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Publicado el 22 Septiembre, 2017 por Caridad Carro Bello en En Cuba
 
 

PROTECCIÓN AL CONSUMIDOR: Calibrando problemas de peso

Por CARIDAD CARROBELLO y DELIA REYES GARCÍA

Era el tercer sábado de junio de este año. La feria agropecuaria se efectuaba con aparente normalidad en la plaza del reparto Hermanos Cruz, en la ciudad de Pinar del Río. Un grupo de inspectores de la Dirección Integral de Supervisión (DIS) en la provincia recorría las instalaciones de comercialización.

Eulis Hernández Lores, jefe de grupo de la DIS, pidió a un cliente que le permitiera comprobar el peso de su compra. Cuando el especialista fue a la pesa donde se había realizado la venta, halló que uno de los discos que debía pesar 400 gramos, solo llegaba a 300. Tanto este como otros seis, tenían varios huecos en la parte inferior, esa que nunca ven los compradores.

La DIS actúa sobre las ilegalidades en el pesaje, también los inspectores populares y los de la delegación del Ministerio del Comercio Interior (Mincin). “Cuando los allí presentes conocieron el hecho, querían comerse vivo al farsante, pues al despachar de menos, estaba robándole al pueblo…

“Tras nuestra comprobación, donde ocupamos los discos falseados, a este dependiente que laboraba en una carnicería estatal, le fue aplicada una multa y otra al administrador por no supervisar. A la vez, la empresa de comercio sacó del sector al primero y el jefe fue separado de su cargo por seis meses.

“El caso se presentó en la reunión provincial del Grupo de Alimentos, donde participan suministradores y los organismos vinculados a la actividad comercial”.

En lo que va de año, en Pinar del Río se aplicaron 220 medidas disciplinarias, no solo por violaciones del pesaje –es decir, engaño al consumidor–, aunque una cifra importante responde a estas.

Eso demuestra la necesidad del control permanente de ese cuerpo de inspectores del Consejo de la Administración Provincial, así como de otros órganos supervisores, en aquel territorio y en el resto del país, donde los instrumentos de medición muchas veces se utilizan incorrectamente o se manipulan con fines delictivos, sin contar que a veces no existen, son insuficientes, no cumplen los requisitos o se combinan con ciertas “mañas” y condiciones de comercialización inadecuadas.

“Por ejemplo, la venta de pollo es una trampa. Viene con gran cantidad de hielo y aunque te lo pesen delante de tus ojos, nunca está descongelado. Así que siempre estamos pagando por el agua acompañante”, sostiene Nieves Rodríguez, en la carnicería especializada La Predilecta, en la ciudad de Pinar del Río.

En varias unidades de venta de materiales de la construcción, BOHEMIA comprobó que las pesas digitales permanecen subutilizadas. (foto MARTHA VECINO ULLOA)

En la misma unidad, los reporteros de BOHEMIA y directivos municipales del comercio pidieron al administrador que pesara por separado el pollo y el hielo contenidos en una caja con un peso neto identificado de 15 kilogramos, cuya factura indicaba, sin embargo, 300 gramos más. Las piezas de pollo pesaron 13,6 kilogramos, el hielo 1,3 kilogramos y el envase de cartón mojado, unos 700 gramos.

“El pollo congelado que hoy se oferta es un problema grande, tanto para la población como para quienes lo comercializamos. Se produce una merma significativa”, explica Osniel Guerra, director de la Empresa Municipal de Comercio en la ciudad cabecera de la occidental provincia.

El fenómeno del faltante, dicen los entendidos, no acabará de resolverse hasta tanto la facturación no se haga en cada unidad comercializadora. A la par, la vigilancia con las pesas y la medición en volumen y peso de los productos debe ocupar más a las autoridades, pues hoy ocurren evidentes violaciones de la protección al consumidor.

Ventas dudosas

En Arroyo Naranjo, La Habana, un usuario adquiere dos libras de queso blanco –a 35 pesos cada una– en el kiosco de un trabajador por cuenta propia. La antigua pesa que, por el diseño es llamada popularmente “de pata de gallina”, tiene pintado el plato donde se colocan los productos.

Esto, desde luego, posibilita el engaño al cliente pues las mercancías pesan más. Pero el hecho parece haber pasado por alto cuando certificaron este medio como “apto para el uso”, según consta por un sellito amarillo otorgado este año. Ante el hecho no pudo responder el vendedor, ni tampoco el titular del kiosco, quien no estaba presente.

