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Publicado el 19 Febrero, 2018 por Delia Reyes Garcia en En Cuba
 
 

MERCADOS AGROPECUARIOS (II)

Eslabones torcidos

Urge enderezar la red comercializadora, sin dejar cabos sueltos. Con este segundo trabajo sobre el tema BOHEMIA pretende un acercamiento a la problemáticade los Mercados Agropecuarios

Las normativas que deben regular el margen comercial del sector privado son una asignatura pendiente. (Foto: YASSET LLERENA ALFONSO)

Por LILIAN KNIGHT ÁLVAREZ y DELIA REYES GARCÍA

Para Abelardo Álvarez Silva, presidente de la Cooperativa de Créditos y Servicios (CCS) Antero Regalado Falcón, en el artemiseño municipio de Güira de Melena, los excedentes que legalmente pueden vender los campesinos a los mercados de oferta y demanda, pasan por muchas manos de intermediarios que aprovechan la escasez para revender sin escrúpulos de ningún tipo.

Ante la creciente cadena especulativa, profundizada por las últimas afectaciones meteorológicas, y teniendo en cuenta las limitaciones financieras del país que frenan a la agricultura cubana, Álvarez Silva sugiere: “topar todos los precios de los productos agropecuarios. Con eso se corta el mal de raíz y no tenemos que estar preocupados porque existan diferencias entre uno y otro mercado”.

Similar criterio comparte Abelio Machuca Vega, diputado a la Asamblea Nacional del Poder Popular y delegado de la Agricultura en la provincia de Guantánamo. También otras personas entrevistadas estiman necesaria la regulación estatal.

“Pero el método no puede ser llegar y fijar los precios centralmente”, alerta Silvio Gutiérrez Pérez, director de Agroindustria del Ministerio de Finanzas y Precios (MFP), “porque se necesitaría un ejército de inspectores para caerles atrás a los precios, y después otro ejército para controlar a los inspectores”.

Según las resoluciones del MFP 27 y 908 de 2017, más la 1 096 –que entrará en vigor próximamente–, solamente se regulan los precios minoristas para algo más de una veintena de productos, entre estos la papa, que se distribuye de manera normada. El resto sigue la línea ascendente de la especulación, señalan entrevistados por BOHEMIA en Sancti Spíritus, Villa Clara, Matanzas, Artemisa y La Habana.

¿Por qué entonces no se regulan los márgenes comerciales que pueden obtener quienes se dedican a vender en la red privada, como mismo sucede para quienes lo hacen a través de las entidades estatales?

-“Las violaciones son frecuentes. Se atajan por un lado y resurgen en otro”, asevera Luis Carlos Góngora, vicepresidente del gobierno en La Habana. (Foto:  JORGE LUIS SÁNCHEZ RIVERA)

Según el director de Agroindustria del MFP, en el mundo los márgenes comerciales están en el orden de un 30 por ciento, y las ganancias del productor entre 13 y 15 por ciento sobre los costos. En Cuba, para el sector estatal, que es el principal comercializador, se estima un 40 por ciento, mientras que para las formas productivas campesinas es de hasta un 50 por ciento sobre los gastos.

A su juicio, lo que obtienen las empresas estatales comercializadoras pudiera ser inferior, pero estos procesos (los de comercialización) son costosos. En el caso de los porcentajes fijados para el sector campesino buscan estimular las producciones y disminuir las importaciones. Los precios de compra al sector campesino son altos e inciden en que también los de venta minorista a la población sean elevados, reconoce Gutiérrez Pérez.

Debido a este mecanismo comienza el ascenso de los precios en Cuba, porque prima el criterio de regular la oferta a través de instrumentos financieros, sin prestar la debida atención a la real capacidad de compra del salario medio, las jubilaciones y las prestaciones de la asistencia social a los grupos poblacionales más vulnerables.

En el caso de los precios de oferta y demanda, que mantienen una permanente tendencia especulativa, es peor aún, pues todavía siguen sin regularse los márgenes comerciales permisibles para este segmento del mercado. “Esto se sigue estudiando y una de las cosas más difíciles es generalizar un sistema de facturación para poder determinar cuánto se compró o vendió”, agrega el directivo del MFP.

Mientras siga pendiente esta normativa, a varios años ya de haberse abierto las puertas al sector privado en la comercialización de productos del agro, seguirá sucediendo que a río revuelto, ganancia de especuladores.

