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Publicado el 29 Abril, 2020 por Marieta Cabrera en En Cuba
 
 

COVID-19

La Isla se aísla (I)

Como era de esperar, la enfermedad emergente provocada por el coronavirus Sars-CoV-2 logró llegar a Cuba para protagonizar uno de los más grandes desafíos que haya tenido el sistema de salud de la Isla. A fin de impedir su propagación, las autoridades y la población despliegan numerosas recomendaciones emanadas de la Organización Mundial de la Salud, como es el distanciamiento social, y otras vernáculas. Mientras, los profesionales sanitarios rivalizan contra el agente infeccioso, desde la detección del contagio, hasta el forcejeo medicamentoso en las salas de ingreso de los hospitales y los centros de investigación científica, para salvar vidas cubanas y de otras partes del mundo
La Isla se aísla.

Foto: GILBERTO RABASSA.

Por MARIETA CABRERA, MARÍA DE LAS NIEVES GALÁ, LISET GARCÍA, PASTOR BATISTA y TONI PRADAS

Qué precio tan grande se está pagando para confirmar lo que ya sospechábamos: un médico es más importante que un futbolista.

Sin embargo, por alguna razón inexplicable, los cubanos en un principio confiaron en que la condición insular los protegería de ser hospederos de la pandemia que tanto ruido y muertes estaba provocando, primero en Asia y después en Europa. Unos lamentaron el cese de los eventos deportivos; otros echaron el ojo vidrioso al calcular el batacazo económico que significaría la reducción y luego la interrupción total, de la actividad turística. Y todos, eso sí, confiaron en la robustez del sistema de salud cubano.

Hasta los canadienses Franco y Stacey Manzo, un matrimonio seducido por los encantos naturales y humanos del polo turístico Jardines del Rey y su hotel Pullman, experimentaron tanta seguridad y placer que le confiaron a BOHEMIA: “Ahora mismo preferiríamos quedarnos y no tener que regresar a nuestro país”.

Al ser los viajeros de países con transmisión de la enfermedad causada por el coronavirus SARS-CoV-2, los potenciales portadores de la COVID-19, las primeras medidas sanitarias reforzadas, así como las primeras restricciones, recayeron sobre la transportación aérea y naval que bombeaba a chorros turistas a Cuba. Afortunadamente, la insularidad era un capital.

Mientras, con mucha claridad y rapidez las autoridades sanitarias y políticas del país diseñaban y organizaban planes de contingencia desde bastante antes, irradiados estos hacia todos los sectores de la sociedad a fin de minimizar los efectos posibles que traería la inevitable llegada del morbo. Con el tiempo, el catálogo de medidas tomadas contendría cientos de recomendaciones.

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Las primeras medidas sanitarias reforzadas, así como las primeras restricciones, recayeron sobre la transportación aérea y naval (foto: YASSET LLERENA ALFONSO).

El turismo, por ejemplo, se preparó mediante la capacitación de sus trabajadores y adoptó medidas muy concretas en todos los hoteles y demás instalaciones, aseguró Iyolexis Correa Lorenzo, delegada del Ministerio del Turismo en Ciego de Ávila.

Ante la suspensión de los vuelos turísticos desde y hacia Cuba, la Agencia de Viajes Cubatur y en especial sus guías, garantizaban la salida escalonada y organizada de los clientes extranjeros que aún permanecían en el país. Así lo certificó Carlos Pérez, director de la sucursal comercial de servicios al exterior de la empresa.

Médicos y enfermeras de las instalaciones hoteleras, recepcionistas, relacionistas públicos, camareras, animadores, transportistas, personal de almacenes, seguridad, mantenimiento… todos los del país, organizaron un sistema de detección de indicios o sospechas de la enfermedad para, tras inmediata valoración, poder trasladar cuanto antes a un huésped presuntamente enfermo a la correspondiente Clínica Internacional.

Así fue como se logró alertar la presencia del primer caso confirmado que reportara el país: un turista italiano contagiado, junto a otros tres, aún asintomáticos. Era el 11 de marzo, el mes en que las liebres entran en celo y que por ello, se dice, se ponen locas.

Desde entonces, con la adopción de extendidas medidas de aislamiento social y limitación de movimiento en las calles en toda la nación, debido al autoencierro el mes se convirtió en el más largo del siglo para los cubanos. La primera semana pudo resultar agradable, sí; la segunda fue como para perder la cordura de la liebre.