Como consta en el informe de control y fiscalización al estado de los principales instrumentos de medición en el país, efectuado por grupos de diputados de la Asamblea Nacional del Poder Popular, en noviembre de 2015, es variopinta la situación detectada en los servicios a la población, tanto en el sector estatal como en el no estatal.

En aquel momento fueron visitadas las unidades de comercio y gastronomía subordinadas a las direcciones municipales y provinciales, como mercados Ideal, bodegas, carnicerías, tiendas de materiales de la construcción, talleres de reparación del Programa de Ahorro Energético (PAE), cafeterías, establecimientos del Sistema de Atención a la Familia (SAF), unidades de alojamiento, mercados agropecuarios y placitas de venta de productos agropecuarios. Además, se incluyeron centros de salud pública, donde se emplean esfigmomanómetros y equipos de pesaje.

La fiscalización y control abarcó 12 provincias, 58 municipios, 265 entidades, e incluyó intercambios con alrededor de 662 personas, entre ellas, trabajadores del sector no estatal, carretilleros, socios de cooperativas no agropecuarias, paladares y cafeterías. De los equipos de medición, la cuarta parte presentaba roturas y alrededor del 40 por ciento no tenía certificación.

Los diputados puntualizaron que la Empresa de Fabricación de Medios de Pesar (Pexac) es la encargada de calibrar las pesas, mientras la Oficina Territorial de Normalización se encarga de legitimar. Pero, por falta de transporte, en los municipios más alejados existían dificultades con la certificación de dichos medios en el comercio, la gastronomía, la agricultura y las empresas alimentarias.

El matancero Jorge Luis Álvarez Palacio, jefe del departamento de metrología de la Oficina Territorial de Normalización, así lo confirma: “Debemos llegar a todos los lugares, pero, por ejemplo, tengo una bodeguita con dos pesas en Cayo Ramona, en la Ciénaga de Zapata. ¿Cuánto hay que caminar para visitarla? Matanzas es de las provincias más extensas, eso implica gasto de combustible. Cada vez que nos movemos por nuestros medios, y desafortunadamente no es en la misma localidad, al finalizar el día a lo mejor se hicieron solo cuatro pesas, y caminamos 100 kilómetros”.

Utilizar el cajón establecido para medir los áridos en los centros que expenden materiales de la construcción implica grandes esfuerzos físicos para los estibadores. (foto MARTHA VECINO ULLOA)

El control y fiscalización de hace dos años concluyó que por diferentes causas las mediciones no se realizan siempre con la confianza y la garantía requeridas. “Todo esto provoca la afectación o maltrato a un cliente o consumidor, por la utilización de un equipo de medición que no reúne las condiciones para prestar el servicio, que propicia además errores, pérdidas y confusión en las actividades comerciales y en el control de los recursos, y puede llegar hasta el delito de engaño al consumidor”, contemplado en nuestra legislación penal.

Regreso al fiel de la balanza

Los diputados de la Comisión de Atención a los Servicios volvieron a examinar el tema en 2017. Analizaron el programa metrológico presentado por el Mincin. Con la dirección de ese organismo y la Oficina Nacional de Normalización, perteneciente al Ministerio de Ciencia, Tecnología y Medio Ambiente (Citma), estudiaron normas e informes del tema, para profundizar en el análisis. Los parlamentarios intercambiaron con dirigentes de la Unión de Comercio y Gastronomía de La Habana y otras direcciones provinciales, así como realizaron visitas de comprobación en 32 municipios de seis provincias.

En esta ocasión, el informe detalla: “el Programa de Aseguramiento Metrológico aún no es suficientemente coherente, pues las empresas y unidades no conocen con exactitud cuándo van a ser beneficiados y no siempre es del conocimiento de las asambleas municipales y los Consejos Populares, a pesar de que estos últimos son los portadores de las quejas y planteamientos de la población, limitando así mismo su control, además no son suficientes las acciones para frenar el delito, las ilegalidades e indisciplinas en el sector.

“Las principales irregularidades detectadas se relacionan con el despacho de menos mercancía, y por lo tanto un cobro superior”, explica Eulis Hernández Lares, jefe de grupo de la DIS en Pinar del Río, mientras muestra un disco falseado. (foto YASSET LLERENA)

“Esta voluntad debe acompañarse de los recursos y de las medidas necesarias orientadas a la educación, la divulgación y la elevación de la cultura metrológica de la población, pero en particular de todos los directivos involucrados”.

