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Publicado el 5 Septiembre, 2019 por Lilian Knight Álvarez en En Cuba
 
 

UNIFORMES ESCOLARES: vestir la sonrisa

Unas 10 700 instituciones educacionales abrieron sus puertas, este 2 de septiembre, para acoger a más de un millón 700 000 estudiantes. Como es habitual, a todos ellos se les garantizó el material de estudio y el uniforme escolar, que en este año tuvo su particular impronta. BOHEMIA indagó sobre los aprietos que presentó la producción del vestuario escolar y los esfuerzos para garantizarlo en tiempo récord. También compartimos con nuestros lectores tres reportajes que muestran cómo las provincias de Artemisa, Villa Clara y Santiago de Cuba asumieron el enorme reto
UNIFORMES ESCOLARES: vestir la sonrisa.
Foto: MIGUEL RUBIERA JÚSTIZ

Por LILIAN KNIGHT ÁLVAREZ

A Lucía López Rodríguez se le nota en el rostro, espejo del alma, el agotamiento de quien lleva varios días sin descanso. Pero, asegura, no es una situación exclusiva de ella; sino es común a todos los trabajadores de la empresa Confecciones Textiles Boga, quienes a lo largo y ancho del país produjeron, en tres meses, toda la demanda nacional de uniformes escolares.

Los ojos de Lucía, su ajetreo, su vigilancia constante al teléfono, devienen expresión de un carácter meticuloso que no permite desprenderse de su responsabilidad como directora de esa entidad perteneciente al Grupo Empresarial de la Industria Ligera, aun cuando se ha cumplido la formidable tarea. Su satisfacción: que cada estudiante cubano pueda lucir hoy un uniforme reluciente. Así lo expresó a BOHEMIA, que acudió hasta ella para indagar sobre las dificultades que hicieron atípica la elaboración de las prendas estudiantiles este año, y cómo se proyecta de cara al futuro.

“Habitualmente, a fin de garantizar la satisfacción de padres y estudiantes con el uniforme, desde un año antes nuestra empresa concilia la demanda según tallas, sexo y nivel escolar, con el Ministerio de Comercio Interior (Mincin) y las empresas provinciales y nacionales de abasto a Educación.

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La llegada tardía de la tela puso en tensión a todos. (Foto: MIGUEL RUBIERA JÚSTIZ).

“Con ese margen de antelación comienza el proceso de contratación y, con el financiamiento aprobado por el Ministerio de Economía (que oscila de 6.5 a 7 millones de pesos) se importa desde China la tela necesaria para la confección de la ropa escolar. Todo ese proceso, iniciado en el mes de octubre, concluye en marzo o abril con la entrega para la distribución y venta por el Mincin; procedimiento que además, está recogido en una política de gobierno conjunta entre los ministerios de Educación, de Comercio Interior y de Industria”.

Este año –según explica la entrevistada– la planificación se diseñó de similar manera, solo que debido a los problemas económicos que enfrenta el país y la falta de liquidez, la compra no fue respaldada y, por ende, tampoco fue posible honrar las deudas con los proveedores de telas chinos. Fue a inicios del presente año cuando se obtuvieron cartas de crédito de un banco español, que a su vez permitieron a la importadora-exportadora Encomil traer los tejidos en junio.

“Ante esa situación, y dada la prioridad y sensibilidad del tema, la empresa, con el consenso de los trabajadores, decidió posponer las vacaciones y declarar laborables los sábados y domingos, con el propósito de que los uniformes estuvieran listos antes del inicio de curso. Se trataba de lograr en tres meses lo que usualmente se hace en casi medio año, de modo que se suspendieron otras producciones y destinamos el 90 por ciento de nuestras capacidades productivas a la fabricación de atuendos escolares. En este esfuerzo sincronizado participaron 86 de nuestras 92 fábricas, y más de 6 000 trabajadores; en su mayoría mujeres, que hasta venían con sus niños a los talleres.

