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Publicado el 12 Diciembre, 2018 por Raul Medina Orama en En Cuba
 
 

Trova: ¿Un murmullo que se apaga? (II)

Insuficientes promoción y lugares donde escuchar la trova tradicional, escasos incentivos económicos y espacios de formación para nuevos intérpretes, entre otras razones, atentan contra esta manifestación artística

Aunque generalmente se acepta La bayamesa (1851), pieza firmada por Carlos Manuel de Céspedes, José Fornaris y Francisco Castillo Moreno, como el punto de partida del cancionero trovadoresco insular, fue en Santiago de Cuba donde cristalizó y se extendió esa expresión.

Melodías Cubanas se mantiene defendiendo un exquisito cancionero. (Foto: MARTHA VECINO ULLOA)

Melodías Cubanas se mantiene defendiendo un exquisito cancionero. (Foto: MARTHA VECINO ULLOA)

En la llamada por algunos Capital del Caribe había gran tradición musical, desde el músico mestizo Miguel Velázquez (siglo XVI), e incluyendo al compositor habanero, asentado allí, Esteban Salas (1725-1803), las orquestas de contradanzas y numerosos cantores anónimos y populares que recorrían sus calles.

A mediados del XIX solían presentarse en la ciudad grupos foráneos que interpretaban pasajes operísticos, y el bel canto aficionó a los santiagueros. Algunos intérpretes humildes comenzaron a imitar los duetos de tenores y barítonos, así surgieron las típicas voces primas y segundas. La técnica guitarrística también se extendió, generalmente por remedo, pues los fundadores de la trova eran músicos autodidactas que se ganaban la vida como sastres, panaderos o zapateros.

Irania Silva, musicóloga y profesora del Conservatorio Esteban Salas, puntualiza que como movimiento surge a finales de esa centuria, “con Pepe Sánchez (1856-1918) y Sindo Garay, quien fue su alumno, seguidos por una generación de clásicos como Emiliano Blez, Alberto Villalón, Pepe Bandera, Rosendo Ruiz, Salvador Adams, Miguel Matamoros y José Prior. No eran músicos académicos, aunque alguno había estudiado un par de notas”.

La especialista destaca el carácter espontáneo, en sus inicios, de trovar: “Era cantar acompañado de un instrumento, en serenatas, cafetines, como parte de una tertulia…”. Afirma que en la vieja trova “está el germen de nuestra música popular, y sembró una tradición que ha llegado hasta hoy”.

El doctor Jesús Gómez Cairo, director del Museo Nacional de la Música ha escrito: “Con ellos [los fundadores] se fijó en la cultura popular de Cuba la imagen nunca ausente hasta nuestros días del cantautor ‘trashumante’ y bohemio, cronista reflexivo de los asuntos humanos y del amor en todos sus matices”.

Las penas que la maltratan…

En la vorágine musical de Santiago de Cuba parece que las expresiones más vetustas, como la trova, se ven “contra las cuerdas” en un combate con géneros bisoños, a pesar de que continúa activo un patriarca: Alejandro Almenares (Nene), y de que generaciones más recientes –José Aquiles, Luis Felipe Veranes (Felipón); Rubén Léster– no reniegan de esa tradición, aunque levantan sus obras con una mezcla de estilos que los aleja de lo estrictamente considerado tradicional.

La Empresa Provincial Comercializadora de la Música y los Espectáculos Miguel Matamoros contiene en su catálogo algunos dúos, forma en que se presentan generalmente los cultores de la trova tradicional santiaguera. Melodías Cubanas, Cohíba, Voces Latinas, Madrigal, y la solista Aracelys Romero, Chely, son los más recientes representantes de toda una manera de hacer.

Ellos se presentan con periodicidad en la Casa de la Trova (Heredia, entre San Félix y San Pedro), espacio sostenido por la Empresa de Grabaciones y Ediciones Musicales (Egrem). Además de ese sitio, no hay otro lugar –ni estatal ni privado– donde con sistematicidad se programen actuaciones.

Gustavo Revé, especialista del Departamento de Desarrollo Artístico de la empresa Miguel Matamoros, refiere que esos dúos y solistas “están en la categoría de subvencionados, protegidos por el Estado, pero eso nada más garantiza un salario fijo (alrededor de 460 pesos cubanos al mes); debería llevar más, por ejemplo, organizarles giras nacionales para que todo el mundo conozca ese tesoro santiaguero”.

Sin embargo, su entidad no puede asumir tales gastos: “Hace falta articular otras instituciones y que el Ministerio de Cultura tenga más incidencia. Algunos músicos que se jubilaron están enteros y quieren continuar, pero exigen que les paguen por cantar independientemente de la jubilación. Esa posibilidad no existe con nosotros, una vez que salen del sistema”, manifiesta.

Otro esquema de pago es “a rendimiento”, donde se incluyen los septetos, más rentables porque son muy aceptados en el mercado turístico y tienen copados los hoteles de la ciudad.

