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Publicado el 28 noviembre, 2016 por Bárbara Avendaño en En Cuba
 
 

BIOTECNOLOGÍA: El precursor

La obtención en Cuba del interferón a partir de leucocitos humanos, Leuferon, fue una hazaña que ocurrió en menos de cinco meses. Un pequeño grupo de profesionales, ahora entrevistado por BOHEMIA, tuvo el privilegio de llevar a feliz término la tarea encomendada y supervisada directamente por el líder de la Revolución, Fidel Castro, autor intelectual de la obra científica que comenzó su desarrollo hace 35 años
(Fotocopia: MARTHA VECINO).

(Fotocopia: MARTHA VECINO).

Por BÁRBARA AVENDAÑO
Fotos: GILBERTO RABASSA y Cortesía del CIGB

Un halo protector, casi misterioso, signó aquellos días en que se concibió el proyecto para obtener en Cuba el interferón leucocitario o interferón alfa-2b, y su versión recombinante, la primera molécula lograda en la Isla por ingeniería genética, a inicios de la década de los 80 del siglo XX. Así se daban los pasos primordiales para el desarrollo de la biotecnología en el país.

Desde el comienzo de aquella aventura científica, el líder de la Revolución Fidel Castro pidió discreción máxima a los integrantes del pequeño grupo que tuvo el privilegio de protagonizarla. Se basaba en el hecho de que estaban trabajando en un posible tratamiento para el cáncer, enfermedad que provocaba muchas muertes y sufrimiento, y no podían generar expectativas en la población que después no se cumplieran. Ellos hicieron suyo el pedido. Durante el tiempo que se consideró necesario, el trabajo permaneció en el más absoluto secreto. Ni siquiera sus familiares conocían qué estaban haciendo, ni dónde.

A 35 años de aquel logro, la gratitud apela a la memoria para describir lo relacionado con ese suceso que sentó en el país un nuevo paradigma en cuanto a la obtención de los resultados científicos, y propició la inauguración del Centro de Ingeniería Genética y Biotecnología (CIGB), hace tres décadas.

BOHEMIA dialoga con los hacedores de ese fármaco e invita a conocer de cerca la viva encarnación de la modestia, entrega, responsabilidad, integralidad y amor al prójimo.

Acerca de cómo surgió la idea de intentar producir el interferón (IFN) en el país y se proyectó la forma más rápida para hacerlo posible, el doctor en Ciencias Manuel Limonta Vidal, hoy al frente de la Oficina Regional para América Latina y el Caribe del Consejo Internacional para la Ciencia, ofrece su testimonio en un libro que publicará próximamente, del cual adelantó a nuestra revista algunos pasajes.

Fidel intercambia con médicos estadounidenses en noviembre de 1980.

Intercambio de Fidel con médicos estadounidenses en noviembre de 1980, en el que conoció acerca del interferón y su posible uso en el tratamiento del cáncer

Todo comenzó en noviembre de 1980, cuando desde Houston, Texas, Estados Unidos, llegaron a Cuba seis médicos de distintas especialidades junto con el congresista norteamericano Mickey Leland, promotor del viaje, “interesado en conocer más de cerca las características del pueblo cubano, movido además por un interés de ayuda a países pequeños y pobres como Cuba, con una motivación adicional por sus ancestros afronorteamericanos”, rememora Limonta.

Cuenta que entre los viajeros venía el profesor Randolph Lee Clark, oficial y veterano del cuerpo médico del Ejército estadounidense durante la Segunda Guerra Mundial, quien en el momento de su estancia en Cuba era el presidente del M.D. Anderson Hospital and Tumor Institute de Houston.