Asevera López Rodríguez, que todos los directivos –ella incluida– acompañaron la extracción de la mercancía de los contenedores, la distribución hacia las 14 Unidades Empresariales de Base inmersas en esta producción y de allí a las fábricas. “También se extendió el horario de trabajo en el día, en aras de disminuir las afectaciones por la falta de fluido eléctrico, que se mantuvo inestable sobre todo en julio. Aun así, ese mes resultó el de mayor rendimiento y el viernes 26 –fecha simbólica– se procesó el mayor número de prendas/día de la etapa, unas 60 000 unidades, de una demanda total que superaba las 3 345 000”.

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Más allá de las dificultades, nuestro compromiso era garantizar que todo estudiante tuviese el uniforme es-colar listo en septiembre, asegura Lucía López. (Foto: LILIAN KNIGHT ÁLVAREZ).

La directora empresarial considera que un punto clave en el cumplimiento fue la entrega progresiva y la segmentación por prioridades, donde prevalecieron 1 024 000 piezas destinadas a los alumnos de los grados iniciales (prescolar, quinto, séptimo, décimo y primer año de especialidades técnicas). Estas fueron suministradas completamente el 5 de agosto. La demanda total fue cumplida el 17, aunque provincias como Pinar del Río, Las Tunas y Sancti Spíritus culminaron antes.

Es válido señalar que esta hazaña fue realizada a la par de la elaboración de los uniformes para Salud Pública, en fábricas que presentan casi 90 por ciento de obsolescencia tecnológica, y cuyos hacendosos obreros reciben como salario promedio 530 pesos mensuales. Agrega Lucía que en estos momentos están pendientes de cumplir los restantes compromisos, entre los que figuran vestuarios para el turismo, la Policía y las guayaberas tradicionales; planes que no están exentos de iguales limitantes financieras.

“El año próximo, como parte de la sustitución de importaciones que debe desarrollar el país, nuestras producciones –incluidos los uniformes escolares– dependerán de lo que pueda aportar la industria textil nacional. No será aprobado financiamiento para la importación de tejidos hechos, en su lugar, las textileras deben suministrar las telas a partir de octubre, para garantizar el cronograma productivo. Aún no tenemos certeza de cómo se logrará ese encadenamiento, teniendo en cuenta que la industria textil también requiere de créditos para la importación de los tejidos crudos, a partir de los cuales elabora la tela. Por eso alertamos a los decisores, para asegurar el material adecuado que dé cumplimiento en tiempo a la demanda”.

A partir de septiembre, con las nuevas medidas económicas anunciadas por el presidente de los consejos de Estado y de Ministros, Miguel Díaz-Canel, se avizoran para el sector estatal de la producción cambios encaminados a promover su autonomía. Aunque, a decir de la directora general de Boga, aún desconocen el impacto que puedan tener en su empresa. Hasta el momento laboran en función de las demandas de diferentes organismos que están incluidas en sus planes productivos, los cuales son respaldados financieramente o no mediante créditos emitidos por el Ministerio de Economía.

“Tampoco tenemos puntos de venta minorista que nos aporten liquidez y lo establecido es que obtengamos 10 por ciento del precio de venta del producto, lo que implica que algunas de nuestras producciones sean subsidiadas. Por ejemplo, el precio de cada uniforme es de 2.60 pesos, si calculas el 10 por ciento es prácticamente nada.

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Las más jóvenes tuvieron su prueba de fuego en el taller entre junio y agosto. (Foto: HUMBERTO LISTER).

“Como directora de esta entidad pienso que sería ideal poder controlar nuestros ingresos, y reinvertirlos en la compra de materia prima, nuevas tecnologías y maquinaria que incrementen la calidad y eficiencia. A lo largo de los años, y particularmente en las condiciones actuales, el país ha contado y siempre podrá contar con el compromiso y la entrega de los trabajadores de confecciones textiles, que asumimos cada tarea como priorizada, más cuando sabemos el empeño de las autoridades para proteger económicamente los sectores priorizados”, enfatiza Lucía López.

El esfuerzo de quienes laboran en Confecciones Textiles Bogatuvo respaldo desde las unidades del comercio interior, donde también estiraron horarios para la venta de los uniformes, más allá de las dificultades organizativas que se presentaron, entre estas con las tallas. Siempre es válido el llamado a la correcta distribución, en función de las prioridades definidas y a la atención respetuosa en los diferentes mercados.

