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Publicado el 23 Septiembre, 2017 por Toni Pradas en En Cuba
 
 

HURACÁN IRMA

Viaje al borde de la Isla

BOHEMIA constató los efectos del meteoro tras su paso por buena parte del país, así como la pronta respuesta que están dando los cubanos para revertir los daños

Por TONI PRADAS

Irma, la novena tormenta que logra obtener un nombre propio y el cuarto huracán de la temporada, echó a girar su danza macabra encima de los techos atlánticos. Despegó desde las islas de Cabo Verde, el 30 de agosto. Dos días antes se había formado a partir de una onda tropical que se había desplazado desde la costa oeste africana.

Bien pronto los meteorólogos intuyeron que su amplia falda de nubes no traía buenas intenciones. Ya el 5 de septiembre era un formidable ciclón de categoría 5, la máxima en la escala Saffir Simpson, y la velocidad de sus vientos (285 kilómetros por hora) lo ubicaban como el más tremebundo –al menos en esta era de registros satelitales– del hemisferio desde el Wilma de la temporada de 2005. (Según cifras de archivos, el paso de Wilma costó a Cuba unos 700 millones de dólares en daños).

Poner a salvo a la población en estado de vulnerabilidad es el factor fundamental para salvar vidas durante un huracán. En la foto, Centro de Evacuación en la Escuela Pedagógica Raúl Corrales, en Ciego de Ávila. (Foto: YASSET LLERENA)

Poner a salvo a la población en estado de vulnerabilidad es el factor fundamental para salvar vidas durante un huracán. En la foto, Centro de Evacuación en la Escuela Pedagógica Raúl Corrales, en Ciego de Ávila. (Foto: YASSET LLERENA)

De hecho, antes de acercarse a la mayor isla antillana, Irma ya gozaba de un currículum de espanto, al erigirse como el meteoro más fuerte de la cuenca atlántica, descontados los surgidos en el mar Caribe y el golfo de México. Con tales credenciales se propuso alcanzar las Antillas y el sureste de los Estados Unidos.

Para Cuba, la amenaza contenía un peligro adicional: apenas cicatrizaban las heridas ocasionadas por el huracán Matthew casi un año atrás. Y casi cinco por el Sandy, ambos en la región oriental. El Matthew se había ensañado particularmente con la villa joyita de Baracoa, y hacia esa zona apuntaba esta vez Irma, con la promesa de segar todo el norte de la gran Isla y sus cayos septentrionales.

Aun cuando no tocara tierra, si incluso bajara su intensidad kingkonesca, los efectos de ese huracán serían catastróficos. Como destacara el colega Ricardo Ronquillo en su charla del programa radial Hablando claro, en el norte del país se ubican las mayores infraestructuras industriales de los cubanos, así como muchos de los grandes planes agropecuarios. Súmese que perlan su litoral importantes –decisivos, incluso– polos de desarrollo turístico y ciudades de interés patrimonial. Y por si fuera poco, los pronósticos no descartaban a La Habana, principal núcleo poblacional y económico, entre las posibles zonas que podrían ser afectadas.

De manera que la pronta alarma dada por la Defensa Civil movilizó a prácticamente todas las provincias, un hecho inédito en la biografía meteorológica nacional, y casi todos los cubanos tuvieron que volcarse hacia la prioridad de poner en resguardo las vidas y los bienes, a sabiendas de que la recuperación tras los efectos del ciclón sería una tarea cuando menos titánica.

En medio del ciclón, los bomberos jugaron un papel decisivo. (Foto: JORGE LUIS SÁNCHEZ RIVERA)

En medio del ciclón, los bomberos jugaron un papel decisivo. (Foto: JORGE LUIS SÁNCHEZ RIVERA)

De manera que Irma, más que el cataclismo que en definitiva resultó, se antoja más como una prueba cuyo resultado será determinante para saber cuánta organización y sabiduría ha alcanzado este pueblo para enfrentar con éxito futuros fenómenos naturales.

De la Villa Blanca a la Villa Azul

Irma, afortunadamente, provocó daños de poca consideración en Baracoa, la Ciudad Primada de Cuba. Pero los perjuicios fueron mayores en la orgullosa Gibara, la bicentenaria Villa Blanca de la provincia de Holguín, cuya bahía dio refugio al Almirante de la Mar Océana, Cristóbal Colón, durante un temporal de 12 jornadas.