Los parlamentarios insistieron en lograr la sostenibilidad de ese programa del Comercio Interior, mediante acciones de coordinación, ejecución y control; potenciar la atención a las entidades encargadas de los servicios de verificación y calibración; así como que en los Consejos de Administración, las entidades locales y la población, establezcan el control para la disminución del delito, las ilegalidades y las indisciplinas en el comercio y la gastronomía.

Pesajes mareados

En la tienda de materiales de construcción San Francisco, perteneciente a la Unidad Empresarial de Base de Comercio (UEB) San Miguel del Padrón, del Grupo Empresarial de Comercio y Gastronomía de La Habana, el desabastecimiento es notable. A juicio de Carlos García Morales, administrador, es porque se ha priorizado a las unidades que dan servicio a las personas subsidiadas.

Aquí las cabillas, cuando llegan, no se pesan por toneladas, sino se cuentan por unidades cuya cantidad no se corresponde con ese peso; el cemento a granel se mide por cubos –y estos, cuando llevan un tiempo de uso, presentan incrustaciones y no dan la cantidad exacta–. En el patio donde se depositan los áridos, del cajón que el Mincin indicó utilizar para la medición solo quedan unas tablas.

Silvestre Jesús Izquierdo, uno de los estibadores, explica que el cajón entró hace cuatro años, y como se mantiene a la intemperie, se dañó. Agrega que su manipulación era muy engorrosa, porque entre dos hombres no podían levantarlo, pesaba mucho. La medida era para medio metro de árido, pero igual resultaba inexacta porque se ensanchaba y medía más.

El pollo, tanto en la venta normada como liberada, debe pesarse y venderse sin hielo. (foto MARTHA VECINO ULLOA )

Las diputadas Silvia Martínez Bello y Amarusy García Vidal, pertenecientes a la Comisión de Atención a los Servicios, valoraron en recorridos por tiendas de materiales de construcción en San Miguel del Padrón y el Cerro, respectivamente, que el empleo del cajón era antihumano. El estibador debía llenarlo y luego palear de nuevo el material hacia las bolsas.

Encima de un mostrador y desconectada de la corriente, en la unidad de San Miguel del Padrón está la pesa eléctrica de 60 kilogramos. Carlos, el administrador, explica que la utilizan cuando el cliente solicita verificar el cemento que trae el cubo, y para la venta de clavos y grampas. La prueba de que apenas se emplea es que la cajera usa el tomacorriente para el ventilador. Igual de subutilizada está la del punto de venta de materiales de la construcción La Marina, en Matanzas. Según atestigua Roger Sánchez González, administrador, solo la utilizan para despachar puntillas, cuando aparecen.

Otro es el caso de la pesa de la unidad de venta de materiales de la construcción El único, en el municipio de Cerro, en la capital. Yunior Díaz Jiménez, administrador, dice que el instrumento de medición tiene su sello de calibración, pero le es imposible mostrarlo a los reporteros de BOHEMIA porque está en el local donde han descargado el cemento, caliente. Sin dudas el polvo también puede hacer sus estragos sobre la “medición certificada”.

Manuel Grave de Peralta Martínez, administrador del punto de venta de materiales de la construcción de Monterrey, en San Miguel del Padrón, tiene una pesa electrónica de 150 kilogramos, pero está rota, se le partió el cable. La de 60 kilogramos sí funciona, pero considera que por el cemento, la arena y los apagones, acabará rompiéndose. Por eso prefiere las de básculas y de patas de gallina. “Son mejores, con un alambre se arreglan”.

¿Kilos exactos o de menos?

Muy antiguas son las pesas que existen en la mayoría de las bodegas en Cuba, por lo tanto, es importante que quienes las emplean se ocupen de su mantenimiento, cuidado y certificación. (foto MARTHA VECINO ULLOA)

En el mercado capitalino Plaza Cerro, el administrador Oscar Ortiz Durán piensa diferente que Manuel. “Tenemos 30 pesas digitales y son la garantía de mediciones más exactas; las cuidamos como a la niña de los ojos: los productos agrícolas se venden limpios, para que la tierra no afecte ni al peso ni a la pesa, cada seis meses damos el mantenimiento, y cuando se presenta alguna rotura enseguida viene el mecánico del Instituto Nacional de Investigaciones en Metrología (Inimet)”, dice.

A pesar del adelanto, han existido quejas de la población, al tener que convertir los kilogramos –sistema que poseen estas pesas– en libras. Cuenta Oscar que tuvieron que poner tablas de conversión en cada área, para información de los clientes.