Buena parte de los colectivos que garantizaron en tiempo récord las prendas escolares para el inicio del curso, ya disfruta de merecidas vacaciones. Muchos de esos hombres y mujeres protagonistas de la titánica tarea, quizás llevaron de la mano a un hijo uniformado, este 2 de septiembre, con la satisfacción de haber permitido que un mar de colores matice, otra vez, nuestras calles y aulas.

VILLA CLARA

Gesta a corazón latiendo

La perseverancia y el amor llevaron a los trabajadores de la fábrica de confecciones Armando Abreu a realizar una hazaña

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Puntada a puntada, entre muchas manos, se fue te-jiendo la obra. (Foto: ARELYS MARÍA HECHEVARRÍA RODRÍGUEZ).

Por LUZ MARÍA MARTÍNEZ ZELADA

La imagen variopinta del primer día de clases: estudiantes con sus uniformes blancos, rojos, azules, amarillos o carmelitas, de acuerdo con los diferentes niveles de la enseñanza general en Cuba, resulta una fiesta para la familia cubana. Así sucede cada año. Desde los pequeñitos que inician su vida escolar hasta los mayores dejan ver por estos días que fue posible contar a tiempo con el vestuario de rigor, gracias a la proeza de hombres y mujeres de las confecciones textiles en el país.

En la fábrica Armando Abreu, en el municipio de Placetas –una de las nueve industrias de ese tipo existentes en Villa Clara– se vivió la intensidad de un proceso productivo que, a pesar de ser conocido para la fuerza laboral, debía realizarse a contrarreloj. La llegada tardía de la tela puso en tensión a todos, pues cada uno debía desempeñar su papel y dar un extra. Eficiencia y corazón fue el compromiso asumido desde el primer momento con la dirección del país y, principalmente, con las nuevas generaciones.

No se podía defraudar. Aunque tampoco fue cosa de coser y cantar. Largas jornadas de trabajos, incluidos fines de semana y días feriados, y vacaciones aplazadas, patentizaron la respuesta dada por los empleados de la Armando Abreu ante la difícil coyuntura. También debieron hilar fino con sus hijos y nietos expectantes que vieron irse a bolina las promesas de diversión, y como única opción tuvieron el paseo al trabajo de mamá o abuela.

Ana Isabel Lobo Padrón, secretaria de la sección sindical en el establecimiento, relata que cuando explicaron a los trabajadores las consecuencias de las demoras en la entrada del tejido, comprendieron que iba a ser un proceso duro, pero nadie se negó al esfuerzo. “Estamos habituados a producir la falda del uniforme de primaria en registros superiores a las 50 000 al año. Por esta premura hicimos 32 194 piezas, pero sin afectar la calidad”, aclara.

Al momento de la visita reporteril, 16 costureras componen una plantilla debilitada por traslados al sector no estatal en busca de mayor remuneración, y por tener compañeras enfermas o de licencia. La jefa de brigada Marilín Caridad Pérez Pérez, no oculta su preocupación ante ese escenario, y agrega que otras ocho obreras se encargan del remate, marcado de los tirantes y otras acciones fuera de máquinas. Trabajaron a un ritmo superior al acostumbrado, de seis de la mañana a cinco de la tarde.

Entre tantas mujeres

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En la fábrica Armando Abreu, de Placetas, se vivió la intensidad de un proceso productivo que, a pesar de ser conocido, debía realizarse a contrarreloj. (Foto: ARELYS MARÍA HECHEVARRÍA RODRÍGUEZ)

La costurera Yumelsi Espinosa Mendoza tiene una hija en la secundaria básica y piensa que “alguien laboró fuerte, como yo aquí, para que mi niña de 13 años pueda iniciar el curso con su uniforme. Los niños cubanos siempre inician el período escolar alegres con su ropa de clases que además de estimularlos, contribuye a la disciplina en la escuela”, opina.