“Durante el programa de la visita un día recibieron la noticia de que el presidente de los Consejos de Estado y Ministros de Cuba, Fidel Castro, tenía interés de reunirse con ellos”, afirma Manuel Limonta. En el encuentro, el líder de la Revolución les explicó las políticas que se habían seguido para la formación de médicos en Cuba desde 1959, el esfuerzo que se hacía para asegurar la atención médica a toda la población de forma gratuita, y el gran interés por desarrollar al máximo la ciencia en general, y la medicina como área muy prioritaria”.

Fidel preguntó al grupo –relata el autor del libro– cuál era el máximo adelanto en aquellos momentos en el mundo para combatir el cáncer. El profesor Clark le comentó que existía un medicamento nuevo en el cual se habían cifrado esperanzas: el interferón; le argumentó que este producto ya se había desarrollado en Finlandia, y en su centro en Houston lo adquirían y lo estaban aplicando en diversas investigaciones relacionadas principalmente con esa enfermedad.

“Así es que el Comandante en Jefe habla de la posibilidad de intercambiar con el hospital Anderson temas relacionados con el uso del interferón, y el profesor Clark le plantea al Comandante la disposición de recibir a un cubano para conocer lo que se estaba haciendo en su institución, familiarizarse con el uso de este producto y algunas de sus características”, amplía el experto.

Después del ofrecimiento del profesor Clark se empezó a buscar el candidato para cumplir la tarea, pero Fidel decidió que escogieran a dos personas a fin de que fuera más factible y completa la asimilación de esos nuevos conocimientos.

En diciembre del propio año Manuel Limonta supo que había sido seleccionado para visitar el Hospital Anderson y su Instituto de Investigaciones en Cáncer en Houston, Texas. Recuerda en su libro que un día le informaron que debía presentarse en el Palacio de la Revolución para una entrevista con el Comandante en Jefe. Allí conoció de la visita reciente del grupo estadounidense, y de las expectativas con el uso del interferón. El Comandante insistió en la importancia de una decisiva consagración para intentar obtener ese producto, y le dijo que tenía una confianza ilimitada en las posibilidades de Cuba para tratar de lograrlo, pero que esta primera misión era muy importante para el trabajo ulterior.

Tres días después el científico supo que en la misión de aprender sobre el IFN y sus aplicaciones le acompañaría la doctora Victoria Ramírez Albajés, especialista en Bioquímica, su compañera en la Clínica del Ministerio del Interior.

Volaron a los Estados Unidos el 14 de enero de 1981. Durante la primera semana en el Hospital Anderson y su centro dedicado al cáncer visitaron todos los departamentos asistenciales y de investigaciones. Conocieron particularidades del trabajo y pudieron diferenciar muy bien cuáles eran las áreas de interés para el propósito de su visita de trabajo.

De vuelta en Cuba ambos investigadores fueron convocados a una reunión con el Comandante en Jefe. “Allí nos sometió a un riguroso examen sobre el uso terapéutico del interferón, las experiencias que habíamos tenido en el Anderson, las posibilidades futuras de Cuba…”, señala Limonta. Ellos le explicaron que era imprescindible gestionar un entrenamiento en el laboratorio del profesor Kari Cantell, en Helsinki, Finlandia, para conocer la metodología de producción del IFN de glóbulos blancos.

Científicos elegidos para obtener el interferón leucocitario en CubaKari Cantell había dado una muestra de humanismo al publicar el método de obtención y purificación del interferón, y no patentarlo, para que cualquiera pudiera ir a su laboratorio a adiestrarse y leer sus publicaciones.

Ante esa posibilidad, Fidel decidió que el grupo de científicos se ampliara a seis. Su médico personal, el profesor Eugenio Selman, después de contactar con el profesor finlandés y saber su disposición, se encargó de completar el equipo con otros cuatro prestigiosos doctores que provenían del Centro Nacional de Investigaciones Científicas (Cenic): Ángel Aguilera Rodríguez, Pedro López Saura, Eduardo Pentón Arias y Silvio Barcelona Hernández.

