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Publicado el 13 Febrero, 2020 por Toni Pradas en En Cuba
 
 

FAMILIA

El amor en los tiempos de wifi

La expansión de las nuevas tecnologías de información y la comunicación ha catalizado profundos cambios en las sociedades modernas, entre estas Cuba, y todos los procesos civilizatorios de la humanidad parecen haber sido trastornados, para bien o para mal. Al celebrarse el 14 de febrero el momento más preciado por los enamorados del planeta, BOHEMIA invita a sus lectores a acompañarle para revelar someramente qué transformaciones se han dado en la Isla, justo cuando su población y sus instituciones actualizan los conceptos y normas sobre las familias cubanas
El amor en los tiempos de wifi.

(Foto YASSET LLERENA ALFONSO)

Por PASTOR BATISTA VALDÉS, GIOVANNI MARTÍNEZ y TONI PRADAS

Al señor Harry Potter, próximo a cumplir 40 años, le cuesta trabajo disimular su incipiente barriguilla y mantenerse apuesto como corresponde a un héroe de los millenials.

Sin embargo, a pesar de su pinta medieval, es sociológicamente fiel a los suyos, a su generación antecesora alguna vez llamada X, si bien no pudo desenfrenar el despeine sexual propio de sus coetáneos debido a las aventuras que debió priorizar en su adolescencia. Aun así, hoy se parece mucho a su gente, pues tiene tres hijos sin haber formalizado matrimonio.

Mientras Harry observa con nostalgia la Capa de la Invisibilidad –la única Reliquia que conserva– bien lejos de su casa, en Cuba, aunque tarde y por sus puños, de manera progresiva se instalan las nuevas tecnologías de la información y la comunicación para provocar cambios emocionales y culturales, no solo en la manera de conocer, sino de conocerse y hasta de reconocerse las personas.

El efecto más visible ha sido reconectar con los amigos y familiares que durante décadas se mantuvieron distantes geográficamente (y a veces no tanto, que mire al vecino…). Las redes sociales, digamos, aplanan la comunicación y tras una pantalla todos parecemos más diáfanos, tolerantes, felices y hasta hermosos. Como el papel, los bombillitos LED aguantan todo lo que les pongan.

Digamos que el joven Juan Carlos Jiménez, del Cerro, descubrió Internet en el año 2007 gracias a un nuevo empleo que en su oficina tenía conexión a la red, mucho antes del surgimiento de las zonas wifi y, por supuesto, de los datos móviles.

Tenía 27 años cuando empezó a chatear con una trigueña de ojos negros y peligrosas caderas. Sus intercambios a través de una página de citas llamada Tagged eran tan reales, que la fría pantalla de su antiguo monitor de tubo parecía estallar de tanto calor.

Juan Carlos y su trigueña de fábula se acercaron digitalmente cada día más y se buscaron en Facebook para seguir escribiéndose en esa red social más familiar, donde se comparten informaciones personales que muchas veces involucran a los amigos y a los amigos de los amigos. Es como un gol a balón parado, una suerte de mejunje donde todos podemos o parecemos estar cerca e informados acerca de todo.

El amor en los tiempos de wifi.

Las nuevas tecnologías de la información y la comunicación han transformado la manera de conocerse las personas. (Foto: PASTOR BATISTA VALDÉS).

Por esa vía, el intercambio de fotos de la ciberpareja fue mucho más frecuente, como también los mensajes de texto adornados de besos y corazones. Juan Carlos confiesa que, con tal de impresionar a su despampanante chica, casi llega a fabricar nuevos emojis (ideogramas usados en mensajes electrónicos y sitios web; por ejemplo, un corazón de chambelona, no el anatómico, representa el amor). Tórrida, ella levantaba su ánimo sin necesidad de estar físicamente, incluso cuando se cerraba el chat y sus manos quedaban libres a la imaginación nocturna. “Si aquello hubiera pasado en estos tiempos de datos móviles, probablemente no hubiésemos podido dormir”, sonríe el pilluelo.

Cuando el bombillito se apaga

 El fervor terminó un día y de la peor manera.

