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Publicado el 17 Enero, 2020 por Delia Reyes Garcia en En Cuba
 
 

MUNICIPIO ESPECIAL

Travesía en los Canarreos

Después de cinco siglos, la llamada Isla de los mil nombres, es más cosmopolita que cualquier otro lugar del país. Los que nacieron en esta tierra o emigraron allí sienten el orgullo de ser pineros. Desde diferentes actividades económicas cada cual pone su granito de arena, más allá de las limitaciones y dificultades

Travesía en los Canarreos Por DELIA REYES GARCÍA

Fotos: JORGE LUIS SÁNCHEZ RIVERA

La artemiseña Rosa María Valdés Roque llegó a la Isla de la Juventud hace más de 30 años. Cuenta que puso mar por medio entre sus dos hijos pequeños y el padre alcohólico que no tenía límites a la hora de demostrar un machismo visceral. “Nuestras vidas dieron un giro de 360 grados, y aunque no nacimos aquí, nos sentimos tan pineros como cualquiera de cuna”, enfatiza sonriente.

Mucho cambiaron las cosas también para Norma Iglesias Díaz. Luego de un año de divorciada decidió “sacar los pasajes, coger las maletas, echar una merienda para los niños y abordar la embarcación que salía del puerto de Batabanó. Llegué y enseguida me puse a trabajar. De eso ha pasado algún tiempo, mi hijo menor tenía cuatro años y ya cumplió 33. Nunca he pensado virar. Este terruño es mi casa”, confiesa con un brillo especial en sus ojos claros.

Para el guantanamero Israel Leyva Matos haber pasado el Ejército Juvenil del Trabajo en el municipio especial, incorporarse a las obras de choque de aquel entonces, construir presas, escuelas, viviendas, le dio la oportunidad de “crecer como hombre, porque solo tenía 16 años cuando vine para acá”. El baracoense asegura que formó una linda familia y “de esta encantadora Isla no me arranca nada ni nadie”.

Igual piensa Nancy Ramírez Ramos, quien tenía 15 años cuando vino a estudiar en una escuela al campo y se quedó para siempre. “Ahora tengo 62 años y aunque quiero a Las Tunas, mi provincia natal, me siento pinera como la que más”, afirma quien preside la filial de la Unión de Historiadores de Cuba en el territorio.

A su juicio, cualquier análisis que se quiera hacer del municipio especial, para no cometer errores, debe tener en cuenta cuatro elementos: el poblamiento, la geografía, las políticas aplicadas y el decurso histórico. Estos se entrelazan y conforman una identidad propia: la pinera.

Travesía en los Canarreos.

En el bulevar se recrean algunos de los acontecimientos históricos que distinguen a la Isla de la Juventud.

En el caso del poblamiento, valora, puede darse de dos maneras: natural o mecánico, y en la Isla, siempre ha sido mecánico, es decir, inducido desde políticas. “El censo de 2002 arrojó que éramos más de 86 000 habitantes, y en el de 2012 esa cifra disminuyó. La densidad poblacional por kilómetro cuadrado es la más baja del país, y eso ha sido una constante histórica”.

Cosmopolita, quizás más que cualquier otro lugar de Cuba, es el ultramarino territorio que ocupa hoy el municipio especial Isla de la Juventud, ubicado en el archipiélago de los Canarreos. Este espacio geográfico, bautizado por el descubridor Cristóbal Colón como San Juan el Evangelista, estuvo prácticamente despoblado durante cuatro siglos de dominación española, fue tierra de castigo para los infieles y marginados de la corona, que en 1834 destinó esa isla para colonia penal. Ante el abandono por parte de la metrópoli sirvió también de refugio a piratas y corsarios.

En las dos primeras décadas republicanas, cuando se le llamó Isla de Pinos, ocurrió un proceso migratorio que estimuló la llegada principalmente de estadounidenses, europeos y japoneses. Ramírez Ramos recuerda cómo, sobre todo desde la Florida, compañías norteamericanas vendieron y especularon con las tierras pineras. No fue hasta el 13 de marzo de 1925 cuando entró en vigor el tratado firmado por el presidente Tomás Estrada Palma en 1904, en el cual se determinaba que ese archipiélago pertenecía a Cuba.

