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Publicado el 2 noviembre, 2016 por Sahily Tabares en En Cuba
 
 

CULTURA Y TURISMO: ¿Alianza estratégica?

No cabe duda de que la cultura es tejido esencial para el turismo, y un recurso de valor añadido que garantice sostenibilidad y progreso socioeconómico a escala local y regional. La conexión equilibrada y coherente de ambas disciplinas –Cultura y Turismo–, determina en la percepción que el visitante foráneo se forme del país.

Por SAHILY TABARES, JESSICA CASTRO, ROXANA RODRÍGUEZ y RAÚL E. MEDINA
Fotos: LEYVA BENÍTEZ Y YASSET LLERENA

Los oriundos de este archipiélago disfrutamos brindar hospitalidad al recién llegado. Somos dados a entregar el corazón y compartir lo que tenemos. Es tierra pródiga por las bondades de la naturaleza y del clima, la riqueza de las tradiciones nacionales, la cultura viva de nuestra sociedad, portadora de una fuerte identidad que se enriquece en plena transformación y desarrollo. Por si fuera poco, el socialismo próspero y sostenible que construimos se basa en valores solidarios, en la satisfacción de una condición humana plena.

Como fuente viva de nuestro modo de ser y quehacer emerge la memoria de la cultura popular. Una de nuestras fortalezas es revitalizar constantemente la dialéctica entre tradición y renovación; cultivar legados con una visión creativa, integral y moderna. Esa riqueza forma parte de la imagen cultural de la nación. Es la que debe conocer el visitante foráneo.

No obstante, algunos gestores turísticos apuestan todavía por colocar ante los ojos del visitante estereotipos y esencias seudofolclóricas que desvirtúan el verdadero sentido de lo nuestro, de lo genuino, de la riqueza del patrimonio material e inmaterial.

Es interés permanente de la vanguardia artística e intelectual organizada en la Unión de Escritores y Artista de Cuba (Uneac), y de su Consejo Nacional –máximo órgano de dirección colectiva–, la reactivación permanente de una comisión de trabajo para atender los vínculos entre Cultura, Turismo y Espacios Públicos.

Nunca se logrará el propósito esencial de desarrollar un turismo cultural responsable y sostenible en solitario. De ahí que es necesario mantener la coordinación entre los ministerios de Cultura y de Turismo.

Predominan tendencias a obviar aspectos estéticos y artísticos en los entornos turísticos; persiste en algunos ámbitos el humor vulgar e irrespetuoso en actuaciones que de ningún modo tienen relación con el gracejo popular y la visión aguda, imaginativa que caracteriza lo cubano.

Imagen Cuba: mirada desde el turismo

Bello paisaje de Trinidad.El universo contenido bajo el concepto de cultura hace compleja, incluso definirla, mientras como toda industria, la turística busca los medios para hacer productiva su gestión. De ahí que las interacciones resultantes pueden entrañar contradicciones propias de lógicas si no opuestas al menos, diferentes. Lo que no quita lo vital de esta unión en el momento actual.

“Ahora mismo estamos compitiendo con diferentes destinos, principalmente en el área del Caribe, todos con excelentes playas. El elemento diferenciador que nos pone en competencia es la cultura. Desde ese presupuesto es que hemos entendido la necesidad de estrechar las relaciones con las instituciones de la cultura, incluidas la Uneac y la AHS como organizaciones que aportan esa conciencia crítica sobre aquello que hacemos”, comenta Dalila González García, subdirectora general de marketing del Ministerio de Turismo.

Pero a pesar de la voluntad de ambas partes por hacer funcional esa relación, en la práctica continúan apareciendo situaciones que apuntan a la existencia de arraigados problemas estructurales y de percepción.

Para Serguey Pérez Pérez, director provincial de Cultura en Villa Clara, a pesar del interés expresado en cuanto a la presencia de las tradiciones más autóctonas de los territorios como las parrandas y algunos cultores populares, el equilibrio de la relación no logra materializarse en tanto Turismo los sigue viendo como “quienes les prestan un servicio a sus instalaciones”.