Pero todos aprendieron a cuidar y cuidarse, incluso a hacer provechoso el claustro. En primer lugar, descubrir dónde rayos quedó en casa guardado un pedazo de tela para hacer un nasobuco.

La Isla se aísla.

Infografía: INFOBAE

El gran desafío

Una ola de audiencias sanitarias en las cuadras, centros laborales y de estudio, cubrió todo el mapa del país para explicar de qué trataba la ya declarada pandemia, suerte de corona mundial entre las epidemias. Profesionales del nivel primario de atención médica fueron protagonistas en la enseñanza de cómo torear el desmesurado poder de propagación del nuevo virus coronado.

Si alguien dudó de la efectividad de este método, pronto quedó convencido de que gracias a estas reuniones no pocas dudas fueron esclarecidas. Y aún faltaría por aprender más sobre ese organismo del que se iría descubriendo algo nuevo cada día.

Esa entropía creciente fue cediendo ante las acciones de los medios de comunicación y la repercusión en las redes sociales. De hecho, con mejor acierto ahora que en otras contingencias vividas, se logró que en buena medida la información científica y organizacional se convirtiera en un capital para la comunicación. Y si no, ¿cómo fue que la inmensa mayoría de la población adoptó las medidas de aislamiento, distanciamiento y desinfección con una conciencia a prueba de balas?

Sin embargo, fuera por ignorancia o malas intenciones, también fue propagada una gran cantidad de desinformaciones y manipulaciones de la verdad. Se hicieron virales, muy a tono con estos días, y hasta provocaban risas contagiosas, si no ofende el término hoy. Infodemia le llaman. Con los ojos clavados durante más tiempo en las redes sociales gracias al ocio masivo, no pocos replicaron supercherías y cayeron en la trampa de las dudas sobre la transparencia de las orientaciones emanadas por la dirección del país.

Mas la correlación fue cambiando por sí solita. El éxito que se fue logrando –aun sin tomar medidas tan drásticas como en otros países– y el acierto de las previsiones cumplidas, contabilizado en salud, compulsaron a gran parte de los dudosos a participar junto a todos los cubanos en el desafío más grande que ha tenido la medicina mundial y, con todo respeto, no los futbolistas.

Mientras tanto, los niños, sin pelotas y con deseos reprimidos de mataperrear, aprendieron a lavarse las manos cantando, a riesgo de dejar sus finas yemas húmedas con más arrugas que un viejo.

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En el hogar de ancianos 28 de enero, el personal sanitario vela constantemente por el estado de salud de los longevos, más aún ante la COVID-19 (foto: YASSET LLERENA ALFONSO).

El museo de la memoria

“Un pueblo sin niños no tiene futuro, un pueblo sin ancianos no tiene historia”, comenta a BOHEMIA la especialista en Medicina General Integral Enrieta Callaba Alacán, directora del hogar de ancianos 28 de enero, ubicado en la barriada habanera de Lawton.

En lo que fuera el Convento de Santa Marta, la santa de las llaves que recibe a los huéspedes, 150 ancianos pasan el tornado viral acariciados por el silencio que reina en el asilo.

Una botella de hipoclorito –¡todo el mundo aprendió química!–da la bienvenida en la puerta del hogar. El que entra debe lavarse las manos y pisar la frazada para higienizar las suelas de los zapatos.

Frías estadísticas revelan que son las personas de mayor edad, debido a sus más desgastados órganos y sus achaques, las víctimas predilectas del intruso microorganismo. Mas la sociedad en pleno creó un escudo de afectos y atenciones para que no fueran destruidos sus museos de la memoria.

Dice Norkis Torres Finalés, de 71 años, que sabe bien cómo protegerse de esa nueva enfermedad que tanto daño ha hecho en otros países, y está confiado porque “el sistema cubano de salud nos protege y seguirá haciéndolo para que no nos pase nada”.

Ibrahín Sabigne García lleva cinco años allí, desde que perdió una pierna en un accidente de tránsito. En su silla de ruedas se le ve fuerte, bien alimentado, tanto que no parece tener 79 de edad. Él sabe que debe guardar la debida distancia, usar el nasobuco y lavarse las manos frecuentemente. Tipo sabio.

