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Publicado el 20 octubre, 2016 por Toni Pradas en En Cuba
 
 

Matthew: En el rostro de dolor se dibuja una sonrisa

Trabajadores de Etecsa restablecen el servicioPor TONI PRADAS
Fotos: CLAUDIA RODRÍGUEZ HERRERA

“¡Hipoclorito!”, respondió sin pensar dos veces. “Hipoclorito y medicamentos para los nervios: Nitrazepam, Diazepam, ansiolíticos…”, precisó, tras el mostrador, la sonriente muchacha en la farmacia que está junto al parque de la Independencia, en Baracoa. La preguntona BOHEMIA quería saber qué medicamentos eran los más solicitados luego del paso arrollador del huracán Matthew.

Afortunadamente, el establecimiento fue de los primeros que pudo abrir en la ciudad monumento, ahora devastada. Diez o doce personas atestaban la entrada de la botica, pero sin desorden. Bien vista, su espera era tensa aunque solemne, a pesar del escenario: escombros, ramas, inmuebles desencuadernados o en gran parte ahuecados, como aquellos viejos juguetes chinos de casitas con camitas, sillitas y tacitas.

Los periodistas estaban intrigados por saber qué buscaban los pobladores con tanto afán en la farmacia. La respuesta estaba en el talonario de ventas: Compraban salud, para eludir el peligro de la contaminación de las fuentes de abasto de agua; y obtenían calma, para emprender la ardua tarea de recuperar su villa, refundarla, como 505 años atrás lo hiciera Diego Velázquez de Cuéllar.

En aquellas primeras horas después del shock, a duras penas logró llegar un carro de Etecsa con su antena y su parábola satelital y así sacar de la incomunicación a la primera urbe de Cuba. La fibra óptica, no soterrada en buena parte de la provincia, había sido tijereteada por el meteoro. La inexistente telefonía tuvo que tragarse, una a una, todas las palabras.

Como pollos que buscan el calor bajo el bombillo de la incubadora, decenas de personas se acercaron al oportuno wifi llegado con el carro salvador, para alimentarse del aliento que ahora les brindaban sus familiares mediante celulares.

A esa hora, brigadas de Etecsa y Radio Cuba serpenteaban sitios intrincados para restablecer la televisión y la radio, caídas junto con sus torres; incluso tuvieron que cargar en hombros los trasmisores durante kilómetros, montar sus campamentos a pie de obra y llevar su propia comida, sus recursos, carbón para cocinar…

Picaba el hambre al mediodía y la ciudad, con una variada e inusitada culinaria tenía, si acaso, un modesto restaurante en pie. Mas, los mercados agropecuarios y la red comercial dispusieron de alimentos en conserva, viandas, granos y otros productos traídos desde diferentes partes del país.

La ciudad retoñaba, primero a trancos y gradualmente al galope. De la mano de 33 brigadas integradas por 154 hombres, se saneaba la villa desde el céntrico busto de Hatuey, en el parque, hacia los extremos, más ruidosos estos por la actividad incesante de motosierras y máquinas que recogían el gran desorden anegado en cada calle, para que una escuadrilla de camiones llevara los bienes arrancados hacia un punto del mapa donde enterrar ese dolor.

Dolor como el de Elena Pileta, una señora de 92 años que vive en la calle Flor Crombet, a unos 40 metros del malecón baracoense. Elena tiene 12 hijos, 32 nietos y 18 biznietos, pero la noche de los abanicazos de Matthew estaba sola, bien sola. Con su cara muy hinchada, narra que entonces lavaba una bandeja y sintió un fuerte golpe que le rompió el arco superciliar izquierdo: su techo había sido derribado por los vientos y quizás también con la ayuda del embate del mar, el mismo mar que le abriera un inmenso boquete esquinado al emblemático y romántico hotel La Rusa.

Ubicado a pocos metros de su casa, este hotel fue el centro laboral de Elena durante casi cuatro décadas. Cuenta la doña del esplendor que tuviera el hostal, aunque no quiere recordar mucho. Tras el ciclón, el edificio, cuna de la novela La consagración de la primavera, de Alejo Carpentier, es un lugar fantasmagórico. Pobre Alejo: le rompieron su Baracoa y su Haití de El reino de este mundo.

A falta de edificaciones altas donde cazar una panorámica de la villa, a hurtadillas llegamos al piso superior del inmueble y antes de que nos echara el custodio, pudimos apreciar uno de los escenarios más dantescos que retina alguna pueda resistir: La ciudad parecía bombardeada, gran parte de ella sin cubiertas en las antes simpáticas casas de portales corridos, unas, y de carcomidas maderas, otras. El destechador le llamaron a Matthew, con exactitud, los audaces colegas de la prensa guantanamera.