La calidad y contenido de los espectáculos presentados en muchas ocasiones se alejan de la realidad y del nivel de la cultura nacional en toda su diversidad y riqueza. Parte del problema radica, según este directivo, en el grado de participación real de los especialistas de cultura al conformar la programación cultural que la industria.

Desde el Mintur, González García señala que los responsables de montar y supervisar los espectáculos son los directores artísticos y directivos de las instalaciones, lo cual no es competencia de este ministerio, al no ser su objeto social ni estar calificado para ello.

En cuanto a la imagen Cuba construida desde las diferentes instalaciones y los mecanismos promocionales, la subdirectora de marketing asegura que en todos los procesos de licitación para las campañas publicitarias participa el Ministerio de Cultura como parte del equipo.

Espacio de mercado

Espectáculo de pequeño formato.

Se ha perdido el gran espectáculo. Aunque subsisten los más reconocidos, como Tropicana y Variedades en el Parisién, del Hotel Nacional. En la foto uno de pequeño formato en el Salón Rojo, del Hotel Capri. (Foto: RAÚL MEDINA).

Desde las instalaciones turísticas se ha abierto otro espacio de mercado para los artistas nacionales, una oportunidad que no pocos desaprovechan. Aunque el funcionamiento de este se intenta regular aún se evidencian vacíos disímiles en el proceso de contratación, la infraestructura para responder a un crecimiento de la demanda y la calidad de lo ofertado.

Por mucho tiempo, el intrusismo profesional se señaló como una de las causas de la baja calidad de los productos artísticos presentados y de la reducción de posibilidades de los profesionales para participar en este mercado.

“Está terminantemente prohibido por nuestro ministerio contratar a alguien que no esté debidamente avalado por las instancias correspondientes. Hay un comité de contratación que funciona territorialmente y donde participan todas las partes, y esa es la herramienta que nos puede garantizar que lo que se contrate sea lo mejor y se haga de forma transparente”, especifica Dalila González García.

Pero, los asuntos más complejos siempre tienen más de una arista, y el funcionamiento transparente de este mercado, así como su influencia negativa en lo que el cliente consume, es algo que no termina de resolverse.

“El tema de la contratación cuando mejor funciona es en la apertura de las instalaciones. La administración se reúne con la dirección del Centro de la Música y se hace una propuesta, que tiene que ver más con la idea que ya ellos traen, aunque es el ámbito donde más influimos”, relata Serguey Pérez Pérez.

También intervienen en estas circunstancias, las gestiones y relaciones personales de los propios artistas en las instalaciones turísticas, lo cual conspira contra el hecho de que desde las instituciones culturales se prioricen los talentos que por sus resultados interesan que estén.

 

Para el presidente de la Uneac en Villa Clara, Antonio Pérez Santos, al haber un crecimiento de la demanda resulta imposible ocupar todos los espacios con la vanguardia artística; no obstante, sí hay que velar por que sean representantes de la cultura verdadera. Una de las demandas de los artistas de primer nivel es precisamente el acceso a este mercado en condiciones favorables.

“Con el arte se experimenta todo el tiempo, y la improvisación se acepta porque algunos artistas cobran menos. El valor que le dan a la cultura popular es muy bajo y, mientras hay algunos –quienes se respetan– que dicen no, siempre viene alguien que dice sí. Así se va corrompiendo la cultura. Esto no solo nos hace vulnerables, también nos pone en una posición muy incómoda porque parecemos extraterrestres. Los mecanismos para manejar la situación están creados –existen los consejos artísticos, las comisiones– y además, las legislaciones, lo que a la hora de cumplirlas todo el mundo se lava las manos”, explica Reinaldo Hechemendía, director del Ballet Folklórico de Camagüey.

En esta provincia, con una vida cultural consolidada y reconocida en todo el país, la directora de Cultura, Irma Horta Mesa, comenta que la lejanía influye a la hora de insertar en los circuitos fuera de la ciudad a instituciones insignes. A su vez, el delegado de turismo, Sergio Ferreiro Cabrera, ratifica que “no se justifica la contratación de una orquesta de élite en una instalación hotelera de Santa Lucía porque las actividades propias del turismo de playa tienen otra concepción. Los grupos que conviven en el hotel realizan actividades variadas cada día”.