Con la llegada al poder de los jóvenes rebeldes que tomaron el cielo por asalto, nuevos horizontes se vislumbraron para la llamada Isla de los mil nombres (además de los ya mencionados, y entre otros, figuran: la Evangelista, Camaraco, Santa María, Reina Amalia, Isla de los Piratas, Isla del Tesoro).

El 6 de junio de 1959, en la primera visita que realiza a este territorio después del triunfo, Fidel se reúne con el pueblo en el antiguo ayuntamiento. Desde allí hace pública las transformaciones que se impulsarían: construcción de carreteras, alcantarillado, fábricas, presas y micropresas, escuelas, centros de salud…

Belleza sin par

Travesía en los Canarreos.

La ciénaga de Lanier es una de las Áreas Protegidas en el territorio.

En el bosque se escucha el picotear de los pájaros carpinteros sobre la madera. Tras dos días de intensas lluvias al fin salió el sol. La humedad de la tierra y la vegetación desprenden un agradable aroma. Entre el follaje revolotean cotorras, tocororos, cartacubas y zunzunes. Una jutía carabalí, especie endémica de Sierra La Cañada, asoma su cabeza detrás de unos arbustos, olfatea la presencia de extraños y huye a esconderse en un tronco hueco.

Cuando se escala por el sendero Hacia el techo de la Isla aparece el valle fascinante, seductor, que simula una extraordinaria pintura naturalista. Con una altura de 309 metros sobre el nivel del mar, la cordillera Sierra La Cañada representa la mayor elevación de la Isla de la Juventud. Ubicada a 26 kilómetros de Nueva Gerona, fue la primera en ser declarada Área Protegida del territorio; después otras 15 recibieron similar denominación, incluida la ciénaga de Lanier.

Cuentan que un grupo de trabajadores del hotel Colony, en la ensenada de la Siguanea, al sureste del municipio, se propuso rescatar un ave endémica del territorio, y sí que rindió frutos el empeño. Por eso bautizaron el lugar como el Santuario de las Cotorras, donde además puede apreciarse la belleza del paisaje, con una pródiga flora y muchas otras especies de aves.

Las arenas negras, acariciadas por el mar Caribe, resaltan al noreste, en playa Bibijagua. A menos de 20 kilómetros de Nueva Gerona está ubicada la Jungla de Jones, un pequeño jardín que sembraron los estadounidenses Helen Rodman, naturalista, y su esposo Harry Sanford Jones, biólogo de profesión. Allí pueden encontrarse distintas especies de mango, caña brava, ocujes, jagüey, yagruma y bambú, entre muchas otras. Este lugar fue declarado parte de la Red Nacional de Jardines Botánicos.

Camino al sur

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Los pescadores de la cooperativa en Cocodrilo alistan redes para la próxima aventura en el mar.

Es sábado, mañana clara, y la comunidad de Cocodrilo despierta más temprano que de costumbre. La voz se corre de vecino a vecino. La aparición de los camiones con el gas y de los carros especializados en la limpieza de fosas provoca también la algarabía de los niños. Para llegar a este lugar –antaño conocido como Jacksonville, en honor a su fundador procedente de las Islas Caimán– debe recorrerse casi un centenar de kilómetros desde Nueva Gerona; a través de una carretera muy dañada por la falta de mantenimiento, y sobre la que cruzan venados, jabalíes, jutías, cangrejos.

Evelio Lavadí Mompeller, delegado de circunscripción en Cocodrilo, se muestra contrariado ante la inesperada presencia del equipo de reporteros de BOHEMIA. Aduce que sin permiso no se puede pasar a la cooperativa pesquera ni al faro de Carapachibey. Finalmente llega el entendimiento y se puede avanzar. Entonces, responde a la periodista que en la comunidad existen 346 habitantes y 118 viviendas, y que el único problema es la ausencia de los materiales de construcción. “Desde hace cuatro o cinco años no entran al punto de venta”, afirma.