La gente hormigueaba en aparente calma entre las calles que eran ríos secos e inmóviles de cascajos y gajos. Hasta a Carpentier le sería difícil describir el drama y la ruina provocados por ese huracán; como en aquellas páginas del ciclón que calamitosamente bosquejó en El siglo de las luces.

Hablando de luces –el sistema eléctrico se deterioró casi totalmente en los lugares sentenciados por Matthew–, linieros y electricistas venidos de las provincias de Santiago de Cuba, Guantánamo, Las Tunas y Ciego de Ávila, como un sino, dieron las primeras notas de optimismo. Se las habían agenciado para llegar hasta Baracoa apenas se recuperaron las primeras vías de acceso. Y en medio del dolor lograban dibujar una sonrisa en los vecindarios, esperanzados porque pronto dispondrían de electricidad.

El estado de la infraestructura de postes primarios y secundarios (90 por ciento de ellos quedó inservible) obligaba a construir toda la red eléctrica de buena parte del municipio, y aun así los de overol y casco, herramienta en mano, desafiando la altura con sus escaleras amarillas, calentaban las líneas para reiniciar el servicio cuanto antes. Según se estimó en ese momento, en 15 días se restauraría totalmente en la ciudad y en unos 30, en zonas rurales.

Evacuación, principal acción para salvar vidas

La evacuación de decenas de miles de personas permitió evitar la pérdida de vidas humanas

Durante las primeras horas después del paso de Matthew, gran parte de la provincia logró encender nuevamente sus bombillos. ¿Cómo se obró ese milagro si 45 por ciento de los usuarios de la Empresa Eléctrica se quedó sin el fluido, descontados únicamente Niceto Pérez y la cabecera provincial?

La respuesta está en la previsión que, en honor a la verdad, fue como nunca antes. Igual que quien se pone armadura para un torneo, flotillas de carros de dicha entidad se prepararon y a tiempo ya estaban posicionadas en el territorio mucho antes del suceso, prestas a revertir el desastre apenas lo permitiera el temporal. Incluso rastras con nuevos postes rugieron tempranamente por la Ocho Vías hacia el este y en la plaza Mariana Grajales apilaron los palos: su prontitud era organización, y también hermandad.

El ciclón de los solidarios

A riesgo de parecer absoluto y sin máquina fiable para medir, pudiera afirmarse que quizás sea este el ciclón que más fraternidad ha sembrado entre los cubanos. La solitaria Elena, digamos, recibió cobija y ayuda de sus vecinos durante y después del ciclón, ahora que había perdido el sombrero de su casa –donde, nos cuenta, parió sin pausa hasta que no cupo una cuna más–. Afuera, su ropa se soleaba junto a un viejo teléfono y una inanimada muñeca desnuda.

Manny perdió parte de su techo y, aun así, confiesa que hasta que no vuelva el esplendor, les cobrará menos a sus clientes por los servicios de zapatero remendón que realiza; caramba… si él mismo recibió una inesperada y oportuna ayuda de alguien y no pudo evitar que se le escapara una viril lágrima.

En tanto, el gobierno local se trazó metas que confirmarían la vitalidad de su sociedad. Como ya hicieran los municipios de El Salvador, Yateras, Caimanera, Niceto Pérez, Manuel Tames, Guantánamo, San Antonio del Sur e Imías, se propuso Baracoa la reapertura de sus aulas el 17 de octubre en 30 planteles, de ellos 21 de la enseñanza primaria, cuatro de secundaria, un preuniversitario, uno de educación especial y tres círculos infantiles. Según Josefina Navarro Navarro, directora municipal de Educación, 80 de los 123 centros del sector allí tuvieron afectaciones, entre estos 15 escuelas con derrumbe total y 52 con daños parciales de techo.

En total, según datos preliminares, el paso del huracán Matthew por la oriental provincia afectó 304 escuelas de diferentes niveles de enseñanza. Se espera que desde el primero de noviembre todos los colegios de Baracoa y Maisí estén impartiendo clases.

Muchos –se ha dicho ya, mejor que en estas líneas– salvaron sus vidas al salir de sus vulnerables hogares para ampararse del ciclón en las casas de otros. Se cuentan por decenas de miles. También millares recibieron la atención que ofreció el Estado en centros de evacuación –con transporte, médicos y alimentación incluidos–, organizada con la exactitud de compás y cartabón, quizás tan solo superada en perfección por la simetría de un copo de nieve.

“En prever está todo el arte de salvar”, avizoró José Martí, quien en 1895 eligió como sitio para incorporarse a la Guerra Necesaria, un punto de esta provincia: Playita de Cajobabo. Quién sabe por qué la réplica del bote con el que desembarcó se mantuvo firme durante el paso de Matthew, a pesar de resultar devastado el museo del lugar y buena parte del entorno.