Fantasma en la ciudad

La especulación con los precios en El Trigal llenó muchos bolsillos. (Foto:: MARTHA VECINO ULLOA)

El Trigal, intento de un abasto mayorista para la cadena comercializadora, incluidos los vendedores privados, con el fin de disminuir los precios de venta a la población, dejó un sabor bastante amargo en la capital, pues el tiro salió por la culata.

“Nuestros camiones nunca llevaron mercancías para El Trigal, ni permitimos que se comprara nada allí. Eso fue un antro de perdición desde que comenzó hasta su cierre. Era un negocio de mucho dinero. El control sobre ese mercado no fue el mejor porque se permitió que se vendieran los turnos, las mejores tarimas y otras ilegalidades. Los inspectores vivían de aquello. Cuando llegas a un lugar de esos y lo que hay son magnates, no tienen nada que ver con la sociedad que queremos”, sentencia Álvarez Silva.

Luis Carlos Góngora, vicepresidente del gobierno en La Habana, tuvo la misión de cerrar El Trigal. A su juicio, fueron varios factores los que propiciaron las violaciones. Entre estos, un mal funcionamiento de la cooperativa agropecuaria a la que se le confió la administración del mercado; los precios se fueron cambiando, no bajo los principios universales de oferta y demanda, sino bajo decisiones especulativas que tomaron determinadas personas; al legalizarse la figura del vendedor mayorista de productos agropecuarios, este comenzó a especular, a comprar y revender camiones completos de mercancías a las que se les incrementaba el valor hasta en cinco o seis veces.

Sin un mercado mayorista legal para quienes venden por oferta y demanda seguirá proliferando la especulación con los precios. (Foto: JORGE LUIS SÁNCHEZ RIVERA)

Pero como suele ocurrir, en vez de enmendar esos errores, se botó el sofá, mientras tanto el fantasma del Trigal sigue rondando, aunque se convirtió en centro de acopio administrado por la Empresa de Mercados Agropecuarios de La Habana.

“En las madrugadas se forman de manera ilegal en la ciudad minitrigales, en Arroyo Naranjo, La Habana Vieja, Centro Habana, para venderles a quienes ejercen de manera privada. Se atajan por un lado y resurgen en otro”, reconoce Góngora.

Al estar ausente un mercado mayorista, legal y regulado por el Estado, estas formas no estatales compran en esos lugares, o en las placitas arrendadas a cooperativas, encareciendo aún más los precios de venta a la población.

El vicepresidente del gobierno prefiere no ser absoluto ante la posibilidad de que no se esté desviando mercancías desde los dos grandes centros acopiadores de la capital, El Trigal y Berroa, para abastecer también a los particulares.

¿Control eficaz?

Es una mañana clara de diciembre. Sobre la carretilla se exhiben apetitosos tomates a 20 pesos la libra, a 10 el mazo de cebolla, a tres la cabeza de ajo… A los costados, varias cajas de yuca, ají, pepino, habichuelas y otras mercancías, permanecen en el suelo.

Aunque tiene una gran variedad de productos, a Edelmis Matienzo Marichal, titular de la licencia como vendedor ambulatorio, se le nota preocupado. “Me pusieron una multa de 1 400 pesos porque estaba vendiendo el tomate por encima del precio topado en la provincia, que es de 4.20 la libra”, dice mientras enseña el comprobante dejado por los inspectores de la Dirección Integral de Supervisión (DIS) en la provincia espirituana.

Pero, al parecer, el correctivo aplicado no fue lo suficientemente eficaz, pues Edelmis seguía con los precios altos, más allá de las medidas que adoptaran las autoridades de la provincia para evitar la especulación, después del destrozo que les dejara el huracán Irma en la agricultura.

Norma Martín Alonso, jefa provincial de la DIS en Sancti Spíritus, valora que “la tarea es bien difícil e implica un desgaste sistemático, porque hoy actúas en un lugar, pero en el otro siguen cometiendo ilegalidades”.

En la agricultura urbana y suburbana también existen precios topados. (Foto: JORGE LUIS SÁNCHEZ RIVERA)

Lo mismo sucede en Villa Clara, reconocen Reinaldo Oms Pairol, jefe de la DIS en el territorio, y Santiago Oliva Núñez, director de Comercialización en la delegación provincial de la Agricultura. “La población tiene que colaborar más en el enfrentamiento a las ilegalidades, porque a veces llegamos a los lugares y cuando vamos a comprobar las violaciones de precio, no las denuncian. La gente habla por detrás, pero no se quiere buscar problemas”, asegura Oms Pairol. Esa falta de colaboración puede también estar dada, entre otras causas, por la falta de eficacia del sistema de control.