Sin embargo, vecinos del lugar enumeraron otros problemas como el estado crítico de la carretera –única vía de conexión terrestre con la ciudad cabecera y otros poblados–, los del transporte público para salir o entrar a esos parajes distantes, la exigua oferta de la bodega y la cafetería, la ausencia de opciones culturales, y la rotura de la planta de biomasa que se usa como energía alternativa, por solo citar las cuestiones más evidentes.

Un silbido solidario y una ruda mano extendida desde una carreta convidan a la reportera a seguir viaje hacia la playa. Allí, sobre las ruinas que dejaron los huracanes Iván y Gustav se levantan poco a poco las nuevas edificaciones de la cooperativa pesquera. Los pescadores están sudorosos; acaban de desbrozar buena parte del camino a la duna. En la pequeña ensenada, al costado del rústico muelle, una brisa coquetea con las embarcaciones. Son viejas, pero bien cuidadas, y ellas navegan desde las inmediaciones de Carapachibey hasta el Rincón del Guanal o las cercanías de Playa Larga.

El presidente de la cooperativa, Fulgencio Soto Figueredo, explica que tienen un plan anual de 35 toneladas de pescado y 45 toneladas de cangrejo. De no ser porque los huracanes arrasaron con la nevera de refrigeración pudieran duplicar sus resultados. Por ejemplo, ilustra Fulgencio, “una tonelada de pargo fresco solo da 300 kilos de pescado salado y se pierde 70 por ciento al no poder procesar por este método toda la captura. Estamos obligados a salar la pesca para poder comercializarla después en el poblado de La Fe, adonde llegamos con el tractor de la cooperativa. Pertenecemos a la empresa Pescaisla, de Gerona”.

Casi todos los socios tienen vínculos familiares entre sí y comenzaron el oficio desde muy jóvenes, siguiendo los pasos de sus padres. Algunos, como Fulgencio, llevan casi 40 años sacándole “el zumo al mar” para contribuir a la alimentación de los propios pobladores de Cocodrilo y de otras zonas relativamente cercanas.

Los meses de abril y mayo, con la corrida del pargo, son los mejores porque aumentan los ingresos a la cooperativa, y por supuesto, los mejores para el bolsillo de cada pescador, refieren los hermanos Esteban y Alexander; también de apellidos Soto Figueredo. Mientras tanto, “el plato fuerte es el chicharro”, aseguran.

Noches encendidas

Travesía en los Canarreos.

Carapachibey: un faro que ha resistido la embestida de ciclones tropicales.

Impetuoso, sobre la planicie de diente de perro, se levanta el Faro de Carapachibey, único de su tipo en la Isla de la Juventud y uno de los más altos de Cuba, con 60 metros sobre el nivel del mar. Fue construido para guiar la travesía de los barcos que pasan por la ensenada de la Siguanea, en el sur.

Los torreros William Finalé Valencia y Henri Rojas Sousa son sorprendentemente locuaces. Pasan semanas alejados de sus familias, sin más compañía que el inmenso mar, custodiando las luces del faro. Ambos dicen sentir placer con lo que hacen, y reconocen las mejoras en las condiciones del lugar donde pernoctan.

“Este es un trabajo tranquilo, excepto durante la temporada ciclónica”, advierte Henri. Recuerda cómo en 2018, por el mes de octubre, ocurrieron fuertes marejadas e inundaciones costeras que arrasaron con los animales de corral excepto un gallo bienaventurado. Sin embargo, poco le duró la fortuna, pues acabó en la cazuela unos días después, para celebrar el cumpleaños de William.

