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Publicado el 28 Julio, 2017 por Caridad Carro Bello en En Cuba
 
 

FIESTAS DE 15

Historias detrás de un abanico

No pocas familias cubanas gastan altas sumas de dinero en festejos de salón, alquileres de instalaciones, autos, estudios fotográficos y vestuarios, comidas, bebidas para muchas personas, y hasta el contrato de grupos musicales para el momento
Historias detrás de un abanico.

Foto: fiestasdequince.com

Por CARIDAD CARROBELLO y TAISSÉ DEL VALLE

Toda una noche sin dormir pasaron los integrantes de la familia Pino, tres días antes de los 15 de Zulema: no habían conseguido un ómnibus lo suficientemente grande para trasladar a las 14 parejas del baile de salón y varias decenas de invitados, hasta el restaurante La Tarraya, del parque Lenin, en el municipio capitalino de Arroyo Naranjo.

Entonces el padre, bodeguero de ocupación, tuvo que vender tres cerdos más de la cochiquera del patio, para aumentar las finanzas y pagar así el alquiler de dos guaguas de mediano tamaño, pertenecientes a una empresa de turismo.

Para los Rosales, sin embargo, no hubo tantos sobresaltos económicos, ya que familiares residentes en el exterior les enviaron dinero para la celebración de Lilian, la quinceañera. También los ingresos del padre, gerente de una tienda habanera, y de la madre, trabajadora por cuenta propia en una dulcería, contribuyeron a darle gustos a la muchacha residente en La Víbora.

Ella quería celebrar sus 15 en Varadero, “pero no se pudo porque un ‘todo incluido’ para varias personas requería disponer de más de mil CUC”, lamenta la joven.

Entonces quiso algo más “modesto”: gastar en un fotobook y videos, incluyendo el making off, como si fuera una modelo famosa de pasarela. Al final el reflejo gráfico costó 500 CUC, porque adicionó imágenes en exteriores y en actividad de compras por varias shopping capitalinas, algo que se está poniendo de moda últimamente. Y desde luego, la fiesta sería informal y sencilla, en una piscina particular, La Orquídea, del mismo municipio donde vive la familia, alquilada con 400 CUC.

Elvy, por su parte, no permitió que se ignorara su decimoquinto cumpleaños. El adolescente quiso pasarla bien con sus amigos reguetoneros, también en una piscina. Cuando se lo dijo a su madre, a ella por poco le da un infarto.

Historias detrás de un abanico.

Nada hay comparado con el disfrute de este onomástico, con naturalidad y sencillez. (Foto: logoscuba.com).

Solo faltaban seis meses para la fecha y Elvy nunca había tocado el asunto. Su deseo repentino implicaba contar con más de mil CUC para destinarlos a fotos, alquiler del espacio y de un grupo musical de reguetón, entre otros gastos. Y la cuenta no daba para la familia Balán, cuya casa está ubicada al final de un pasillo, y aún en proceso de construcción, en el Callejón del Sapo, Guanabacoa.

A pesar de la separación matrimonial, ambos padres –graduados universitarios– se pusieron de acuerdo para unir sus finanzas. Tenían la convicción de que celebrar los 15 del hijo varón no lo haría menos hombre. “Ese día él quiere compartir con sus amigos; creo que no es nada feminoide, solo una moda. Pudiera oponerme, pero las costumbres han cambiado y un enfrentamiento padre-hijo no resuelve nada pues su área de influencia no la puedo cubrir yo solo, únicamente trato de darle la vuelta a su idea, por el alto gasto que implica”, dijo el padre.

El joven no quería fotos. Pero la madre sí, “porque es lo que queda plasmado para el futuro”, insistió ella. Para las instantáneas, Elvy adoptó poses donde se resaltara su musculatura; y otras, como modelo de revista y cantante famoso, según sus preferencias musicales asociadas a la música urbana. Pero sobre todo insistió en un montaje que simulaba un encuentro con el famoso futbolista Lionel Messi.

Muy pocas expectativas tuvo Narelys, quinceañera de La Habana. La familia López recibe como ingresos la ayuda económica que la seguridad social le brinda al padre, en silla de ruedas –y quien por suerte dejó la bebida–, así como el modesto salario de la madre, auxiliar pedagógica. Sin embargo, los integrantes de la casa pastoral evangélica a la que asiste la joven, no dejaron pasar por alto la ocasión.