“El turista a veces viene a la casita [de la trova] porque es una especie de reliquia de museo, pero incluso ahí los dúos también se acomodan a la demanda de bailar y cantan temas no tradicionales”, cuenta el especialista.

Rodulfo Vaillant, presidente del comité provincial de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (Uneac), cree que la empresa provincial “no ha jugado cabalmente su papel, porque conocemos cultivadores del género viejo –en El Caney, en San Luis–, pero como no son atendidos desde el punto de vista promocional, van desapareciendo. ¿Por qué no están presentes en los festivales y las programaciones culturales de la región?”.

Pepe Sánchez y Sindo Garay, dos imprescindibles de la música cubana. (Foto: MARTHA VECINO ULLOA)

Pepe Sánchez y Sindo Garay, dos imprescindibles de la música cubana. (Foto: MARTHA VECINO ULLOA)

El reconocido compositor de música popular también señala “errores de concepto” en la organización del Festival de la Trova Pepe Sánchez, celebrado cada año en marzo. “Abundan más expresiones de la Nueva Trova hacia acá, que la tradicional. Debería mantenerse viva la presencia, en el gusto y preferencia de la población, de la vieja trova, rescatarla”.

Según sus palabras, el desajuste en las provincias forma parte de una carencia mayor: “El Instituto Cubano de la Música no ha promovido una política coherente para preservar el género trovadoresco tradicional. Los mismos organismos responsables de esclarecer los conceptos y apoyarla están confundidos. Todo género tiene derecho a evolucionar, pero eso es diferente a meter dentro del mismo bolso músicas de otra estructura armónica”.

Irania Silva es de otra opinión, pues “no debes crear un cliché, porque desde el siglo XIX diversos formatos vienen cambiando e interrelacionándose. Pueden entenderse como trova tradicional algunas manifestaciones del son, anteriores a los años 30 del XX. Y no limitarla a la de dos voces, guitarras…”.

Por eso ella estima que “en Santiago la trova se mantiene, si bien no puedes esperar que hoy se haga la canción y el bolero como lo hacía Pepe Sánchez. Sí debes mantener el juego de voces, tanto instrumentales como vocales, la estructura de aquellas composiciones (primera parte, interludio, una segunda). Los que componen hoy día lo están haciendo así, aunque se alejan un poquito en conceptos armónicos, quizás en formatos instrumentales”.

Muchos de los inquiridos por BOHEMIA aludieron al poco interés de las disqueras nacionales por el género. Empero, Jorge Luis Pujals, productor de los Estudios Siboney, asegura que al menos la Egrem sí graba esa música. Para apoyar su afirmación señala varias matrices guardadas en los archivos y una relación de CD de los últimos 20 años. Son unos 36 fonogramas. De ellos muchos pertenecen a septetos y otros formatos dedicados más al son, aunque incluyen temas y arreglos cuya referencia es la trova primigenia.

El ganador de varios Cubadisco y otros eventos internacionales lo explica: “El tipo de trova de principios del siglo XX se graba muy poco porque existe una tendencia que acerca esos números al son. Hay mucha influencia de lo que piden los públicos, que casi siempre quieren bailar. Desgraciadamente, no siempre gustan de sentarse a escuchar una melodía llena de lirismo”.

Además, el mercado discográfico cubano está atrasado respecto a las tendencias internacionales de comercialización. Aquí generalmente se sigue identificando a las placas discográficas –caras de producir, casi imposibles de comprar para el ciudadano común– como la meta, cuando el mayor volumen de ventas se realiza mediante Internet, una puerta a la que Cuba apenas se asoma.

¿Gusto añejo?

Georgina Riveaux Rodríguez es expresiva y locuaz. Integra el dúo Melodías Cubanas, junto con Candelaria Suárez, quien la secunda en un delicioso juego de voces. Las acompaña en la guitarra Hermes Rodríguez, y a veces invitan algún otro músico. Conversamos en la sala original de la Casa de la Trova (es decir, la única existente antes de la ampliación del inmueble), justo antes de empezar su peña del lunes frente a un exiguo grupo de turistas.

“Tenemos que ir a la búsqueda y preservación de la vieja trova santiaguera, como elemento patrimonial de la nación”, dice Rodulfo Vaillant, presidente de la Uneac provincial. (Foto: MARTHA VECINO ULLOA)

“Tenemos que ir a la búsqueda y preservación de la vieja trova santiaguera, como elemento patrimonial de la nación”, dice Rodulfo Vaillant, presidente de la Uneac provincial. (Foto: MARTHA VECINO ULLOA)

Cuando le pregunto qué le seduce para seguir cantando trova tradicional hace un ademán con la mano, como para remarcar la obviedad: “Tiene, lo mismo en el texto que melódicamente, la cubanía que necesitamos.  Y siempre le ha gustado a todo el mundo, a pesar de que otra se ha impuesto ahora”.

Sabe que algunos jóvenes escuchan esa música, mas no avizora el relevo para los intérpretes. “Si no se hace un trabajo específico, esto puede decaer, porque nosotros no duraremos por siempre”.