Aprendizaje en tiempo récord

Varios encuentros con los elegidos para esclarecerles la misión, prepararlos, y pertrecharlos de ropas a fin de enfrentar los rigores del clima frío, mediaron hasta la salida hacia Finlandia, el 28 de marzo de 1981. Después de más de 24 horas de vuelo llegaron a Helsinki, con sus calles cubiertas de nieve, y los alojaron en el Hotel Presidente -un cinco estrellas-, ubicado en el centro de la capital.

“En el laboratorio de Kari Cantell”, así tituló el doctor Pedro López Saura una de sus memorias acerca de lo vivido durante aquellos días, las cuales leyó y entregó al equipo de BOHEMIA al dialogar para este reportaje, en tanto reía al recordar momentos de comicidad que rodearon el hecho. Pocas semanas después de nuestra entrevista, la noticia de su fallecimiento conmovió a quienes le conocieron. Quizás esta haya sido la última que concedió.

“El lunes 31 de marzo, a las 8 de la mañana ‘desembarcamos’ en la oficina de Kari Cantell… Más pronto que tarde pasamos al laboratorio. Nos dividimos. Angelito y Barcelona, como virólogos, fueron a ver los procesos de inducción de IFN y la titulación. Victoria, Pentón y yo, de formación bioquímica, fuimos a ver la purificación”.

Limonta participó con ambos grupos no solo por ser el líder, sino como hematólogo, por la vinculación directa del interferón con los glóbulos blancos, además de todo su procesamiento en los bancos de sangre, y el uso del IFN en humanos, “porque desde las ideas iniciales, las decisiones del Comandante siempre fueron concebir este proyecto para producir y aplicar de inmediato el interferón”, asegura López Saura.

Ángel Aguilera, fundador

Ángel Aguilera era quien realizaba el monitoreo del IFN para comprobar cómo iba incrementando su actividad, por eso fue el primero de los seis investigadores en conocer que lo habían logrado, el 28 de mayo de 1981

En su relato añade: “Ahora sabemos que Cantell temía que hubiéramos ido a robarle IFN y dispuso que todos los congeladores donde se conservaba el producto se cerraran con llave. Eso lo confesó en sus memorias. También declaró que estaba seguro de que estábamos perdiendo el tiempo, pues no pensó que lograríamos obtener el producto en Cuba. Esa desconfianza inicial se fue limando durante la semana y terminamos en alta estima de su parte”. Los científicos cubanos, por el contrario, percibieron un ambiente de cooperación y de deseos de enseñarles y de responder a todas sus dudas.

Victoria Ramírez, la única mujer del proyecto, declara que en Finlandia se sintió bien porque era útil, “aunque estaba preocupada por mis tres hijos de 15, 12 y 8 años, quienes habían quedado en Cuba con mi esposo, médico también, inmunólogo e investigador. Al igual que yo, todo el grupo de trabajo comprendía la necesidad de brindar resultados y rápido, y nos sentíamos orgullosos y agradecidos de que hubieran pensado en nosotros para formar ese grupito y llevar a cabo aquella tarea.

“El trabajo en Finlandia se nos facilitó. Nos adiestraron para hacer todos los pasos y etapas del proceso, pero eran sus especialistas los que trabajaban y nosotros los acompañábamos y observábamos”, agrega Victoria.

Eduardo Pentón Arias amaba la carrera de Arquitectura pero por tradición familiar escogió la de Medicina, sin embargo, llegó a enamorarse de esta, en especial de la investigación. Del aprendizaje en Finlandia reconoce que la metodología sí la incorporaron, aunque al pasar los días se dieron cuenta de que algunos de esos procedimientos ellos los manejaban en cierta medida, tanto desde el punto de vista de la virología como de la bioquímica. Lo novedoso era el producto. “Es decir, que prácticamente no teníamos que poner las manos porque ya poseíamos conocimientos que nos permitían asimilar la técnica”.