Entre valses y apariencias

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Históricamente, las fiestas de 15 eran el momento en que las familias pudientes presentaban a las muchachas ante la sociedad. (Foto: fiestasdequince.com)

Las celebraciones de 15, con las tensiones familiares y todo el entramado de negocios y servicios tejido a su alrededor, fueron reflejadas por la revista BOHEMIA en la primera edición de abril de 2005. Bajo el título “Vals de las apariencias”, esta misma sección indagó sobre varias condicionantes que intervienen en esta tradición.

En el citado trabajo, la psicóloga Ivette Vega argumentó que “los padres juegan un rol muy importante en la fabricación de ilusiones de los hijos, pues los jóvenes reclaman muchas veces lo que sus progenitores han condicionado de manera subliminal cuando les dicen: ‘Esto vamos a guardarlo para tus 15’. Sobre ambos progenitores cae el peso del sacrificio por el sueño, pues son quienes se encargan de hacerlo realidad”.

A solo 12 años de aquel reportaje, este tipo de fiesta añadió nuevos elementos y se tornó más costosa. La periodista Sheyla Delgado di Silvestrelli puntualizó en la revista Mujeres (2016) el recorrido de las celebraciones para las niñas y su colofón, los 15. “[…] Ya el boom de la farándula de los cumples infantiles está a punto de dejar paranoicos a los más sosegados: la del miniquince (a los cinco años) y prequince (a los 10), que obviamente sellan con broche de oro en la pomposa fiesta de quinceañeras”.

Recientemente, la tesis de licenciatura en Periodismo Mis quince primaveras, de una de las autoras del presente trabajo, Taissé Del Valle, puntualizó que el miniquince y el prequince introducidos en el contexto nacional no son tradiciones, sino influencias culturales foráneas con una alta carga mercantil. Las celebraciones previas a los 15, con sus más actuales variantes, se deben a que en la sociedad cubana convergen variados consumos culturales, y niveles de uso y acceso a las tecnologías de la información y la comunicación, que realzan tal novedad; son, en cierta medida, un producto de la globalización.

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Los varones también se incluyen en el festejo quinceañero. (Foto: juventidrebelde.cu)

La celebración del decimoquinto cumpleaños a los varones, es otro elemento incorporado a la festividad desde hace aproximadamente un lustro. “Como era de esperarse –recalca la tesis–, en una sociedad aún machista como la cubana, las prácticas culturales en torno a esta celebración no son exactamente las mismas que en el caso de las muchachas, aunque sí se han hecho muy populares las fotos. Parece ser, para ellos, solo una cuestión de moda”.

Cuatro familias bajo la lupa

La investigación Mis quince primaveras, caracterizó las prácticas culturales en torno a las celebraciones de los quinceañeros de cuatro familias habaneras: los Pino, Rosales, Balán y López. Indagó los componentes económico, biológico-psicológico, simbólico, comunicativo y sociocultural, de los diversos actores.

Para el análisis fueron aplicadas algunas técnicas del método etnográfico, entrevistas a las familias escogidas y allegados, además de la observación de los distintos procesos en estas celebraciones de 15, desde su concepción hasta el momento de la socialización de las fotos en el barrio y la escuela. Asimismo, el trabajo hizo una amplia revisión bibliográfico-documental y fueron consultados estudiosos del tema.

Es significativo que, a pesar de las marcadas diferencias determinadas por los diversos estatus económicos de las familias, las expectativas sociales siguieron siendo muy homogéneas en cuanto a la casi obligatoriedad de que los padres financiaran a sus hijos una celebración digna de recordar, a pesar de conocer que solo los costos de las fotos y los videos sobrepasan los ingresos de un profesional cubano en un año.

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No pocas quinceañeras realizan fiestas de salón con valses y otros bailes de parejas, que no excluyen el espectáculo. (Foto: youtube.com).

El estudio académico consideró como aspecto biológico-psicológico propio de la edad de los quinceañeros, la preocupación por mejorar la apariencia física, querer estar a la moda, la aspiración de tener independencia en las salidas nocturnas y el apego a la socialización en espacios al aire libre.

Uno de los elementos coincidentes en los cuatro jóvenes seleccionados fue el contexto estudiantil. Zulema, Lilian, Elvy y Narelys cursan la enseñanza media y en este entorno comparten códigos y valores; por lo general, escuchan el mismo tipo de música, tienen consumos audiovisuales semejantes y, como nativos digitales, convergen con las más frecuentes tendencias on line.

Como resultado del trabajo de campo de esta tesis, fue posible constatar que en la mayoría de los jóvenes analizados el tipo de música escuchada influyó a la hora de escoger sus grupos de pertenencia, logrando así una diferenciación. Zulema, amante de la danza, prefiere la música popular bailable; Lilian quiere ser modelo y se inclina más por los ritmos pop de las pasarelas internacionales; Elvy se identifica con el reguetón y la manera de vestir, hablar y comportarse de estos músicos; y Narelys escucha alabanzas religiosas.

