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Publicado el 16 Febrero, 2018 por Lilian Knight Álvarez en En Cuba
 
 

MERCADOS AGROPECUARIOS (I)

Escalada de los precios

A la vista una reconfiguración de los mercados muestra en unos, escasos productos a precios topados y poca calidad, y en otros, variadas ofertas muy caras. Los últimos eventos meteorológicos tensan el abastecimiento a las tarimas estatales, mientras la especulación hace estragos en la economía de los cubanos. Directivos del ramo aduce mejoría en la contratación con las bases productivas, pero aún dista de lo que debe ser. Los márgenes comerciales del sector estatal son altos y faltan normativas que regulen los del privado. En este trabajo BOHEMIA pretende un acercamiento a esta problemática

Generalmente en los agros estatales se cuentan entre las ofertas, aquellas asignadas por plan nacional, que se importan. (Foto: YASSET LLERENA ALFONSO)

Por LILIAN KNIGHT ÁLVAREZ y DELIA REYES GARCÍA

Ángela Rodríguez Santander cuenta la “calderilla” en el monedero antes de decidirse a comprar en el mercado La Plaza, del municipio de Sancti Spíritus. “Aquí los precios están demasiado altos. La libra de frijoles a 13 pesos, el tomate a 15, la malanga a ocho. En los puntos de venta estatales, aunque algunos productos están más baratos, casi no aparece nada.

“Soy jubilada y recibo 225 pesos de pensión, pero tengo que pagar el crédito del refrigerador, más los gastos en medicamentos, imaginen qué puede quedarme para vivir”, manifiesta la septuagenaria.

Para Ramón Gómez Cruz, tarimero del citado mercado, “esto es a oferta y demanda, a diferencia de los puntos estatales que sí tienen algunos precios topados. Estas producciones nos las venden caras las cooperativas que nos abastecen”.

Más al centro de la Isla, en Santa Clara, Xiomara González Torres, también jubilada, espera su turno en la cola del mercado agropecuario estatal Buen Viaje. “Vengo todas las semanas y en estos días no hay yuca ni calabaza ni plátano… Sabemos la situación que tiene la provincia después de Irma, pero si vas a los mercados de oferta y demanda, o a los carretilleros, encuentras lo que aquí ni en sueños aparece, y por supuesto con precios que son una pesadilla”, comenta.

En la entrada del mercado de 19 y B, en el barrio capitalino del Vedado, uno de sus clientes, Reinaldo Corría, expresa: “La gente le dice a este el agro de los millonarios, pero no es solo cuestión de dinero, sino que la ausencia de mercancías en los otros, o la poca calidad te obligan a venir aquí, donde el abasto es constante. Lo más cuestionable es que en este los precios suben de la noche a la mañana”.

Madeja enredada

Los productos agropecuarios son una de las principales demandas de la población cubana. (Crédito: JORGE LUIS SÁNCHEZ RIVERA)

Eran casi las tres de la tarde y aquel vendedor no veía el tiempo pasar. Sentado en la entrada lateral del agromercado La sonriente, rogaba cabizbajo el fin de la jornada o la entrada de viandas y vegetales que atrajeran clientes.

Aquel punto de venta climatizado y priorizado, en el mismo centro de la ciudad de Matanzas, no exhibía más que las pocas ofertas presentes en la mayoría de los mercados estatales de la urbe: tomates, piñas –pequeñas y verdes–; boniatos, granos (chícharos y frijoles), cereales (arroz y harina), muchos de los cuales se importan.

Sobre la poca disponibilidad de productos, Roberto Gómez Guerra, jefe del departamento Agrícola de la Dirección Provincial de Agricultura, se apresura en responder: “El paso del huracán Irma nos dejó miles de toneladas de pérdidas, fundamentalmente en frutales, plátano, maíz y yuca, además de las posturas y semillas del sistema de la agricultura urbana, donde lo que no se pudo recoger se echó a perder y hubo que empezar de cero.

“Pero si bien nos afectó el ciclón, tanto o más incidieron las lluvias posteriores, porque retrasaron la preparación de la tierra y por ende el ciclo de producción de varias hortalizas”, asegura.

Enel Espinosa Hernández, director de Agricultura en el Ministerio del ramo (Minag), ratifica que la campaña de frío, entre septiembre y febrero, donde se genera el 60 por ciento de la producción anual, fue afectada por las intensas lluvias y en noviembre solo se sembró el 88 por ciento del plan.

También desde ese ministerio, José Puente Nápoles, director de Comercialización, asegura que aún persisten bajos niveles de producción de viandas y no será hasta julio que se repongan los cultivos de ciclo largo.