En consecuencia, la previsión para salvar vidas y bienes en lo posible, la ordenación para prever las respuestas necesarias durante la recuperación tras el desastre, el engranaje entre numerosas entidades y la oportuna información científica meteorológica, hoy confirman el alcance de la mayoría de edad de la Defensa Civil. Si no tuviera nombre, pienso yo, esta institución tal vez debería nombrarse Ministerio de Solidaridad.

Los verdaderos hermanos

Algunos, ciertamente, tal vez por desespero o por mala voluntad, se quejaban por no ser de los primeros en recibir una solución a su problema. Otros pocos se sentaron a mirar cómo los muchachos del Minfar y los buldócers limpiaban las calles, cuando la mayoría de los vecinos se incorporaba con ellos a esas labores. También algunos autodenominados comunicadores calumniaban en las redes sociales sobre el “olvido” a que eran sometidos los guantanameros durante la etapa de recuperación, información que, según lo visto, tenía más sabor a mentira que a sensibilidad y humanismo.

Pero lo cierto es que casi la totalidad de las personas, los numerosos colaboradores llegados de todas partes y las autoridades pusieron su foco en la inmediata reactivación, mancomunadamente, de la vida en la provincia, principalmente en los municipios más perjudicados: Baracoa, Maisí, Imías y San Antonio del Sur.

En estos, se estimó en principio –según Denny Legrá Azahares, presidente del Consejo de Defensa Provincial de Guantánamo– que fue dañado de manera total o parcial entre 70 y 80 por ciento de las viviendas, sobre todo en Maisí y Baracoa.

Maisí evidenciaba una situación más complicada para enfrentar las situaciones creadas, por su mayor aislamiento e infraestructura comparativamente menor, tal como valoró el ministro Adel Yzquierdo Rodríguez, titular del Transporte y coordinador del grupo de ministros comisionados para la recuperación.

En apariencia, el municipio de Imías salió mejor parado: 45 por ciento de las viviendas resultó afectado total o parcialmente. Pero Cajobabo, junto al mar y cerca de Punta Caleta, por donde el huracán tocó tierra patria, fue una de las comunidades que mayor ruina sufrió en su infraestructura: más de 95 por ciento de las viviendas e instalaciones amanecieron el día 5 dañadas.

Lejos de lamentarse, el resarcimiento de los territorios se hizo bandera. Al equipo de BOHEMIA mucho le impresionó cómo todo San Antonio del Sur, tal cual vio unida Lope de Vega a Fuenteovejuna, echó manos a la obra y empezó a borrar las dolorosas pisadas de Matthew, entre estas la afectación de 678 viviendas, poco más del ocho por ciento del fondo habitacional.

“Tenemos la estrategia de comenzar por la carretera y avanzar en bloque hacia el final del pueblo”, comentó marcialmente un hombre, viejo pero bien plantado, quien en un pestañeo se fue barriendo con su escobillón y raudo se disolvió entre la muchedumbre antes de que pudiéramos conocer su nombre.

Obcecados con Maisí y Baracoa

Pudimos llegar fácilmente a San Antonio gracias a la rapidez con que una brigada de viales había comenzado a reconstruir el tramo Tortuguilla-Los Naranjos –el llamado Bate-Bate de siete kilómetros– de la carretera del circuito sur, adormilado entre la montaña, las cactáceas y el mar (este todavía algo picado pero ya azul).

En cambio, la víspera, en un intento previo, sortear el Bate-Bate bajo la lluvia y el viento, utilizando una vía improvisada para eludir el asfalto levantado en grandes lascas y las inmensas piedras escupidas por el mar, fue una odisea, una obcecación.

Lo mismo sufrieron otros en este sendero: dirigentes del Ejército y el Partido, autoridades de entidades que tendrían una gran responsabilidad en la recuperación, inspectores de viales, electricistas, constructores, periodistas… Nuestro auto –Palmiche le llamó el chofer Leonard– quedó atascado en el terreno fangoso hasta que milagrosamente apareció una solidaria y gigantesca excavadora que, tirando de una eslinga, nos sacó del apuro.

Revirtiendo los daños

Los habitantes de las comunidades afectadas con gran rapidez comenzaron a revertir los efectos del ciclón

Esta pala mecánica era el primer equipo que desfilaba hacia las zonas afectadas, para abrir caminos por donde avanzar la caravana de carros que iría a revertir daños. Tras esta marchaba un camión con otra excavadora en su cama, la cual inesperadamente, por su altura, se enredó con los cables que sostenían un poste de hormigón derribado y partido en dos.

Los frenazos y derrapes rompieron la sonrisa del viaje y dispararon la presión sistólica. Se ponía en riesgo la oportunidad de asistir mucho antes a numerosas poblaciones incomunicadas por destruidos u obstaculizados viales, puentes sumergidos e inundaciones.