Poco antes del mediodía del pasado viernes 8 de septiembre, en la pleamar, olas de entre cuatro y ocho metros fueron notificadas, así como penetraciones de las aguas hasta 70 metros tierra dentro y serias inundaciones. El área del malecón de esta hermosa villa que promedia un metro de altitud sobre el nivel del mar, fue severamente afectada y gran cantidad de piedras quedó en las vías.

Gibara no se había visto tremendamente conmocionada desde el paso del ciclón Ike, precisamente nueve años y un día antes de Irma. Con semejante recuerdo, hicieron que en esta ocasión más de 46 mil personas –más de la mitad de la población municipal– se refugiaran mejor que Colón hace 525 años.

La pronta evacuación de las personas cuyas viviendas son vulnerables es, con toda seguridad, la medida que ha permitido salvar muchas vidas, cuando no a todas, durante los ciclones. Esta vez fueron amparados en todo el archipiélago, un millón 738 mil ciudadanos, 86 por ciento de ellos en casas de vecinos y familiares. De los 10 fallecimientos reportados, algunos tienen su causa en la decisión individual de no protegerse en un lugar seguro.

Llegada la calma, los gibareños se asombraron al ver cómo, con tantas rocas, su ciudad recordaba un paisaje lunar, por lo que rápidamente limpiaron las vías para poder llegar a los barrios que requerían de pronta ayuda. Como muchos otros inmuebles, la escuela primaria Ovidio Torres Albuerne perdió buena parte de sus techos; sin embargo, para que los 235 pioneros de este colegio pudieran continuar su curso escolar, se prepararon aulas y se reacomodaron horarios en la secundaria Atanagildo Cajigal Torres.

Brigadas de constructores, electricistas y telefónicos de las provincias menos afectadas acudieron rápidamente a ayudar en la recuperación de las zonas damnificadas. (Foto: YASSET LLERENA)

Brigadas de constructores, electricistas y telefónicos de las provincias menos afectadas acudieron rápidamente a ayudar en la recuperación de las zonas damnificadas. (Foto: YASSET LLERENA)

Para continuar rindiendo culto al estudio, en las no pocas escuelas dañadas de todo el país se habilitaron los locales que así lo permitieran, o se fusionaron matrículas en varios planteles y hasta se improvisaron aulas en centros laborales y casas particulares, de manera que el curso pudiera reiniciarse al menos el miércoles 13.

No lejos, los cultivos de Velasco, el Granero de Cuba, mostraban diversos grados de afectación debido a los vientos y la lluvia, aunque esta última trajo importantes beneficios a las represas que dan abasto de agua a la ciudad de Holguín. El embalse Cacoyugüín, que durante el ciclón se llenó hasta 99 por ciento de la altura de su cortina, aliviaba durante el paso de BOHEMIA, aunque hedía por la muerte de muchísimos peces durante el mal tiempo. Según reportes televisivos, llovió tanto en esos días que en el poblado holguinero de Cacocum se rompió la vía férrea por la crecida de ríos.

Apenas pasó el huracán, salieron los campesinos de los campos del norte de Holguín con sus machetes “ensillados”, a recuperar la mayor cantidad posible de plátanos y otros cultivos. Lo mismo ocurrió en los municipios norteños de Las Tunas, también afectados; digamos que entre otros rubros. El arroz, expuesto en Manatí para secarse, no dejaba de enchumbarse en la carretera del Circuito Norte debido al castigo de un aguacero tras otro.

Para estos hombres, como para el resto de la nación, la estrategia de recuperación estaba cantada: las siembras dañadas serían sustituidas, en lo posible, por cultivos de ciclo vegetativo corto.

Más difícil la tuvieron los productores avícolas, cuyo sector fue quizás el más afectado de la industria agropecuaria. En municipios como los camagüeyanos de Minas y Sierra de Cubitas varias granjas de pollos quedaron destruidas.

Contrariamente, Puerto Padre, La Villa Azul de los Molinos, lucía radiante horas después de la inclemencia. Con rapidez sus pobladores espantaron casi todas las huellas de Irma en la ciudad portuaria tunera y prácticamente quedaba por elevar las aspas molineras pertenecientes al conjunto escultórico del famélico Quijote, bajadas preventivamente antes de llegar ese ciclón de malas pulgas.