Igual de satisfecho con las pesas electrónicas está Leandro Santos Hernández, al frente del Mercado Ideal 3003, en el Cerro, donde venden pollo troceado, embutidos y otros productos. Muestra los sellos de “apto para el uso” de estos instrumentos y los certificados que cada cierto tiempo debe renovar para cada uno de ellos.

Jorge Luis, jefe del departamento de metrología de la Oficina Territorial de Normalización en Matanzas, se suma a quienes votan a favor de estas pesas. “En la otra, usted no ve nunca nada, ni aunque sea el mejor de los expertos, y así lo timan con una rapidez increíble; si le dan dos libras y media, entonces tiene que hacer el cálculo, la conversión desde el kilogramo, y le dicen finalmente que su mercancía pesa 3.80, pero ¿de dónde sacó ese número?

Poca suerte tiene la unidad del Sistema de Atención a la Familia (SAF) Mariposa, en San Miguel del Padrón, casi al frente de la empresa municipal de comercio del municipio. Brinda servicio a 150 comensales. Michel Fernández Neira, administrador, explica que recibió dos pesas digitales el pasado año, pero están rotas. “Los relojes no servían. Quedaron en venir a buscarlas, pero todavía no lo han hecho”, lamenta.

Y en el Mercado Ideal Calle Medio, de Matanzas, siguen pesando a la antigua, con las mecánicas, y en espera de las electrónicas.

Mercancías por jarritos

El director de desarrollo del Grupo Empresarial de comercio en la provincia de Pinar del Río, Vicente Muñoz, llama la atención sobre otro tema neurálgico.

“Estamos metidos de lleno ahora en los instrumentos de pesaje. Pero, ¿y los recipientes de volumen? Yo sé que igual requieren de inversiones muy grandes, tanto en tecnología como en el envasado. No obstante, ni aceite, vinagre, vino seco, o las mermeladas y salsas a granel deben seguir midiéndose con pomos o jarros. Por un lado, porque no es exacta la medición con esos utensilios, y por otro, porque peligra la inocuidad de los alimentos”.

Tanto estas irregularidades, como las infracciones en las mediciones de los carretilleros y de los vendedores de no pocos mercados agropecuarios y placitas, hacen suponer que aún es largo el camino para erradicarlas, y que el consumidor cubano esté bien protegido.

Largo trecho

Las limitaciones con el combustible y con los patrones para realizar las verificaciones, limitan el alcance de la metrología en el país. (foto YASSER LLERENA)

Apenas un bebé abre los ojos al mundo, enseguida lo miden y pesan. En este sencillo acto no pueden cometerse errores. Las mediciones forman parte de la vida cotidiana de las personas: mirar el reloj, si es de día o de noche, si hace frío o calor, cuánto hay que caminar para llegar a la parada del ómnibus.

La metrología existe desde que nació el primer ser humano y en ella intervienen tres factores: el instrumento, el método y quien lo hace. Este último es más importante porque puede llegar a falsear los dos anteriores, asegura el ingeniero industrial Eduardo Guillermo Pérez González, subdirector del Instituto Nacional de Investigaciones en Metrología (Inimet).

Abarca todas las esferas de la sociedad, tanto al sector empresarial como al presupuestado, al cooperativo, a los trabajadores por cuenta propia. Sin mediciones no pudiera hablarse de marcas en el deporte, incluyendo los Juegos Olímpicos; ni del crecimiento económico o del envejecimiento poblacional, por ejemplo. Son básicas para cualquier país.

Entre desatinos

En el caso de Cuba, el Decreto-Ley No.62, de implementación del Sistema Internacional de Unidades de Medidas (SI), data de 1982, “pero desafortunadamente, por razones a veces difíciles de comprender, no se ha aplicado totalmente. Eso influye a favor de las indisciplinas y el engaño al consumidor, porque a río revuelto, ganancia de pescadores”, valora el ingeniero Pérez González.

A su juicio, “en el país ha faltado voluntad y decisión para extender el SI a toda la red de comercio minorista. El problema está en el empleo de la libra o el kilogramo. Esa es una situación que pudiera solucionarse y no es tan difícil.

“Pero se trata de un bloqueo interno, que está entre el occipital y el parietal, aquí en la cabeza de la gente. Recientemente en la Asamblea Nacional del Poder Popular se volvió a hablar del tema y seguimos en las mismas”.

También resulta paradójico que las autoridades de las oficinas territoriales de normalización en las provincias y los especialistas del Inimet, cuando van a verificar los instrumentos de pesaje, solo lo hacen en kilogramos. “Porque no tenemos patrones en libras. Ahí está ocurriendo otra barbaridad”, alerta el experto.