“Por causas personales, ella estuvo ausente de las redes algún tiempo y no me avisó que lo haría. Entonces descubrí en su ‘muro’ de Facebook que un joven, muy parecido a mí físicamente, le había escrito, preocupado por su repentina desaparición. Como yo también estaba ansioso por saber de ella y su ‘bombillito’ permanecía apagado en mi lista de contactos, decidí enviarle un mensaje a aquel chico para indagar sobre el paradero de mi novia”.

El muchacho le respondió de inmediato y, tras un corto intercambio de palabras, ambos descubrieron algo que los dejó estupefactos: Ella no solo tenía comunicación con los dos, sino que los había seducido a la vez, les enviaba las mismas fotos, lanzaba los mismos besos y les había prometido una cita en la vida real.

Tras varias semanas de agonía, finalmente desaparecieron los deseos de suicidarse. Y a pesar de haberle dedicado seis meses de su vida a aquella “relación” de estafa, Juan Carlos define aquellos tiempos como “irrepetibles” y hasta confiesa haber conocido eso que llaman amor para vivir.

Ya curado de espantos, hoy tiene otra manera de ver el cibermundo, aunque confiesa que todavía conserva su cuenta en Tagged, a la que vuelve y mira con el rabillo del ojo, como quien manosea viejas cartas perfumadas, escondidas bajo la ropa de invierno que guarda en la última gaveta de la derecha.

Existen millones de personas en el mundo, jóvenes o no, que pasan meses, incluso años, gastando huellas digitales en textos que pueden no terminar en nada, como una jirafa con demasiado cuello y sin ningún sonido. Pero la realidad suele ser muy diferente cuando se escribe con la protección de una pantalla.

El amor en los tiempos de wifi.

La incursión en las redes sociales merece una atención especial, en tanto tras un perfil atractivo puede esconderse la violencia de género y contra las personas. (Foto: dereporteros.com).

No son pocas las historias personales que se cuentan sobre lo vivido por el hipnotismo del seductor y novedoso medio, muchas de estas hermosas. Algunas otras son tan impactantes que tienen efecto laxante: desde el chasco de descubrir identidades falsas expuestas en los perfiles, hasta la edulcoración de la imagen física y profesional de ciertas personas que habitan en el Planeta Selfie.

Otras experiencias son desdichadas, sí, pero solo porque en el mejor momento, a punto ya de aflojar el nudo de la corbata, la carga de la batería del móvil dice adiós y con esta, la ilusión.

En las redes, esto no se enreda hasta que se enreda.

Sansón y Dalila cantan aleluyas

Juan Carlos nunca pudo acariciar a aquella voluptuosa mujer que le hacía sudar tras su viejo monitor de tubo. En cambio, obtuvo la experiencia suficiente para no repetir la escena. Y lo mejor de todo: agregó a su lista de contactos a un nuevo amigo, aquel chico con quien compartió a su trigueña sin saberlo, como solo ocurre en un bolero de victrola en tiempos de reguetón bocinero.

Más suerte tienen María de Lourdes Acosta Cruz, de La Habana Vieja e Israel Leiva Villegas, de Alamar. Se podría decir que Dios los cría y Harry Potter los une. Hace poco más de un año, cuando el acceso de Internet en la Isla comenzaba a mostrar indicadores de epidemia, un amigo en común los incluyó en un grupo de discusión de WhatsApp relacionado con el otrora aprendiz de mago y hechicero, hoy funcionario jefe de la Oficina de Autores.

El amor en los tiempos de wifi.

María de Lourdes e Israel iniciaron una relación digital que “analogizaron” con la llegada de su hija. (Foto: YASSET LLERENA ALFONSO)

Los jóvenes estudiantes universitarios (él de Periodismo y ella de Alemán en la Facultad de Lenguas Extranjeras) aceptaron desde sus respectivas zonas wifi ser incluidos en el grupo, interesados entonces por aprender algo más sobre el universo literario creado por la autora británica J. K. Rowling, pero la verdad es que fácilmente los participantes se desviaban de la temática central.

“Israel se metió conmigo después que alguien dijo una barbaridad sobre el jazz y como yo había estudiado música, me dolió y le respondí”, recuerda María de Lourdes.

Ciertamente, Israel le estaba tirando “puyitas” para zorrear, después que buscó datos de ella en Facebook y descubrió abundantes fotos hermosas en su perfil. Ella, en cambio, al hacer su pesquisa, encontró apenas alguna foto de un joven que le pareció muy descuidado con su imagen.