Más difícil les resultó a otras localidades volver a la normalidad.

De la Villa Azul a la Villa Blanca

Con una intensidad espectacular, Irma fue bordeando el territorio norte casi paralelamente al litoral, cuesta arriba, oeste-noroeste como un sinfín de veces hiciera Hemigway por mar, y mientras más avanzaba hacia el poniente, más enérgica era su huella.

De no acatar las labores de recuperación con prontitud, se hubiera puesto en riesgo la alimentación de varias provincias al perder sus techos varios almacenes del puerto de Nuevitas. (Foto: YASSET LLERENA)

De no acatar las labores de recuperación con prontitud, se hubiera puesto en riesgo la alimentación de varias provincias al perder sus techos varios almacenes del puerto de Nuevitas. (Foto: YASSET LLERENA)

Balnearios, poblados, instalaciones industriales y plantaciones fueron quedando devastados por el rigor, del que no escaparon tampoco los territorios más alejados del ojo del huracán. Pensemos que en la ciudad mediterránea de Camagüey hubo rachas superiores a los 115 kilómetros por hora. En varios municipios del sur del país, sus costas soportaron penetraciones del mar y aunque los vientos fueron más débiles, se reportaron notables estragos.

En el norte de la provincia de Camagüey, la ciudad portuaria de Nuevitas, pequeña pero muy importante por su actividad comercial e industrial, así como la cercana playa de Santa Lucía, uno de los sitios turísticos más famosos de Cuba, quedaron sensiblemente golpeadas con los vientos de más de 145 kilómetros por hora.

Empresas nueviteras como la de Fertilizantes Nitrogenados Revolución de Octubre, la Fábrica de Cemento 26 de Julio, la Terminal Marítima de la Empresa Comercializadora de Combustible Camagüey, la Fábrica de Pinturas Vitral y la Termoeléctrica 10 de Octubre, padecieron considerables averías en los techos de algunas infraestructuras.

Aun así, con bastante rapidez restañaron los daños que directamente impedirían reiniciar sus labores. Tal fue el caso de la fábrica de electricidad, que pronto pudo calentar sus líneas y generar megavatios para contribuir a renacer el país, totalmente apagado por primera vez en su historia energética.

El huracán Irma puso a prueba la profesionalidad y disposición de los linieros del país, al quedar totalmente apagado el Sistema Energético Nacional. (Foto: YASSET LLERENA)

El huracán Irma puso a prueba la profesionalidad y disposición de los linieros del país, al quedar totalmente apagado el Sistema Energético Nacional. (Foto: YASSET LLERENA)

Tal vez las mayores afectaciones en Nuevitas fueron en el puerto, donde varios almacenes de dimensiones faraónicas (20 metros de largo por 30 de ancho y 9 de altura) perdieron buena parte de sus techos. Previamente, los trabajadores pudieron llevar a sitio seguro los alimentos allí almacenados, mientras dejaban libres las gigantescas grúas para que giraran como veletas y no hicieran resistencia a los vientos que, fijas, con seguridad se destruirían.

Pero los soplos rompieron las tejas traslúcidas de los techos. Estas, usadas para iluminar los locales, son más débiles, y por esos huecos se colaron las ráfagas que desde dentro hicieron volar como confetis los techos de tejas metálicas.

Según Ángel Cedeño, jefe del Puesto de Dirección, las valoraciones preliminares tasaron las pérdidas en alrededor de un millón 295 mil pesos. Lo peor era que los almacenes debían estar operativos en una semana, pues estaba prevista la llegada de un barco con alimentos cuyo destino final era la población de las provincias de Ciego de Ávila, Camagüey y Holguín. Apenas lo permitió el tiempo, los portuarios rescataron todas las tejas posibles que estaban dispersas por el suelo y comenzaron a recolocarlas.

Cedeño rememora el desastre de dos almacenes años atrás, durante el paso de otro ciclón, y ya anda pensando que para el que venga, tal vez se protejan mejor si se dejan abiertos los grandes portones de las naves para que pase el viento. Si este no se encajona en la nave, no debe reventar los techos como olla de presión.