Al sexagenario Modesto Osorio Mendoza ya no le espantan las noches con ciclones. Cuenta que llegó a la Isla después del paso del huracán Alma en 1966, como parte de la Columna Juvenil del Centenario para ayudar en la reconstrucción y en las obras hidráulicas trazadas por Fidel. “Desde entonces han pasado otros, Michelle, Isidora, Lili e Iván”, detalla. El más terrible, asegura, fue el Gustav en 2008, “dejó las montañas peladas. Arrasó con todo lo que encontró a su paso. Dejó a la Isla en muy mal estado. Pero de levantarla nuevamente nos encargamos los pineros, apoyados por brigadas de diferentes lugares de Cuba”.

Los habitantes más longevos recuerdan la furia de los otros meteoros que azotaron en 1926 y 1944. En más de dos siglos, de 1791 a 2017, han pasado por allí 62 huracanes que ocasionaron grandes daños a la economía, las viviendas y demás construcciones; así como a la vegetación y la fauna. Por suerte, nunca han sido azotados por un huracán categoría 5 en la escala de Saffir-Simpson, apunta Modesto mientras cruza los dedos y toca madera.

 

El Rey del sucu-sucu

Aseguran los entendidos que la música es expresión de las raíces genuinas de los pueblos. Una guataca, dos cucharas, un taburete de cuero, un cuchillo y un machete fueron suficientes para que Mongo Rives Amador diera con un ritmo propio: el Sucu-sucu.

Desde muy joven, en la finca La Tumbita, cercana al poblado La Fe, el talentoso Rives dio los primeros pasos y, luego de duras faenas en el campo, salía los fines de semana para amenizar guateques. El 15 de diciembre de 1945 debutó con su quinteto. Muchos se preguntan cómo es posible que el primer disco del denominado Rey del sucu-sucu saliera en 2002, varios años después de conocerse el autóctono y popular género musical.

Un ejemplo refleja la valía del músico pinero. En la audición para el programa televisivo Palmas y Cañas, que se realizó en la Casa de Cultura municipal en octubre de 2019, todas las agrupaciones presentadas deleitaron al público con obras del irrepetible artista.

María Caridad Guillame Pérez, directora del tradicional conjunto Amanecer Campesino, al referirse al ritmo creado por Rives enfatiza: “el sucu-sucu forma parte inalienable de la identidad pinera”.

DILEMAS DE LA INDUSTRIA

La situación financiera y la crisis energética imponen retos al tejido empresarial en la Isla de la Juventud

Travesía en los Canarreos.

Como quien conoce el camino de memoria, Adriano Téllez, operador del equipo, baja con la enorme piedra de mármol encima del cargador frontal. Arriba en la cantera, Rodolfo Martínez González, más conocido como Pachá, y veterano en estas lides, continúa las labores de corte con la máquina de diamante, junto a un reducido grupo de trabajadores en plena sierra Las Casas.

“Estamos explotando este frente de cantera hace años, y todavía queda mármol gris Siboney para rato”, asegura Félix Chávez González, jefe de brigada. “El plan mensual es de 200 metros cúbicos pero estamos promediando más, por eso al cierre de septiembre ya cumplimos el del año”, indica.

La “aguerrida tropa” pertenece a la Unidad Empresarial de Base (UEB) Mármoles Isla, y se subordina a la Empresa Nacional de Mármoles Cubanos, acota Luis Amela Hernández, subdirector de producción de la UEB. “A diferencia de otras, esta cantera tiene un alto índice de rendimiento; casi todo lo que se pica, sirve. Además, los 12 hombres que aquí laboran vienen sábados, domingos, doblan turnos. Por eso llevamos cinco años con sobrecumplimientos en los planes de extracción”, argumenta el directivo.

A su juicio, el mármol es uno de los rubros locales más emblemáticos e importantes. Sin embargo, a diferencia de la producción, más allá de los recortes en el combustible y otras dificultades puntuales con los equipos, es la comercialización una verdadera pesadilla para los directivos de la UEB. El mayor por ciento de lo que se genera en sierra Las Casas viaja en patanas a través del mar hacia el puerto de Batabanó, y de ahí a La Habana.