Directivos y autoridades de cinco provincias visitadas por BOHEMIA coinciden en que las afectaciones a los suministros agropecuarios fueron provocadas por el huracán y las posteriores lluvias. Pero la capitalina Liuris Victoria pregunta: ¿por qué si el ciclón afectó la disponibilidad de productos, los carretilleros y los mercados arrendados a privados mantienen una oferta variada y con calidad, a diferencia de los estatales?

A juicio de Luis Carlos Góngora, vicepresidente del gobierno en La Habana, “es un error tomar como referencia los mercados de oferta y demanda existentes porque las cantidades de productos que reciben son pocas, no representativas”.

Agrega que en la estructura de comercialización de la ciudad el 70 por ciento de los productos tienen precios regulados por el Ministerio de Finanzas y Precios (MFP), en unas 830 plazas (mercados agropecuarios estatales, puntos de venta y mercados agropecuarios arrendados a cooperativas). Resta un 30 por ciento, cifra no despreciable”.

Ciertamente, para nada es insignificante ese porcentaje, en tanto existen 735 puntos de venta de trabajadores por cuenta propia, que venden por oferta y demanda, y más de 1 200 carretilleros. Estos son la cara más visible de la comercialización con más variedad y calidad, pero también de más altos precios en la capital y en otros lugares.

Paradojas

Con sus nuevos tractores marca NewHolland, el pelotón rotura la tierra húmeda. Las garzas, en bandada, aprovechan para hurgar en el suelo. Mientras, Eglis Pérez Martínez, director técnico y de desarrollo de la Empresa Agroindustrial de Granos Valle de Caonao, en Yaguajay, Sancti Spíritus, explica que a partir de 2017 diversificaron la siembra de los cultivos, con un 50 por ciento de frijol, 30 por ciento de viandas y el resto de hortalizas.

“Para ello, en 2016 recibimos tecnología completa, tractores, un secadero de granos, máquinas de riego. Contamos con dos unidades empresariales de base (UEB): Batey Colorado, con 400 hectáreas, y Arnaldo Milián, con igual extensión. Este último polo productivo después de algunas dificultades, lo estamos rescatando”, precisa Alberto Roberto Reina Montier, delegado provincial de la Agricultura.

El directivo advierte que una de las causas de la poca oferta de productos agrícolas es la baja productividad en el país, problema que, al decir del matancero Roberto Gómez Guerra, está asociado en parte a la falta de protección de los cultivos con fertilizantes, plaguicidas, pesticidas y riego.

Solo se priorizan con paquetes tecnológicos (productos químicos, máquinas y equipos de riego y siembra, y combustible) los cultivos que por encargo estatal van a la industria, como el maíz para alimento animal; al abasto normado a la población, como el frijol y el arroz, además de la papa.

El resto de los cultivos que demanda la población en los puntos de venta y agromercados están en su gran mayoría en áreas de secano (aquellas que no disponen de riego), expone Gómez Guerra.

El Director de Agricultura del Minag confirma que solo el siete por ciento de las áreas cultivables del país están bajo riego y menos del 25 por ciento tiene respaldo en insumos, debido a los altos costos y problemas financieros de la economía nacional.

Los mercados de oferta y demanda mantienen variedad y calidad de los productos, pero a precios inalcanzables para muchos. (Crédito: YASSET LLERENA ALFONSO)

En medio de estas dificultades, el Minag convocó a todas las bases productivas del país al autoabastecimiento de los territorios, excepto la capital, por sus características y condiciones, para asegurar 30 libras mensuales a cada persona (15 de viandas, 10 de hortalizas, dos de granos y tres de frutas).

El consumo real per cápita, al mes, fue de 9.9 libras en 2016, a través de los mercados agropecuarios estatales, los arrendados y puntos de venta. Menos de un tercio del propósito ministerial, según datos de la Oficina Nacional de Estadísticas e Información (ONEI).

Pero, paradójicamente, no se trata de que el país no produzca lo suficiente. De hecho, para cumplir el encargo de las 30 libras mensuales por persona es necesario producir 1 800 000 toneladas y el pasado año se lograron más de 5 300 000, incluido lo dispuesto para otros destinos.

“Es necesario un reordenamiento que ponga la contratación de productos agrícolas en función de las cifras productivas aprobadas para los mercados estatales y se evite la fuga de los productos hacia los mercados privados”, convoca Enel Espinosa Hernández.