Pero ese ardid no parece válido para modestas casas como las de Esmeralda, municipio camagüeyano que en su cayo Romano –tercera isla más grande de la República– tuvo el triste honor de ser el primer punto tocado por el ojo inconmovible de Irma.

Al sur de Romano, en tierras de la isla grande, el pueblito de Jigüey tenía 25 casas de las que solo quedaron los pisos fundidos.

Severos daños ocasionados en numerosos planteles educacionales obligaron a crear diversas respuestas para poder continuar el curso escolar. En la foto, la Escuela Rural Elpidio Sosa de La Carolina, en Sagua la Grande. (Foto: YASSET LLERENA)

Severos daños ocasionados en numerosos planteles educacionales obligaron a crear diversas respuestas para poder continuar el curso escolar. En la foto, la Escuela Rural Elpidio Sosa de La Carolina, en Sagua la Grande. (Foto: YASSET LLERENA)

En otras comunidades esmeraldenses como la cabecera municipal, Mamanantuabo, Brasil, Yagruma… aunque quedaron casas en pie, el caos tenía protagonismo en derrumbes parciales y totales de hogares e instalaciones públicas como el cine de Esmeralda.

Las jóvenes cañas de azúcar se veían como aplastadas por un gigantesco pie, mientras postes y palmares reposaban sobre escombros y fango como palitos chinos. Mejor semblante tenía la Pre Eide, donde se refugiaban decenas de personas de la comarca.

Y en menos de 48 horas de la hecatombe, para asombro de este reportero, ya dos muchachas del Instituto de la Vivienda andaban monte adentro tarjeteando los efectos del meteoro sobre los inmuebles, a fin de gestionar su pronta recuperación.

Todas las voces lamentaban la desaparición total del pueblito de playa Guaney, una límpida costa de arena y piedras, no muy lejos del monumento al dios murciélago que hicieran los taínos. Hasta allí llegó el equipo de BOHEMIA en busca del pueblo fantasma, impedido por las inundaciones aún vigentes, que a kilómetros de la costa, atascaron el vehículo y la tripulación hipó por un caballo.

Cuando la imagen retenida en la pupila parecía más dantesca, una luz de esperanza rodaba a todo gas por el Circuito Norte. Una caravana de camiones, maquinarias y yipis de la Empresa de Construcción y Montaje de Granma iba hacia Esmeralda para ayudar en la recuperación de ese municipio, uno de los más afectados en esta contienda desigual entre los cubanos y la naturaleza. Era la primera, de tantas otras que después la centenaria revista pudo ver en varios lugares, procedentes de regiones menos afectadas.

Catástrofes semejantes también halló este medio de prensa en comunidades de la colindante provincia de Ciego de Ávila. Municipios como Morón, Bolivia y Chambas atestiguaron la furia del único huracán de categoría 5 que ha tocado a Cuba en septiembre.

A un minuto de meditación invita Turiguanó, otrora isla cosida a tierra durante la década de 1960 para la cría del ganado vacuno y caballar. Muy próxima al punto tocado por Irma, allí muchas viviendas resultaron dañadas, y no así el pintoresco barrio de casas de estilo holandés, desarrollado para los ganaderos por la heroína Celia Sánchez Manduley.

La ganadería sufrió fuertes impactos en sus instalaciones por los vientos, así como en sus tierras por las inundaciones. (Foto: YASSET LLERENA)

La ganadería sufrió fuertes impactos en sus instalaciones por los vientos, así como en sus tierras por las inundaciones. (Foto: YASSET LLERENA)

Cuando Turiguanó perdió de su paleta los colores azul del mar y verde del pasto, cuando el viento rugía más fuerte que un caracol junto al oído, las simpáticas viviendas seguían demostrando que las buenas prácticas arquitectónicas pueden vencer al más feo de los fenómenos hidrometeorológicos. Incluso sobrevivieron aquellas cubiertas ligeras que se colocaron siguiendo al dedillo el manual.

A un paso de allí, el pedraplén de cayo Coco, suerte de ombligo de asfalto que une a esa isla y a cayo Romano con tierra grande, así como la semejante vía que conecta a cayo Santa María (para muchos, ahí están las mejores playas de Cuba) con el municipio villaclareño de Caibarién, vieron su paso interrumpido debido a las roturas provocadas por el embate de las olas. Pero en un tiempo asombrosamente corto, estos quedaron restablecidos para permitir la reconstrucción de las instalaciones hoteleras y extrahoteleras del emergente polo turístico de la cayería Sabana-Camagüey.