Por eso les bastó alrededor de una semana y media de estancia en el país nórdico –en la que destacan el apoyo y la coordinación del entonces embajador cubano Carlos Alonso Moreno y otros funcionarios de la sede diplomática– para captar el método de producir interferón. El 10 de abril salieron de regreso a Cuba Angelito, Barcelona, Victoria y López y al otro día llegaron a La Habana muy temprano en la mañana. Pentón y Limonta se quedaron en Helsinki para concluir la búsqueda del equipamiento necesario, terminar el listado del instrumental, analizar las especificaciones de cada uno de los equipos y a qué proveedores solicitarlos.

La casa 149

En el momento de ser incluido entre los seis que tendrían la tarea de producir el interferón leucocitario, Silvio Barcelona estaba interesado en terminar su tesis de doctorado en Ciencias Biológicas, y reincorporarse como profesor en la Escuela de Medicina. Ángel Aguilera había renunciado a su deseo de ser ginecólogo para, junto a otros estudiantes, y en respuesta a un llamado del Comandante en Jefe, dedicarse a la investigación científica en los aspectos agropecuarios, sobre todo en animales.

Ambos coinciden al afirmar que desde su llegada de Finlandia, por el interés que les tributaron en los salones de protocolo del aeropuerto, sospecharon que alguien, fácil de imaginar, deseaba conocer los detalles de los resultados del entrenamiento que habían recibido, precisa Barcelona en el libro Centro de Ingeniería Genética y Biotecnología. La idea humanista convertida en realidad, escrito junto a los colaboradores que integraron la Comisión de Historia del XX Aniversario de dicha institución.

Aguilera, por su parte, revive: “Ese día nos llevaron a nuestras casas y nos dijeron que al otro debíamos presentarnos en un lugar. A López Saura le habían adelantado que tratarían de adaptar como laboratorio una casa de protocolo en Cubanacán, que él eligiera la más adecuada. Ese mérito histórico lo tiene Pedro”.

Primer paso del proceso de obtención del IFN leucocitario.

Primer paso del proceso de obtención del IFN leucocitario

En esa área él escogió la marcada con el número 149. Entre las personas que lo acompañaban López Saura recuerda a Cedalia Cabrera, quien dirigió la brigada que al día siguiente comenzó a transformar el inmueble en un laboratorio. De allí, él fue a buscar a Angelito, Victoria y Barcelona y, reunidos alrededor de la mesa del comedor de la casa, dibujaron el plano con las modificaciones internas que creían necesarias para producir el IFN.

Alrededor de las cuatro o cinco de esa tarde llegó Fidel al lugar. “En esta conversación la pregunta clave que nos hizo el Comandante fue si nosotros éramos capaces de hacer interferón igual que Cantell. Nos miramos y nadie dudó en responder que sí. La otra pregunta importante fue que cuántas horas pensábamos trabajar al día. La respuesta era obvia: las que fueran necesarias. Después se precisó un grupo de detalles. Fidel nos dio además la casa 150, enfrente, para que nos sirviera de oficina, comedor y lugar para los fugaces momentos de descanso que pudiéramos tener durante el desarrollo del trabajo, relata Pedro López.

“Quedó claro que en ese momento había dos escalas de producción de interferón, según la cantidad de donaciones de sangre que se procesaran. Una, usando hasta 150 donaciones, similar a la que hacía Cantell en su laboratorio del Instituto Nacional de Salud de Helsinki. La otra, hasta 600 donaciones por proceso, que se realizaba en el Banco de Sangre de Helsinki, a cargo de Hanna-Lenna Kaupinnen”, puntualiza el experto.

Eduardo Pentón, fundador

“Kari Cantell certificó que el interferón cubano era similar al que obtenían ellos en Finlandia… Eso nos dio validez para usarlo en Cuba”, asevera Eduardo Pentón.