Insisto en que este es el ciclón de la solidaridad. De la nada empezaron a congregarse otros vehículos que buscaban ideas para destrabar el camión de las cuerdas y los dos tramos de poste, uno en cada banda. Hasta que surgió un fornido y silencioso trabajador de la Empresa Eléctrica con el ingenio y los recursos necesarios para zafar los tornillos que ataban los cables. Una hora después, la excavadora movió los obstáculos liberados y todos continuamos la marcha para cumplir con nuestras bitácoras.

La de BOHEMIA era alcanzar Baracoa, sabido ya que era la ciudad más afectada. Pero el viaducto de La Farola, la carretera Guantánamo-Palenque y la vía Mulata –que va desde La Carolina, en Yateras, hasta la Ciudad Primada–, estaban obstaculizadas por deslizamientos de tierra, rocas y árboles. Asimismo, la carretera Baracoa-Moa se vio interrumpida por la destrucción del puente de 225 metros de longitud sobre el imponente río Toa, arrancado por el caudal de esa corriente fluvial.

El que siguió viaje con la esperanza de llegar a Maisí y luego apuntar hacia Baracoa (a riesgo de que el puente de Jamal, que une estas dos localidades, estuviera destruido, como en efecto ocurría) vio a la gente en acción; vio incluso optimismo. También llanto y tristeza, y a la vez satisfacción porque nadie había perdido la vida.

En cada poblado se organizaban sus hombres y mujeres para apartar los techos caídos, los árboles derribados, el agua de las habitaciones. Aún llovía –pasaban las bandas del sur del huracán, fuertes aunque menos severas– pero no perdían tiempo alguno.

Al llegar a Cajobabo, donde el campismo de Playita certificaba la furia de la naturaleza, nos alertaban que de nada servía continuar en busca de Maisí. Qué decepción: Cientos de metros más adelante, el puente de Boca de Jauco, ubicado a unos 20 kilómetros de esa cabecera municipal, había sido vapuleado por un árbol y el habitualmente cobardón río era, por una vez, invadeable.

Mas, de vuelta a la capital provincial, un nuevo percance acechaba. Las presas del valle del Caujerí aliviaban su exceso acumulado y un desconocido torrente que caía sobre la zona baja provocó una inundación que impidió seguir viaje a los usuarios de la vía.

Cuando el equipo reporteril se convenció de que pasaría la lluviosa noche sin comer, dentro de Palmiche, un nuevo gesto de solidaridad tocó sobre nuestros hombros: Activistas de la Diócesis de Guantánamo-Baracoa, quienes se encontraban prestando ayuda por sus parroquias de la región, nos invitaban a pasar la noche en la casa de uno de sus feligreses, cerca de allí.

En torno a la titubeante luz de una vela, intercambiamos experiencias vistas e igualmente una suculenta cena consistente de un salvador arroz con salchichas, ante la cual nos prometimos no abandonar a quien mal hubiera dejado este endemoniado ciclón.

Borrando a El destechador

No abandonar al prójimo fue siempre un juramento nacional. Toda Cuba estaba pendiente de Guantánamo, como antes lo estuvo de Santiago de Cuba, Cienfuegos, Pinar del Río, Isla de la Juventud…

Reparación de caminos

El primer equipo que iba a preparar caminos y permitir así el paso de vehículos para la recuperación, quedó atascado por las líneas eléctricas derribadas por el ciclón

Bien lejos del caos, la Fábrica de Fibrocemento Mario Hechavarría López, en Artemisa, redoblaba esfuerzos en la producción de tejas para reponer los techos de las familias afectadas. Rápidamente, en tren, partieron del occidente varios envíos, primero con 18 000 tejas, luego 27 600, más tarde otras cantidades.

Leonel Salgado Sánchez, jefe del Taller de Fibrocemento de la fábrica, declaró que los trabajadores habían hecho el compromiso interno de producir entre 4 500 y 5 000 unidades diarias. “Todo el personal está dispuesto a hacer lo necesario para ayudar a los guantanameros. Ese es nuestro granito de arena”.

Una brigada de reparación de conductoras, a su vez, salió desde Sancti Spíritus rumbo a Baracoa para apoyar las acciones de recuperación ante los múltiples daños ocasionados por Matthew.

“Vamos conscientes de que hoy esa es la prioridad de Cuba, y cuando una región necesita ayuda el resto tiene que incorporarse”, expresó Fredesmán Jiménez Bravo, director en la provincia espirituana de Acueducto y Alcantarillado, entidad que antes había enviado al oriente equipos para distribuir agua en pipa.