La incidencia de las comisiones de contratación con las que se espera resolver cuestiones como el nivel de los artistas y su pago, aún no puede ser evaluada en tanto son de reciente implementación y en varios territorios no se encuentran en funcionamiento. Otras de las problemáticas apuntadas por los creadores en reuniones de la Uneac son las condiciones de trabajo en las instalaciones y lo concerniente al reconocimiento del derecho de autor en las artes plásticas.

Paralela ¿o ajena?

Bailarines del turismo

La superación y formación de nuevos artistas en especialidades como el baile para espectáculo –actualmente inexistente– es otro de los problemas. (Foto: RAÚL MEDINA).

Los pueblos artificiales creados dentro de los más distantes complejos hoteleros del país, ahora reciben el nombre de plazas. El cambio no solo responde a una estrategia de marketing, también para potenciar la conexión con lo auténtico e ir borrando lo paralelo. “Tenemos claro que no vamos a construir una cultura para el turismo, la nuestra es lo suficientemente rica y diversa para ser atractiva”, enfatiza González García.

José Luis Perelló, profesor de la Facultad de Turismo de la Universidad de la Habana, advierte sobre algunos peligros que siempre asechan: “existe la paradoja de que mientras los turistas pueden ser atraídos a un destino por la autenticidad de la cultura, las comunidades locales pueden modificar los rituales y otras prácticas culturales para adaptarse a la demanda y las estructuras temporales del mercado turístico, mediante una autenticidad representada, la cultura del espectáculo”.

Uno de los factores que influye en la construcción de una cultura paralela, de acuerdo con Antonio Pérez Santos, es que cuando se intenta hacer un turismo separado del ciudadano y las dinámicas propias de la ciudad, la relación con el mismo nace deformada. “En algún momento se trató de construir un turismo apartado de la gente, de la ciudad. Se han construido pueblos falsos en cayerías estando cerca las comunidades reales”.

Según Xonia Beltrán, delegada de Turismo en La Habana, para insertar a los turistas en las dinámicas propias de la ciudad resulta primordial una programación estable y actualizada con el tiempo suficiente para desarrollar las correspondientes labores de promoción. En la capital, uno de los productos más demandados son las actividades nocturnas con música en vivo. Sin embargo, en la mayoría de los casos, los espacios para cada tipo de producto no son constantes, y resulta complejo orientar e incluso fidelizar al cliente.

¿Cultura para el turismo?

Estimular el carnaval es una opción turística.

El carnaval es la expresión artística popular más arraigada y masiva en Cuba. Estimularlo y promoverlo más como opción turística es un camino

Si ahora mismo usted que lee estas páginas “pincha” en Google las palabras claves “cultura” y “turismo” con certeza la descarga será amplia: fotografías sobre paisajes naturales, arquitectónicos; datos sobre gastronomía, modos de vida, costumbres, e incluso, una muestra de distintas expresiones artísticas e identitarias.

Otros detalles exhibidos allí exasperarían al más glacial de los cubanos por la procacidad con que se exponen chicas y chicos, con escasa vestimenta y de aspecto lujurioso; a veces, desde espacios tan emblemáticos como el malecón de La Habana o en intercepciones de las calles de su centro histórico, en imágenes –instantáneas o audiovisuales– que no se acercan a la realidad cotidiana de los habitantes de esta tierra caribeña y, mucho menos, a las propuestas y productos que la actividad turística antillana pretende y debe promover.

Si bien esas incitaciones desde sitios de la web casi siempre corren a cargo de agencias o promotores extranjeros, otras distorsiones de la imagen también abundan en instalaciones hoteleras y espacios públicos por ignorancia del personal que las gestiona, para adecuarse a la demanda y las coyunturas circunstanciales del mercado.