Trapicheo

Experiencias como la del mercado mayorista de Trinidad, que abastece al sector privado, pudieran extenderse a otros lugares. (Crédito: JORGE LUIS SÁNCHEZ RIVERA)

La exigencia a los productores agrícolas de volúmenes suficientes, así como el control del correcto destino, determinan en buena medida la presencia o no de mercancías en los agros estatales. Pero en ese terreno aún quedan muchas fisuras.

A pesar del huracán Irma, el pasado año se sobrecumplieron los contratos con las formas productivas en un 127 por ciento. Pero ese sobrecumplimiento esconde un mal estimado. En comparación con los volúmenes reales, es baja la contratación, agrega Puente Nápoles.

Arístides Lázaro Lauzurique, director general de Acopio en Matanzas, explica que ellos compran a precios bajos, centralizados, mientras los intermediarios pagan más, estimulando a los campesinos a ocultar producciones.

“Aunque el Decreto Ley 311 sobre la entrega de tierras en usufructo exige al trabajador agrícola el acopio del 90 por ciento de sus cultivos para el Estado, no pasa así en la práctica”, ejemplifica Lauzurique.

Si bien desde el Minag se manifiestan a favor de aumentar la contratación, Silvio Gutiérrez Pérez, director de Agroindustria del Ministerio de Finanzas y Precios (MFP), explica que contratar todo es muy difícil, primero por los pocos recursos de transporte, almacenamiento y envase que tienen las entidades acopiadoras.

La cooperativa de créditos y servicios Frank País García, en Güira de Melena, asegura la contratación con el ciento por ciento de los campesinos. (Crédito: MARTHA VECINO ULLOA)

Y en segundo lugar, al no poderse asignar la cantidad de insumos necesarios para las siembras de los campesinos, estos se ven obligados a comprarlos con las ganancias obtenidas de la venta a los mercados privados, detalla Gutiérrez Pérez.

Puente Nápoles y otros directivos reclaman un control estricto sobre la producción y sus destinos por parte de las bases productivas, empresas, delegaciones provinciales y municipales de la Agricultura. Pero tales propósitos parecen naufragar en aguas turbulentas.

Promesas incumplidas

Cuando se aprobó la venta sin subsidios de los insumos, subieron los precios de compra y fueron topados los precios de venta al sector campesino, muchos pensaron que gran parte de los problemas de la comercialización quedarían sellados. Pero la realidad negó esa apreciación.

“El incremento de los precios de los insumos provoca que muchos campesinos tengan que acudir al crédito bancario, porque no tienen cómo costear lo que necesitan ponerle a la tierra. Esa subida es muy fuerte, por ejemplo, el combustible de 0.85 centavos se incrementa a dos pesos, y son miles los litros de petróleo empleados en la siembra. Igual sucede con los fertilizantes, plaguicidas y demás recursos”, ilustra Pedro Orlando Pérez Guzmán, presidente de la Cooperativa de Crédito y Servicios (CCS) Frank País García, en el municipio artemiseño de Güira de Melena.

También en ese territorio, Abelardo Álvarez Silva, presidente de la CCS Antero Regalado Falcón, reclama: “junto a esas medidas, se prometió abrir un mercado donde se le vendería al campesino el fertilizante y el combustible necesarios para producir. Si tuvo más gastos, también tendría más ganancias. Una cosa compensaba la otra. Pero eso no se cumplió”.

En la Empresa Agroindustrial de Granos Valle de Caonao, en Yaguajay, se siembran frijoles y otros cultivos para la venta a la población. (Crédito: JORGE LUIS SÁNCHEZ RIVERA)

El Director de Agroindustria del MFP no entiende por qué estos dos presidentes de cooperativas, por cierto, de las mejores del país, sienten insatisfacción con esas medidas, cuando también se incrementaron los precios de compra a sus producciones y el presupuesto del Estado asumió el 50 por

ciento del interés de los créditos que otorga el banco y de la prima del seguro.

Sin embargo, concluye el presidente de la CCS Antero Regalado que “hace años estamos alertando que en la campaña de frío las CPA y UBPC se dedican a la siembra de papa, y un poco de malanga, plátano y frijol. El resto de los cultivos están en los campesinos asociados a las CCS. Por lo tanto, hay que prestarles una atención adecuada.

“Al país han entrado maquinarias nuevas, pero se están poniendo en manos de las empresas estatales o de otras unidades productivas, no de los campesinos de las CCS, obligados a seguir sembrando con los equipos de hace 50 años”, ilustra Álvarez Silva.

Ver también: MERCADOS AGROPECUARIOS (II) Eslabones torcidos


Lilian Knight Álvarez

 
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