Los cuatro investigadores aseveraron que en la casa 149 podían reproducir el proceso de 150 donaciones, pero resultaba pequeña para la mayor escala. “Fidel decidió que había que construir un sitio nuevo para ese propósito. Salió, caminó unos metros y escogió el terreno, entonces ocupado por césped y algunos árboles frutales, donde ahora está el Centro de Investigaciones Biológicas (CIB). Osmany Cienfuegos quedó encargado de dirigir la obra y lo hizo, incluso como arquitecto personalmente”, apunta López Saura.

En breve estuvieron creadas las condiciones en la casa convertida en laboratorio. Trabajaban la semana completa, de día y de noche. Se estableció una red nacional para recibir glóbulos blancos de los bancos de sangre de las diferentes provincias para producir el IFN. “Al principio, los ‘buffy coats’ (concentrados leucocitarios) llegaban en frascos termos por la terminal de ómnibus o el aeropuerto, y nosotros íbamos en automóvil a recogerlos y traerlos con urgencia para el centro”, repasa Aguilera.

Las visitas del Comandante en Jefe eran prácticamente diarias. “Resultaba un estímulo extraordinario, a la vez que un enorme compromiso”, certifica Limonta. En el grupo despertó una gran admiración el interés y la constancia de una persona tan ocupada que, por sus profundas motivaciones hacia la salud de la población, se esforzaba en medio del trabajo tan intenso.

“El segundo domingo de mayo del propio año 1981, Día de las Madres, estábamos trabajando cuando apareció Cedalia y nos dijo: ‘el Comandante les envía este regalito para que puedan mandárselo a sus madres’. “Era un corte de tela –significa Aguilera agradecido y la voz se le quiebra por la emoción…–. Nunca lo olvidaré”.

Antonio González Griego, médico y esposo de Victoria Ramírez, no puede ni desea esconder el orgullo que siente por esta mujer. “Es de pocas palabras, pero de mucha acción. La conocí bonita, buena bailadora, y cuando descubrí otras de sus cualidades me di cuenta de que era una persona muy disciplinada y estudiosa. Todas las metas que la vida le planteó, las ha cumplido bien, con una fortaleza y valentía tremendas”.

Victoria Ramírez, digna representante de la mujer científica.

Victoria Ramírez es la única mujer integrante del grupo científico que trabajo sin escatimar horas para alcanzar el resultado previsto

Victoria rememora que en la casa 149 trabajaban mañana, tarde, noche y madrugada, y era agotador “pero muy agradable porque sabíamos lo necesario de ese antiviral. Además, a cada rato se nos aparecía el Comandante en Jefe lo mismo a las tres de la madrugada que a las tres de la tarde. Un día le dijimos ‘no lo vimos ayer cuando vino’, y él respondió: ‘Yo sí los vi. Estaban todos dormidos. No están trabajando bien, porque para trabajar bien hay que hacerlo 24 horas’”.

Y es que, según coinciden los entrevistados, en sus frecuentes intercambios con el grupo Fidel repetía que no se podían escatimar horas cuando la vida de muchas personas dependía del trabajo que ellos estaban haciendo. Y así de intensa fue la labor. Además, tenían una comunicación interna magnífica, se apoyaban unos a otros. Avanzaban entre pruebas y errores tratando de lograr el interferón.

“El producto se obtiene a partir de la separación de los leucocitos procedentes de donaciones de sangre de los bancos y su incubación con un virus bajo determinadas condiciones para que este los induzca a producir interferón, propiedad de los leucocitos ante la acción viral. El sobrenadante logrado se manipula en el laboratorio para la purificación del interferón natural, en este último paso interveníamos López Saura y yo”, explica Pentón.

Durante la obtención del virus Sendai para la inducción del IFN leucocitario

Durante la obtención del virus Sendai para la inducción del IFN leucocitario

El grupo cubano le hizo una modificación a la técnica de Kari Cantell, porque él agredía a los leucocitos resuspendidos en el medio de cultivo para obtener interferón con un virus que no se podía trabajar en Cuba porque no circulaba en el territorio nacional. Entonces utilizaron otro llamado Sendai que sí existía en el país.