Y llegan a ser tan comunes que se pueden posicionar en el imaginario colectivo de modo inquietante. Elementos deformes relacionados con rituales de los cultos sincréticos afrocubanos; bailes típicos que poco o nada se aproximan a sus originales; ruido y fanfarria en algunas presentaciones artísticas que subliman una realidad escenificada, representada; retratos del Che impreso en cuanta pieza sea posible; objetos que recuerdan fetiches devenidos de la cultura popular (el tabaco, el almendrón, el cocotaxi, la mulata de sinuosas curvas); son algunas de las partes de un todo que desacredita los paradigmas del gusto estético y el genuino arte que germina en este lado del mundo.

En las consultas y las entrevistas a representantes de instituciones y organizaciones de ambos ministerios quedó claro lo que en verdad no se quiere alcanzar. La Conceptualización del Modelo Económico y Social Cubano de Desarrollo Socialista, aprobado en VII Congreso del Partido Comunista de Cuba, así lo suscribe en el capítulo dedicado a la política social, cuando expresa la intención del Estado de regular “la publicidad, orientada al consumo responsable y sostenible, basada en principios éticos y estéticos ajenos a cualquier tipo de engaño, discriminación u ofensa a algún sector de la sociedad, ni promover símbolos portadores de mensajes coloniales y pro capitalistas”.

Por otra parte, todavía son incipientes los resultados a partir del trabajo de la Comisión de Cultura, Turismo y Espacios Públicos. Aún persisten las insatisfacciones y los conceptos errados en cuanto al tema en las instalaciones que cubren la modalidad de sol y playa, deportivo, u otros como caza y pesca; y también, en aquellas portadoras de recursos histórico-culturales y espacios patrimoniales, ubicadas en importantes ciudades del país (Trinidad, Remedios, Santiago de Cuba, Baracoa, La Habana y Camagüey, entre otras).

Espejo donde no mirarse

El espectáculo musical cubano, con vasto alcance en la arena nacional e internacional, asume hoy algunas concepciones alejadas de sus tradiciones. Prolifera en cabarets y otros lugares recreativos una suerte de director artístico espontáneo e improvisado y la clásica orquesta acompañante del show es una eterna ausente. Esta circunstancia devasta una rica raigambre; y por tanto, no queda otra alternativa que suplir la omisión con música grabada, lo cual pone en crisis el vínculo directo entre artistas y públicos, e impide la lógica fuente de empleo para los músicos.

Adalberto Álvarez

-“Hay que trabajar de conjunto para salvar nuestra cultura, nuestras tradiciones”, declaró a BOHEMIA el maestro Adalberto Álvarez.

“Es preocupante lo que pasa, siento que vamos perdiendo autenticidad cada vez con más fuerza y estamos dejando de ser lo diferente para convertirnos en uno más”, declara el maestro Adalberto Álvarez, notable instrumentista y compositor, quien añade, además, que “la variedad de los espectáculos musicales en lugares de turismo necesita más presencia de la música en vivo, diversificación, actualización y sobre todo, cubanización”. Mientras, exterioriza su preocupación por el ambiente sonoro de instalaciones turísticas y espacios públicos “a veces, el sonido es tan fuerte que termina molestando e impidiendo compartir una conversación o disfrutar del momento”.

En tanto existe una precaria situación en la capital del país, en la provincia de Santiago de Cuba se evidencian resultados más alentadores. “Hay una fuerte proyección en la música y los espectáculos, los cuales expresan nuestra identidad y están presentes en diferentes espacios. En esta ciudad se toca mucha música en vivo gracias a los numerosos septetos que tenemos”, refiere Rodulfo Vaillant, presidente de la Uneac de dicha provincia oriental.

Sin embargo, considera que el trabajo en este orden debe ser aún más sostenido porque “últimamente no hemos logrado lo más importante que es la estabilidad y la calidad en los cabarets Tropicana y San Pedro del Mar, tradicionales y fuertes pilares en cuanto a espectáculos”. Destaca, igualmente, que los espacios bailables no acaban de consolidarse por la insuficiente existencia de locaciones.

