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Publicado el 23 Marzo, 2018 por Marieta Cabrera en En Cuba
 
 

SALUD: Anclajes necesarios (II)

Para reconquistar el terreno perdido cada uno de los actores de la atención primaria de salud deberá desempeñar su papel al pie de la letra
SALUD: Anclajes necesarios (II).

El consultorio de la enfermera María Cristina Moya Clark, en Marianao, fue cerrado en julio de 2015. Recientemente, comenzaron a repararlo, pero muy lentamente.

Por JESSICA CASTRO y MARIETA CABRERA

Fotos: CLAUDIA RODRÍGUEZ HERRERA y ANARAY LORENZO

La buena práctica médica requiere sapiencia, y también un sistema administrativo que trabaje con precisión quirúrgica. En este camino de organización, planificación y control de procesos, el Grupo Básico de Trabajo (GBT), eslabón que enlaza el consultorio con el policlínico, tiene una responsabilidad fundamental.

Este equipo debe contar con un especialista en MGI, profesores de medicina interna, ginecobstetricia, pediatría, psicología, higiene y epidemiología, enfermería, un trabajador social, entre otros profesionales que tributan a la atención integral del paciente y al buen desempeño de los 20 consultorios que como norma tienen a su cargo.

Las funciones de esos especialistas trascienden lo meramente asistencial (interconsultas que ofrecen en los consultorios junto con el médico y la enfermera de la familia), para abarcar tareas docentes, investigativas, administrativas y de control. Un ejercicio de integralidad que no todos logran realizar con la misma profundidad, según admiten directivos del Minsap.

El desempeño de esta estructura, obviamente, tiene un impacto directo en los indicadores de salud de la población que atiende. La provincia de Granma lo evidenció durante 2017, cuando mostró una tasa de mortalidad infantil de 4.7, por encima de la media nacional, fijada en cuatro. En términos médicos ese resultado fue asociado, mayormente, a los nacimientos prematuros, y estos, a su vez, a un deficiente trabajo con los factores de riesgo, según la doctora Elba Cabrales Riquenes, subdirectora de asistencia médica del territorio.

SALUD: Anclajes necesarios (II).

Una de las funciones del médico y la enfermera de la familia es la búsqueda activa de aquella morbilidad que puede o no existir, y eso se garantiza en la labor de terreno.

La doctora Cabrales subraya la falta de sistematicidad en el control y fiscalización de los procesos que deben realizar los GBT. “También hay dificultades con el cumplimiento por parte de esos especialistas de los protocolos de actuación, los cuales están bien establecidos y mejoran la atención al paciente”, acota.

El continuo seguimiento a la labor de los consultorios por parte de esos profesores es una de las herramientas más efectivas con que cuenta el programa. Para el doctor Reinol García Moreiro, director provincial de Salud de La Habana, en este acompañamiento deben priorizarse las nuevas generaciones, más aún en provincias que muestren un escenario similar al de la capital, donde el 50 por ciento de los médicos de los equipos básicos son residentes, señaló en el balance de 2017 de este territorio.

Contar con todos sus expertos es cardinal para que el GBT desarrolle sus funciones con eficiencia, algo que no siempre se comporta de forma estable. Frente a esa eventualidad cada territorio elabora su estrategia. En Sancti Spíritus fue necesario impulsar un plan de formación de especialistas en aquellas disciplinas con mayor déficit, como ginecobstetricia, pediatría y medicina interna.

Otros territorios, como La Habana, donde falta un pediatra, obstetra o ginecobstetra en 38 de los 145 GBT existentes, recurren a la opción de emplear médicos generales integrales certificados en esas especialidades para llenar el vacío.

Prever y manejar situaciones como esta es competencia de los cuadros de dirección, cuya estabilidad y preparación es hoy otra de las carencias de la atención primaria, declara a BOHEMIA la doctora Tatiana Durán. “Hay quienes asumen las responsabilidades con voluntad, pero sin las herramientas para conducir los procesos. Para su capacitación existe un diplomado de gerencia, pero no es suficiente, por lo que hace algunos años se retomó la especialidad de administración de salud, que nunca debió perderse”.

Con el objetivo de recuperar la resolutividad de los consultorios se les entrega de forma sistemática un stock de medicamentos, entre otros recursos.

Muestra de esa fluctuación es que del total de directores de policlínicos en La Habana, el 23 por ciento tiene menos de seis meses en el cargo, según refiere la jefa de la sección de APS en el territorio. “Se trata de cuadros jóvenes a los que hay que preparar de forma continua”.