Lo cierto es que en algún momento ella le envió un meme (chiste gráfico) de jazz por el chat privado de la red social y comenzó a fluir la comunicación por esa red. Jamás volvieron a reunirse con los estudiosos sobre el Colegio Hogwarts de Magia y Hechicería.

Hasta que se citaron en un lugar preciso: el Capitolio habanero. María de Lourdes, sin embargo, tenía dudas sobre ir y hasta preparó un plan B con un pretexto fútil para marcharse si la desilusión la vencía. Al verle, le pareció mucho peor: “Parecía un talibán con esa barba crecida. Y estaba gordo, pero no se veía tan mal”. Por su parte, Israel la halló más hermosa que en las fotos. Pero como estaba acatarrada y “con voz de camionero”, este se preocupó.

El hechizo llegó gracias a una manga de la camisa que perdió un doblez. Ella le ayudó a arreglarla y ese simple, sensual y fugaz contacto físico fue decisivo para que el curso de sus vidas cambiara drásticamente.

Eriza, sí: casi hasta se puede escuchar la voz de Leonard Cohen cantar: Ella te ató a una silla de la cocina, ella rompió tu trono y cortó tu cabello, y por medio de sus labios dibujó un aleluya.

Coyuntura inesperada

 Afortunadamente, estos jóvenes tenían sus propias casas donde vivían solos, de lo contrario tendrían que ingeniárselas, Dios sabe cómo, para cristalizar su amor. O acudir a un cuarto de alquiler, los llamados 3×5 (cinco dólares por tres horas), aunque puede variar el precio, la calidad y la disponibilidad según el lugar.

Por suerte, también tenían autonomía económica gracias a poder trabajar aun siendo estudiantes –él, en la televisión como reportero de deportes; ella, guía de turismo gracias a su dominio del inglés, francés y alemán–, así que rápidamente unieron bajo el mismo techo sus cuerpos y sus sombras.

El año 2019 tuvo, como mismo el petróleo, una “coyuntura” en materia de preservativos, y la gravedad real tal vez se revele cuando sean publicadas, en el anuario correspondiente, las estadísticas oficiales de embarazos y de enfermedades sexuales transmitidas.

La intempestiva demanda de condones les sirvió a algunas personas que suelen viajar a países cercanos para comprar artículos y revenderlos a la vuelta. Disminuida la ansiedad de la clientela por artículos electrodomésticos una vez autorizadas las tiendas en divisa, el gracioso látex, junto con las inestables almohadillas sanitarias y otras menudencias se hicieron de un lugar fijo en los aviones.

María Sánchez, de Marianao, explica que quienes más le encargan preservativos son sus amigas, para que los lleven sus hijas en la cartera. Hoy, certifica, es distinto a como fue años atrás, pues la responsabilidad de cuidar a la pareja de enfermedades venéreas se ha desplazado hacia las muchachas (o, bien visto, hacia las mamás).

En cualquier caso, en corto tiempo María de Lourdes le hizo saber a Israel que su duda pasó a ser certeza: estaba embarazada.

Nupcias vertiginosas

El amor en los tiempos de wifi.

Esta campaña es una broma que circula en Facebook, pero en la práctica disminuyen los matrimonios al haber cambiado los objetivos de las personas al constituir sus familias. (Foto: FACEBOOK / DOMINIO PÚBLICO)

Aun cuando están en los últimos años de sus carreras, los jóvenes decidieron no solo tener el niño, sino legalizar su unión. Tan enamorados se sentían, que ni les pasó por la mente que ellos podrían un día engordar la tasa de divorcios de Cuba, que según los especialistas es alta: 2.7 por cada mil matrimonios en 2018 (en La Habana, la más disparada, fue de 4.6). Aun así, la gráfica de divorcialidad del país tiende a disminuir, pero eso se explica porque las parejas han dejado de casarse para formar sus familias.

Con tales truenos, algunos amigos y familiares les insinuaron que el matrimonio, cuando menos, era una locura con tan poco tiempo de conocerse. Sin embargo, casi todos estuvieron puntuales en la notaría de Prado y Ánimas, en La Habana Vieja, cuando la pareja, de blanco los dos y la barba arreglada él, les citó para ser testigos de tal vez la ceremonia nupcial más veloz en tiempos de wifi.