Cuba cuenta con el carnaval, expresión artística popular más arraigada y masiva. Desde la génesis hasta la contemporaneidad ha mantenido sus esencias, aunque precise revitalizarse en algunas regiones del país. En la actualidad, los integrantes de sus grupos artísticos desarrollan ideas estéticas sobre las presentaciones. Estimularlo, promoverlo, pensando en mostrarlo más a los turistas, ¿por qué no?

No pasar la página

Con frecuencia la Noche Cuba que se oferta como una referencia artística de excelencia en hoteles y otros escenarios nacionales no deja muy bien parada a la cultura antillana ante la mirada de los turistas. Personajes conocidos, atrapados de otras culturas (Mickie Mouse, Pato Donald, Superman) entreverados con otros fetiches más locales –el almendrón, la mulata–, o versiones que denigran nuestras raíces afrocubanas, se arrogan el derecho de ser los protagonistas en estos espectáculos sin un mínimo de recato, y aunque no se hagan con propósitos malintencionados, menoscaban la imagen nacional.

Muestra de artesanía

Muchas producciones artesanales no parten de las tradiciones más autóctonas

“El problema radica en la absoluta ignorancia de los que dirigen artísticamente estos centros”, subraya el maestro Santiago Alfonso, coreógrafo, bailarín, director artístico y miembro de la Comisión de Cultura, Turismo y Espacios Públicos, de la Uneac. Y asevera que la solución es sencilla. Consiste en atender la “asesoría de personas capacitadas en cada tema, sobre todo en el tratamiento del folclor y lo popular; sin olvidar la música de concierto, de pequeño y gran formato, con la que tenemos una deuda; la trova toda que además no es de alto costo, pues al igual que los tríos tradicionales se interpretan, generalmente, con instrumentos de fácil transportación”.

Ciertamente lo que debe primar en la presencia cultural de las entidades turísticas y otras plazas es la calidad estética, en las cuales con frecuencia se desestima la validez de sonoridades más elaboradas.

“La música clásica carece un poco de representación en los polos turísticos, son escasos los espectáculos en esa rama. La presencia de los jóvenes se ha logrado ampliar, pero no creo que esté totalmente balanceada”, explica Bernardo Lichilín, cantante lírico y uno de los artífices del proyecto Líricos del Gato Tuerto, un espacio que en el emblemático piano bar habanero ameniza mientras cultiva, y ya es una experiencia con muchos seguidores foráneos.

“Nuestro abanico músico-danzario es tan amplio que nadie tendría que imitar ni copiar. Haciendo un estudio previo de lo que se desea se lograría dar la imagen más completa de nuestro acervo cultural”, enfatiza el también Premio Nacional de Danza Santiago Alfonso, quien puntualiza sobre la necesidad de trabajar seriamente para borrar esa percepción histórica de “una mulata con bikini y cola, y un negrito tocando tumbadora”.

La vuelta a la noria

Por desidia o desconocimiento, muchas veces no se tiene conciencia real de todos los valores identitarios que nos definen, tampoco en la diversidad de ellos, ni siquiera en cómo socializarlos. Se corre el riesgo de que lo foráneo se entrelace con lo autóctono y lo que pudiera ser nuestra cultura típica ya no lo sea. Este fenómeno se revertiría cuando en el ruedo intervienen personal o guías turísticos informados, sensibles a las artes que orienten al turista hacia las mejores referencias culturales.

Se vuelve cada vez más común la comercialización, estatal o privada, de artesanías que no parten de la verdadera tradición antillana. Aquí la “estética” del kitsch tiene el terreno ganado tanto en producciones artesanales en sí, como en piezas copiadas a grandes pintores del arte universal u otras de seudoartistas.

El notable crítico y artista de la plástica Manuel López Oliva, recientemente compartió con BOHEMIA su estupefacción al leer un programa de cierta agencia cubana con una oferta de estancia en Cuba, en la cual “no solo predomina la música seudotradicional, el comercialismo de rituales falsos y las noches con bailables chabacanos; sino también la visita dirigida al espacio ‘espectacular’ de un artesano mercantilizado multi-ventas a quien insólitamente la empresa turística cubana denomina ‘El Picasso del Caribe’”.