“La transportación marítima es un eslabón muy difícil en la Isla, tanto para la entrada como para la salida de productos. En repetidas ocasiones nuestras producciones han pasado tres meses en el puerto o almacenes antes de llegar al cliente. Muchas veces el mármol ha ido dirigido a una obra de la salud y ante esa demora han tenido que paralizar la inversión”, opina contrariado Amela Hernández.

Para incentivar la posible exportación del mármol gris, agrega el subdirector, tienen reservados unos 3 000 metros cúbicos con destino al combinado de Bayamo, donde se instaló una tecnología de punta que lo procesa y “salen las planchas que son un sueño”. La idea es venderle estas producciones al turismo en frontera, obtener divisas frescas que garanticen la sostenibilidad empresarial, los coloque en una situación más competitiva y seguir ampliando los mercados.

Cerámica estancada

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En septiembre, más de cinco toneladas de producciones sin terminar quedaron estancadas en el taller Primero de Enero por la falta de combustible.

“Desde el mes de septiembre tuvimos más de cinco toneladas de producción sin terminar por falta de combustible para encender los hornos”, indica Vivian Navarro Sánchez, administradora de los talleres de cerámica Primero de Enero y VI Congreso, subordinados a la Empresa de Industrias Locales en la Isla.

Con muchas ventajas para producir objetos de cerámica, en tanto tienen en el territorio la materia prima, dígase caolín, arena sílice, zeolita; un mercado local y nacional totalmente insatisfecho; y potencialidades incluso exportadoras, los dos talleres claman por inversiones que les devuelvan la lozanía de antaño, cuando estas manufacturas distinguían al municipio especial.

Múltiples encadenamientos con otras empresas podría provocar la reanimación de la cerámica. Por solo citar algunos, la fábrica de caolín, cerrada en el momento de hacer este reportaje; la industria local de materiales de construcción, y otra amplia gama de sectores, incluido el turismo.

“Nuestro colectivo es pequeño, con solo 40 trabajadores, pero tienen un alto sentido de pertenencia; muchos son fundadores. Ahora los tenemos reubicados en otras labores, por ejemplo, pintando en las unidades de Comercio”, explica Navarro Sánchez.

De los intentos por encontrar fuentes de financiamiento para modernizar estos dos talleres comenta Sady Caridad Mora Martínez, directora Técnica y de Desarrollo del Grupo Empresarial que se subordina al Consejo de la Administración Municipal (CAM). “Dentro de pocos días se debe aprobar en el Gobierno del territorio la séptima versión del Proyecto de la vajilla, que da respuesta al llamado del presidente Miguel Díaz-Canel de sustituir importaciones. El próximo contacto sería en la Feria Internacional de La Habana con inversores franceses y autoridades del Ministerio de Industrias (Mindus)”.

Los estudios de factibilidad de este proyecto de inversión comenzaron en 2016, amplía Mora Martínez, con un estimado aproximado de siete millones de dólares. Mientras, las ágiles manos de Liudmila, Dora, Yunie y Marianela continúan prestas para decorar en el taller, a golpe de inspiración, las piezas ornamentales de cerámica; ninguna igual a la otra.

Isla dorada

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Un centro de secado de plantas medicinales y condimentos que trabaja con energía solar, fue inaugurado en saludo al 26 de Julio en la Empresa Agroindustrial Comandante Jesús Montané Oropesa.

Es la marca que muestran las producciones de la Empresa Agroindustrial Comandante Jesús Montané Oropesa, compuesta por 11 UEB e igual número de Cooperativas de Créditos y Servicios (CCS) vinculadas a la entidad y cuatro Unidades Básicas de Producción Campesina (UBPC).

En la parte estatal, sostiene Tomás Betancourt López, su director general, cuentan con más de mil trabajadores, con la misión principal de producir y comercializar producciones agropecuarias y forestales. En siete años de creada, asegura, la empresa ha ido dando pasos sólidos hacia la diversificación y la rentabilidad.