Las entrevistas con estos muchachos corroboraron que entre los consumos culturales en tres de los casos (a excepción de Narelys) tienen prioridad los audiovisuales, pues les gustan las series, películas y videos clips, muchos de los cuales son productos norteamericanos, europeos o asiáticos, y algunos cubanos.

El hábito de leer está presente en ellos en menor medida, y hay diferencias en los gustos: Zulema y Elvy, por lo general no sobrepasan la lectura de lo orientado en la escuela, Lilian repasa cotidianamente las revistas de moda que oferta el Paquete Semanal, y Narelys dedica horas a la Biblia.

La indagación arrojó que, aunque no sea la generalidad dentro de la sociedad cubana, existen festividades donde la especulación y el “tirar la casa por la ventana”, hacen nuevamente acto de presencia. De la ilusión familiar se aprovecha la pequeña empresa privada organizada alrededor de este onomástico.

Se oferta de todo

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Para las familias queda el recuerdo del momento, reflejado en el costoso Photobook. (Foto: Izuky Photography).

Para la doctora y periodista Isabel Moya, los 15 han devenido un negocio exponencialmente lucrativo, sobre todo en los últimos 10 años. Ha ido ganando espacio la industria de la memorilia o del recuerdo (fotos, videos, afiches, llaveros, posters, postales).

Según los resultados de la investigación Mis quince primaveras, en tres de los casos analizados las fotos y los videos de las distintas fases de la ceremonia presentan a los adolescentes en un estado de plenitud, felicidad y suntuosidad.

Para el reflejo visual priman las portadas tridimensionales, la realización de revistas y photobooks. Dentro del álbum de las quinceañeras destacan peculiaridades de la moda internacional. Por ejemplo, los peinados al estilo de Lagherta, protagonista femenina de la serie Vikingos (que es parte del consumo cultural foráneo).

Se observó que las fotos temáticas son muy aceptadas: Alicia en el país de las maravillas, poses como una Venus (que alude a la “inocente” sexualidad de la joven), imágenes en actividad de compras usando las bolsas de la multimillonaria marca Victoria’s Secret, así como imitaciones de sujetos de pasarela o artistas.

Las principales locaciones exteriores que los estudios fotográficos incluyen en sus ofertas son: La Habana Vieja, donde se escoge a la ciudad amurallada y antigua que contrasta con la frescura de las poses y los estilos juveniles; el parque Almendares, por la belleza de los paisajes naturales; y hoteles del municipio de Playa, porque denotan una ciudad más actual y cosmopolita. En cuanto a los principales montajes utilizados, se seleccionan otras capitales del mundo.

Cabe resaltar que en ninguno de los casos analizados los quinceañeros escogieron la realización de fotos junto a sus compañeros de clases, a pesar de que con estos comparten códigos y valores. Las fotos de estudio son, por lo general, un proceso que acompañan las madres, los fotógrafos, maquillistas y vestuaristas, pero nadie más.

Miradas Cuba adentro

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Algunas celebraciones incluyen el paseo por la ciudad en auto descapotable. (Foto: cubahora.cu)

La psicóloga cubana Lisset Gutiérrez, en el panel Fiestas de quince, bodas y otros ritos culturales, publicado por el Instituto Cubano de Investigación Cultural Juan Marinello en 2006, afirmó que: “luego de 1959 la Revolución estimuló un proceso de homogeneización social y cultural, en el que se defendieron los valores de la sencillez, la igualdad…”.

Así mismo lo valora Isabel Moya, quien apunta que existieron algunas políticas sociales para que la celebración de los 15 se extendiera a un mayor número de familias cubanas. “Junto con la libreta de abastecimiento te daban un ‘tique’ para comprar un par de zapatos. En el caso de La Habana se adquirían en la tienda Primor. Las quinceañeras recibían otro cupón para comprar el cake, la cerveza, refrescos. De alguna manera, los festejos entraban por la libreta de abastecimiento, como si fueran obligatorios; este elemento ayudó a mantenerlos en el tiempo”.

Sobre los años 80 del pasado siglo, muchas personas que antes no tenían recursos económicos, empiezan a tratar de cumplir aquella ilusión que las madres no pudieron realizar en su juventud. Se pone de moda el alquiler de trajes largos, la práctica de ahorrar dinero y la realización de desmesurados gastos, a tal punto que lo refleja una película satírica sobre el tema, Vals de La Habana Vieja, de Luis Felipe Bernaza.

