra de los árboles y desde luego dañan los jardines”.

David Soler Marchan, subdirector del Centro Provincial de Patrimonio Cultural de Cienfuegos, comentó al colega Sabdiel Batista Díaz y bloguero de Letra Nueva: “La instalación de tecnologías Wi-Fi en territorios con valores patrimoniales debe de tener en cuenta un plan de manejo de esos bienes, pues su implementación genera acciones de comunicación y sociabilización en contextos que requieren de conservación constante y especializada”, afirma.

Multas, cercas y limitaciones tal vez sean efectivas, pero nunca será mejor que apelar a la mayor conciencia ciudadana. ¿O será más difícil conectar con la tierra que con el ciberespacio?

Seguiremos creciendo en salas de navegación y áreas Wi-Fi

Luis Manuel Díaz, director comercial de Etecsa, aborda algunas previsiones que tiene su empresa para 2016

Luis Manuel Díaz, director comercial de Etecsa

En el plan de inversiones de 2016 va a haber un crecimiento de zonas Wi-Fi un poco más acelerado, adelanta Luis Manuel Díaz, director comercial de Etecsa. (Foto: JORGE LUIS SÁNCHEZ RIVERA)

“No hemos renunciado a otras vías de conexión a Internet, pero la forma más asequible que tiene Etecsa y la vía más rápida para avanzar es la preparación de áreas Wi-Fi”, afirma con inusitada sobriedad Luis Manuel Díaz Naranjo, directivo de la telefónica que instala las infraestructuras inalámbricas para el acceso a la infovía.

El discreto encanto de sus silenciosas oficinas en el Centro de Negocios de Miramar, en el oeste de la capital, tiene su contraparte en el hormigueo de decenas de personas que, tres pisos más abajo, en los contenes de la inmobiliaria, chatean con el más allá gracias al mimo tecnológico que les ofrece una antena de Wi-Fi.

Como esta, son cerca de 60 áreas sin hilos que se abrieron en el país desde mediados de 2015. “En el plan de inversiones de 2016 va a haber un crecimiento un poco más acelerado”, asegura Díaz Naranjo, y dice que nacerán con mejores condiciones, como mismo las 19 últimas que se dispusieron entre noviembre y diciembre.

Hay dos maneras de calcular la aceptación. Una, observar que siempre están llenas de clientes esas áreas, como lo constató el equipo de BOHEMIA en decenas de puntos que visitó. Hasta el minuto de nuestra conversación, habían sido vendidas tres millones 342 462 tarjetas temporales, 844 mil 376 cuentas permanentes y dos millones 427 823 recargas a este tipo de cuentas.

-¿Se ha pensado en crear una figura de trabajo por cuenta propia que a manera de cibercafé ofrezca los servicios de conectividad y así reduzca las quejas por la aglomeración de personas en la calle, en los céspedes, bajo el sol?

-Para alcanzar buenas velocidades hay que llegar a ese lugar con fibra óptica y en nuestras casas tenemos cable de cobre, que para una sala de navegación es insuficiente su ancho de banda. Además, el tendido de cobre no puede tener más de un kilómetro y medio de largo desde donde se conecta la fibra, pues baja mucho la calidad de la señal. Por eso, aunque está en estudio, no está aprobada esa modalidad ni sabemos cuándo ocurrirá.

“Llevar la Internet a los hogares es una previsión que ya empezó: se amplió el ancho de banda de la red médica Infomed, lo que permitió que sus clientes de correo electrónico –más de 60 mil–, tengan ahora Internet. Pero es una vía atrasada acceder por módem. Hoy, obtenerlo, es prácticamente como ir a la luna: no solo están muy caros, sino que no se venden y se fabrican a pedido”.

Según el también director de Comunicación Institucional, Etecsa prevé migrar los servicios conmutados hacia módems ADSL, que permiten utilizar la línea telefónica de cobre para transmitir datos a alta velocidad, y a la vez mantienen la transmisión de voz.

De forma gradual, indica, comenzarán a comercializar la Internet en los hogares, lo cual enfrenta hoy por un serio problema financiero. “Son varios millones de dólares de inversión”, advierte.

“Sí está definido seguir creciendo en salas de navegación y áreas Wi-Fi. El objetivo fundamental en 2016 es llegar a todos los municipios, cuando menos a todas las cabeceras.

“Esta es una de las metas que más fácil tiene la empresa, a pesar de tener que adquirir la tecnología, tender miles de kilómetros de fibra óptica hasta esos lugares, garantizar la seguridad para los AP y el respaldo energético para los conmutadores de la red local, así como la tierra física para las descargas eléctricas”.

-¿Y bajarán los precios?

-Me atrevo a decirte que las tarifas en Etecsa a veces obedecen a cierta regulación para poder manejar la demanda. Cuando se abrieron las áreas Wi-FI bajamos de 4.50 a 2.00 CUC la hora.

“Aquel precio se debía a las colas en las salas de navegación. Hoy no hay, pues la gente está emigrando hacia las Wi-Fi, y aunque en aquellas hay aire acondicionado, las personas quieren utilizar las aplicaciones que tienen en sus teléfonos y tabletas, y en las salas no están porque acceden con PC normales. Eso sí: En la medida que se tengan más salas y nuevas áreas, se puede ir bajando el precio”.


 

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Toni Pradas

 
Toni Pradas