Con tres décadas de vida vinculadas a la textilera de Placetas, la técnica de producción Minelys Melgarejo Álvarez sostiene que nunca vivió jornadas tan intensas y en las que surgió un apoyo operativo de manera espontánea, fruto de la urgencia y la relevancia de la tarea. “Tengo una nieta que entró en prescolar y el anhelo de verla con su falda roja y blusa blanca, al igual que saber vestidos a todos los estudiantes y cumplir el compromiso con la nación, fueron motivos especiales que hicieron más llevadero el trabajo”, asegura.

El mecánico Ismael Brito Bermúdez está siempre atento al rendimiento de equipos con más de 40 años de explotación. Cuando no aparece la pieza de repuesto, da riendas a la innovación. “En todas partes el equipamiento es obsoleto, pero da para un poquito más siempre que se mantenga la atención debida. Tengo una hija que inició el preuniversitario; pero más allá de lo personal sentí que era un compromiso con la familia grande que es el país”, enfatiza.

Ante la pregunta de cómo le va con tantas mujeres, Emigdio Navarro Chávez, auxiliar de brigada, responde con picardía: “uno se acostumbra a todo”, y más en serio relata las excelentes relaciones de respeto y cariño puestas de manifiesto en las fuertes jornadas de esta última etapa. “El esfuerzo valió la pena, todos los niños empezaron el curso con su uniforme, entre ellos mis dos pequeños que cursan cuarto y quinto grado”, dice orgulloso.

“Me siento aquí mejor que en mi casa”, expresa Lidia Espinosa Hernández, de 66 años, para justificar su presencia frente a la máquina de coser, aun después de jubilada. Con menos años de práctica, la auxiliar de producción Yutselia Fernández Mederos, de 21 años, ratifica con palabras maduras que valió la pena el esfuerzo: “Aquí no se podía fallar pues era un trabajo en cadena y la producción final dependía de todos”.

SANTIAGO DE CUBA

Recompensa a una proeza

Cinco fábricas de esta provincia se crecieron para asegurar la producción de uniformes escolares

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Con su abnegación y arrestos las costureras santiagueras reafirmaron ser hijas de Mariana y Vilma. (Foto: MIGUEL RUBIERA JÚSTIZ).

Por MARLENE MONTOYA MAZA

La ingeniera textil Migdalia Guerrero, directora técnico-productiva de la Unidad Empresarial de Base (UEB) Confecciones Costa Santiago, respira profundo, como señal de tranquilidad, cuando se refiere al cumplimiento el 15 de agosto de la cifra de uniformes escolares asignada a la entidad.

En esta, una de las más grandes de la Empresa de Confecciones Textiles Boga, por su capacidad productiva y el número de trabajadores, normalmente comienzan ese encargo estatal en enero y terminan en abril y mayo. “Pero esta vez, por la llegada tardía de la materia prima, prácticamente se trabajó en dos meses, partes de junio y agosto, y julio completo.

“El esfuerzo fue gigantesco ya que en ese último mes incidieron las afectaciones en el servicio eléctrico por averías y mantenimiento en termoeléctricas del país, y fue preciso recuperar el tiempo perdido en horarios nocturnos. Al comprender la magnitud de la tarea nuestras compañeras se crecieron”, comenta. Asimismo, reconoce el esfuerzo de las fábricas ubicadas en los municipios de San Luis, Contramaestre y La Maya.

Las producciones fueron destinadas a La Habana, Ciego de Ávila y al mismo Santiago. “En total se elaboraron 412 961 unidades que comprendieron surtidos como pantalón corto, camisa, bermuda, blusa y saya de la enseñanza primaria; así como camisa y pantalón de secundaria básica, preuniversitario y tecnológico. Las mujeres representan el 80 por ciento de nuestra fuerza”, concluye Migdalia Guerrero.

Las Marianas hizo gala a su nombre

Ubicada en la avenida René Ramos Latour, en la ciudad cabecera, la Gran Fábrica Textil Las Marianas cuenta con ocho talleres de costura, uno de corte y otro de estampe. Pero lo más representativo del centro es su colectivo, caracterizado por el empuje ante cualquier compromiso, en especial si se trata de la campaña de uniformes escolares. Muchos nombres podrían mencionarse entre las 306 mujeres que asumieron su confección, con el apoyo de 48 mecánicos, lavanderos, tintoreros, cortadores y auxiliares generales.