Hermes Rodríguez deja a un lado la guitarra e interviene: “Sí existe público cubano, pero antes teníamos más, personas mayores que han ido muriendo. A veces vienen jóvenes, sobre todo del Conservatorio porque les dan una tarea, pero no regresan”.

Tampoco Irania Silva observa una estrategia institucional encaminada a formar artistas capaces de suplir a los dúos y tríos tradicionales. “El Conservatorio ofrece una cultura general, no se enfoca específicamente en eso. Tiene que intervenir la empresa provincial, promover la formación, o buscar entre los músicos populares aquellos intérpretes empíricos con buenas condiciones vocales. Las casas de cultura podrían hacer una mejor labor al respecto”.

Está claro. Los escasos beneficios económicos no atraen a nuevos exponentes que releven a los fantásticos ancianos de la Casa de la Trova. Las instituciones provinciales deben cuidar ese patrimonio, subvencionar y atender –y no simbólicamente– a los trovadores genuinos. Se necesita articulación entre las entidades para ponderar a quienes están cultivando esa vieja y bella manera de cantar a la vida, y también iniciativas concretas que propicien nuevas hornadas de juglares.

De nuevo, la promoción mediante estrategias intencionadas parece ser una de las más cojas patas de la mesa. Un sondeo entre los pobladores santiagueros realizado por este equipo confirmó que la trova tradicional no tiene la necesaria visibilidad en la televisión y otros medios de comunicación. Muchos habitantes conocen un par de temas de algunos clásicos. A veces los tararean, otros recuerdan sus nombres. No más.

Asimismo, en un ecosistema digital, las nuevas herramientas y saberes que contribuyen a autogestionar la publicidad en Internet parecen palabras en otro idioma para la mayoría de los cultores de la trova tradicional.

Como un suspiro de amor fugaz

Una caldera hirviente donde se cocina todo tipo de sonoridades, esa podría ser una imagen bastante precisa de la urbe. Por la ventana colonial entra el vapor citadino, envuelto en una luz dorada que pronto se convertirá en sombra. Sobrevolando en él, jirones de los ritmos más variados: sones, ballenatos, reggaes, salsa, el omnipresente reguetón. Pero en la casona de la calle Heredia, un hombre robusto de melena plateada, amarra su mano al mástil de la guitarra, casi la abraza con veneración. Pulsa las cuerdas.

La tarde, centenaria canción de Sindo Garay (1867-1968), el Faraón de Cuba, resuena, en voz de mujer, dentro de los vetustos muros, como un conjuro de permanencia en medio de la contemporaneidad, tan rápida y volátil. La luz que en tus ojos arde/ si los abres amanece,/ cuando los cierras parece/ que va muriendo la tarde… Ojalá permanezca mucho más en el aire.

Algunos discos producidos por los estudios santiagueros de la Egrem. (Foto: MARTHA VECINO ULLOA)

Algunos discos producidos por los estudios santiagueros de la Egrem. (Foto: MARTHA VECINO ULLOA)

 

 

 

 

 

Un templo de la música cubana

Aunque se ha querido extender la fórmula a otras provincias del país, los santiagueros se ufanan de tener la Casa de la Trova original. En realidad, así le decían a cualquiera de las viviendas y comercios donde se reunían los juglares y sus seguidores para “descargar”, compartir canciones. Las hubo en el poblado de El Caney, en la calle santiaguera de Martí, en el barrio del Tivolí y en el reparto Flores, entre otras.

Jorge Luis Pujals reconoce que, paradójicamente, en el mercado internacional “estos discos de trova son algunos de los que mejor funcionan”. (Foto: MARTHA VECINO ULLOA)

Jorge Luis Pujals reconoce que, paradójicamente, en el mercado internacional “estos discos de trova son algunos de los que mejor funcionan”. (Foto: MARTHA VECINO ULLOA)

La nombrada Pepe Sánchez ha devenido la más famosa. Surgió en los años 50 del siglo XX, por iniciativa de Virgilio Palais, torcedor de tabaco y dueño de un puesto de ventas en ese lugar. Cantaba a capella para atraer clientes y pronto se le unieron amigos y trovadores. Se convirtió en uno de los sitios más bohemios de la ciudad. El 28 de julio de 1968 se oficializó la institución que hasta hoy mantiene vivas entre sus paredes las viejas melodías de amor.

Antes de conquistar el mundo, Compay Segundo y Eliades Ochoa probaron su estirpe santiaguera allí. En enero de 2000, inesperadamente, la visitó el antiguo Beatles Paul McCartney, quien se llevó a casa varios fonogramas de música cubana, entre estos uno de Eliades. Muchas otras personalidades del arte han sido acogidas allí, entre ellas el cantautor chileno Víctor Jara, los escritores Gabriel García Márquez, Nicolás Guillén y Mario Benedetti; músicos como Leo Brouwer, Oscar de León, Andy Montañez, Harry Belafonte, Omara Portuondo, Adalberto Álvarez, y Elena Burke.

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Raul Medina Orama

 
Raul Medina Orama