“Al sobrenadante se le hacía un monitoreo de cómo el IFN iba incrementando su actividad a medida que aumentaba la pureza. Ese procedimiento lo hacía Ángel Aguilera, por eso es el primero que se entera cuando obtuvimos el producto”, adelanta Eduardo Pentón.

Unas seis semanas después de haber regresado de Finlandia se logró el primer lote de IFN leucocitario. “Fue el 28 de mayo. Yo tuve la satisfacción de ser el primero en saberlo”, subraya Aguilera, y al recordar todavía los ojos le brillan. “Dije: ¡Aquí está el interferón!”.

Registro médico del IFN

Registro médico del IFN

“Uno de esos días en que estábamos en la casa 150, contentos porque ya teníamos el IFN, llegó el Comandante. Cuando se lo anunciamos nos preguntó: ‘¿Y no se han tomado una cervecita aunque sea?’ y nos la tomamos”. Los encuentros contabilizados del grupo con Fidel hasta esa fecha fueron 42.

Después que lograron aquella preparación inicial, una autoridad independiente tenía que verificar su calidad. “Se la remitimos a Kari Cantell a Finlandia. Él certificó que el interferón cubano era similar al que obtenían ellos allá, un bioequivalente, no tenía ninguna diferencia sustancial. Eso nos dio validez para usarlo en Cuba. A partir de entonces lo empezamos a producir sistemáticamente”, asevera Eduardo Pentón.

Había llegado el momento de probar el producto nacional en algún ser humano para demostrar que no hacía daño. “En nuestro grupo había un flaquito, yo –dice sonriente Aguilera–, y un gordito, Pentón, y nos lo inyectaron durante unos pocos días”. Era un deber moral.

Fidel y Manuel Limonta junto al científico finlandés Kari Cantell.

Fidel y Manuel Limonta –segundo de derecha a izquierda- junto al científico finlandés Kari Cantell, durante su visita a Cuba para participar en la inauguración del Centro de Investigaciones Biológicas

“Este fármaco tiene reacciones pero son tolerables: un poquito de febrícula y malestar general, es una reacción que le dicen pseudogripe, la misma sensación de cuando a uno le está cayendo catarro, y eso es precisamente porque el organismo internamente está produciendo interferón. Esos síntomas se experimentan también cuando se administra el interferón exógeno, pero son completamente tolerables y habituales, así como perceptibles de diferentes formas por las personas, pues algunas pasean la gripe y otras se sienten bastante mal. Si no se producen esas reacciones hay que pensar que lo aplicado no es interferón, o que está en muy poca cantidad”, advierte Pentón.

Silvio Barcelona especifica que de aquella primera preparación produjeron un litro, y entonces un mililitro de interferón valía 90 dólares en el mercado internacional. “Un litro equivalía a 90 mil dólares. Eso significaba que, además, habíamos convertido un esfuerzo científico en una fuente de ingreso importante para el país”.

Silvio Barcelona, fundador

Silvio Barcelona especifica que, además de obtener el interferón leucocitario, convirtieron un esfuerzo científico en fuente de ingreso importante para el país

Según afirma Limonta, desde que el grupo llegó de Finlandia, hasta que se logró una preparación envasada del interferón para hacer los distintos estudios que permitieran su uso en humanos, transcurrieron 58 días. Y añade López Saura: “Reconocido por el propio Cantell, los cubanos tenemos el récord mundial de velocidad en la obtención de IFN leucocitario después de visitar su laboratorio”.