“Fue una campaña apresurada, realizada en tiempo récord y que requirió revisar nuevamente muchas piezas para que salieran de la fábrica con la calidad requerida”, rememora la ingeniera textil Beatriz Castillo Morell, administradora del centro.

Asimismo, destaca que la labor de los innovadores resultó decisiva pues hubo máquinas que presentaron problemas como la de presillas, fundamental en la elaboración del short.

“Por otra parte, pusimos en práctica iniciativas para las compañeras que trajeron a sus hijos, entre ellas actividades recreativas mediante un convenio con el Inder, y el aseguramiento de meriendas y almuerzos. Es justo recalcar que esas madres entraban a las siete de la mañana, por lo que debían madrugar para llegar puntual en medio de los aprietos con el transporte público”, indica Castillo Morell.

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Aunque al trabajo se le imprimió la mentalidad de un corredor de 100 metros con vallas, en todo momento se cuidó la calidad del producto. (Foto: MIGUEL RUBIERA JÚSTIZ).

En la Gran Fábrica Textil Las Marianas el buró sindical desempeñó un papel importante a la hora de estimular a las trabajadoras más destacadas de cada brigada. “A veces el cansancio y las situaciones personales se hacían sentir, pero como guerreras que son se crecieron”, manifiesta Mileydis Rodríguez, máxima dirigente del gremio obrero en la instalación.

Según asevera Ramona Espinosa, jefa del taller uno, hubo que trabajar muy fuerte, suspender vacaciones, habilitar varios sábados y domingos, pero la respuesta fue unánime, ya que priman la responsabilidad y la unidad. “Llevo 29 años en la fábrica, de ellos 12 como jefa de taller. Mis mujeres me siguen, las comprendo y ellas me comprenden. Saben que soy algo exigente y cuando digo que hay que hacer esto o aquello todas me apoyan”.

Arelis Mustelier, con 15 años en ese centro y jefa del taller ocho, resalta que sus trabajadoras no se amilanaron ante las dificultades y siempre dieron el paso al frente. En tanto la costurera Luisa Acosta opina que todas ellas son “Marianas”, que con amor y sacrificio a la altura de la madre de los Maceo, sacaron adelante el encargo. “Los uniformes escolares son también para nuestros hijos y nietos y no se podía fallar”, subraya.

Igual de decisivo fue el esfuerzo de los directivos y trabajadores de la UEB Costa en el puerto santiaguero, ya que buena parte de la materia prima arribó por esa rada y se convirtieron en distribuidores, durante noches y madrugadas, para que el recurso llegara hasta el occidente del país.

Ahora, cuando ya se ha abierto la puerta del curso escolar 2019-2020, todos ven con orgullo y satisfacción cómo los estudiantes santiagueros lucen uniformes nuevos. Es esa la mejor recompensa a tanto esfuerzo.

ARTEMISA

De cómo se engalanó a septiembre

Los trabajadores de Confecciones Ariguanabo laboraron con intensidad en la producción de diferentes partes del uniforme escolar

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Artemisa elaboró prendas escolares destinadas a varias provincias. (Foto: HUMBERTO LISTER)

Por Rommell González Cabrera

Artemisa cuenta con la Unidad Empresarial de Base (UEB) Confecciones Ariguanabo, que agrupa cinco talleres, dos en San Antonio de los Baños y los demás en Güira de Melena, Guanajay y el municipio capital, cuyos trabajadores jugaron un rol decisivo en la confección de uniformes para Pinar del Río, Santa Clara, Cienfuegos, Sancti Spíritus, Ciego de Ávila, Las Tunas y el propio territorio artemiseño.

En la fábrica Roberto Tamayo, ubicada en San Antonio de los Baños, 58 trabajadores dieron el máximo para confeccionar 4 000 blusas de primaria y 5 610 camisas de secundaria básica en julio; así como 250 batas para estudiantes de Medicina y 310 camisas de secundaria en los inicios de agosto. Antes, en junio, habían entregado 6 000 camisas de primaria. Este reto de producir en tan poco tiempo implicó iniciar la jornada laboral desde las seis de la mañana y sin horario fijo de terminación.

