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Publicado el 26 Septiembre, 2017 por Igor Guilarte Fong en En Cuba
 
 

DESPUÉS DE IRMA

Ejército frente a ciclón

Loables proezas escriben durante la fase recuperativa las instituciones armadas, a lo largo y ancho de la geografía nacional

 

Una vez más, los efectivos de las FAR y el Minint han batallado junto al pueblo al que pertenecen, ahora para enfrentar los estragos del huracán Irma (fotos LEYVA BENÍTEZ)

Una vez más, los efectivos de las FAR y el Minint han batallado junto al pueblo al que pertenecen, ahora para enfrentar los estragos del huracán Irma (fotos LEYVA BENÍTEZ)

Por IGOR GUILARTE FONG

En cada barrio dañado, en todo el país, montan su campamento. A buen resguardo dejaron las armas con las que habitualmente protegen la Revolución. Cantimplora al cinto, manga al codo, motosierra o machete en mano, miles de hombres y mujeres de verde olivo despejan lodazales, ramas y escombros dejados por el huracán Irma sobre el asfalto. Se calzaron las botas de la movilización en respaldo a la convocatoria de Raúl para consagrarse en la recuperación, afirman con orgullo.

Una vez más, los efectivos de las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR) y del Ministerio del Interior (Minint) han dado el pecho a la situación. Aún bajo las lloviznas residuales del meteoro, y sin apenas tiempo para reponer las averías en sus propias casas, se lanzaron tempranamente a la higienización y reparación de los estragos. Lo han hecho de forma masiva y disciplinada, con la conciencia de su papel de servidores públicos, porque ellos mismos son pueblo uniformado.

Pero momento hubo, antes y durante el paso del huracán, en que los miembros de la Defensa Civil y los combatientes de la Policía Nacional Revolucionaria desempeñaron su papel en las evacuaciones previas en aquellas áreas más vulnerables, y en la vigilancia de los bienes sociales y particulares.

También los del Cuerpo de Bomberos acudieron a las zonas inundadas con sus tropas especializadas en rescate y salvamento, para librar -incluso de riesgo de muerte- a algunos que se negaron a evacuarse, o para auxiliar a familias cuyos hogares quedaron inesperadamente presas del mar desbordado.

Las FAR en la recuperación tras el huracán Irma.

(Fotos LEYVA BENÍTEZ)

Por estos días, suele verse a generales, coroneles, tenientes coroneles y mayores arrastrando el mismo gajo o paleando junto a sargentos, suboficiales, soldados y trabajadores civiles. Veteranos junto a jóvenes. Y también mujeres, porque no hay obra completa en que no estén las manos de las cubanas.

El ejemplo impulsa con tanta fuerza como un ciclón. Hasta los de los municipios o las provincias menos afectados marchan en contingentes solidarios a otras regiones donde más se necesita el apoyo. Los del Ejército Juvenil del Trabajo procuran aportar -a precios asequibles- los alimentos demandados por la población. Unidos por un mismo fin, todos conforman un gran ejército que lucha por volver a salir victorioso en una nueva y distinta batalla.

Para ellos no cuentan horarios, fines de semana ni obstáculos. La misión que libran es, a no dudarlo, extensa, ardua, fatigosa. No obstante, se empeñan en cumplirla estrictamente. Están bien entrenados. Tienen la experiencia de ciclones anteriores. Por encima de lo difícil del desafío, está el convencimiento de que, del cumplimiento riguroso y eficaz de esta misión depende prevenir una epidemia que atente contra la salud general.

Los vecinos se les suman. También les compensan con lo que pueden: agua, café. Es enorme el concierto de alabanzas y agradecimientos que los integrantes de las FAR y el Minint han ganado, con sus manos ampolladas y camisas sudadas, borrando las huellas de Irma.

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Igor Guilarte Fong

 
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