A estas últimas, más les tomará un poco reconstruirse. En cayo Coco, por ejemplo, el hotel Iberostar Mojito se tomó un trago amargo; en cayo Santa María, el Meliá Buenavista no gozaba de una buena vista. Pero nadie duda que para la próxima temporada alta, coincidente con la estación invernal, todos estos ya podrán brindar su tradicional servicio de calidad a los visitantes que prefieren descansar en aguas limpias, arenas finas y naturaleza sostenible.

En tanto, Caibarién, la llamada Villa Blanca, tremendamente devastada por los vientos y las penetraciones del mar, al cierre de esta edición esperaba por el restablecimiento total de la energía eléctrica para retomar su rutina laboral y rescatar su encanto marino.

De la Villa Blanca a la Vía Blanca

Si algo queda claro es que a Irma no le gustaba la cultura. Quizás por eso se ensañó con los municipios parranderos: Remedios, Camajuaní, Chambas, Yaguajay, Caibarién…

De hecho, entre sus actos imperdonables están los daños a 211 instalaciones de cultura de todo el país y varios centros de valor patrimonial, principalmente en las provincias de Villa Clara, Camagüey, Matanzas, Ciego de Ávila, Sancti Spíritus y La Habana.

Pero con cultura de previsión muchos territorios lograron minimizar los efectos de Irma. Tal es el caso de Caibarién, la ciudad que no camina hacia atrás aunque esté simbolizada por el cangrejo.

El embate del mar destruyó el talud de la Vía Blanca en Santa Cruz del Norte, poniendo a prueba a los constructores de Mayabeque, encargados de la recuperación de esta importante senda que comunica a La Habana y Matanzas. (Foto: JORGE LUIS SÁNCHEZ

El embate del mar destruyó el talud de la Vía Blanca en Santa Cruz del Norte, poniendo a prueba a los constructores de Mayabeque, encargados de la recuperación de esta importante senda que comunica a La Habana y Matanzas. (Foto: JORGE LUIS SÁNCHEZ

Cuando de la Villa Blanca bajaron las invasivas aguas del mar, rápidamente el pueblo se volcó a recuperar la cotidianidad perdida. Allí probablemente se encontraban los árboles más gigantescos derribados por el meteoro, entre estos el que cayó encima del local de la brigada de Viales de Caibarién, perteneciente a la Constructora del Centro.

Pero más que los desastres, impresionó la tranquilidad y el optimismo de su gente. En busca de la explicación, Juan Alberto González Milán, presidente del Consejo de Defensa Municipal, explicó que como en otros lugares, se realizó una pronta movilización de los evacuados, y se insistió en concienciar mediante altavoces y la distribución de una cartilla familiar que indicaba qué debían cargar en su mochila aquellos que se albergarían.

También se prepararon puntos de información con grupos electrógenos donde la población, sin energía eléctrica en su totalidad, podía saber sobre los sucesos del paso de Irma, las medidas que se iban adoptando e, incluso, cargar gratuitamente equipos electrónicos como teléfonos móviles, computadoras portátiles y otros.

La labor de los miembros del Minint en el cuidado de las propiedades y la rápida llegada de contingentes solidarios de linieros del propio municipio, de la provincia y de Santiago de Cuba, dieron confianza a los caibarienenses para entregarse a la limpieza de follajes y escombros, sabiendo que podrían salir cuanto antes del mal momento y que todos las afectaciones tendrían solución.

Subjetivamente, la ciudad no mostraba estrés. Es más: las muchachas, presumidas, salían bien arregladas a la calle, tal cual hacen en julio como en enero, a pesar de no haber agua y estar las vías repletas de desechos.

Por otra parte, a ningún barco se lo tragó la marea. A buena hora fueron resguardados en el refugio que tiene este pueblo de pescadores en el Canalizo de la Macuza.

En el momento de la llegada de BOHEMIA, colocaban grupos electrógenos para que el agua corriente fuera el primer recurso civilizado que se obtuviera y de paso contribuyera, junto a otras medidas, a mantener eficiente la vigilancia epidemiológica.