Los números hablan solos. En 2013 alcanzó valores de venta por 23 millones de pesos, y para el cierre de 2019 estiman ya unos 75 millones. Pero alcanzar tales resultados no los libra de sobresaltos en el camino. “Desde abril pasado estábamos recibiendo menos de la mitad del combustible planificado, y en septiembre esa cantidad disminuyó a nueve por ciento. No obstante, la empresa ha venido cumpliendo sus principales indicadores económicos y productivos gracias a los sobrecumplimientos alcanzados en el primer trimestre, por ejemplo, en la producción de frijol.

“También la industria recibió una inyección tecnológica en 2018 con la puesta en marcha de una línea aséptica, lo cual permite un elevado nivel de eficiencia”, argumenta el director general. Sin embargo, refiere, para seguir diversificando las producciones, sustituir importaciones y garantizar la distribución de la compota de los niños en el municipio, la empresa necesita una línea de doy pack que permita el envasado en diferentes formatos. “A pesar de haber defendido con la vida la necesidad de esa inversión, no sabemos en qué fase se encuentra”, considera Betancourt López.

Según el directivo, la empresa produce la materia prima, es decir, las pulpas de guayaba, mango, tomate y piña, necesarias para abastecer la línea de doy pack. Pero “el país debe poner el financiamiento en moneda libremente convertible con el fin de costear los envases, y la parte extranjera el capital para adquirir la tecnología, con un año de gracia y asumiendo las reparaciones.

“Tenemos capacidad productiva para recuperar esa inversión en el menor tiempo posible. El pasado año tuvimos un récord de producción con el tomate, fueron más de 3 000 toneladas. Una parte de esas se vendió a un precio muy barato a la Empresa La Estancia S.A., y multiplicaron varias veces su valor, sin recibir nosotros ni un solo peso en CL (con respaldo en moneda libremente convertible)”, precisa el director general.

El salto productivo que dieron con la instalación de la línea aséptica necesita complementarse con la tecnología del doy pack, esa es  la única manera que tienen para ser competitivos, sustituir importaciones, diversificar las ofertas, vender en frontera y quitarse de encima los exabruptos con las transportaciones.

“Para pasar un contenedor de latas desde el puerto de Batabanó hasta Gerona –agrega– hay que hacer maravillas por las limitaciones con el transporte marítimo. Es una desventaja que obliga a virarnos hacia el sur, al turismo de Cayo Largo”.

Como soñar no cuesta nada, los directivos de la empresa aspiran también a producir el Kermato, importado hoy desde México; ofertar los líquidos para la merienda de los pasajeros en los catamaranes; y comercializar en la Zona Especial de Desarrollo Mariel por medio de la entidad exportadora Cítricos Caribe.

Turismo en mochilas

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Aunque el sargazo cubre la duna del campismo Arenas Negras, fascina la belleza del entorno.

A principios de octubre, el campismo Arenas Negras, en playa Bibijagua, tenía vacías sus confortables cabañas. En el Colony no había un solo turista nacional ni extranjero, por esa razón el hotel cerró hasta el inicio de la temporada alta. Ambas instalaciones pertenecen a la UEB Gran Caribe Isla de la Juventud, operada por el Grupo Empresarial Gran Caribe.

Héctor Pons Fernández, administrador de Arenas Negras, recuerda que entre los meses de julio y agosto se hospedaron allí unos 1 000 campistas de diferentes provincias: La Habana, Artemisa, Mayabeque, Pinar del Río, Matanzas, Ciego de Ávila, Holguín y Granma; incluidos los pineros. “Antes contábamos con el servicio de Ómnibus Escolares para transportar a los campistas, sobre todo a los que venían de otros lugares, pero por la situación con el combustible ya no lo prestan”, asegura el administrador.

Además de estos dos centros turísticos la UEB cuenta con los hoteles Rancho El Tesoro y Villa Isla, distantes también del centro urbano de Nueva Gerona; y la extrahotelera Gran Caribe, ubicada en la arteria principal de la ciudad, con servicio las 24 horas.

