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Publicado el 12 Junio, 2019 por Marieta Cabrera en En Cuba
 
 

SANEAMIENTO AMBIENTAL (II y final)

Saldar una vieja deuda

Insuficientes equipos para la limpieza de los ríos limitan su saneamiento. Barreras flotantes, opción válida
Saldar una vieja deuda.

El río Quibú es el que más ha sido saneado en los últimos cuatro años en sus diferentes tramos.

Por MARIETA CABRERA, con la colaboración de KRYSTELL ASPILLAGA, estudiante de Periodismo

Fotos: YASSET LLERENA ALFONSO

El reloj marca poco más de las once de la mañana. En el tramo del río Quibú ubicado en el Callejón de Andrade y Final, en Marianao, el operario de la retroexcavadora guía con pericia el largo brazo de la máquina con el objetivo de rectificar el cauce y conformar el talud para favorecer la circulación de las aguas.

Esta es una de las tareas que realizan los trabajadores de la Empresa de Saneamiento Básico de La Habana, perteneciente a la delegación provincial de Recursos Hidráulicos. Creada en 2014, tiene entre sus misiones la limpieza de más de 500 kilómetros de cauces (ríos, arroyos y zanjas) existentes en 12 municipios.

Para esto cuenta con 323 zanjeros, organizados en 24 brigadas, quienes chapean las márgenes de los cauces y extraen de forma manual la basura que es posible sacar de las orillas y hasta donde puedan acceder. Luego, trasladan esos desechos a los puntos cercanos para que sean recogidos por Comunales.

La empresa también dispone de una brigada para las labores mecanizadas, cuyo equipamiento está incompleto y no existe una adecuada correlación entre los equipos principales y los de apoyo con que cuentan, en opinión del ingeniero en riego y drenaje Jorge Eduardo Brey Herrera, su director. Esto incide en que anualmente puedan sanear entre 38 y 40 kilómetros de cauce, aproximadamente, lo cual es insuficiente.

Saldar una vieja deuda.

La empresa de saneamiento básico de La Habana tiene entre sus misiones la limpieza de más de 500 kilómetros de cauces, explica el ingeniero Jorge Eduardo Brey Herrera, su director. (Foto: ANARAY LORENZO COLLAZO)

“El escenario en la capital es muy complejo”, afirma Brey Herrera. La ciudad, ejemplifica, dispone de 216 puentes sobre ríos, zanjas y arroyos, pero solo pueden limpiar cada año 108, los más complicados. Esta tarea consiste en extraer la basura que allí arrojan los ciudadanos, para lo cual disponen de una sola retroexcavadora sobre neumáticos –apropiada para estas labores– y escasos camiones de volteo.

El río Quibú, uno de los más agredidos, es el que más han saneado en los últimos cuatro años en sus diferentes tramos. También han limpiado con frecuencia el Luyanó, de donde extrajeron, entre septiembre y octubre de 2016, un total de 25 000 metros cúbicos de basura en 1 100 metros de cauce (desde el puente Mayor al Alcoy). A inicios de enero último se ocupaban de esa misma zona, igualmente abarrotada de desechos.

Acerca de la limpieza de estos cuerpos de agua, una de las tendencias existentes en el mundo sostiene que no debe hacerse de forma mecanizada porque constituye una agresión al cauce. “Ciertamente, cualquier acción mecanizada en un río conlleva un deterioro en sus márgenes, su vegetación y en toda la vida acuática que allí se desarrolla. Cuando se altera el fondo, varía la pendiente hidráulica, el escurrimiento, el caudal, y en un momento determinado se comporta de manera diferente, asegura Brey Herrera.

“Los ríos se limpian de forma natural, cuando vienen las avenidas, pues en estos hay vegetación que caduca, muere, y se convierte en arrastre. Pero, ¿qué arrastran los de la capital?: chasis de carros, neumáticos, pomos plásticos, latas, escombros… Por eso, lamentablemente, hay que limpiarlos de forma mecanizada”.

La culpa no es del río

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En los puentes sobre los ríos, zanjas y arroyos las personas arrojan gran cantidad de desechos.

Tania Pombert Padrón, de 53 años, ha vivido siempre en las cercanías del puente del Pocito, en un asentamiento poblacional del consejo popular Pocito-Palmar, en el municipio de Marianao.