Frescos como lechuga

En el organopónico La Salud, de la provincia matancera, varias personas hacen una pequeña cola para comprar lechuga fresca, a tres pesos el mazo. Algunos vecinos comentan que temprano hubo col, acelga y zanahoria.

“El ciclón nos llevó de la mano y corriendo”, recuerda el administrador Rafael Más, “pero gracias al surtido de semillas y el abono natural que recibimos de Jovellanos, rescatamos los cultivos de ciclo corto. Abastecemos a hogares maternos y de ancianos, círculos infantiles y escuelas; el excedente se lo vendemos a la población”.

En el recorrido por los puntos de venta de los organopónicos, asociados a cooperativas, en Sancti Spíritus y Villa Clara, el equipo de BOHEMIA encontró experiencias similares a las de Matanzas, donde existen productos frescos a precios asequibles.

Algo diferente exhibe el organopónico de la UBPC 1ro de Julio en el capitalino municipio de Boyeros. En la pizarra, casi ilegible, están el tomate, la calabaza, la piña y la yuca, con precios similares a los mercados de oferta y demanda. Una mujer se acerca, y después de preguntar, sale casi despavorida mientras grita: “ustedes están locos”.

Aunque el Ministerio de la Agricultura conocía del reportaje que realizaba esta publicación, y así se explicó al administrador de la UBPC 1ro de Julio, no quiso dar declaraciones, pues después de llamar a la Delegación Provincial, le dijeron que allí no sabían nada al respecto.

Seguro tampoco conocían lo que sucedía en esta UBPC. “Están cometiendo una violación. Ese punto de venta de la agricultura urbana, y todos los demás, forman parte del sistema de comercialización que tiene regulados los precios por el MFP. Tienen que vender por ese listado”, evalúa Luis Carlos Góngora.

Bien cerca del campo, y en una de las tierras más fértiles del país, hay un punto de venta de la agricultura suburbana, justo a la salida de Artemisa. La pizarra está en blanco, pero en el mostrador hay tomates de mala calidad, verdes, a siete pesos la libra; y plátanos burros, de esos que cuando les quitas la cáscara, parecen lápices, a siete pesos la manito.

-“Viejo, por qué vendes tan caro, si los tomates y los plátanos están en candela”, pregunta una mujer.

-“Mi’ja, en qué país tú vives, no sabes que por aquí pasó un ciclón”- responde el vendedor.

Lo narrado anteriormente sucedió a mediados de enero de 2018.

Los organopónicos, cooperativas y unidades productoras estatales tienen precios topados, pero en muchos casos como estos se viola lo establecido, mientras continúan los especuladores con su negocio.

 

Ferias sí, pero los agros, ¿qué?

Para aliviar la difícil situación del acceso a los alimentos muchos gobiernos locales implementan iniciativas, como las ferias agropecuarias, pero no siempre se obtienen buenos resultados.

De poco sirven las ferias los domingos, si el resto de la semana las placitas están vacías. (Foto: YASSET LLERENA ALFONSO)

A las dos de la tarde, en la barriada de Pastorita, los trabajadores del agro se apresuran en guardar gran parte de la mercancía en sacos. Un camión de abastecimiento de acopio descarga otro poco de productos, pero no se saca a la venta. Mañana domingo es día de feria en Matanzas.

Escenas similares se repiten en otras provincias. Aunque las autoridades territoriales insisten en los méritos de estas ferias, Jorge Félix González Barreto, director comercial de la Unión de Acopio, argumenta que esas ofertas no se consideran ventas contratadas por el Estado con destino a la población.

“Lo correcto es que se hagan con el excedente de la producción, no que se dejen los mercados desabastecidos durante la semana para garantizar el abastecimiento los fines de semana. Además, las ferias no entran en el plan, realizarlas de manera tan seguida implica un gasto de combustible y una afectación a los índices de explotación del transporte”, concluye.

Ver también: MERCADOS AGROPECUARIOS (I) Escalada de los precios


Delia Reyes Garcia

 
Delia Reyes Garcia