Vaya ridículo sufrieron los novios cuando les dijeron allí que casarse no era tan fácil como llegar y ya, como si fuera en Las Vegas. Que había que sacar turno previo y se necesitaban mil papeles, entre estos la torturante certificación de nacimiento. En cambio, nada de eso les dijeron cuando fueron a averiguar previamente.

Entonces algunos comentaron que en no pocos servicios del país ponían trabas a los clientes para que su generosidad convocara la solución. Cierto o no, semanas después se fueron a la notaría de Alamar directamente, donde los declararon marido y mujer sin erogar dineros ni sufrir trámites burocráticos innecesarios.

Sin dilapidar tampoco saldo alguno en la wifi por felicitaciones, la familia constituida por María de Lourdes e Israel celebrarán este 14 de febrero su primer Día del Amor, atados a su hija maga y hechicera.

SERENATA BINARIA

Muchísimas personas de toda Cuba romancean escondidos tras los muros de Facebook, pero la modernidad no parece poder desplazar a la rosa, la postal y el poema

Ni quienes agradecerán eternamente al celular, a la wifi o a la computadora, haber conocido a la mujer o al hombre de su vida; ni quienes, por el contrario, lamentan haberse dejado “enredar” por los seductores tentáculos de las redes, negarían el enorme peso de estas, a escala mundial, en ese sentimiento que la raza humana definió desde hace siglos como Amor.

El amor en los tiempos de wifi.

Lo importante es que ni el tiempo, ni la modernidad, ni la tecnología destruyan el sentimiento de amor. (Foto YASSET LLERENA ALFONSO)

Aunque ya no existe la pasión que antes mantuvo a Laura pegada como una hiedra al celular, la joven recordará con placer los días en que a pura yema de dedo y de pupila se acomodaba en los virtuales brazos del novio que le trajo una cigüeña digital, adulto ya y vestidito de verde olivo.

Fue ToDus (plataforma de mensajería instantánea cubana) la celestina vía que le permitió “todus” los días sentir la respiración del muchacho, su agitado ritmo cardíaco, el irrefrenable deseo de un beso, el aliento quemando labios y hasta el olor a sudor fresco impregnado en el uniforme del servicio militar.

“Hasta que por fin nos vimos en la Avenida de las Flores. No era el encuentro con un desconocido. Ya habíamos hablado muchísimo. Yo había recibido fotos de él; él, fotos mías… La segunda vez fuimos a mi casa. Mi madre se puso contenta, quién sabe si pensando cómo han cambiado los tiempos. Ella y mi padre no se conocieron así, sino en una fiesta; de forma directa, de lo contrario, tal vez nunca hubieran iniciado relación”.

Quién sabe cómo habrían reaccionado los bisabuelos de Ia también estudiante universitaria Ilenia Díaz Rojas, de Sancti Spíritus, sabiendo que romanceaba “por un aparatico” con un joven al que jamás había visto, cuando “lo correcto” es que viniera a la casa. ¡Sí, señor!

“Pero él publicaba cosas tan lindas en Facebook… Cuando le pregunté de dónde las copiaba, me dijo que de sus sentimientos. Luego me ayudó mucho a superar el momento difícil que yo pasaba. Cuando entré a la universidad y coincidimos, nos hicimos novios”.

Probablemente a ambas parejas ni les roce la fugaz idea de casarse: algo tan lejano de muchos jóvenes como cercano les resulta a personas de todas las edades el divorcio, atribuible a un ramillete de causas que pueden ir desde la lógica incompatibilidad de caracteres, la multiconvivencia conyugal bajo un mismo techo por problemas de vivienda (algo fatal, como apunta Inés María Ojeda, directora de Oficodas en Ciego de Ávila), hasta conflictos generados por las propias redes, conducentes a más de 80 millones de rupturas en el mundo desde 2004, según estudios.

Porque no todo el mundo muestra la “comprensión” de un inquieto humorista (ruega discreción para su nombre), a quien, decidida, su esposa puso entre pincel y pared: O me das amistad en Facebook, o el divorcio. “Y tuve que recoger pita”, confiesa a BOHEMIA, casi en un susurro.

