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Publicado el 8 Marzo, 2020 por Jessica Castro Burunate en En Cuba
 
 

Historias de mujeres rurales (IV). Brechas invisibles

BOHEMIA conversa con Kenia Lorenzo Chávez, psicóloga y especialista de género, quien formó parte del equipo que elaboró la estrategia de género del sistema de la Agricultura
Historias de mujeres rurales (IV). Brechas invisibles.

Kenia Lorenzo asegura que hay directores, por ejemplo de minindustrias, que tienen contratada una mayoría femenina y diseñan los procesos productivos en función de sus necesidades (Foto: JESSICA CASTRO BURUNATE).

Por JESSICA CASTRO BURUNATE

Las inequidades de género y los retos que tienen las mujeres para su empoderamiento son grandes en cualquier escenario. Sobre las vulnerabilidades de la mujer rural, argumenta la especialista de género Kenia Lorenzo Chávez, quien pertenece a la Asociación Cubana de Técnicos Agrícolas y Forestales (Actaf) Nacional y colabora con proyectos de desarrollo agrícola.

– ¿Cuáles son las tendencias de movilidad social de las mujeres rurales?

–En las cooperativas hay dos estructuras: una más política, liderada mayormente por mujeres, y otra asociada directamente a la toma de decisiones, en la que son mayoría los hombres. Es decir, que aunque las vemos en puestos de dirección, por lo regular,  estos son intermedios, organizativos o de gestión, en los que no hay un acceso tan marcado a los recursos.

“En cuanto a la movilidad asociada a la migración, por mi experiencia, en las zonas de sequía de la región oriental la tendencia es que sean los hombres quienes emigren a otras áreas más productivas y las mujeres se queden sosteniendo el hogar. Aquellas mujeres que migran del oriente hacia el occidente para realizar labores agrícolas, como hemos constatado en el proyecto Producción Sostenible de Alimentos en Municipios (Prosam), presentan otra serie de vulnerabilidades:

“Por una parte, enfrentan el desarraigo y el hecho de empezar una vida nueva. Algunas tienen contratos de menor o mayor duración que les permite seguir aportando a la seguridad social, pero otras tantas no. Nunca he visto una situación de explotación, incluso algunos propietarios de tierra contribuyen a que tengan su casa dentro de las fincas, pero imagina el nivel de subordinación con esa persona.

“Aun cuando esos movimientos impliquen una forma de empoderamiento, siempre tienen más costos para la mujer que para el hombre, el cual presenta la misma vulnerabilidad contractual, pero por lo general lo hace sin su familia. Por otra parte, muchas de estas mujeres migran para huir de una situación de dependencia o violencia en el territorio de origen.

“Algo que hemos visto y consideramos positivo es que se están contratando mujeres para las labores de apoyo a la producción, con un salario, lo que antes hacía la esposa o la hija gratuitamente; y aunque reproduce un rol determinado, al menos ya ese trabajo tiene un valor.

“También hay un mayor número de mujeres que solicitan usufructos, gestionan la finca familiar y están liderando la producción con éxito. En esto influyen mucho las redes de apoyo familiar y comunitario.

“Hay directores de minindustrias, por ejemplo, que tienen contratada una mayoría femenina, e incluso diseñan los procesos productivos en base a esto: cajas más pequeñas para que las pueda cargar una mujer, ventanillas a la altura media de las féminas, además de una serie de mecanismos de flexibilización de horarios y días, por las dificultades con el cuidado. Lo ideal sería que la comunidad o los centros de trabajo resolvieran el tema de los cuidados, que existiera una corresponsabilidad”.

Estrategia de Género del Sistema de la Agricultura

“Esta es una muestra de una toma de conciencia al más alto nivel en el Ministerio de la Agricultura (Minag). El organismo decidió agrupar las estrategias de género que existían en el sector bajo una política sombrilla que fomenta acciones concretas de cultura organizacional, de presupuesto.

“Para su conformación se desarrolló todo un proceso participativo en 2015, con talleres nacionales y regionales y acompañamiento metodológico de algunos organismos no gubernamentales foráneos. Ahora mismo el ministerio está concluyendo una guía metodológica que da más pistas sobre cómo implementarla, porque a veces las personas tienen compromiso pero no herramientas para convertir esa política en acciones estratégicas.

“Se trata de ir más allá del reconocimiento en fechas conmemorativas, es ofrecer atención diferenciada a sus necesidades y riesgos por roles profesionales, es crear empleos para mujeres, dar acceso a recursos para que el empoderamiento sea real.

“A nivel de estructura se mantienen los comités de género como espacio para concertar este tipo de cuestiones. Esos grupos multiactorales, constituidos por representantes de la delegación de la agricultura en el territorio, de la FMC y las asociaciones campesinas, son una fortaleza. Ahí se decide cómo hacer el diagnóstico de género y el plan de acción, que no debe estandarizar soluciones, sino ajustarse a las necesidades específicas de cada territorio.

“En todas estas direcciones ha habido avances, pero todavía quedan desafíos para la sostenibilidad. Entretanto exista una parte excluida, que no participa con todo su potencial, la sostenibilidad del sistema está comprometida. Pero sobre todo se trata de una cuestión de justicia social”.

Historias de mujeres rurales (I)

Historias de mujeres rurales (II). A cielo abierto

Historias de mujeres rurales (III). El agro en sus manos


Jessica Castro Burunate

 
Jessica Castro Burunate