Relata que su casa está a un metro de la orilla del Quibú, por lo que ella –al igual que el resto de los vecinos, incluyendo los del asentamiento conocido como Indaya– vierte directo a sus aguas los residuales líquidos. “Algunos, también echan ahí la basura, a pesar de que existe una caja ampliroll para depositarla”. Cuando llueve mucho y el río crece, las aguas penetran en su casa, dice Tania. “Y con ellas viene todo… incluyendo la basura”.

No pocas madrugadas, refiere Brey, cuando las aguas del Quibú han aumentado su nivel como consecuencia de las precipitaciones, trabajadores de Recursos Hidráulicos y otros organismos han debido acudir con urgencia a esa zona, “pero es que allí las personas están viviendo en el cauce de inundación del río”.

Ramón Alejandro Torres Rosa, vicepresidente del Consejo de la Administración Provincial, explica que el plan de ordenamiento de la ciudad prevé la reubicación de entidades que contaminan el manto freático o los ríos. A la par, se han hecho levantamientos, por parte de las direcciones de Planificación Física y de la Vivienda, en las márgenes de los ríos donde se han realizado acciones constructivas de forma ilegal.

“Hay individuos que nacieron en esos lugares y llevan mucho tiempo viviendo allí, y eso hay que tenerlo en cuenta. El tratamiento que se les brinda no es igual al que recibe quien llega hoy e intenta levantar una construcción ilegal y emitir una carga contaminante”, precisa Ramón Alejandro Torres.

“El propósito es ir buscando soluciones por parte de la Vivienda, los factores de la comunidad y el gobierno, pues, por un lado, está la contaminación que puedan emitir esas personas sobre el manto freático o los ríos, y, por el otro, que no tienen un estatus legal que les garantice los mismos beneficios que al resto de los ciudadanos”.

Muro contra la desidia

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Quienes viven en el asentamiento poblacional Indaya, y en otros cercanos, han hecho sus casas en la ribera del río Quibú y vierten todos sus residuales a esas aguas.

Con la idea de proteger el área náutica del río Almendares e impedir que parte de la basura que flota en su superficie llegue allí y al litoral, existe aguas arriba del puente de la calle 23 una barrera flotante construida con tubos de polietileno de alta densidad por trabajadores de la empresa avileña CiegoPlast.

Para María Beatriz Bianchi Calera, subdirectora técnica del Parque Metropolitano de La Habana, se trata de otra de las acciones para que el río cobre vida, anhelo largamente acariciado por ella, pues ese entorno es parte de su infancia. “Cuando era niña venía aquí los fines de semana para ver las funciones de teatro”, dice.

Recuerda que desde entonces se veía el daño a ese espejo de agua. Hoy, asevera, su calidad ha mejorado. “Los estudios que hacemos evidencian que ha disminuido la carga orgánica y ha aumentado el nivel de oxígeno disuelto. No obstante, el Almendares está contaminado, pues se mantiene el vertimiento de residuales crudos procedentes del alcantarillado y eso lo afecta grandemente”.

Aun así, en septiembre último, avistaron un manatí con su cría en las aguas que bordean el parque. “Una buena señal”, anima María Beatriz.

Lo que no constituye un buen indicio es la cantidad de animales muertos en la ribera del río, dice alguien y cruza los dedos. Leonardo Danger Moro, zanjero de la empresa de saneamiento, refiere que muchas personas arrojan directamente allí ofrendas religiosas, y otras, las trae la corriente.

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En el río Almendares, los zanjeros acarrean hasta la orilla los desechos atrapados en la barrera flotante.

Algunas las saca él cuando en las mañanas sube al bote, y auxiliado del rastrillo y algunos medios rústicos que ha creado, acarrea hasta la orilla los desechos atrapados en la barrera. “Extraigo mucha vegetación, también pomos, sacos con mondongos, jabas con basura, y otros desperdicios. Todo eso lo deposito en una caja ampliroll que Comunales debe recoger dos veces a la semana, pero a veces demora un poco más”.

Según informa la subdirectora técnica del Parque, piensan situar otra de esas barreras flotantes a la altura del bosque de La Habana.

Actualmente, existe una en la zanja Capitán Núñez y se prevé colocar dos en el río Quibú (la primera, en el puente Las Piñas y, la segunda, anterior a esta, donde confluyen tres zanjas de drenaje del alcantarillado y hay puentes peatonales en los que las personas arrojan mucha basura). También se instalará otra barrera en el río Luyanó (aguas abajo del puente de la calle Mayor), la cual retendrá muchos de los desechos que hoy van a la bahía.