Sancti Spíritus también colaboraba con el envío de tejas de barro, hechas por la Empresa Productora de Materiales de la Construcción del Poder Popular y artesanos asociados a la filial yayabera del Fondo Cubano de Bienes Culturales. Dicen poder enviar mensualmente entre 18 000 y 20 000 tejas francesas –solo se hacen en Trinidad– y 5 000 criollas. Además aportaron 1 770 losas de piso, ventanas, puertas, papeleras y bancos de aluminio, y 10 200 tejas criollas artesanales.

Por su lado, la unidad empresarial de base Francisco Paco Cabrera, de Las Tunas (Metunas), productora de materiales para el Programa Nacional de la Vivienda, labora a todo vapor para hacerles llegar a las comunidades damnificadas, tejas de acero galvanizado que rehabilitarán las viviendas dañadas.

“Ya comenzaron a despacharse en rastras hacia los municipios más afectados. Es nuestra contribución solidaria ante esta tragedia”, comentó a Juventud Rebelde el ingeniero Randy Estévez Carcacés, director de Producción de esta empresa que se propuso terminar 3 500 módulos de tejas al concluir octubre.

Según explicó, son tejas galvanizadas de alta calidad, del llamado acero 500. Si se colocan como indican las normas técnicas, pueden tener una vida útil superior a los 20 años y soportar vientos de hasta 250 kilómetros por hora. Le consta al directivo, pues ya han sido probadas con resultados positivos en otros sitios.

La entidad tunera también fabrica y despacha los denominados purling, que son vigas metálicas longitudinales sobre las cuales se instalan las tejas de acero para las cubiertas. Además de agilizar este proceso técnico, garantizan mayor durabilidad.

Los artistas y su canto de esperanza

El aliento de esperanza de Kcho, de los integrantes de la Guerrilla de Teatreros y otras brigadas de artistas no se quedó atrás en la hora difícil. (Foto: Tomada de PRENSA LATINA).

Mucho puede hacer la solidaridad, como tanto la disciplina tecnológica en la construcción de viviendas y obras civiles. Ahora sabemos que –ninguna provincia está exenta– debemos aprender a convivir con violentos e indeseables fenómenos naturales.

Con una rapidez de espanto, amigos de todo el mundo enviaron al pueblo y al Gobierno mensajes alentadores, mientras Venezuela, el primero, ofrecía una importante asistencia humanitaria.

“Con esa ayuda nos sentimos arropados”, expresó Nancy Acosta, vicepresidenta del Consejo de Defensa Popular en la provincia de Guantánamo, al recibir en nombre del Gobierno cubano el primer envío por el puerto de Santiago de Cuba.

“Tengan la seguridad de que esos recursos serán utilizados con la mayor prontitud”, prometió. “Lo destruido será recuperado, más bello y funcional que antes”.

Gobernar es prever

El ejercicio de liderazgo de Raúl contribuyó a la organización y la confianza del pueblo

Raúl estaba allí desde el primer momento.

Raúl orientaba, desde el primer momento en la zona oriental del desastre, las imprescindibles medidas a tomar, acompañado por un equipo de más de diez ministros y varios viceministros. (Foto: ESTUDIOS REVOLUCIÓN).

Gran cuota de tranquilidad y confianza en la población aportó el presidente de los consejos de Estado y de Ministros de Cuba, general de ejército Raúl Castro Ruz, a quien se le vio desde antes y después del huracán tocar con sus manos la organización preliminar para recibir la inclemencia, la evaluación de los daños y el despliegue de recursos y trabajadores civiles y militares para la reconstrucción de las zonas afectadas.

Raúl mostró sus consabidas dotes de organizador. Quién sabe en qué medida se le debe, a él personalmente, que el reciente acontecimiento no resultara un desastre humano y que la respuesta para la recuperación fuera de las más rápidas y organizadas que han ocurrido en este país de meteoros frecuentes.

“Se ve que tiene disciplina militar”, elogió más de uno. Baste decir que junto a su estado mayor para estas tareas de defensa civil, conformado por los principales ministros y responsables de entidades que tendrían gran protagonismo tras el paso del ciclón. Algunos, incluso, estuvieron acantonados en las zonas más vulnerables para pasar junto a los guantanameros la noche del ciclón.

“Gobernar es prever”, recordaron muchos el pensamiento martiano que retomó el General de Ejército al presentar el informe central del VII Congreso del Partido. La vida le dio la razón a ese estilo y el pueblo, al que Raúl saludó con estrechones de manos al visitar las áreas damnificadas, se lo agradeció en persona.

Gobierno cofinanciará la reconstrucción de viviendas dañadas

El Estado sufragará la mitad de los precios de los materiales de la construcción vendidos y subsidiará a quienes no dispongan de ingresos suficientes para acceder a créditos bancarios

Se registran los daños para darles solución

Los daños más significativos se han registrado en el fondo habitacional de la provincia guantanamera

El presupuesto del Estado financiará la mitad de los precios de los materiales de la construcción que se vendan a quienes sufrieron destrucción en sus casas durante el paso del huracán Matthew, anunció el Gobierno mediante una nota oficial.