“Ese mundo te enreda y te embarca si no te pones duro –admite el camagüeyano Roberto Hernández– pues puede convertirse en un ladrón de tu tiempo, hacer que desatiendas a tu pareja, a tu familia, arrastrado por las tentaciones de un flirteo que, si no te lleva a la infidelidad, te hace coquetear con ella. ¡Oiga! ahí puede haber de todo”.

El amor en los tiempos de wifi.

Necesitados de entregar su amor, los más románticos inventaron en el pasado su propio chat. (Foto BLOG ESCRIBANÍA DOLLZ)

No es raro que, lejos de proyectar una relación formal, que incluya hasta hijos, muchos reducen su interés a categorías como las de aminovios, cibernovios, amigantes, o a las informales “descargas”.

¿Datos móviles perfumados?

Novedades así, o la invocación al llamado derecho de elección de pareja, preocupan a hombres como el notario archivero Lorenzo Uvencio Palmero, avileño, por la adversa incidencia mundial sobre el matrimonio, el modo de concebir hijos, el divorcio, y la familia como célula medular e insustituible de la sociedad.

Como muchos, él opina que, sin interferir en la vida privada o derechos de nadie, valdría la pena un análisis de las consecuencias a que puede llevar la libre o no responsable conducta de las personas.

Y no se trata de la pareja que, a falta de posadas como la que antaño hubo cerca del ferrocarril avileño, tienen que acudir a una casa de renta o a un hotel para tener sexo, según razona el bicitaxista Alejandro Pérez Cardoso. Prácticas así formaban parte de la cotidianidad habanera, décadas atrás, cuando para sus protagonistas la familia era sagrada y hacer el amor no era como tomar un vaso de agua… huérfano de pasión.

“Más de una vez he rechazado groserías de quienes me subvaloran como mujer y cubana, pero también disfruto ese tiempo que se me va volando en contacto con mi novio noruego, las cosas lindas que nos escribe a mi niño y a mí, o los consejos culinarios que me da un amigo italiano… porque no todo el mundo busca pareja o sexo virtual en Facebook, WhatsApp, Instagram o el Messenger”, dice Yaíma Cruz Piñero.

El amor en los tiempos de wifi.

El sexagenario Julio César Pérez Piloto considera que “es maravilloso que las personas se conozcan y se amen de verdad por esas vías, pero nadie tiene privacidad ni libertad real dentro de ellas”. (Foto PASTOR BATISTA VALDÉS).

Anclado por medio de las amorosas redes en Montevideo, para el sexagenario Julio César Pérez Piloto “es maravilloso que las personas se conozcan y se amen de verdad por esas vías que interconectan al planeta, pero nadie tiene privacidad ni libertad real dentro de ellas. No puedes hacer nada sin ser vigilado. Y eso lo olvida mucha gente. ¡Cuidado!”.

La observación es válida para el creciente número de cibernavegantes que “reman” desde 32 zonas públicas de wifi y 30 dentro de organismos en Ciego de Ávila, o desde 5 200 servicios de Nauta Hogar en la provincia: unos 2 000 más que a principios del pasado año.

Por ello, sin ignorar el alcance de modernas tecnologías, picando sus 60 años, Oneida Poll Sánchez prefirió oír el programa Estaciones, de Radio Rebelde, opción más convencional, a la que también acceden infinidad de personas en busca de amor. Y, al menos de inicio, ella lo encontró en un necesitado granmense.

Otros seguirán apegados a la rosa en directo, a la postal en sobre, al poema de puño y letra o a la viejísima variante de la carta, no extinta aún, como volvieron a confirmar las 4 159 misivas, remitidas en 2019 al Concurso Internacional Cartas de Amor, en Sancti Spíritus, desde Cuba y otros 19 países.

Lo importante, como opina Laura, es que ni el tiempo, ni la modernidad, ni la tecnología terminen prostituyendo ese noble sentimiento; que el amor siga siendo soporte para robustecer a la familia, que sus obstáculos no sean ajenos a las políticas del Estado (porque la población envejece, con tendencia a decrecer) y que se revierta el ritmo que la revista Mujeres expuso un tiempo atrás: de 22 divorcios por cada 100 matrimonios en 1970, a 64 por centenar cerrando la primera década de este siglo.