La prueba de fuego

La epidemia de dengue hemorrágico que afectó a Cuba en 1981 ponía en riesgo la vida de la población infantil, y se decidió aplicar el IFN obtenido en el país. Fue esta también la primera vez que se utilizó el producto en esa enfermedad en el mundo. El estudio incluyó a más de 300 pacientes y “se demostró que, usado precozmente en niños, el IFN alfa puede prevenir las complicaciones hemorrágicas. Posteriormente, en el Instituto de Medicina Tropical Pedro Kourí se demostró que el virus in vitro es sensible a la acción antiviral de los IFN alfa y gamma. No fue hasta 19 años después que otros grupos reportaron resultados similares”, expuso en una conferencia el doctor Pedro López.

En los apuntes que este científico dejó para la posteridad, narra que Kari Cantell en un principio no aceptó venir a Cuba sino envió a una de sus más cercanas colaboradoras, Sinnika Hirvonnen, quien constató las condiciones de la producción, dio consejos adicionales, vio que se estaba usando el IFN en casos de dengue y también adquirió la enfermedad, ya que su visita coincidió con el pico de la epidemia. “De regreso a Finlandia recibió tratamiento con el IFN leucocitario local”.

Muestra de productos confeccionados con interferón, entregados a Fidel en la inauguración del CIGB

Productos formulados con el interferón leucocitario (ungüento, colirio, inyectable) entregados al Comandante en Jefe en la inauguración del CIGB, el primero de julio de 1986

Otra epidemia, la de conjuntivitis hemorrágica, que azotó la Isla en 1981, fue el blanco de una nueva aplicación con el IFN leucocitario para prevenir la queratitis, complicación que puede dañar la visión. Ese mismo año comenzaron otros estudios clínicos, muchos de los cuales se presentaron en congresos internacionales y se publicaron como parte de la casuística cubana de los 80.

“La creación del interferón fue un intento de que el país no quedara retrasado ante esa expectativa que existía a nivel mundial, en cuanto a la posibilidad de utilizarlo, más en cáncer, que propiamente en las enfermedades virales, en lo que más experiencia obtuvimos. Después, en la medida en que fue pasando el tiempo, quedó claro cuáles eran las indicaciones precisas del interferón que continúan hasta hoy”, afirma Eduardo Pentón.

Los nuevos protocolos de investigación iniciados entonces abarcaron enfermedades como Hepatitis B aguda severa, Hepatitis B crónica activa, Papilomatosis laríngea, portadores asintomáticos del virus de la Hepatitis B por vía intraperitoneal y cáncer de mama.

Pedro López Saura, fundador.

El trabajo de aquel grupo iniciador de la biotecnología cubana representó algo más que el interferón mismo, permitió recuperar el estilo de trabajo llamado de consagración, al decir de Pedro López Saura. (MARTHA VECINO).

Silvio Barcelona reflexiona: “Pero Fidel y nosotros sabíamos que íbamos a ser incapaces de producir interferón suficiente para tratar a todos los pacientes con cáncer y enfermedades virales, aun cuando todos los ciudadanos del país donaran su sangre. Había que hacer algo. Nosotros le dijimos que existía una metodología surgida recientemente para producir cualquier tipo de sustancia por vía de ingeniería genética, y un investigador cubano llamado Luis Herrera estaba manipulando genéticamente las moléculas en el Cenic. El Comandante enseguida quiso hablar con él.

En entrevista que ofreciera el doctor en Ciencias Luis Herrera Martínez a La Calle del Medio en septiembre de 2008, rememora que cuando el grupo de compañeros retorna de Finlandia, él viaja a Francia para averiguar cómo se obtenía el interferón de fuente recombinante. “Allí obtuve la información que se requería y a mi regreso a Cuba me estaban esperando en el aeropuerto. Fui directamente a una casa de protocolo, donde estaba el Comandante. No se me olvida que dijo: ‘Llegó nuestro hombre en París’.

“Meses después se creó el Centro de Investigaciones Biológicas (CIB) y allí empezamos a hacer un trabajo más fuerte en la clonación de los genes del Interferón, el beta, que fue el primero que obtuvimos, después el alfa, y bueno, se desarrolló todo el trabajo de la ingeniería genética. A partir de 1983, desde el CIB se diseñó el Centro de Ingeniería Genética y Biotecnología, y quienes se formaron en el primero pasaron a trabajar en el segundo”.