Asimismo, indicó que los Consejos de Defensa Municipales son los encargados de determinar la magnitud de los daños ocasionados en cada vivienda y de aprobar los recursos que se asignarán para solucionar las afectaciones.

A la vez, quienes no dispongan de ingresos suficientes para acceder a créditos bancarios, tienen el derecho de solicitar al Consejo de Defensa Municipal un subsidio o bonificación parcial o total que el presupuesto del Estado se encargará de cubrir.

Por el interés que presenta para los afectados, reproducimos a continuación la nota oficial:

Decisión del Gobierno Revolucionario Cubano

En consideración con los severos daños provocados por el huracán Matthew en varios municipios de las provincias Guantánamo y Holguín y su impacto en la población a pesar de las medidas adoptadas para mitigar su efecto, el Gobierno Revolucionario ha decidido que el presupuesto del Estado financie el 50% de los precios de los materiales de la construcción que se venderán a las personas cuyas viviendas presenten destrucción total o parcial.

Atendiendo a las experiencias tomadas del huracán Sandy, los Consejos de Defensa Municipales determinan la magnitud de los daños ocasionados en cada vivienda y aprueban los recursos a asignar, para solucionar las afectaciones producidas.

Los damnificados podrán solicitar créditos bancarios, los que se otorgarán con menores tasas de interés y mayores plazos de pago. En los casos de derrumbes totales de viviendas y techos, el presupuesto del Estado asume el pago de los intereses.

Las personas cuyos ingresos no resulten suficientes para acceder a créditos bancarios, mantienen el derecho de solicitar al Consejo de Defensa Municipal, subsidio o bonificación parcial o total con cargo al presupuesto del Estado.

Excepcionalmente se aprueba otorgar subsidios para acciones constructivas en las viviendas a las personas que fueron objeto de este beneficio con anterioridad y a las que mantengan adeudos por créditos bancarios otorgados por este concepto.

8 de octubre 2016

Más que un viento platanero

No contenta con los efectos de la sequía, la naturaleza se ensañó con la agricultura y los bosques

Cultivos tradicionales como el cacao y el café tuvieron pérdidas sensibles y su repoblación requiere de muchos años

Cultivos tradicionales como el cacao y el café tuvieron pérdidas sensibles y su repoblación requiere de muchos años

Sin que todavía pudieran evaluarse al dedillo todos los daños en la agricultura, ya el segundo secretario del Partido y vicepresidente de los consejos de Estado y de Ministros, José Ramón Machado Ventura, recorría las zonas afectadas y orientaba no perder ni un día para la recuperación, en especial de las áreas cafetaleras. Al efecto el ministro del ramo, Gustavo Rodríguez Rollero, consideró que es posible, con un esfuerzo inmediato, recuperar parte de las producciones de coco, café y cacao, “porque aunque son grandes las lesiones, no todo está perdido”.

Felizmente, en lugares como San Antonio del Sur, antes del paso del fenómeno meteorológico los agricultores pudieron acopiar las producciones de viandas, pero aun así, según datos preliminares, los fuertes vientos provocaron la pérdida de medio millón de plantas de plátano y afectaciones a más de 200 hectáreas de tierra, informó el presidente del Consejo de Defensa municipal, Israel Rodríguez Mengana.

Pasado el susto, reiniciaron la recogida de café en las zonas montañosas y las labores agrícolas en el valle de Caujerí, otrora el vergel más bello de Cuba. Así comenzó la siembra de viandas y hortalizas de ciclo corto, a fin de garantizar el abastecimiento a la población sanantoniense y, de ser necesario, a Maisí y Baracoa, municipios cuyas producciones fueron devastadas.

La agricultura en este último sufrió pérdidas, de acuerdo con los primeros cálculos, superiores a los 35 millones de pesos, lo que demandará de gran esfuerzo y tiempo para recuperar la capacidad productiva del territorio.

En el coco –el municipio es el mayor productor de este rubro en el país– se perdió 90 por ciento de las 6 408 hectáreas plantadas; y las 3 365 de cacao fueron seriamente dañadas, con total pérdida de los árboles de sombrío.

Para asombro de muchos, en la apaleada Sabanilla, a pocos kilómetros de la ciudad, unas pocas bellotas quedaron tercamente colgadas en algunos arbustos. “Pero todo ese cacao muere, porque no tiene sombra”, se lamenta Yehovanny Rodríguez, pintor y fotógrafo, coautor de un hermoso libro de suculentas recetas locales, en las que predominan el chocolate y el coco.