Cuando van a entrar instrumentos electrónicos nuevos al país, confeccionan el modelo de aprobación y nada más los autorizan en kilogramos. Igual sucede para los de producción nacional.

Con tales desatinos resultará bien complejo avanzar, si bien el directivo del Inimet considera que para minimizar el engaño al consumidor, “hay que redoblar el control, aplicar con mayor rigor la supervisión metrológica y cuando se tomen las medidas con los infractores, no puede ser que los quiten de un lugar y los pasen para otro, donde hagan lo mismo”.

A media máquina

Para el sector no estatal no existe un mercado legal de instrumentos de medición y pesaje. (foto MARTHA VECINO ULLOA)

El mecánico Liván Romaguera no pierde un minuto en el torno. Con destreza va taladrando las piezas para luego hacerles el enroscado. Estos elementos serán usados en las básculas que produce la UEB Dionisio San Román, subordinada a la Empresa de Fabricación de Medios de Pesar (Pexac), única de su tipo en el país y encargada de la reparación, mantenimiento y calibración de los instrumentos de pesaje.

El ruido de los equipos funcionando no durará mucho tiempo. “Estamos a punto de caer en un bache, por falta de materia prima. El año pasado fue lo mismo, los recursos para la producción entraron en el último trimestre y no pudimos cumplir los planes”, explica Laura Hernández Baquero, directora general de Pexac.

Así, argumenta la también ingeniera química, pudieron trabajar este primer semestre y hacer parte de los surtidos contratados con el Ministerio de Comercio Interior (Mincin). Pero siguen sin arribar al país, por dificultades financieras, los componentes para las pesas de 15 kilogramos, demandadas para el programa metrológico de sustitución de instrumentos mecánicos por digitales.

Otro dilema es que solo pueden hacer algo más de 7 000 equipos, lo que equivale a un 10 por ciento de la capacidad instalada, porque el país no tiene financiamiento para más. Mientras la demanda nacional de estos instrumentos es muy alta y se importan.

Sobre este programa de reposición, las necesidades internas, los financiamientos aprobados y otros temas, BOHEMIA no pudo dialogar con los representantes del Mincin, pese a la insistencia de los reporteros.

Otros eslabones sueltos

Si en el comercio estatal la resistencia a utilizar los equipos de medición es bastante común, y la desprotección al consumidor sigue ocurriendo a la vista de las autoridades, en el sector no estatal es peor. Para este no existe suministro legal de pesas electrónicas, y por tanto se siguen usando las viejas pesas mecánicas, que tanto dan de qué hablar.

La directora de Pexac recuerda que, en 2014, como parte de un programa para el sector campesino, se vendieron algunas. La comercializadora Divep se las compraba a Pexac y luego las vendían en las tiendas en divisas, pero fueron muy pocas, asegura.

Por tal motivo es una rareza encontrar un equipo de pesaje digital en establecimientos de trabajadores por cuenta propia. Los Framboyanes, en Lawton, es uno de los afortunados, con un modelo A-22. Pero su dependiente, Celestino Pérez, desconoce por qué vía el dueño la adquirió.

Mientras despacha unas libras de carne a un usuario, asegura que allí “el peso sale exacto”. En una pizarra colgada al frente del kiosco se informa el precio de la libra de jamón, carne de cerdo y otros productos. Aunque este instrumento puede medir kilogramos, el pesaje se sigue haciendo en libras.

El problema es que mide la libra inglesa, de 4.54 gramos, aprobada en el Sistema Internacional de Unidades de Medidas, pero la que rige en Cuba es la española, de 4.60 gramos. Más ganancia para los pescadores.

Más vale prevenido

Para no dejarse timar en el pesaje, tenga presentes los siguientes consejos:

*La pesa debe estar ubicada en un lugar visible, no puede estar sucia ni pintada, ni debajo de ventiladores de techo.

*Asegúrese que tenga el sello amarillo de “apta para el uso”.

*Compruebe que los ponderales (pesos o discos) no estén taladrados.

*En los instrumentos digitales, la balanza debe estar en cero con el plato encima.

*La pantalla (display) que está de cara al consumidor debe permanecer encendida.

*Si el producto es preempacado debe tener un sello metálico o plástico de fábrica.

El futuro sobre la báscula

Hortensia Nancy Fernández, directora general de la Oficina Nacional de Normalización, insiste en la importancia de tener ordenada la base normativa y el trabajo metrológico. (foto MARTHA VECINO ULLOA).

