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Publicado el 13 Diciembre, 2018 por Tania Chappi en En Cuba
 
 

Trova: Paso a los trovadores (III y final)

Sobre las piezas trovadorescas espirituanas y santiagueras surgidas en las primeras décadas del siglo XX puntualiza: “Son distintas, aunque se parecen. Se debe al toque de un instrumento, la clave; en Sancti Spíritus es más aprisa, mientras en Santiago de Cuba es más cadencioso

Un valioso caudal aguarda en el centro y el oriente de la Isla

Por TANIA CHAPPI y RAÚL MEDINA ORAMA

Lino Betancourt, periodista, investigador, musicógrafo experto en la trova tradicional cubana, nos acerca a un universo que suele quedar al margen de los grandes espectáculos y los horarios televisivos estelares.

Sobre las piezas trovadorescas espirituanas y santiagueras surgidas en las primeras décadas del siglo XX puntualiza: “Son distintas, aunque se parecen. Se debe al toque de un instrumento, la clave; en Sancti Spíritus es más aprisa, mientras en Santiago de Cuba es más cadencioso.

Un valioso caudal aguarda en el centro y el oriente de la Isla.

Foto: cubasi.cu

“La mayor parte de lo creado por los trovadores santiagueros de la primera generación (Sindo Garay, Alberto Villalón, Emiliano Blez, Rosendo Ruíz, Salvador Adams, entre otros) eran boleros, porque se ajustan más a la poesía; además, compusieron criollas y claves. Los espirituanos también utilizaron esos géneros musicales, en su caso hicieron muchas obras para los coros de claves. Pero no hay diferencias entre ellos en cuanto a los temas. Hablaban sobre el amor, la mujer, la amistad, los héroes y mártires de la patria, la belleza del paisaje cubano. Como gente de pueblo, se inspiraban en lo que el pueblo deseaba que se cantara.

“Otro valor de la trova tradicional son las letras. Todas sus canciones –y también las de la intermedia, que es el filin, de la nueva y de la novísima– contienen un mensaje, son poemas cantados”.

–¿Cuál es la situación actual de esa manifestación artística?

–Composiciones centenarias, se siguen interpretando, incluso por jóvenes. Hay un renacer de su discografía. Se está grabando no solo en La Habana, en los estudios PM Récord; soy asesor de Bis Music y recientemente hicimos un recorrido por Sancti Spíritus y Santiago de Cuba; en la primera grabamos a cuatro grupos y se nos quedaron otros. En Santiago fueron más de diez agrupaciones, aunque había más, deseosas de grabar. Y si vas a Santa Clara, en El Mejunje encuentras maravillas.

–¿Una actuación de trovadores puede concebirse igual que un espectáculo de cabaret o un concierto para bailar?

–No. El mensaje de sus obras solo se puede entregar ante personas que vayan a escuchar. Ellos no consiguen comunicarse con un montón de gente que tiene una botella en la mano. Pretender que actúen para un público que bebe cerveza y grita, en un ambiente de taberna, es una falta de respeto a la cultura cubana.

“Hay un dicho falso: la trova sin trago se traba. En la Peña de Sirique (espacio trovadoresco, en La Habana de los años 60) no se le aceptaba a nadie darse tragos. Y cuando Isolina Carrillo tenía la suya, en ella tampoco lo permitían”.

–¿Qué importancia tiene salvaguardar nuestra trova tradicional?

Es positivo que los jóvenes hagan nuevas versiones de aquellas canciones, siempre que respeten la armonía, la melodía y la letra, afirma. (Foto: ANARAY LORENZO)

Es positivo que los jóvenes hagan nuevas versiones de aquellas canciones, siempre que respeten la armonía, la melodía y la letra, afirma. (Foto: ANARAY LORENZO)

–Hacerlo es preservar lo que mejor se ha hecho en la cancionística cubana, tanto en letra como en música. Debe difundirse más por la radio y la televisión. Existen discos, agrupaciones clamando por cantar en la TV, y no los ponen.

–Quizás los productores y directores consideran que no hay radioyentes o televidentes para programas de ese tipo.

–Es incierto. Hace poco se presentó en la televisión, en Entre amigos, la cancionera Ivette Cepeda e interpretó Longina, de Manuel Corona, con una gracia insuperable. Gustó muchísimo; hasta repitieron el programa.

“Compay Segundo, quien cantaba música tradicional, se presentó en la clausura de un congreso de la Unión de Jóvenes Comunistas y los asistentes lo vitorearon. Recuerdo que durante un festival en Santiago de Cuba fui a la Escuela Formadora de Maestros e invité a Ecos del Tivolí, allí los estudiantes, que eran muchachos, después de una clase didáctica bailaron en el pasillo con el grupo y no querían terminar el encuentro. Otra vez, en la Casa del Joven Creador en La Habana, interpretó trova tradicional el tresero Luis Peña, el Albino, un anciano, y arrasó”.

–Entonces usted cree que espacios bien concebidos, con la visualidad y la dinámica de hoy, lograrían que la trova tradicional se volviera atractiva para la juventud.

–Cómo no. Yo no digo que presenten solo a patriarcas, sino a esos jóvenes que están buscando una oportunidad.

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¿Un murmullo que se apaga? (II)


Tania Chappi

 
Tania Chappi