El café, que en principio se beneficiaría con las aguas, vio caer todo el fruto de las plantaciones al momento del meteoro. De esta manera, ábaco en mano, la cosecha se limita a las 11 toneladas ya recolectadas y beneficiadas antes de Matthew. A esto se suma la pérdida del sombrío y de los numerosos microviveros creados por las formas productivas para el desarrollo de ese cultivo.

Tal vez el mayor malhumor lo provoque saber que la rehabilitación de las plantaciones arrasadas de cocoteros, cacaotales y cafetos, así como los árboles de sombra, se reponen muy lentamente.

Aunque se lograron recuperar algunas casas de cultivo antes del paso del huracán, otras fueron afectadas por el alto grado de deterioro que presentaban sus techos y herrajes.

En los cultivos varios se perdieron todos los platanales y las hortalizas, además de los semilleros para la siembra de frío que esperaban por las lluvias de octubre para las plantaciones.

Ahora, por el deterioro, no queda otra opción que sacar antes del término las plantaciones de yuca y malanga, que perdieron totalmente las hojas y fueron aplastadas contra la tierra.

En los extremos de la Isla

Poco después del zarandeo de Matthew, en Maisí se emprendió la recuperación del café, renglón básico en la economía del municipio y del cual depende buena parte de las familias. Dos brigadas de trabajadores forestales granmenses comenzaron la faena y a golpe de hachas, machetes y motosierras, liberaban las plantaciones cafetaleras de los árboles derribados sobre ellas.

Prácticamente, toda la agricultura maisiense fue al piso. Del café resultaron afectadas 4 940 hectáreas, de estas 1 197 renovadas en los últimos cuatro años. De un golpe se perdieron las 86 000 latas que existían en las plantaciones y 150 000 posturas en viveros.

También fueron dañadas decenas de toneladas del grano ya beneficiado, y destechadas las siete despulpadoras existentes, así como los centros de beneficio seco ubicados en Punta de Maisí y Punta Caleta, punto geográfico que primero tocó el ojo del huracán.

El plátano, segundo cultivo más importante en el municipio, a partir de las extensas áreas intercaladas con el cafeto, quedó derribado y es casi imposible hoy ver un tallo en pie.

El cacao no fue menos, al perjudicarse las 570 hectáreas sembradas. También se perdió toda la producción prevista para la zafra chica (unas 20 toneladas) y se mojaron otras 25 toneladas al desaparecer el techo en los almacenes donde se protegían.

Según reportes iniciales, el daño a la floresta se califica de colosal por el derribo de miles de árboles, desde júcaros y algarrobos hasta cocoteros, cítricos y otros frutales.

Imías, por su parte, también recibió un fuerte impacto negativo agrícola y forestal, particularmente en el cacao y el café, y ya se habla con tristeza de que en años no volverán a verse en Cajobabo sus celebrados mangos bizcochuelos y cocos.

Venezuela paga con amor, el amor

El Gobierno bolivariano envió de inmediato su ayuda, compuesta de diferentes maquinarias y materiales para la reconstrucción de viviendas afectadas

Ayuda solidaria de la República Bolivariana de Venezuela.

Al cierre de esta edición el buque AB Tango 62 Goajira llegó a Santiago de Cuba con el segundo envío de ayuda humanitaria venezolana. (Foto: JORGE LUIS GUIBERT/ SIERRA MAESTRA).

Como sucediera en 2014 tras el paso del ciclón Sandy, la República Bolivariana de Venezuela reaccionó con rapidez ante el dolor de los orientales cubanos por el embate de Matthew y preparó una importante ayuda humanitaria compuesta, en el primer envío, por 327 toneladas, entre diferentes maquinarias y materiales para la reconstrucción de viviendas afectadas, cuyo primer envío llegó el jueves 13 de septiembre al puerto de Santiago de Cuba.

En la rada, en nombre de su país y de su presidente Nicolás Maduro, la consejera de la misión diplomática en La Habana, Milagro Rodríguez Silva, fue al recibimiento del buque de la Armada Venezolana AB Tango 63 Goajira, portador del cargamento.

La funcionaria refirió que el presidente Maduro rápidamente aprobó el envío de materiales de la construcción para la rehabilitación de viviendas dañadas por el huracán Matthew, el cual a su paso destruyó importantes bienes en la región “pero jamás va a destruir la solidaridad entre los pueblos, y menos entre dos pueblos hermanos como son Cuba y Venezuela”.

En el acto, donde estuvieron presentes el primer secretario del Partido en la provincia de Santiago de Cuba, Lázaro Expósito, y René Mesa, ministro de la Construcción, junto a otros funcionarios de la Isla, así como trabajadores del puerto y la tripulación del barco, la representante afirmó que la entrega se hacía “con todo nuestro amor, con todo nuestro afecto, con toda nuestra solidaridad; como nos enseñó el comandante Hugo Chávez: Amor con amor se paga”.