Mercy Correa, directora del Centro Nacional de Artesanía

Mercy Correa, directora del Centro Nacional de Artesanía del Fondo Cubano de Bienes Culturales.

Por su parte, Mercy Correa, directora del Centro Nacional de Artesanía del Fondo Cubano de Bienes Culturales, y Dámaso Crespo, director de la Asociación Cubana de Artesanos Artistas, (ACAA) coinciden al señalar que ambas instituciones trabajan estrechamente vinculadas en la promoción y comercialización de obras de alta calidad. También velan sistemáticamente por la ambientación de los diferentes espacios públicos. Para ambos es fundamental, “exigir todos los días la excelencia. No todo lo que se vende en las plazas es la expresión de lo que debe ser. ¿Quién responde por esto? Todos. El Fondo tiene comisiones técnico-artísticas que evalúan lo que se comercializa. Velar por la calidad es la brújula, la guía en el camino para defender valores genuinos de lo cubano”.

El escenario cubano exige posturas concienzudas. Aguzar la vista también en el sector privado es una cuestión básica a analizar. Restaurantes particulares, casas de alquiler y conductores de cualquier medio de transporte operan a modo de “guías turísticos” y constituyen vehículos (de) formadores y/o (des)informadores, de la imagen e identidad cubanas.

En el contexto del proceso de relaciones entre Cuba y Estados Unidos, se impone ofrecer mucha y buena información que, sin dejar de entretener, incite a conocer la historia y a la vez, la realidad presente de la nación. Es la manera de contrarrestar el colonialismo cultural y mostrar las potencialidades culturales de la mayor de las Antillas.

Lo cubano no es una moda, sino un acervo amplio, rico, diverso que se puede desplegar de manera estratégica, consciente, bien pensada, en cualquier propuesta turística.

Dámaso Crespo, director de la Asociación Cubana de Artesanos Artistas

Dámaso Crespo, director de la Asociación Cubana de Artesanos Artistas, (ACAA).

Los acuerdos y protocolos firmados entre instituciones culturales y autoridades del turismo serán insuficientes si falta el diálogo sistemático, comprometido, en el que debe perdurar no solo la valoración de lo que ocurre sino las soluciones o modos factibles para resolver problemáticas que afectan el rostro genuino de nuestro país.

Es indispensable fortalecer cada día la alianza estratégica entre los ministerios de Cultura y de Turismo, el papel protagónico de la vanguardia artística e intelectual en todas las acciones, pasos significativos que influirán decisivamente en la Política para el Turismo expresada en congresos del Partido y de la Uneac. El esfuerzo conjunto propiciará seguir incrementando el arribo de turistas a nuestro archipiélago. Como dice el cantautor Silvio Rodríguez, “venga la esperanza, pase por aquí”, en beneficio de lo mejor del arte y la cultura cubanos, cuyos frutos deberán seguir cautivando a visitantes foráneos.

 

Salvaguardar la cultura e identidad cubanas

En el IV Congreso de la organización de la vanguardia artística cubana, en 1988, apareció como un tema de preocupación y discusiones, la necesidad de vincular la cultura y el turismo. Según relata Alicia Valdés Cantero, presidenta de la Comisión de Cultura, Turismo y Espacios Públicos de la Uneac: “establecida la Comisión como grupo de trabajo en el V Congreso (1993) fue presidida por el escritor Enrique Núñez Rodríguez, el doctor José Loyola (VI Congreso), y la musicóloga Cary Diez (VII Congreso).

Alicia Valdés Cantero, presidenta de la Comisión de Cultura, Turismo y Espacios Públicos de la Uneac.

“Desde la cultura podemos contribuir a elevar la calidad de la formación de los profesionales que demanda el turismo”, destaca la máster Alicia Valdés.