“La mayoría está física y mentalmente apto, unos cuantos padecen alzheimer y otras patologías como la llamada enfermedad obstructiva crónica, que lleva un seguimiento estricto, y más ahora por la amenaza del COVID-19”, explica la directora.

Mientras, la enfermera Marisol Díaz anota en las historias médicas los pormenores del día. Hay que vigilarlos de cerca, manifiesta, al tiempo que cierra los ojos y dice en voz alta: “Espero que el coronavirus no toque a ninguno de mis ancianos”.

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Ante la suspensión de los vuelos turísticos desde y hacia Cuba, se garantizó la salida escalonada y organizada de los clientes extranjeros que aún permanecían en el país (Foto: PASTOR BATISTA).

Del quirófano a la calle

Las cosas van saliendo bien: una abuela de 94 años logró salir viva de su contagio de COVID-19, demostrando que el maleficio se puede romper. Y mientras convalecía, todos fueron encontrando en olvidadas gavetas un trozo de tela para hacerse tapabocas.

Nadie pensó antes que el cubanismo nasobuco, con el que el personal de salud de la Isla llama coloquialmente a las mascarillas quirúrgicas que cubren la nariz y la boca, se pusiera de moda. Es más, rápidamente encontró un lugar dentro de la enciclopedia criolla Ecured y hasta la explicación al detalle de cómo se hace.

Solo usaban excéntricamente este artículo en Cuba, adolescentes durakos y miembros de otras tribus urbanas, a lo Bad Bunny. Introducidos por primera vez en los hospitales a finales del siglo XVIII, no pasaron a ser de uso público hasta el brote de la gripe española de 1919, que mató a más de 50 millones de personas.

Pero no solo se puso de moda el término, sino diversos modelos y colores que son aplaudidos o repudiados como si de vestidos de pasarela se tratara, y hasta se crean cotilleos sobre quién en la televisión aparece mejor vestido del tabique a la barbilla.

Para que ese milagro obrara, con la vista puesta en la protección y no en el modelaje gran cantidad de mujeres y hombres cortó y cosió miles de paños, demostrando que no había que esperar, como en otros lugares, por un nasobuco industrial o desechable.

“No fue difícil”, dice Virginia Benítez Lorenzo, del municipio de Diez de Octubre, quien buscó todos los recortes de tela que pudo conseguir y se puso a hacer los nasobucos de toda la familia enseguida que vio por el televisor cómo hacerlos. “Siempre he tenido mi máquina de coser. Tuve cuatro hijos varones en tiempos difíciles y a ellos, de niños, les cosía alguna ropa.  Ahora también les hice mascarillas a algunos vecinos para dar mi granito de arena”.

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Gran cantidad de mujeres y hombres cortó y cosió miles de paños, demostrando que no había que esperar, como en otros lugares, por un nasobuco industrial o desechable. (Foto: PASTOR BATISTA).

Y rauda con las manos como asombró antes con los pies, la insigne campeona mundial de atletismo, la mariana Ana Fidelia Quirot, se mostró en HD como hábil costurera, demostrando así que un deportista puede hacer por la salud tanto como un médico.

Un ciclón con sol

Yunidis Castillo, la multicampeona paralímpica, llamó a los lectores de BOHEMIA a expresar a distancia el cariño que caracteriza a los cubanos, así como a extremar la higiene personal y mantenerse al tanto de las informaciones. “Los medios han sido bastante extensivos para transmitir a la gente las orientaciones de los especialistas”, acotó.

La inmensa mayoría de la población, gran parte de ella liberada de sus responsabilidades laborales o estudiantiles, se ha recluido en sus viviendas, cumpliendo la recomendación expresada por las autoridades, de distanciarse de las calles a fin de prevenir contagiarse o contagiar, así como otras medidas.

De un plumazo, las calles se han visto desiertas. Si no fuera porque no predominan los destrozos y radia intenso el sol, podría jurarse que se cumple con la disciplina que suele seguirse durante los ciclones. Apenas deambulan personas en función de tareas específicas como comprar alimentos o desplazarse a sus trabajos, con sus silenciosos rostros parapetados tras nasobucos y mascarillas: Por primera vez no se puede saber quién es feo y quién no, y a cambio se descubre la nobleza en muchas miradas.

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El intercambio informativo diario mantuvo a la población orientada y contribuyó, sin alarmismo, a incrementar la percepción de riesgo entre los ciudadanos. (Foto: PRENSA LATINA).