Por su parte, Nancy Acosta, vicepresidenta del Consejo de Defensa Provincial en Guantánamo, recibió a nombre del Gobierno cubano la ayuda ofrecida. “Los amigos se conocen en los momentos más difíciles, como este”, dijo. “Las pérdidas materiales son cuantiosas”, enunció, y agradeció la ayuda de los venezolanos, que “no regalan lo que les sobra; comparten lo que tienen”.

“Sabemos el esfuerzo que hace el Gobierno bolivariano en estos momentos difíciles. Su vocación altruista es ya una práctica cotidiana”, destacó la funcionaria de la provincia más perjudicada.

El cargamento –primera misión internacional de la Gran Misión Barrio Nuevo Barrio Tricolor– consta de dos camiones de carga, una cisterna, tres mezcladoras, una planta de mortero húmedo, dos retroexcavadoras, dos excavadoras de oruga, tres montacargas y 20 mil metros cuadrados de techo de acerolit, entre otros implementos de construcción.

Al cierre de esta edición de BOHEMIA, un segundo buque de la Armada venezolana, el Tango 62, arribaba al puerto santiaguero con 390 toneladas más de asistencia solidaria, entre cargadores frontales, camiones hormigoneros y de volteo, y 1 125 mallas planas para la construcción de viviendas. Además, 600 transformadores eléctricos, 15 000 metros cuadrados de cubiertas ligeras y otros materiales.

Yo soy Haití

Cuba envió a la hermana república una brigada de 38 profesionales de la salud, que se encuentra laborando junto a los más de 600 colaboradores que ya estaban prestando sus servicios allí

Ayuda médica cubana a Haití, tras el paso de Matthew.

Cuba envió a Haití una brigada médica conformada por 38 profesionales con amplia experiencia higiénico-epidemiológica, entre ellos tres médicos especialistas, diez licenciados en Higiene y Epidemiología y diez técnicos en Control de Vectores. (Foto: JUVENTUD REBELDE).

Casi 800 muertos en Haití (*), pero nadie arma fotos de perfil especiales para Facebook ni slogans para las víctimas del huracán Matthew”, se lamentó el caricaturista Miguel Villalba Sánchez, conocido como Elchicotriste, al publicar la viñeta Nadie es Haití en el sitio Cartoon Movement. La viñeta denuncia la falta de interés mundial por las víctimas del país.

Tras el paso de Matthew, el pueblo haitiano necesitaba con urgencia agua, comida y medicinas para un millón 410 774 personas afectadas, informó el ministro del Interior, François Anick Joseph.

Siete de los 10 departamentos y al menos 90 municipios sufrieron daños, sobre todo Sur y Gran Anse. El número de refugiados seguía aumentando en estos y superaba los 175 mil.

Para colmo, brotes de cólera surgieron tras el huracán, que tocó tierra haitiana el 4 de octubre con categoría 4. Al menos 279 casos se habían reportado en Gran Anse y unos 50 en Sur; además se habían producido unas 20 muertes por esa enfermedad.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) anunció que enviaría un millón de dosis de vacunas contra la enfermedad hacia ese país que aún no se ha recuperado de los estragos del terremoto de 2010. Entonces el sismo dejó unos 300 mil muertos, una cifra similar de heridos y alrededor de 1.5 millones de damnificados.

Sin datos precisos al cierre de esta edición, funcionarios de la ONU habían dicho que habían sido confirmadas alrededor de 500 muertes por el huracán.

El secretario general del organismo multilateral, Ban Ki-moon, llamó a dar una respuesta masiva en apoyo a Haití, para lidiar con las devastadoras consecuencias del impacto del meteoro. La ONU aprobó cinco millones de dólares para esta nación, procedentes del Fondo Central para Respuesta de Emergencia y lanzó un pedido de 120 millones de dólares para ayudar a 750 mil haitianos.

Como dijera Elchicotriste, poca ha sido la atención y solo destacan hasta el momento la ayuda material humanitaria otorgada por Venezuela y el envío desde Cuba de una brigada médica, integrante del Contingente Internacional de Médicos Especializados en el Enfrentamiento de Desastres y Graves Epidemias Henry Reeve.

La brigada está conformada por 38 profesionales con amplia experiencia higiénico-epidemiológica, entre ellos tres médicos especialistas, diez licenciados en Higiene y Epidemiología y diez técnicos en Control de Vectores.

Este grupo solidario viajó con los medios y recursos necesarios para el cumplimiento de su misión y se encuentra laborando junto a los especialistas y licenciados en Higiene y Epidemiología que forman parte de los más de 600 colaboradores cubanos de la salud que prestan desde hace tiempo sus servicios en Haití.

(Nota de la Redacción: Esta cifra no es oficial, posteriormente el gobierno haitiano ha dado otras).


Toni Pradas

 
Toni Pradas