Interferones que produce hoy el CIGB.

Interferones que produce hoy el CIGB

La labor de aquel grupo precursor de la biotecnología cubana representó algo más que el interferón mismo, al decir de López Saura. “El estilo de trabajo llamado de consagración se recuperó (porque lo habíamos practicado ya en los primeros años del Cenic) como concepción y también la idea de priorizar determinados proyectos con posibilidades”.

Ninguno de los creadores del INF pensó en aquel momento que estaban haciendo historia, sino algo muy importante, y lo asumieron con gran responsabilidad. A similar conclusión acerca de ellos llegó Kari Cantell, y lo dejó explícito en sus memorias que recogió en el libro The Story of Interferon, e incluye un capítulo titulado “Los Cubanos”, el cual comienza así: “Muchos visitantes se han borrado de mi mente, pero aquellos que venían de Cuba están asociados a tantos vívidos recuerdos que debo mencionar a algunos de ellos…”.

Casi al finalizar el episodio dedicado a la Isla, el científico finlandés recordaba. “En una visita posterior a Cuba, vi el nuevo instituto y me impresionó su enorme tamaño… La semilla del interferón había germinado para convertirse en un gran árbol de biotecnología”.

Gran árbol de la biotecnología.

El gran árbol de la biotecnología de que hablara Kari Cantell

Homenaje por el aniversario 35 de creado el primer grupo de interferón.

El homenaje por el aniversario 35 de creado el primer interferón cubano, contó con la presencia de varios fundadores de la biotecnología. Al centro, el doctor en Ciencias Luis Herrera.


¿Droga milagrosa?

El interferón fue descubierto en la década de 1950 por los investigadores Alex Issacs y Jean Lindenmann, en Inglaterra. Sin embargo, los japoneses siempre han reclamado que fue en su país donde Nagano llegó primero al mismo hallazgo. En seres humanos se han descrito cuatro tipos de interferones: alfa, omega, beta y gamma, y su aplicación clínica ha pasado por diferentes etapas que resume el doctor López Saura en una conferencia científica.

“Alrededor de 1980, cuando solo se disponía de la preparación de IFN leucocitario de Kari Cantell y se comenzaba a usar el IFN alfa-2 recombinante, se obtuvieron los primeros resultados exitosos en algunos pacientes con cáncer y se levantó gran expectativa en relación con su eficacia en estas afecciones. Sin embargo, en la medida en que se hicieron ensayos clínicos controlados se pusieron en evidencia las reacciones adversas, no despreciables en el caso del IFN y aparecieron fracasos terapéuticos. Decayó entonces el entusiasmo por su empleo y sus detractores tomaron la ofensiva (en nuestro país ocurrió un fenómeno similar)”.

El interferón para el cáncer no resultó la droga milagrosa, pero todavía se utiliza y lleva en el mercado más de 30 años. Los cánceres en los que está aprobado su uso y demostrada su eficacia son la leucemia mieloide crónica, el melanoma y el carcinoma de riñón.

En la actualidad los IFN’s tienen unas 30 indicaciones aprobadas en diferentes países que incluyen enfermedades virales, neoplasias y otros padecimientos. Son armas del arsenal terapéutico de la medicina moderna y fuente de ganancias colosales de las compañías productoras.

El interferón clásico se ha ido sustituyendo por el pegilado, que Cuba lo produce en el CIGB. Este último tiene una farmacocinética mucho más favorable, dura más en sangre, y es más ventajoso para tratamientos crónicos, como las hepatitis virales crónicas tanto B como C, porque hay que inyectarse menos (una vez a la semana). El clásico sigue usándose en enfermedades virales agudas que responden al fármaco.


 


Bárbara Avendaño

 
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