Plantas para la rada habanera

Una de las buenas noticias con que se despidió 2018 fue la culminación de la planta de tratamiento de aguas residuales (PTAR) Luyanó IV (en fase de puesta en marcha), en cuya primera etapa se procesarán 200 litros por segundo y, concluida la próxima, llegará hasta los 400 litros en igual lapso.

Esta permitirá reducir la contaminación de la bahía, a lo cual contribuirán otras PTAR más chicas que tratarán los residuales de pequeñas localidades que vierten a los ríos Luyanó y Martín Pérez. Se trata de La Solita, ya en funcionamiento, y tres que se hallan en ejecución: Monterrey, San Matías y La Prosperidad.

Son pasos en el camino que urge recorrer para saldar una vieja deuda con los ríos de la ciudad. Más que preservarlos, se trata de honrarlos por la vida que emana de sus aguas.

Saldar una vieja deuda.

Los zanjeros chapean las márgenes de los cauces y extraen de forma manual la basura que es posible sacar de las orillas.

Reforestar, con apego a las normas

La repoblación forestal en las márgenes de los ríos tiene que respetar el nivel inferior de la franja forestal, el cual se calcula teniendo en cuenta las características del cuerpo de agua, su caudal, y el comportamiento de las avenidas, entre otros parámetros.

Con frecuencia se ven lugares mal reforestados porque no se han tenido en cuenta las normas que rigen las franjas de protección del cauce fluvial o los necesarios accesos para el mantenimiento, afirma el ingeniero Luis Arturo Barinaga Quevedo. “Por eso, cuando trabajadores de saneamiento realizan la limpieza mecanizada en esos sitios, en ocasiones dañan la vegetación.

“A finales de 2017 –refiere– recorrimos los ríos Martín Pérez y Luyanó junto con representantes de la Agricultura de San Miguel del Padrón y del GTE-BH, y se vio que de cuatro proyectos de reforestación, tres no eran viables o precisaban modificaciones.

“De esa experiencia se convino, a partir de 2019, comunicar a los representantes de la Agricultura en la capital las acciones de limpieza de cauces planificadas por la empresa de saneamiento. A la vez, ellos deberán consultarnos los proyectos de reforestación que tienen en sus planes, porque aun cuando hay normas en cuanto a la faja forestal, las características de un lugar pueden hacer que estas varíen y dicha faja tenga que modificarse”.

 

Saldar una vieja deuda.

El ingeniero Luis Arturo Barinaga explica que priorizan aquellas inversiones con un mayor impacto en el beneficio a la población y cuya recuperación sea más rápida. (Foto: ANARAY LORENZO COLLAZO)

Plantas esperanzadoras

Luis Arturo Barinaga Quevedo, subdirector de desarrollo y planeamiento de Recursos Hidráulicos en la capital, adelanta algunas de las inversiones para el saneamiento de las cuencas y los ríos

Detrás del poblado de Peñas Altas, en el este de la capital, se construye la planta para el tratamiento de residuales (PTAR) que le insuflará al río Guanabo el oxígeno que está pidiendo a gritos desde hace muchos años, pues a él van las aguas albañales crudas de ese asentamiento poblacional.

Dicha planta, que abarcará el tramo costero desde el puente de madera de Boca Ciega hasta el Balcón de Guanabo, tiene tres fases, explica Luis Arturo Barinaga Quevedo, subdirector de desarrollo y planeamiento de la delegación provincial de Recursos Hidráulicos de La Habana. “La primera deberá estar concluida en 2023. Ya se encuentra en el país el primer módulo que va a asumir los residuales de Peñas Altas (allí existen redes, solo hay que mejorarlas y construir otras) y el desarrollo turístico del campo de golf de Bellomonte, el cual está previsto comenzar entre 2021y 2022.

“También a partir de 2021 debe empezar la construcción de los alcantarillados de las playas Veneciana y Brisas, hasta Balcón de Guanabo. Y según se ejecuten esas redes, avanzará la planta, pues es un proyecto escalonado por módulos. Esta PTAR procesará 200 litros de aguas residuales por segundo.

“Por tratarse de un sistema costero, hay que hacer el alcantarillado de forma que vierta hacia la zona baja. Allí se colectan los residuales y, como no se puede situar una planta de tratamiento cercana al mar, hay que bombearlos para la zona alta, o sea, del lado de allá de Vía Blanca, en los alrededores de Campo Florido, donde se construirá la PTAR.