Pilar Góngora, de 72 años, 42 de ellos dedicados a la costura, revela que no fue una tarea fácil, pero laboraron con entusiasmo porque “estábamos conscientes de la importancia del trabajo”.

Intensos fueron también los días veraniegos en el taller ariguanabense que lleva el nombre del heroico Abel Santamaría. Allí produjeron 5 264 camisas de primaria en julio. Entre este colectivo sobresale por su consagración Evelio Reyes, de 76 años, quien asume la misión de mantener la técnica funcionando. Evelio es el alma de la fábrica, no solo porque sea el único mecánico sino porque con 55 años de experiencia, le sabe un mundo a los equipos. Alega amar su trabajo, por eso volvió luego de jubilado y lamenta la poca incorporación de los jóvenes al oficio textil.

Cierre por todo lo alto

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Los mecánicos, como el veterano Evelio Reyes, sacaron todos sus trucos debajo de la manga para garantizar el funcionamiento de una técnica obsoleta y desgasta-da. (Foto: ADIANEZ HERNÁNDEZ).

Casi a la una de la madrugada del viernes 16 de agosto concluyó la producción de las 2 500 camisas de la enseñanza primaria previstas para ese mes, en la fábrica Julito Díaz, del municipio de Artemisa; entidad que posee una plantilla de 94 trabajadores. La técnica en control de la producción Denia González, detalla que allí la confección de uniformes inició el 19 de junio, con un plan de 5 089 blusas y 400 camisas para estudiantes de secundaria. En julio produjeron 6 881 camisas para alumnos de la segunda enseñanza y 1 970 con destino a la primaria.

Por su parte, Alicia Martínez, jefa de brigada y con 39 años en el giro de las confecciones, sostiene que nunca antes habían confeccionado uniformes con tanta premura. “Pienso que batimos un récord histórico, gracias a este colectivo maravilloso que trabajó incluso días feriados y respondió aun cuando las condiciones de la instalación no son las mejores. Luego de casi ocho meses con las vacaciones pospuestas nos sentíamos realmente agotadas, pero sabíamos cuánta responsabilidad estaba en nuestras manos e hicimos el trabajo”, resalta la también secretaria del sindicato.

Mientras, Rosa Angélica Viñas, de 18 años y técnica de nivel medio en confecciones textiles, tuvo en junio y agosto su prueba de fuego, tras iniciar su adiestramiento en mayo pasado. Cuenta la jovencita que de la mano de la capacitadora Kenia Escalona aprendió las diferentes operaciones, aunque se inclina por la máquina de festón, que permite hacer la costura interior para que no se deshile la pieza.

Yarisleydis Betancourt, responsable de seguridad y salud en el centro, vela que las máquinas de coser tengan los protectores y las 42 costureras cumplan las medidas para evitar posibles accidentes laborales. En correspondencia con esta etapa de ahíncos multiplicados, la joven debió aumentar su vigilancia. De todas formas, reconoce, el colectivo es muy disciplinado, criterio compartido por Arturo Fidel Suárez, jefe de producción.

Evaristo González, técnico en control de la calidad, con 44 años de experiencia en las confecciones, destaca que los trabajadores respetan sus sugerencias para lograr el acabado ideal de las confecciones, las cuales gozan de elogios. “Hacía más de 30 años que aquí no se confeccionaban uniformes escolares, y lo hicimos con placer, porque confiaron en nosotros”, enfatiza.

Una gran lección dieron los trabajadores de las cinco fábricas de la UEB de Confecciones Ariguanabo, que aportaron un estimable esfuerzo a la entrega de los 3.7 millones de uniformes escolares para todo el país. Mujeres, la mayoría, junto a los hombres que las respaldaron, donaron horas de descanso y sortearon dificultades objetivas para cumplir con la nación. Para muchos la principal recompensa fue la oportunidad de ayudar a vestir a sus hijos; para otros, ver a los estudiantes caminar hacia las escuelas con sonrisas. Así de sencillo y voluntarioso es el cubano.