Más dura se veía la situación en Isabela de Sagua, en el municipio de Sagua la Grande, donde prácticamente todas las viviendas, incluso algunas robustas, sufrieron el impacto del mar. Al regresar la población de sus evacuaciones en Isabela la Nueva y otras comunidades, muchas lágrimas brotaron.

Con tesón los isabelinos ponían a secar sus pertenencias y al anochecer un joven guardaba el tubo de pantalla de televisión que había puesto al sol, sin la certeza de que aún funcionara.

Una caravana de pipas de agua aplastaba decenas de paseantes cangrejos en la carretera, en su viaje hacia el vulnerable pueblo pesquero. Policías y líderes de la comunidad velaban por la distribución ordenada de pomos de agua y el despacho en cubos.

En esa noche sin luna, los habitantes de los municipios villaclareños de Quemado de Güines y Corralillo, así como de Martí y Gómez, se sentaban junto a la carretera para tomar fresco y contarse una vez más el miedo que sintieron durante el paso del ciclón.

Y donde había una planta eléctrica, allí acudían, sobre todo los jóvenes, como comejenes al bombillo, para seguir la rutina interrumpida por el bólido. Así fue cómo las gasolineras de Cupet se convirtieron en el centro de numerosos pueblecitos.

A esa hora, el sistema eléctrico era, por mucho, la principal víctima del bravucón huracán con nombre tierno.

Para colmo, la central termoeléctrica Antonio Guiteras, de Matanzas, la joya de la corona energética nacional por ser la mayor productora del país, sufrió severos daños en su estructura como consecuencia de los efectos del mar y los vientos, principalmente en la casa de la bomba y circulación del mar.

Dos bombas que permiten el enfriamiento del agua albergaba la estructura destruida por olas de hasta siete metros de altura que arrastraron los bloques de contención de 15 toneladas.

Complejas máquinas y hasta equipos de buzos emprendieron la delicada reconstrucción, acción que fue calificada de heroica por el Comandante de la Revolución Ramiro Valdés Menéndez, vicepresidente de los consejos de Estado y de Ministros.

En tanto, el polo turístico de Varadero, donde las preciadas arenas llegaron hasta la Vía Blanca, lograban rápidamente reiniciar su explotación comercial en casi su totalidad de instalaciones.

Por su parte, la provincia de Mayabeque ofrecía un cuadro de dolor en sus viviendas e instalaciones fabriles, semejante a otros lugares. La base de pesca de Boca de Jaruco, en el municipio de Santa Cruz del Norte, se vio afectada y algunas embarcaciones resultaron hundidas.

Las olas pasaron limpiamente por encima de la línea de asfalto de la Vía Blanca y la uñas del mar horadaron el talud de la carretera sobre el kilómetro 46, provocando que se incomunicaran temporalmente por el norte las provincias de La Habana y Matanzas.

Irma clasifica como el más nocivo huracán para el Caribe y los Estados Unidos, formado en la zona atlántica. (Infografía: (OVERLORDQ /NHC /NASA)

Irma clasifica como el más nocivo huracán para el Caribe y los Estados Unidos, formado en la zona atlántica. (Infografía: (OVERLORDQ /NHC /NASA)

Cuando BOHEMIA llegó al lugar, una brigada mecanizada con buldóceres, cilindros compactadores y otros equipos, perteneciente a la Empresa Constructora Integral de Mayabeque, realizaba labores de movimiento de tierra, consistentes en la colocación de unos 9 000 metros cúbicos de “mejoramiento calizo” para luego acometer una obra de protección adicional, con vistas a ofrecer mayor seguridad ante un futuro evento hidrometeorológico.

Pensando en lo mismo andan todos, en qué hacer para evitar efectos semejantes cuando aparezcan otros huracanes de gran intensidad que, por cierto, todo apunta a que podrían ser más frecuentes. Para colmo, cuando el país estaba volcado en la recuperación, todos miraban con el rabillo del ojo el curso que seguían otros como María y Lee, formados en el lejano Atlántico.

Pero como dijera un personaje del oscarizado filme Irma, la dulce (1963), “esa es otra historia”.

Apenas estamos llegando al mes más peligroso de la temporada ciclónica y ya hemos sufrido un fenómeno de gran envergadura. Mas, como dijo Raúl, de este sacaremos mejores experiencias.

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Recuperación categoría cinco


Toni Pradas

 
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