Sancti Spíritus no escapa a estas fisuras en la cadena de mando de los policlínicos, según el director provincial de Salud, doctor Manuel Rivero Abella. “Donde tenemos directores bien formados, y estables, los resultados son mejores. Dentro del sistema hay personas muy inteligentes, pero que desean hacer ciencia y no quieren dedicarse a lo administrativo, que también es una ciencia”.

Para tener el médico en casa

El doctor Santiago Badía González recuerda las dificultades de los años 90, cuando era médico de la familia y debía esperar por los “alumbrones” para esterilizar el material. Pero tenía una ventaja para su labor cotidiana: vivía en la comunidad. “Eso es preciso rescatarlo porque si no se distorsiona el programa”, expresa el secretario general del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Salud.

Esa premisa original comenzó a debilitarse –rememoran directivos del sector– cuando en los años del período especial se dejaron de edificar consultorios típicos. Luego, no pocas viviendas construidas para el equipo básico fueron ocupadas por otras personas del sector o ajenas al mismo.

Ante la urgencia de reconquistar el espacio perdido, el Minsap trabaja con los gobiernos provinciales para que los nuevos consultorios, identificados como necesarios en el proceso de transformaciones, incluyan la vivienda del médico y la enfermera, informa la doctora Tatiana Durán.

SALUD: Anclajes necesarios (II).

En el consultorio ubicado en 29 y 142, en Marianao, el día que iba a ser entregada la obra, los contratistas todavía se encontraban atareados en labores de plomería.

“Hay provincias, aclara, en las que quizás existe el terreno para construir el módulo original, pero en La Habana, por ejemplo, la modalidad es ubicar el consultorio y las viviendas en los edificios de las nuevas urbanizaciones donde está creciendo la población”. Con ese concepto se abrió, en 2017, el consultorio de la comunidad Roble-Hata, en Guanabacoa, por citar un caso.

En Sancti Spíritus se rehabilita un grupo de viviendas con ese fin y se han recuperado las ocupadas por personas que no trabajan en el consultorio. Actualmente, en esa provincia más del 50 por ciento de los médicos viven en la comunidad, asevera el doctor Héctor Hurtado Luna.

Mientras, en Granma, existen alrededor de 400 consultorios típicos y se concentran mayormente en las zonas rurales. En áreas urbanas, como Manzanillo, no llegan a 50 las estructuras que siguen el prototipo original.

Los vecinos que reciben atención en el consultorio 22 del reparto Ojeda, en Bayamo –donde tampoco abundan estas edificaciones–, son afortunados. Allí, desde 1988, vive y trabaja la licenciada en Enfermería Olga Bernal Hidalgo. Residir en la comunidad, dice, facilita su labor preventiva. “Las adolescentes, por ejemplo, se acercan a preguntarme sobre enfermedades de transmisión sexual y a veces me cuentan cosas que no quieren decir a sus padres”.

La labor educativa del médico de la familia con los más jóvenes es esencial para formar hábitos y estilos de vida saludables.

Esa confianza con el paciente repercute positivamente en el estado de salud de la población, opina la doctora Elgis Valdés Taset, quien labora hace 15 años en dicho consultorio.

Al otro extremo del país, en La Habana, las cifras parecen ser más alentadoras: 826 consultorios tienen casa del médico y de la enfermera, y 815 solo la vivienda del médico. Esto representa un 82 por ciento del total de equipos básicos de salud con posibilidades de vivir en la comunidad, aseguran funcionarios de la Dirección Provincial de Salud.

Sin embargo, durante el recorrido por algunos municipios este equipo periodístico se percató de que varias de estas estructuras típicas se encontraban en desuso, mayormente por estar sometidas a largas reparaciones.

Tal es el caso del consultorio de la doctora Yanet Martínez Fortún-Diego, en Marianao, cerrado desde febrero de 2013. Durante este tiempo la instalación fue habitada ilegalmente y hasta sufrió un pequeño incendio. El día de nuestra visita, viernes 9 de febrero, finalmente iba a ser entregada para su uso, a pesar de que los contratistas todavía se encontraban atareados en labores de plomería.

Angustias compartidas

Paredes agrietadas, humedad y filtraciones en los techos son imágenes recurrentes en consultorios del país y confirman el deterioro en que se sumieron estos locales. Revertir esta situación es una prioridad ministerial desde hace años, apunta la doctora Tatiana Durán. En 2017, como parte del proceso inversionista en el sector, se reparó aproximadamente un 11 por ciento de esas unidades a nivel nacional.