DEL TABÚ A LO LEGÍTIMO

Manuel Vázquez Seijido, subdirector del Centro Nacional de Educación Sexual (Cenesex), comparte su microscopio social con BOHEMIA para mirar al detalle, como él y sus colegas han hecho, a la familia cubana actual

El amor en los tiempos de wifi.

El máster en Ciencias Manuel Vázquez Seijido, subdirector del Cenesex, no cree que haya muerto el amor y si eso ocurriera, estaríamos acabados como especie. Murió, eso sí, el romanticismo en la manera como se veía antes. (Foto: GIOVANNI MARTÍNEZ).

A la vista de muchos, el Centro Nacional de Educación Sexual (Cenesex) es una institución desenfadada, ligera, turbulenta. Pero cuando alguien se adentra en sus predios del Vedado descubre que reina el orden, la laboriosidad, el culto al detalle. Faltaba más: aquí se cela, con ciencia y activismo, la dignidad humana, desde el individuo hasta la sociedad.

En busca de información sobre cómo se conforman las familias cubanas en la actualidad, BOHEMIA irrumpe en la rutina laboral del jurista y máster en Ciencias, Manuel Vázquez Seijido, e inmediatamente descubre que la abigarrada oficina del subdirector del Cenesex se parece mucho a su institución y cada “reguero” está perfectamente acomodado y pensado.

Amable al punto de zumbarse con sus invitados un café que no degusta, no teme hacer una afirmación retórica: La sociedad cubana ha cambiado, al igual que el resto del mundo.

En Cuba, dice, la gente se conoce de muchas maneras. Prevalece esa de coincidir en espacios, conversar personalmente, iniciar un diálogo sobre un tema cualquiera con el objetivo final de acercarse más utilizando espacios de socialización no virtuales, como bares, cafés, galerías o fiestas, entre otros. Sin embargo, las nuevas tecnologías de la información, especialmente Internet, han ido desplazando de alguna manera el modo tradicional de establecer relaciones de amistad y de tipo erótico-afectiva.

“Este no es un fenómeno nuevo, pero en nuestro contexto el incremento de la conectividad ha pautado un punto de inflexión en las relaciones sociales. Según mi perspectiva, Facebook e Instagram son las dos páginas más utilizadas en la Isla, aunque existen muchas otras. Estas poseen un algoritmo que permite interactuar con muchas personas a la vez y explorar perfiles sin que sean ciberamigos”, comenta Vázquez Seijido.

“El uso de estas tecnologías complejiza, sin duda, la propia dinámica de establecer relaciones sociales, porque comienzan a aparecer personas que en realidad no existen, perfiles falsos con imágenes que pueden no ser ni siquiera propias, con historias de vida manipuladas. Esto puede llegar a generar diversos tipos de violencias, sobre todo de género. No solo hacia la mujer, sino hacia cualquier persona, por la manera en que estas viven el género. Entre los perjudicados se pueden incluir mujeres lesbianas o transgénero; hombres homosexuales u otros que experimenten la masculinidad de una manera diferente a la hegemónica.

“A través de Internet se puede ofender, chantajear y maltratar a una persona de muchas maneras. Incluso, pueden darse casos de abuso sexual infantil, pues por esta vía cualquiera se conecta con niños o adolescentes estableciendo una relación ilegal o insana.

“Ahora bien, la manera de acercarse con contenido afectivo o erótico, igualmente ha tenido un punto de inflexión. Por ejemplo, las personas con características no heteronormativas, no tienen que formar grupos ocultos para insertarse en esta dinámica. Es muy fácil encontrar en las redes sociales parejas del mismo sexo, o parejas que buscan a otras parejas (muchas de ellas estables y heterosexuales), o incluso otros tipos de configuración. Esto va mucho más allá de la comunicación a través de redes, pero el uso de las mismas proporciona estas uniones”, argumenta el joven.

–¿Las leyes y las instituciones van de la mano con los cambios que experimenta la sociedad cubana actual?

–Las instituciones y las leyes de toda nación tienen que parecerse al entramado social que prevalece. Si hay un divorcio entre lo uno y lo otro, si estas normas jurídicas no retratan la realidad social, entonces no son legítimas, ni tampoco sus instituciones. Esto es básico desde cualquier posicionamiento político, puesto que se trata de transitar del tabú a lo legítimo.