Según Alexander Domínguez Cárdenas, especialista comercial de la UEB, alrededor del 80 por ciento de los turistas extranjeros que visitan la Isla se hospedan en casas de arrendadores particulares. “Una debilidad es la falta de hoteles en la ciudad. En 2018 arribaron solamente unos 15 000 turistas a la Isla de la Juventud, sin contar los que viajaron a Cayo Largo del Sur, con más de 1 300 habitaciones en hoteles y villas”, expone Domínguez Cárdenas.

Paradójicamente, las instalaciones hoteleras y extrahoteleras de Cayo Largo del Sur, territorio perteneciente al mismo municipio especial, no son administradas por esta UEB, sino por otra empresa que también pertenece al OSDE Gran Caribe.

Para Marta Fernández Sardá, directora general de la UEB, se trata de “comercializar mejor nuestros destinos con las agencias de viajes en La Habana, promover los lugares que tenemos de interés y diversificar las ofertas turísticas”.

Más allá de la insuficiente promoción, la directiva reconoce otra causa del escaso arribo de turistas. “Las limitaciones con el transporte, tanto aéreo como marítimo, afectan las operaciones. Algunas veces se suspenden los viajes sin explicaciones oportunas. Entonces se sienten inseguros. ¿Cómo regreso? Y eso influye mucho”, valora Fernández Sardá.

El especialista Comercial de la UEB recuerda que antes de 1959 a la otrora Isla de Pinos llegaban muchos visitantes en busca de las aguas medicinales y el centro de salud del poblado La Fe.

A su juicio, “debemos reconquistar la confianza de los turoperadores”. Para alcanzar ese objetivo, también es importante mejorar la infraestructura vial. Fernández Sardá comenta que años atrás ofertaban a los turistas una excursión al Sur, y almorzaban en la playa, en el Rincón del Guanal. Pero la carretera sufrió mucho deterioro y tuvieron que suspenderla.

A pesar de los sobresaltos, la UEB Gran Caribe logró quitarse de encima las pérdidas financieras de 2018 y prevé cerrar el actual año con utilidades, afirma la directora general. A este resultado, agrega Marlon Núñez Anaya, administrador del hotel Villa Azul, tributa la inversión realizada en esta instalación que estuvo tres años cerrada, y las altas ventas en la piscina, actividad extrahotelera con gran aceptación dentro de los pineros.

Dos mercados en vista

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PescaIsla, del Grupo Empresarial de la Industria Alimentaria, cuenta con 748 trabajadores y cinco UEB.

A Diomara Rodríguez Romero, directora general de la Empresa PescaIsla, ya no le preocupa el plan anual de pesca en la acuicultura, pues de las 1 000 toneladas previstas, a mediados de octubre de 2019 ya lo tenían sobrecumplido en 300 toneladas.

“Estamos dentro de las mejores del país”, asegura mientras enseña la tabla con los acumulados de extracción tanto en la pesca de plataforma como en las especies de agua dulce. En el mar capturan langostas, peces de escama, bonitos, pepinos de mar y cangrejos blancos. De las presas obtienen clarias, tencas, carpas y muras.

Algunas de estas especies están destinadas a la exportación y otras al mercado interno. La Unidad Empresarial de Base (UEB) IslaComec se encarga de la comercialización, abastece a las siete pescaderías del municipio especial, garantiza la distribución de las dietas médicas, organismos priorizados, y las ventas en divisas para La Habana.

Aunque la empresa muestra resultados favorables, Rodríguez Romero reconoce que todavía andan lejos de satisfacer la demanda del municipio especial, por eso complementan los surtidos con producciones industriales como croquetas y hamburguesas. “Para mantener las ofertas a la población en las pescaderías”, asegura.

Travesía en los Canarreos.

En el combinado de la UEB Mármoles Isla se “acicalan” las piedras para procesarlas luego.


Delia Reyes Garcia

 
Delia Reyes Garcia