“Una parte de esa agua tratada, limpia, será reutilizada (se empleará en el riego del campo de golf) y la otra se le devolverá al río.

“En Santa María del Mar, desde Tarará hasta el Puente de Madera (antiguo hotel Itabo, hoy Arenal) igualmente se proyecta construir un sistema de redes de alcantarillado y una PTAR para devolver el agua tratada al río Itabo. Esa planta deberá estar funcionando en el año 2025, pero todo el desarrollo previsto en el área puede abarcar de ocho a 10 años, en dependencia del financiamiento con que se cuente.

“También en Santa María, del Mégano al Puente de Madera, vamos a hacer los colectores principales para recoger los residuales de los hoteles Atlántico, Tropicoco, Terraza y otros que hoy están contaminando porque tienen tanques sépticos que no funcionan y vierten el residual crudo.

“Esta inversión en las redes comenzará en 2021, según el Plan Hidráulico Nacional (PHN). Los residuales irán inicialmente a la laguna de oxidación del Itabo, hasta que se construya la planta antes mencionada”.

-¿Cuál es el costo del proyecto de las playas del este?

-Es costoso porque todas las redes en un sistema costero son caras. La inversión tiene un costo total de poco más de 70 millones de pesos (alrededor de un 40 por ciento en divisa), lo cual incluye las plantas de tratamiento, y las redes de alcantarillado y drenaje.

-¿Qué está diseñado en el caso de Alamar? 

-El PHN define también las soluciones de saneamiento para otras zonas del este de la ciudad, aunque a más largo plazo. En Alamar está previsto construir un emisario submarino, el cual recoge las aguas residuales y las conduce hacia el mar. Este proyecto incluye estudios del Citma, GeoCuba y otras entidades acerca de la longitud y la profundidad que debe tener dicho emisario para que el mar sea capaz de asimilar y depurar esa carga contaminante sin afectar el ecosistema.

“En Cojímar, se construirá una PTAR que estará ubicada alrededor de la rotonda de igual nombre”.

Desenredando la madeja

Ubicada a la entrada de la Universidad Tecnológica de La Habana (Cujae), la planta de tratamiento María del Carmen es una instalación grande que empezó a construirse en los años 70 del siglo pasado. Su misión es tratar los residuales de los asentamientos poblacionales de los municipios de Boyeros y Arroyo Naranjo, ubicados sobre la cuenca Vento-Almendares.

“Hoy, explica Barinaga, el gran problema de esta planta es que no recibe todo el residual que puede tratar debido a que faltan colectores y redes.

“Actualmente hay dos colectores grandes: el que nace en Santiago de las Vegas y no es utilizado al ciento por ciento, y el que comienza en el reparto Eléctrico, el cual se recuperó y nos permite tratar de encauzar los residuales de ese asentamiento poblacional que durante años han sido vertidos a la presa Ejército Rebelde. También a este último colector hay que incorporar los repartos Ponce, Trébol, Parajón, García, El Trigal, Calabazar que están a los lados del mismo. Eso significa millones de pesos, subraya Barinaga.

“Al oeste de la capital, próxima a la ya existente PTAR Quibú, situada en la calle 25, en Marianao, debe ir otra planta que tratará los residuales que genere el desarrollo habitacional previsto en Ciudad Libertad. Y, a más largo plazo, se construirá en esa zona una tercera para asumir otras áreas del propio municipio.

“Es decir, todo lo que he dicho forma parte del PHN y está estudiado y proyectado, pero no se dispone del financiamiento para ejecutar las inversiones con la celeridad que se necesita. Hoy estamos priorizando aquellas con un mayor impacto en el beneficio a la población y cuya recuperación sea más rápida.

“Las ejecuciones de nuestras inversiones se financian con créditos externos, blandos, y el Estado cubano hace un esfuerzo grande por garantizar este financiamiento, a pesar del bloqueo y de la situación económica que enfrentamos”, recalca el entrevistado.

Estas inversiones para el saneamiento de las cuencas y los ríos, concluye, deben ir acompañadas de un sistema eficiente de recogida de desechos sólidos y de acciones encaminadas a la educación ambiental de la población.

¿Espejos dónde mirarse?


Marieta Cabrera

 
Marieta Cabrera