En la misma década comenzaron los montajes fotográficos. Los más usuales: la quinceañera en la pantalla del televisor soviético, así como el paisaje del malecón habanero traído hasta la sala de la casa. Otros escenarios para la fotografía fueron la escalera, el piano y las motos. Se usaban vestidos con pamela y guantes de encaje hasta los antebrazos. Los shorts eran hasta la cintura, presentes sobre todo en fotos de exteriores.

A pesar de que la sociedad defendía valores como la sencillez y la modestia, se adentró en algunos sujetos el falso concepto de la celebración, abocado hacia la fastuosidad y la ostentación. Un artículo de la revista Mujeres, en la década de los 80, proponía otra visión del cumpleaños: “Sin desdeñar la tradicional fiesta, muy del gusto de la jovencita, hay múltiples maneras de hacer ese día inolvidable. Desde la cena con sus familiares y amigos más íntimos en un buen restaurante, hasta la cada vez más aceptada Vuelta a Cuba. Hay variantes para pasarlo bien sin agravar en demasía el presupuesto familiar ni querer aparentar lo que no se es”.

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Varios estudios fotográficos cubanos incluyen el alquiler del traje largo para la quinceañera. (Foto: Estudios Logos)

El período especial supuso un escollo casi insalvable para el modelo de los 15 fastuosos. Pero la ceremonia del salón reapareció con fuerza a finales de los 90, ya dentro de un contexto nacional con nuevos actores económicos. Igual se manifiesta un cambio de mentalidad en las jóvenes, una visión más personal del festejo, aunque nada barato, pues las muchachas aspiran a que las lleven a cabarets como Tropicana, Parisién y Copacabana, o a una casa en la playa.

En las primeras décadas del siglo XXI la celebración sostuvo los matices ostentosos, y en la actualidad el lujo y la opulencia son propuestos incluso por productos culturales foráneos como la revista Primavera, incluida en el Paquete Semanal.

Varios analistas consideran que a los 15 hay que mirarlos hoy desde una óptica multidimensional, relacionada con valores en evolución. Las fiestas, ya sean modestas o fastuosas, son expresión del estatus hogareño dentro de un contexto económico cambiante, y sedimentado a partir de la educación, las tradiciones, las creencias más firmes de las familias, el barrio, la escuela, y también de la calidad de los consumos culturales.

Aquellas personas con un alto nivel monetario pero muy dependiente de las tendencias extranjeras en sus preferencias, seguirán teniendo una mirada muy kitsch del festejo, solo limitada a las apariencias y al tener por encima del ser.

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El patrón de los 15 que siguen una temática, como la de esta Cenicienta saliendo de su carroza, se pone de moda en Latinoamérica. (Foto: bellezaslatinas.com).

Otras familias más apegadas a los valores de sencillez y modestia, sin embargo inculcarán en la formación del adolescente, gustos, identidades y necesidades más acordes con la realidad de los ingresos domésticos; y aun cuando estos últimos sean altos, inclinarán a los jóvenes a ser más prácticos y menos derrochadores, a cumplir roles más trascendentes, tanto en la esfera docente como en sus relaciones con otras personas.

El criterio del papá de Elvy destacó en este sentido. “Siempre le aclaré a mi hijo que ni dejaríamos de comer por su fiesta, ni se paralizaría la vida de nosotros por darle un gusto. Solo íbamos a aportar lo que tuviéramos para eso y él lo tuvo bien claro. En el criterio de racionalidad fui tajante; él puede tener hoy cinco pares de zapatos, pero jamás 10, porque no es necesario, debe haber un límite. A los padres nos gusta que los hijos estén bien, pero a los muchachos también debe gustarles que los padres lo estén; por eso no es justo que la familia se sacrifique vendiendo sus cosas ni sobreexplotándose en el trabajo y afectar así la salud de algunos de sus miembros.

“Nunca debe dejarse a un lado la consideración y el apoyo humano que debe existir entre padres, hijos, hermanos, abuelos, por darle más importancia a esa efeméride. Lo esencial está en el amor entre nosotros mismos como personas, no en la apariencia”, concluyó.

No se trata de censurar el festejo, sino de re-conceptualizarlo, pues es una tradición. Las fiestas, fotos y regalos pueden ser mucho más sencillos, sin perder la oportunidad de que la familia se solidarice con el momento, aporte, sea partícipe del disfrute en colectivo, y haga sentir al adolescente responsable ante la nueva etapa que se abre en su vida.


Caridad Carro Bello

 
Caridad Carro Bello