Durante el año pasado en la provincia de Granma el programa de reparaciones abarcó 108 consultorios, pero no incluyó algunos de los más críticos. El del poblado granmense de Viviendas Campesinas, en muy mal estado, vio pasar hace mucho el momento en que se podía reparar. “Esto con el primer mandarriazo se cae”, confirma una de las enfermeras del local.

SALUD: Anclajes necesarios (II).

Con escasa ventilación e iluminación, y sin baño, el equipo básico del consultorio de la comunidad rural Viviendas Campesinas, en Granma, intenta hacer su labor lo mejor posible.

Sin apenas ventilación, luz o un lugar apropiado para sentar a los pacientes que se amontonan en la entrada, el equipo básico intenta hacer su labor lo mejor posible. “El baño se cayó a principios de 2017, lo informamos y vinieron rápido, pero no se ha resuelto. Las mismas embarazadas que vienen a consulta, y necesitan usarlo con frecuencia, no pueden”, cuenta Dayamí Meriño Verdecia, licenciada en Enfermería con 31 años de experiencia, gran parte de los cuales ha permanecido junto a esta comunidad.

Otra causa de inconformidad entre la población, principalmente en Granma y La Habana, son los locales compartidos por dos o más equipos básicos de salud. Ya sea por una cantidad insuficiente de espacios o por reparaciones prolongadas, esta eventualidad es más común de lo que debiera. En el mencionado territorio oriental, aunque sus directivos aseguran que la situación ha mejorado en relación con años anteriores, todavía necesitan 51 locales, y este año prevén resolver alrededor de 10 en Bayamo y Manzanillo.

En La Habana hay 187 locales compartidos. De estos, en 172 funcionan dos equipos básicos, en ocho trabajan tres, y en siete, cuatro. La dinámica de trabajo es que unos realicen la consulta por la mañana y otros por la tarde, alternando con la actividad de terreno. El panorama del policlínico Joaquín Albarrán, en Centro Habana, resulta particularmente ilustrativo. “Tenemos 27 consultorios distribuidos en 12 locales”, comenta Mabel Rente Perera, vicedirectora de asistencia médica, y agrega que representantes del gobierno municipal conocen esta preocupación y han dicho que solucionarla está dentro de sus proyectos.

Que varios equipos básicos compartan el mismo sitio es otro inconveniente para la calidad asistencial. El consultorio de la enfermera María Cristina Moya Clark, en el municipio de Marianao, fue cerrado por problemas con la fosa en julio de 2015. Desde ese momento comparte local con otro equipo básico del área. La nueva ubicación, un poco más distante, supone un percance cotidiano para una población envejecida a la que le cuesta desplazarse. “Van pero con menos frecuencia, mayormente cuando necesitan recetas o renovar la dieta”, refiere María Cristina.

SALUD: Anclajes necesarios (II).

La opción de que varios equipos básicos de salud compartan el mismo local es una salida emergente ante la necesidad de consultorios.

Y no solo este grupo etario ha mostrado su descontento. Dayana Silva Crespo, joven madre de una niña de cuatro meses y vecina de la localidad, nos dice exaltada: “Hace falta que reparen ese consultorio, en el otro hay que estar apretados y no se puede hablar nada porque todo el mundo se entera. Cuando va la pediatra los niños de los dos consultorios están metidos ahí. A veces te pasas el día entero y no puedes consultarte”.

Pero, al parecer, el reclamo aún va a demorar en ser atendido, pues hace apenas un mes comenzaron las labores que preceden a este tipo de reparaciones: cal en las paredes y tareas de excavación.

A unas cuadras, la doctora Yanet Martínez Fortún-Diego y su compañera de local tratan de organizarse como está orientado, una por la mañana y otra por la tarde, pero no siempre es posible. “A veces, cuando hay muchas personas –hemos llegado a atender hasta 50 pacientes– estamos las dos en el mismo horario y procuramos siempre cuidar la privacidad”.

Es cierto que rearmar desde sus cimientos un programa con tantas piezas, requiere tiempo, sistematicidad y recursos. Sin embargo, soluciones que pudieran llegar en un mes, no deben tardar años.

La experiencia del médico y la enfermera de la familia, por su diseño enfocado en la prevención distingue a la atención médica de la Isla. Razón de peso para fijar cada nuevo avance a fin de que recobre la vitalidad y preminencia que un día tuvo, máxime cuando lo que está en juego es mantener e incluso mejorar los indicadores de salud que hoy muestra Cuba.


Marieta Cabrera

 
Marieta Cabrera