El amor en los tiempos de wifi.

El código de las familias cubano se organizará a partir de lo que dice la Constitución, la cual plantea que “toda persona tiene derecho a fundar una familia. El Estado reconoce y protege a las familias, cualquiera sea su forma de organización”. (Foto: PASTOR BATISTA VALDÉS).

–¿Cómo se constituye una familia en la Cuba actual?

–El matrimonio, como institución, ya no es la causa de la conformación de familias en la actualidad, allende la orientación sexual. Tiempo atrás se entendía el matrimonio como un hecho jurídico que significaba, además de la unión legal, el inicio de una familia. Eso ya no es así. Las personas, hoy en día, no se casan para formar una familia, sino que se enfocan en ventajas de tipo socio-económicas, según las interpreten, sin que sea un requisito indispensable para establecerla. La institución matrimonial ha dejado de constituir un elemento indispensable para formarla.

“El matrimonio no tiene protagonismo y muchas personas no se unen con la idea de procrear. Además, a las formas tradicionales se han sumado otras, como personas del mismo género. U otros lazos que se alejan de parejas, por ejemplo, abuelos que cuidan de los nietos porque sus padres emigraron, están de misión fuera del país, murieron o abandonaron a sus hijos. A su vez, estos nietos pueden haber crecido y tener una pareja viviendo con ellos. Hablamos de un tipo de familia que años atrás no se repetía tanto.

“Otro caso es el de madres solteras que pueden en algún momento iniciar una nueva relación y traer a esa persona a vivir a su casa. También se dan casos de padres que tienen un hijo y no pareja, pero el joven cuando crece tiene una novia y la trae a vivir con él. Incluso hay hombres solteros que conocen a una mujer, la cual ya tiene hijos, y al irse a vivir con ella también conforman una familia”, reflexiona Vázquez Seijido.

“El código de las familias cubano se tiene que organizar a partir de lo que dice la Constitución, la cual plantea que: ‘toda persona tiene derecho a fundar una familia. El Estado reconoce y protege a las familias, cualquiera sea su forma de organización’, eso significa que no hay distinción. ‘Esta se constituye por vínculos jurídicos o de hecho, de naturaleza afectiva y se basa en la igualdad de derecho, deberes y oportunidades de sus integrantes’. De manera que lo que prima es el afecto entre las personas.

“Nuestra Carta Magna ha marcado una pauta muy clara al reconocer y respetar la pluralidad de las relaciones sociales que se dan en nuestro contexto, cuando afirma que la dignidad humana es el principio fundamental para respetar los derechos.

“Por otro lado, hay que decir que la vivienda y las dificultades económicas son factores objetivos que comparten muchas familias cubanas y que atentan contra su desarrollo. Las denominadas ‘familias extendidas’, donde coexisten varias generaciones en un espacio reducido –incluso se puede hablar de más de una habitando bajo un mismo techo– pueden generar conflictos, angustias, malestares…

“Hay otros elementos subjetivos que predominan en los hogares, incluso en los constituidos por parejas homosexuales, como el patriarcado. Esta autoridad masculina se resiste a aceptar las formas no heteronormativas, porque ello implica un golpe a la manera de estructurar ese sistema patriarcal. Sin duda, el prejuicio genera un obstáculo para quienes deseen organizarse sobre bases distintas a la heterosexualidad”, acota el experto”.

–¿La violencia de género se ha modificado o ha aumentado con el uso de Internet?

–Internet ha diversificado la manera en que nosotros atendemos el asunto. El ciberacoso y el cibercontrol también forman parte de la violencia de género. La campaña Evoluciona –auspiciada por el Centro Oscar Arnulfo Romero, la Federación de Mujeres Cubanas, el Centro de Estudios Sobre la Juventud, y el Cenesex– ha ido más allá del piropo callejero o el asedio y se ha enfocado también en las redes sociales, finaliza Manuel Vázquez Seijido.

El amor en los tiempos de wifi.

Opiniones de la población de 15 a 74 años acerca de los derechos de las personas homosexuales (en por cientos), según la Encuesta Nacional de Igualdad de Género realizada por el Centro de Estudios de la Mujer y otras entidades. (Foto: Mirando las relaciones de género en Cuba. CEM-FMC-CEPD-ONEI).


Toni Pradas

 
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