“Luego del VIII Congreso, la presidencia de la Uneac decidió redimensionar y fortalecer la Comisión sumándole los Espacios Públicos Estatales (no pertenecientes a la esfera turística) con influencia en la cultura, y el sector no estatal. De esta forma, no solo se reconoce la implicación que tienen otros grupos que, de manera institucional o independiente, proponen ofertas culturales, sino que se cuida la autenticidad y calidad adecuadas de esas ofertas en aras del fortalecimiento de la proyección social de nuestra cultura.

Desde 2014 Alicia Valdés Cantero preside la Comisión –constituida en el nivel nacional, las filiales provinciales y municipales–, para “apoyar las urgencias del desarrollo turístico, el protagonismo de lo mejor del arte cubano y lo que en materia artística se presenta en los espacios públicos. Y fomentar desde la academia, la difusión y concientización de estos tópicos mediante conferencias y encuentros con intelectuales de la Uneac, trabajadores y estudiantes del turismo.”

También destaca el trabajo de la Comisión desde su génesis y los debates posteriores, en 1989, “en los cuales participó el compañero Fidel; de esas reuniones surgió la idea de que la presidencia de la Uneac hiciera un recorrido por los principales polos turísticos en desarrollo como Varadero, la cayería norte de Camagüey y la Isla de la Juventud. De dichos encuentros nacieron ideas e iniciativas como la de no crear una cultura para el turismo, sino que los programas turísticos se reinserten en la vida cultural del país”.

Valdés precisa que la Uneac es una organización social y no un órgano del Estado que legisla. “Nuestro desempeño se orienta a buscar opiniones, valoraciones, criterios, cuestionamientos y problemáticas que inciden en el mejor desarrollo del turismo y la cultura. La política y las líneas a seguir se definen en el documento Lineamientos Generales para las Relaciones de Cultura-Turismo, firmado por ambos ministros en diciembre de 2015. Se establece que: “Las instalaciones turísticas deben garantizar que la comercialización de los productos y servicios no admita concesiones éticas, estéticas y culturales que atenten contra la defensa de los valores patrimoniales, identitarios, históricos, y sociales de la nación cubana”.

En diferentes etapas de trabajo se ha privilegiado la necesidad de establecer dentro de la estrategia general del desarrollo turístico del país, la presencia orgánica de la creación cultural. “Damos seguimiento permanente al concepto de Imagen Cuba. Entendido como “las imágenes derivadas de las acciones de comunicación y promoción que deberán reflejar las facetas más representativas de nuestro patrimonio natural y cultural en lo referente a características ambientales, monumentos nacionales y locales, pluralidad racial, religiosidad, manifestaciones artísticas de alto reconocimiento nacional e internacional y expresiones raigales de la cultura cubana”.

Desde 2015 la Comisión ha consolidado su labor, aunque todavía prevalecen insatisfacciones como la carencia de un grupo de trabajo encargado de la atención a los espacios públicos, y un coordinador principal estable para dicha responsabilidad.

“Los miembros de la Comisión y del Consejo Nacional de la Uneac, han expresado preocupaciones acerca de la inestabilidad de los cuadros en las instituciones culturales; descontento por la elección de artistas que se presentan en hoteles y centros turísticos, sin tomar en cuenta juicios de expertos, y la inconsistencia en los métodos de programación y contratación que, a veces, se basan en criterios administrativos.

“Existen insatisfacciones sobre la calidad de los espectáculos musicales y su nula diversificación según las peculiaridades culturales de cada lugar, el poco empleo de la música bailable en vivo en las instalaciones hoteleras donde existen condiciones adecuadas, el escaso control cualitativo de la música difundida en los espacios de recreación.

“También se reclama la pertinencia de tomar en consideración juicios de expertos en la selección curatorial o elección de artistas representados en las áreas expositivas de hoteles y centros turísticos y la necesidad de caracterizar las diversas artesanías tradicionales del país.

“Es fundamental salvaguardar la cultura e identidad cubanas. Imposible afrontar los retos actuales y futuros si todos no nos involucramos en el trabajo de la Comisión de manera activa y eficaz”.


Sahily Tabares

 
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