POR TODA LA ISLA

Metas cumplidas: educandos y familias felices

A semejanza de los grandes centros fabriles, en otros talleres y factorías de menor infraestructura los colectivos laboraron como enjambres

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¡Y se cumplió! Gracias al esfuerzo de los trabajadores del sector textil, estudiantes de toda Cuba lucen hoy uniformes nuevos. (Foto: MIGUEL RUBIERA JÚSTIZ)

Por ISIDRO FARDALES

Mientras cientos de cubanos disfrutaban de las playas, las fiestas y demás opciones recreativas típicas de la etapa estival, unos 5 300 trabajadores del sector textil en todo el país hicieron de la producción de uniformes escolares su dedicación principal, como respuesta a la situación planteada. En función de ello se pusieron 13 unidades empresariales de base con más de 60 fábricas a su disposición, distribuidas en 56 municipios.  Ejemplos sobran…

Con la confección de 28 603 unidades por encima de la demanda general, la Unidad Empresarial de Base (UEB) Confecciones Melissa, de Las Tunas, cumplió mediante siete talleres su plan de producción de uniformes escolares destinados a la propia provincia y a las de Camagüey, Matanzas y La Habana. Tania Reygada Pérez, directora de la entidad tunera, destacó a la Agencia Cubana de Noticias (ACN) que pese a la desfavorable situación con la materia prima y las afectaciones energéticas se consiguió el resultado.

Por su parte, Casimiro Hernández Santana, director de la UEB camagüeyana de Confecciones Textiles Caonex, destacó a la ACN la voluntad de costureras y técnicos para asegurar que cada niño y adolescente estrenara su uniforme escolar este septiembre. Con largas jornadas laborales que llegaron hasta horas nocturnas, lograron revertir la difícil situación y completar su plan total para el 24 de agosto.

Asimismo, la UEB Confecciones Textiles Ámbar, de Guantánamo, participó con siete talleres ubicados en varios municipios. Esos planteles aseguraron cerca de 300 000 prendas para estudiantes de La Habana, Artemisa, Mayabeque y la propia tierra del Guaso, según Yemeidy Portuondo, jefa del departamento de producción y venta.

En tanto, los trabajadores de seis fábricas villaclareñas bregaron intensamente con el objetivo de que los establecimientos de comercio contaran con las prendas de vestir para empezar las ventas el 1° de agosto, y que los estudiantes de esta provincia y la de Cienfuegos pudieran lucirlas en la inauguración del curso 2019-2020.

Por encima de lo previsto estuvo, en Mayabeque, la UEB Confecciones Tropicales, que no solo cumplió en tiempo y calidad las habituales entregas pactadas para la demarcación y la vecina Artemisa, sino que también confeccionó uniformes para Granma, Camagüey y Ciego de Ávila.

Como un enjambre laborioso, los trabajadores del taller Yamil Duménico, de Trinidad, cumplieron tempranamente con su compromiso para que los educandos pudieran exhibir uniformes nuevos. José Luis Matamoros, administrador del plantel perteneciente a Confecciones Cumbre, de Sancti Spíritus, resaltó la cohesión del colectivo y la calidad de su aporte, pues hicieron una producción extraordinaria para Villa Clara. La provincia espirituana también contribuyó a la demanda de Camagüey con la labor del taller Carlos Simón, de Cabaiguán.

Más al oriente, en Holguín, la vestimenta escolar se asumió igualmente como una prioridad, por ello los trabajadores textiles se sobrepusieron a todos los escollos. Mercy Ochoa Hijuelos, directora general de la empresa de Confecciones Yamarex, explicó que en las cuatro fábricas del territorio se hicieron turnos dobles y conformaron equipos especiales para las máquinas de ojal y botón, que son difíciles de operar. “Muchas costureras –resaltó– tenían planificadas vacaciones, pero decidieron que primero estaban los uniformes”. ¡Y se cumplió!


Lilian Knight Álvarez

 
Lilian Knight Álvarez