Pero algunos han intentado desafiar la necesaria medida de aislamiento y autoprotección, salirse injustificadamente de esta suerte de piyamada general, y a cambio han recibido multas, como indica ceñuda una ley vigente que es capaz de hasta pedir cárcel para quien se le antoje actuar como un agente epidémico.

Sin embargo, la prioridad de la policía ha sido colaborar con la organización de las colas, asistir con la desinfección y, sobre todo, educar, según testimonian cientos de anécdotas.

“El viernes (27 de marzo) en la tarde, cuando regresaba a mi casa, llevaba el nasobuco en el cuello, y miembros de la PNR se me acercaron de forma correcta. Me dijeron que debía tenerlo bien colocado para que en verdad me protegiera”, agradece Edilberto Téllez Pérez, del municipio capitalino de Cerro. “También vi cuando se acercaron a un grupo de muchachos que estaba en la esquina de la casa, y expresaron que ellos debían permanecer a un metro de distancia, para cumplir lo orientado”.

“Solidaridad”, pudiera incluirse en el diccionario como sinónimo de “cubano”. Y ¿qué pasaría si de pronto /dejamos de ser patriotas para /ser humanos?, poetizó en su momento Mario Benedetti.

Cuando a varios cruceros varados en medio de los océanos se les negó autorización para desembarcar en numerosos puertos, recargar insumos y tratar casos sospechosos de coronavirus, el altruismo cubano le tiró un cabo en la rada de Mariel al crucero británico MS Braemar, a pedido de Gran Bretaña e Irlanda del Norte, luego de estar varado durante varios días frente a Bahamas.

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En un gesto humanista, Cuba recibió al crucero MS Braemar y gestionó el regreso de sus pasajeros al Reino Unido (foto: RICARDO LÓPEZ HEVIA/GRANMA).

“Amor a todos los que han estado siguiendo nuestra terriblemente gran aventura”, escribió en su muro de Facebook la crucerista Anthea Guthrie, y pidió al mundo levantar una copa por el gesto, mientras otros viajeros alzaban una tela que pasará a la historia gráfica de esta desgracia: “Te quiero, Cuba”, rezaba la banderola que luego llevaron a su patria al partir desde el aeropuerto internacional José Martí.

En medio de presiones y campañas de descrédito de Estados Unidos para impedir que naciones necesitadas de apoyo médico soliciten ayuda a Cuba, brigadas del Contingente Internacional Henry Reeve para casos de Desastres y Graves Epidemias, han viajado a brindar sus servicios contra la COVID-19 en 14 países, hasta el cierre de esta edición.

Uno de los sucesos que más movieron las noticias en los principales medios y en las redes sociales, fue el arribo a Italia, el 22 de marzo, de una brigada integrada por 36 médicos, 15 licenciados en enfermería y un especialista en logística, para inmediatamente afincarse en un hospital de campaña en la ciudad de Crema, región de Lombardía, la de mayores afectaciones en ese país.

Unos días después, una nueva brigada viajó a otro estado europeo, el principado de Andorra, fronterizo con España y Francia.

En menos de un mes, 590 colaboradores han ido a cumplir esta misión en Venezuela, Nicaragua, Granada, Surinam, Jamaica, Haití, Italia, Belice, San Vicente y las Granadinas, Antigua y Barbuda, Santa Lucía, San Cristóbal y Nieves, Dominica y Angola.

“Cuba ha extendido la mano muchas veces, pero nunca tantas veces en un tiempo tan breve”, tuiteó el ministro cubano de salud, José Ángel Portal, al tiempo que nuevas solicitudes de otros países son coordinadas por autoridades binacionales.

Al salvar, nos salvamos, es la máxima martiana que ha recobrado vigencia en estos días. Y en reconocimiento a la entrega de los médicos cubanos, los pueblos les reciben con vivas y toques de claxon, mientras en la Isla sus compatriotas les aplauden desde sus portales y balcones, justo a las nueve de la noche, cuando la oscuridad esconde que el pecho agradecido esta apretado.

La Isla se aísla.

En medio de presiones y campañas de descrédito de Estados Unidos para impedir que naciones soliciten ayuda a Cuba, brigadas médicas han viajado a brindar sus servicios en 14 países. (Foto: HispanTV).

Una pelea cubana contra el coronavirus (III final)

Prever la jugada del enemigo (II)


Marieta Cabrera

 
Marieta Cabrera