Acerca de la política para el perfeccionamiento del sistema metrológico cubano responde la directora general de la Oficina Nacional de Normalización

“Sin mediciones confiables, objetivas y trazables, es muy difícil que exista una economía capaz de desarrollarse sosteniblemente. Desde 2014 en Cuba se viene trabajando en establecer una nueva política en la actividad”, apunta la doctora Hortensia Nancy Fernández Rodríguez, a cargo de la entidad gubernamental rectora de la normalización, la metrología y la calidad en el país.

–¿En qué consiste la nueva política?

–Persigue establecer una normalización, una metrología y una calidad transversales, relacionadas con todos los sectores de la economía y con todos los campos de la sociedad. Tiene cuatro ejes estratégicos: el primero, dirigido al perfeccionamiento de las instituciones del Estado, entre estas, la Oficina Nacional de Normalización y el Órgano Nacional de Acreditación de la República de Cuba, relacionado con la competencia de los laboratorios de ensayo donde se hacen las mediciones, y de los laboratorios de calibración; así como los cuerpos de inspección.

“Otro eje corresponde al desarrollo del sector empresarial. El productor es responsable de garantizar el aseguramiento metrológico de los bienes y servicios que produce. Debe hacer sus programas para las calibraciones de sus instrumentos y tener los laboratorios para realizar esas mediciones, o contratar a un tercero. Además, prever la contratación del Servicio Nacional de Metrología, pues no puede ser juez y parte de la verificación.

“El tercero es para el sector presupuestado y establece qué le corresponde a este en cuanto a las mediciones, los ensayos, la metrología en la salud y otros sectores.

“Y el último eje está relacionado con la formación de una cultura por la calidad. Si no tenemos estrategias de comunicación bien dirigidas a los públicos desde edades muy tempranas, no se avanza”.

–¿Cuba fortalecerá la metrología?

–En la década de los años 90 prácticamente todos los laboratorios de calibración colapsaron, el propio servicio de metrología se debilitó mucho. Fue una proeza mantener la vitalidad del Servicio Nacional de Metrología en las mediciones claves, y que nuestros patrones nacionales no perdieran sus calibraciones. Fue una voluntad, no solo de las autoridades del servicio de metrología, y de la oficina nacional, sino también de los sectores productivos.

“Rescatar todo esto demanda un gran esfuerzo, porque no tenemos todo el financiamiento requerido, tanto en los servicios como en la industria. Lo primero es estar convencido de la necesidad de la política, que ahora está en un proceso de formulación de los documentos jurídicos. El año próximo deben estar aprobados, y luego se implantarán. Los documentos vigentes datan de 1998, por eso requieren actualización”.

La mayoría de las pesas en el país son muy viejas, ¿hay una estrategia de reposición?

–A esas pesas tan antiguas, aunque el productor les haga calibraciones, y el servicio nacional las verifique, llega un momento en que por estar sometidas a un largo período de explotación pierden su utilidad. Por otro, se han vuelto obsoletas en relación con las prestaciones y son muy vulnerables.

“Eso ha obligado a que todos los organismos hagan sus programas y dediquen anualmente un porcentaje de su presupuesto no solo para reemplazar los instrumentos de pesaje, sino para otros utensilios de medición necesarios en los procesos productivos, industriales, el transporte, la construcción. El país tiene limitaciones para la producción de estos medios y cubrir los sectores más importantes.

“Muchos instrumentos garantizan la calidad de vida y la seguridad de las personas, por ejemplo, una mala medición en la construcción puede provocar el derrumbe de un edificio, de un puente. Son millones de equipos, en los hospitales, en los distribuidores de carburantes, muchas mediciones vinculadas con la seguridad de las personas. Entonces no podemos circunscribirnos solo al pesaje en el comercio”.

–¿Qué responsabilidad le atribuye al ser humano detrás del instrumento de medición?

–Los problemas del pesaje no los vamos a resolver solo con cambios de instrumentos. Una pesa u otro equipo pueden estar viejos, pero bien cuidados y mantenidos, utilizados por personas con valores, rinden más. Si los maltratan, no los limpian, no están atentas al vencimiento de la verificación, y si además lo adulteran y pesan mal, entonces añaden otras complejidades.

Las administraciones tienen que ser más vigilantes. El control deberá ser más enérgico, y también la aplicación del instrumento jurídico. Las leyes sobre estos temas van a ser más efectivas”.


Caridad Carro Bello

 
Caridad Carro Bello